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En zonas de umbría, la huella es profunda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

reseña gráfica de la ruta

 

 

 

 

 

 

Peña Telera desde la ermita (baja) de Santa Elena, por el Barranco del Puerto, el Plan de Usabas, el Circo de Zarrambucho y la cima Sin Nombre 14-1-2006

Cuando Edesio me llamó para comunicarme que el fin de semana se presentaba inmejorable para salir al monte, me pilló cerrando la puerta de la oficina cerca ya de las 9 de la noche. Había sido un día especial y se estaba gestando otro más todavía, ideal para héroes reciclados. Iba a ser el comienzo de mi temporada.

Entro en el coche -le dije- y salgo conduciendo, pero podemos seguir hablando. Como mi "manos libres" consiste en el altavoz del propio móvil, pasé el cordino de 2mm que siempre cuelga dél alrededor de mi cabeza y descubrí que me va perfecto para utilizarlo, como patilla metálica (o llegado el caso como coleta o nariz, según se oriente). Y así no hace falta goma elástica, como la que recomendaban hace tiempo en una foto que circulaba por Internet. Y es que los tiempos cambian que da gusto. Dentro de poco, cualquier pequeño piercing podrá ser teléfono y MP3 a la vez.

 

El viernes por la noche, 13-1-06, todo estaba preparado; Edesio y yo partiríamos desde Sabiñánigo mientras que Jorge, Alex, Antoñanzas y Chavi llegarían pronto desde Zaragoza. Punto de encuentro, la ermita  de Santa Elena (la de abajo de la carretera, 980 m), justo donde las aguas del Gállego han horadado el profundo tajo que separa las sierras de Partacua al Oeste y Tendenera al Este.

 

Una pequeña inconveniencia en el camino desde Zaragoza, retrasa tres cuartos de hora la salida. Junto a la pequeña ermita, el suelo está tieso como la roca debido al hielo, donde por la tarde, con la subida de la temperatura, se convertirá en un pesado barrizal. El ambiente es coloquial, pícaro-alegre, entusiasta. Cada uno tiene alguna cosa que decir. Edesio y yo recibimos cada uno un ejemplar del libro "Aventuras con Luis" [Raventos]; un elegante y fabuloso recuerdo del más activo aventurero de los hermanos Raventós.Cuarenta minutos de porteo, gracias a que hay mucha nieve.

 

A las 8:42 partíamos los seis con los esquís a la espalda simulando antenas de larga distancia. El camino no es muy propicio para este tipo de antenas, porque en ocasiones el bosque obliga a contorsionarse para evitar las ramas que pueden provocar interferencias en las antenas.

Allí vamos todos, por el Barranco del Puerto, pisando algo de nieve entre las rocas, abrigados más de la cuenta a partir de los cinco minutos de marcha; Chavi (el Junco del Canal) el primero, con ganas, y tras él, Alex, como lapa, sin perder paso; Jorge, el hombre méteo, como una goma buscando tomas fotográficas desde el primer momento (antes incluso de la salida); Antoñanzas, el mayor y más nuevo en estas actuales lides, Donato (por un rato Walter Donatti) y Edesio, el infatigable.

Pin pan, pin pan ... se han parado los de delante. Tan solo han pasado once minutos (1.085m) y ya es hora de quitarse ropa, aunque cercanos a cero grados, por debajo.

 

Estamos próximos a la caseta de San Martín. Vamos alejándonos ligeramente del fondo del barranco por la ladera sur (umbría), margen derecha. Algunas ramas llevan sombrero de nieve suelta, dispuesta a caer sobre el pescuezo de cualquier incauto que cometa la torpeza de olvidar su antena.

