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TRAVESIA CIRCULAR - REMUÑE
- COL INFERIOR LITEROLA - REFUGIO DEL PORTILLON - TUSSE DE
MONTARQUE - GLACIARES DE LA BAQUO Y DEL PORTILLON, COL
SUPERIOR DE LITEROLA - VALLE DE REMUÑE - 13 y 14 de mayo de 2006 |
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El fin de mi temporada
2005-2006 de esquí de montaña ha sido una interesante
aventura, a pesar de que el GPS de Javier Fuentes nos echó
una buena mano en los momentos más críticos; sin huellas ni
nadie a la vista, cuando la niebla nos tapa, este invento es
una maravilla.
Día
13-5-06: Nos adentramos en el Valle de Remuñé desde casi el final
(50m antes, hay un cartel) de la carretera A-139 de Benasque
(1.800m) para remontar todo el valle hasta la conexión con
el de Literola, por el llamado Portal de Remuñé (2.831m) y
recorrer la última parte del
Alto Valle de Lliterola hasta el Collado Inferior de Lliterola
(2.983m) que constituye la divisoria con Francia;
descendemos el francés Vallon inferior de Lliterola y
llegamos al Refugio Jean
Arlaud junto al lac du Portillón d'Oô (2.671m).
Porteada de esquís
durante hora y media de un total de algo más de seis. El refugio todavía
no tiene guarda, por tanto hay que llevar más comida que de normal.
Comenzaba a llover antes de calzarnos los esquís, pero fue a
partir de ese momento cuando la intensidad aumentaba y se
mantenía durante al menos una hora larga. Al final el agua
del aire pasó a ser nieve, la nieve del aire, niebla, y la
niebla, sorpresivas y alucinantes aperturas de cielo, cimas
y valles. Sabíamos que nos mojaríamos, por eso había que
poner a prueba los inventos al efecto: yo me previne con
goretex de arriba abajo, cubremochila y bolsas de plástico
para todo el contenido de la mochila; Edesio optó por la
vieja capa de hace dos décadas, mientras que Javier,
bastante más joven, recio y pletórico, salía a la pasarela
con cuerpo de goretex, cabeza casi pelada y piernas de
técnicas mallas, de las que marcan_p.
Cuando ya paró de nevar,
cerca ya del Portal de Remuñé (2.831m)
los flequillos, la cara y las manos eran lo único que habían
quedado mojados. De lo primero nos queda poco, así que con
un poco de aire fresco, secos y listos; y para las manos,
guantes de seda (7euros) y tan ricamente. No hace frío.
Desde el Portal de
Remuñé, bajamos al lago grande de Literola siguiendo
mojones, a pesar de que el GPS marcaba más a la derecha; nos
pareció lo más seguro a la vista de que la Forca de Remuñé,
que debíamos bordear por la izquierda (Oeste) estaba
totalmente englutida por la niebla.

Almuerzo ligero en la
orilla del lago, totalmente helado, y tumba que dale de
nuevo hacia el collado inferior de Literola, punto divisorio
y más alto del día (2.983m). Y allí, a la vista, Francia,
otro mundo; nubes muy juguetonas por abajo y agarradas en
las cimas; más despejado cuanto más
abajo; se acabó la subida y naturalmente pretendemos
disfrutar de un inolvidable descenso. La Punta de Literola
(3.028m) el Pico Royo (3.121m) y la Punta de Literola
(3.132m) están muy cerca, pero el cielo sólo invita a la
visita a ciegas, muy poco recomendable teniendo en cuenta
que la nieve está muy blanda y por tanto la progresión sin
esquís se promete muy penosa.
Para
abajo!!
La bajada del Vallon
Inferior de
Lliterola parecía muy directa hacia el lago del
Portillón; tanto que daba la impresión de obligarte a rozar
la orilla, rodeada en toda su circunferencia por una grieta
de unos tres o cuatro metros de ancha, enseñando el peligro
azulado. Creímos que era mejor evitar la canal directa
haciendo un flanqueo a la derecha hacia el espolón rocoso
que baja con fuerte inclinación desde el pico Lezat. Allí
pasamos un buen rato de aventura tratando de encontrar el
camino entre nieve pastosísima y grandes rocas que
convertían el terreno en un campo de pruebas
emocionantemente peligroso. En cualquier paso te puedes
encontrar clavado hasta la cintura y en posiciones que ni el
kamasutra trae.