Cruzamos un barranco afluente y tras unos zigs-zags de senda preciosa entre espeso bosque (GR-15), llegamos a la zona de Semulustré, donde una interesante planicie de pradera, con su sólida cabaña -que por cierto no aparece en el mapa- nos pone en la pista que viene desde el Sobremonte. Lugar donde convertir las antenas de larga distancia en zapatos largos para flotar sobre la nieve (las 9:35, 1.295 m). Al fondo la sierra de Tendenera

 

La pista es ancha, casi llana, rutinaria, y está cargada de nieve polvo con algún tramo soleado de costra. Dan ganas de salirse de la pista para meterse en los problemas de laderas salvajes entre curva y curva y salvar algo de desnivel. El Junco del Canal, que ya se conoce la zona, parece que me ha recibido telepáticamente y desafiando los andurriales, se inventa un atajo entre arbustos y zarzas (breves comedias). Y vuelta a la pista, hasta la llegada al cauce del Barranco del Puerto, que cruzamos por primera vez. Hay que tener cuidado de no tocar el agua con las pieles de foca para evitar que se hielen y se formen los molestos zuecos.

 

Volvemos a dejar la seguridad de la pista para aventurarnos por el fondo del barrancoBarranco del Puerto de Biescas (margen orográfica izquierda), entre montículos de nieve polvo que ocultan rocas de buen tamaño y algunos arbustos que ya conviven anchurosos. Es una zona muy umbría pero sugerente. Y problemas: una piel de Antoñanzas se ha despegado del esquí y no puede continuar ¡vaya!. Menos mal que es previsor y lleva un spray de pegamento ideal para estos casos. Allí estamos el infatigable, el causado y el efímero Walter Donatti tratando de conseguir que la piel vuelva a su suela, y pegada lo mejor posible. El equipo Dinafit  se ha perdido por delante presa de las prisas, mientras nosotros esperamos que el pegamento se solidifique un poco antes de su pegado. En cuanto demos con Jorge, le pediremos una de sus pieles de repuesto para evitar más inconveniencias. Edesio también necesita ayuda para otra de sus pieles.

 

Y pista de nuevo para llegar a los adelantados. Empezamos a darnos cuenta de que nuestro ritmo no es bueno para llegar arriba. Jorge comenta que tan solo llevamos recorrido una cuarta parte del camino y ya llevamos dos horas de ídem. Tiene razón, pienso, pero también es cierto que, desde que hemos terminado el porteo, todo el tiempo de foqueo ha sido de recorrer larga distancia y poco desnivel, además del contratiempo de Antoñanzas. Y en definitiva, la alerta es obligada porque a estas alturas del invierno, a partir de las cinco de la tarde la penumbra puede complicar la bajada entre el bosque.

 

Refugio de pastores de FurcunfiechoY llegamos al refugio de Furcunfiecho (1.530m, las 10:55). Preciosas hayas en el caminoChavi comenta que no podemos seguir así: "cada vez que miramos para atrás estáis en Casa Dios".

Por un momento estamos considerando la posibilidad de Jorge de, renunciar a Peña Telera y dirigirnos hacia la sugerente punta Burranbalo, que aparece con un manto de nieve tal (seguro que de excelente calidad por estar en ladera norte) que una enorme clara montada (monte nevado). Pero no, lo mejor es seguir hacia arriba al ritmo que cada uno sea capaz de seguir.

 

Así comienza la segunda y más interesante parte. Chavi, Alex y Jorge se van turnando en la cabeza abriendo huella. Por detrás, casi pegados, Edesio y Donato vamos disfrutando de la comodidad del camino abierto; y Antoñanzas va quedándose poco a poco a un ritmo más turístico. Salimos de la zona arbonada, cerca ya del Plan de Usabas

 

Antes de llegar al Plan de Usabas, empiezo a notar que mis huesos no están de acuerdo con tanto castigo y empiezan a quejarse; de manera que cuando llego a la altura del refugio de Usabas, cada paso es un dolor, y cada cinco, uno que pierdo respecto de la cabeza. Y eso sin contar las paradas para las fotos, obligadas. ¡Qué vas 'hacer! la panorámica no hace más que tentar.

Cruzado el llano de Usabas (1.830m, las 12:06) el camino gira brusco a la derecha (Noreste) por canales evidentes camino del gran circo de Zarrambucho. Los zigs-zags se suceden a menudo cada vez que hay que sortear la cabecera de alguna canal. Nuevo llano, nueva canal, y así sucesivamente. Plan de Usabas

Hemos salvado la mitad del desnivel y hemos invertido casi tres horas y media; mucho tiempo, pero también mucha distancia. A partir de ahora, el desnivel caerá más rápido.

 

A Edesio puedo distinguirlo todavía a lo lejos; de los galgos sólo unos puntitos que se mueven, también separados. Por detrás no veo a Antonio.

No hemos parado a almorzar, por tanto, cada vez es más importante hacerlo. Además, el dolor de las ingles sólo cede cuando me paro. Intento inventar un modo de progresar, de manera que, ladeando el cuerpo a un lado y al otro (tal que Fraga Iribarne) consigo que las piernas avancen con su propio peso, por efecto de la inercia. Pero los pasos son más cortos y más lentos. No llego a jadear en ningún momento porque el dolor puede incluso con mi fondo físico, impidiéndome andar de forma natural. Estoy preocupado. ¡Vaya inicio de temporada!

 

Edesio no termina de marchar; va esperándome. A 2.045m, 12:40 h, llegamos a un balcón muy aparente, con una roca descubierta ideal para hacer un alto para el almuerzo. Allí están los tres del equipo de galgos, recogiendo ya mochila para continuar después de su merecido reposo con viandas al gusto. Salen justo a la llegada de Edesio que, sin parar, continúa a paso más calmo. Yo prefiero sentarme al sol y agradecer al estómago lo que me están jodiendo las ingles. Podría parecer a una oxidación de las articulaciones, como si les faltase 3 en 1.

 

Un cuarto de hora de verdadero placer y arreando de nuevo para arriba. Justo el momento en que Antoñanzas aparece cien o ciento cincuenta metros por abajo, lo cual me alegra y grito para darle ánimos.

 

Con paso tranquilo, luchando contra el dolor con andares de viejo, voy progresando por la excelente huella de mis compañeros. La nieve costra se ha impuesto desde Usabas y, con seguridad que se convertirá en un problema a la bajada.

Con la cabeza baja, puesta en sueños imposibles, voy progresando hasta dar con el cuerpo de Edesio, que se ha parado a comer y a cambiar una de sus pieles que no terminan de pegar. Está terminando y continúa inmediatamente que yo le paso. Estamos en la cueva de las Grallas, a unos 2.200 m.

 

Pin pan pin pan, llegamos juntos al circo de Zarrambucho y, allí, en su ladera este, decido no forzar más mis huesos. El sol se concentra en el circo y golpea con fuerza; hace calor. No hay jadeos; el cansancio se ha concentrado en las piernas y el dolor solo desaparece si me paro. Da igual que me ría.

Despido a Edesio, que seguirá un poco más -dice-, me quito los esquís, y me echo en la nieve para refrescar el cuerpo, pero no puedo aguantar más de 15 segundos, porque la nieve se transforma rápidamente y al instante siento humedad helada. Así que coloco la mochila debajo de mi trasero y, sumiso y cabizbajo ante el sol, intento descansar las piernas y el espíritu. Es un momento especial, muy especial. Intento recordar cuándo me he dado la vuelta en una ascensión siendo bueno el tiempo, pero no recuerdo ningún caso, salvo por mal tiempo o por otros motivos ajenos a mi físico. Será que estoy desentrenado, algo que vengo diciendo desde hace semanas; o será que me estoy haciendo viejo; o las dos cosas a la vez; será. Casi me dan ganas de llorar, y a buen seguro que lo haría si no fuera porque no me divierte. Después de todo, bajo este solecito, sentado en mullido (espero no explotar la bolsa de la cantimplora, por lo que pueda pasar), se está superior; tanto que estoy entrando en un estado semisomnoliento con placer y abandono. Estoy dando cabezadas y me gusta. Espero no caer de bruces a la nieve.

Burranbalo, Aso, Petruso y, a la derecha, peña Gabacha.

 

Casi tres cuartos de hora desde que decidí no seguir, estimo que ya es hora de ponerse en camino de bajada. Son las 2:43 y sigo en los 2.350 m fatídicos. No veo a nadie alrededor. La vista tampoco es la de los 20 años.

Y como auguraba más abajo, la nieve costra se muestra intratable. Me veo bajando haciendo medias laderas y vueltas marías hasta la cabecera del Barranco del Puerto. Y casi, porque salvo algunos giros sobre nieve polvo o muy transformada, no me quedan más recursos que largas medias laderas y vuelta maría; a partir de los 2.050 m, siguiendo la huella que Antoñanzas ha ido dejando. Puedo ver incluso los zapitostes que ha dejado en sitios donde, con seguridad, se ha caído. Abajo me comentó con satisfacción que, sólo se había caído tres veces. Por mi parte, poniendo mucho cuidado, conseguí no caerme, aunque estuve a punto dos o tres veces.

 

Llegado al Plan de Usabas, la nieve cambia de forma espectacular y, en adelante, en sombra, se baja sobre pendiente reducida y nieve suelta; una delicia. No permite hacer apenas giros porque casi no hay pendiente, pero se baja sin esfuerzo a una velocidad entre 5 y 15 km/hora.

 

Luego llegan los largos falsos llanos de la pista, en los que algo hay que remar con los bastones y, con paciencia, se llega al punto donde se acaba el esquí para volver a situarlos de antena (1.295m las 4:20 de la tarde) y ... alegría!, Edesio me ha dado alcance antes de comenzar a andar y bajaremos juntos hasta el coche.

Comentando nuestras aventuras particulares, vamos bajando por la senda balizada. El dolor ha cedido bastante, estoy más animado.

Y a las 4:54 llegamos abajo, donde Antonio espera descansando la llegada de todos. Y poco más de 10 minutos después, aparecen los tres más jóvenes tal como lo había pronosticado Antoñanzas: corriendo, contentos y con hambre. Y a pensar en la siguiente.

Donato. 29-1-2006.

 

PEÑA TELERA (2.764 m) con esquís. Sábado 14 enero 2006

Chavi Raventós, Alex Sola, Donato Molina, Edesio Vidal, Antonio Antoñanzas y Jorge Gª-Dihinx

 

      Original y larga ruta con esquís a Peña Telera tras la que hemos vuelto muy cansados pero sonrientes. Resulta difícil encontrar las condiciones ideales para ascender con esquís a Telera. El paso horizontal bajo Peña Parda por la vertiente norte es muy arriesgado y expuesto todo el invierno y la ascensión por la cara sur se queda sin nieve pronto en la primavera. Como la cota de inicio desde el sur no llega a los 1.000m , necesitábamos varios días de nevadas en cotas bajas, seguidos de al menos 2 o 3 días de sol consecutivos con buen rehielo nocturno que estabilizara toda la cara sur de la Partacua. Estas eran las condiciones para este sábado y decidimos probar suerte.

 

    Salimos desde Santa Elena (980 m) a las 8:45 AM con casi 1.800 m de desnivel por delante. Porteando los primeros 30-40 minutos siguiendo siempre las marcas de la GR hasta cruzar la pista del sobrepuerto en la cota 1.300 m , donde calzamos esquís y empezamos lo que sería un largo tramo de “esquí de fondo” por la pista, hasta la cota 1.600.

 

   Creo que salvo Chavi, ninguno pensábamos que se lograría hacer cima, visto todo lo que nos quedaba por subir tras la larga y horizontal primera parte sin apenas ganar metros de desnivel. Llevábamos ya 3 horas y nos quedaban todavía más de 1.000 m de desnivel todavía.

 

    Tras salir de la pista, nos íbamos turnando a abrir huella pues abríamos 2 palmos y el que iba delante no paraba de sudar. Se notaba la diferencia de ir detrás a abrir huella...

 

   Al llegar al Plan de Usabas (1.840 m) con el refugio del mismo nombre. El grupo se fue fraccionando. Yo seguía a Chavi y Alex y detrás de mí se iban quedando Edesio y Donato, y detrás de ellos Antonio.

 

Cuidado con las laderas cargadas con mucha pendiente.   A partir de entonces, por fin se empieza a ganar desnivel sin parar, en dirección ENE por una canal suave que se insinúa, hasta llegar a un llano a 2.000 m. Luego se enfila en dirección norte un valle suspendido, flanqueado por Peña Parda a la dcha y Retona a la izda, para llegar al Circo de Zarrambucho.

 

    Allí vemos que la rampa a la derecha que da acceso al cuello de Telera tiene una inclinación de más de 45 grados y está cargadísima.  De orientación W, apenas la ha transformado el sol y está llena de nieve polvo. Visto el riesgo de desencadenar una avalancha decidimos seguir rectos hasta el fondo del circo en dirección a la cima Capullo, que flanqueamos por su base, rodeando hacia Telera mientras nos asomamos a los cortados de la cara norte de la Partacua.

   

Rampa finalLlegamos a la base de Telera a las 2:30 PM, muy cansados. Donato y Edesio se han quedado en la base del Circo de Zarrambucho. Chavi se pone crampones y nos anima a Alex y a mí a hacer lo mismo para salvar los 130 m de desnivel que quedan a la cima. Los últimos metros tienen un resalte de roca cargado de nieve suelta que no me gusta un pelo. Valoro mi cansancio y la hora que ya es y decido ahorrar fuerzas para el largo descenso que nos espera, no vaya a haber algún percance y lo podamos pasar mal.

 

   Así pues, sólo Alex sigue a Chavi a la cima mientras yo les espero con los esquís. La espera se me hace larga mientras veo cómo el sol está ya bastante bajo en el horizonte. Pienso... ¿cuánto nos costará bajar? ¿Se nos hará de noche? Recuerdo cómo el descenso más rápido desde la cima de Telera lo ostenta Luis Raventós, hermano de Chavi, que en la primavera de 1.990 se tiró desde la cima con esquís en parapente, aterrizando en Tramacastilla 20 minutos después. Este Luis era un fuera de serie... Pero sé que a nosotros nos va a costar un poquito más...

 

    Por fin les veo  destrepar la cima y volver hasta mí. En total han dedicado casi 1 hora para subir y bajar.Exposición

   Son ya las 3:30 PM cuando regresan, contentos. Es hora de volver antes de que cualquier problema nos obligue a usar los frontales porque se nos haga de noche. Para el itinerario de descenso, en vez de esquiar hacia la rampa de nieve polvo que habíamos evitado a la subida, decidimos ser prudentes y volvemos a rodear flanqueando, con pieles de foca puestas, en horizontal, bajo la base de la cima Capullo, siguiendo nuestra huella de ascenso. Luego quitamos pieles e iniciamos el descenso esquiando. Las laderas que no tenían orientación sur o que eran horizontales mantenían una estupenda nieve polvo, pero el resto de las laderas (la mayoría, por cierto) habían fundido pero habían formado una costra de rehielo tras ocultarse el sol por las nubes bajas de la tarde. Así pues, el descenso hasta Plan de Usabas fue bastante desastre, con esa nieve costra traicionera que encarrila los esquís. Sobrevivíamos usando el “tip-tap” para desencarrilar los cantos. Aunque Alex prefería la técnica del “toca-toca” (toca leche a la derecha, toca a la izda).

 

    Al llegar a Plan de Usabas, enfilamos por la huella de subida (por la que ya habían bajado Donato, Edesio y Antonio) y nos deslizamos por nuestra  “acequia” surcada en la nieve como si de una pista de bobsleigh se tratara. Cogiendo velocidades altas incluso en tramos con muy poca pendiente. De hecho, ya en la pista, podíamos dejarnos llevar por los esquís a una velocidad uniforme de unos 10-15 km/h sin tener que remar... qué bien, pues me esperaba un foqueo de vuelta eterno. Esta vuelta en verano se haría larguísima.

 

   Así pues, felices tras el sorprendentemente fácil y rápido descenso, llegamos en 1h30’ al lugar de acceso a la senda GR y porteamos los últimos 30 min de bajada  al coche, al que llegamos a las 5:15 PM, tras 8 h y media de actividad. Allí nos esperan Donato, Edesio y Antonio, que han llegado unos minutos antes. Todo ha salido bien.

 

   Como diría Luis: “Otro día de gloria acaba de terminar. Nuevos héroes se han forjado hoy en la montaña”.

 

   Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Van unas fotos del día.

 

Jorge Gª-Dihinx