El sol comenzó a brillar
con fuerza y por ratos cada vez más largos.
Algunos
destrepes medidos con calma nos dejaron en el camino y en
unos minutos el refugio. Aunque no acabaron las emociones
aquí.
Las
inmediaciones del refugio están sembradas de catalinas,
y no precisamente de burro muerto, lo cual evidencia que
no hay mejores toilets disponibles en bastantes metros a
la redonda. La puerta principal está cerrada. Subo unas
escaleras metálicas hasta la puerta del primer piso pero
también está cerrada. Continuo subiendo hasta el segundo
y, en el tercero
y último, noto que una de las dos hojas de la
puerta tiene una ligera rendija, aunque no consigo abrir
más que un palmo de anchura para ver un cristal y
oscuridad detrás. Y en ello estaba cuando de pronto
aparece de la tiniebla una persona justo detrás el
cristal. -Qué susto!! Resulta ser el guarda, que tiene
previsto venir para quedarse el próximo miércoles
17-5-06 y ha venido para tomar contacto con lo que se
encontrará. Joven y muy amable; habla castellano muy
bien. -Al refugio de invierno se accede por detrás
-aclara-.
Al poco rato,
desde dentro del refugio vimos marchar al guarda
andando, sufriendo la pastosa nieve.
Dentro, arriba, hay
camas y mantas para unas 60 personas en tres hermosas
habitaciones, con luz eléctrica. El comedor tiene una
cocina eléctrica y de gas, pero no funciona, fregadero
pero tampoco está disponible. Mesas, sillas y bancos ...
y calefacción eléctrica que sí
funciona; pero no hay perolas ni recipientes en los que
poder calentar ni cocer nuestros precocinados!! -Menos
mal que el plan B trae una lata de ensaladilla que,
aunque pequeña, con un poco más de tiempo nos resuelve
el problema. Pernoctaremos los tres solos, sin más compañía.
Día
14-5-06: Refugio - Tusse de Montarqué (2.890m) -
Glaciares de Seil de la Baque y del Portillón de Oô -
Vallon superior de Lliterola - Collado Superior de
Lliterola (3.049m) - Portal de Remuñé - Valle de Remuñé
- final de la carretera Benasque-Francia.
Levantamos muy tarde, demasiado, debido a que ninguno
pusimos el despertador creyendo que no sería necesario,
pero ... los colchones son cómodos, principalmente
cuando se está cansado. Más de las 9!!
A pesar de que ayer sólo estuvimos expuestos al sol
durante media hora, la piel de nuestras caras han
quedado marcadas fuertemente; y es que en estas fechas
el sol es muy fuerte en la nieve. Además, sabemos cuál
fue el momento crítico, lo comentamos incluso -debemos
ponernos crema!, pero estábamos muy atareados en sortear
los inconvenientes para salir de la zona peligrosa y
conseguir el camino al refugio. Y una vez en el camino
ya nos quedaba muy poco para llegar. El sol volvió a
sorprendernos por enésima vez. No sé si aprenderé alguna
vez.
A la puerta del refugio han llegado dos montañeros
españoles que suben desde el de Espingo, donde han
dormido, hacia los Cabrioules; y que ayer hicieron en
coche el recorrido desde nuestro mismo punto de partida
hasta la zona francesa más cercana, para evitar la
lluvia española. No llevan esquís ni raquetas!!
Nuestro camino consiste en bordear el gran lago del
Portillón. Salimos hacia el Oeste para salvar un pequeño
resalte rocoso antes de colocarnos los esquís; son tan
solo 100 metros con ellos a la espalda, pero que se
convierten en un desagradable suplicio por la dificultad
para progresar sobre nieve que cede hasta profundo cada
pocos pasos. Por suerte, pronto nos vemos foqueando.
Sobre las primeras rampas (dirección Oeste) de la Tusse
de Montarqué se foquea tranquilamente y con facilidad.
La
inclinación aumenta a medida que subimos y se hace
necesario trazar zetas; momento en que viramos hacia el
Suroeste para iniciar el flanqueo por el terreno más
débil. Por abajo la ladera es muy empinada y expuesta.
Nuestra intención no era llegar a la cima de este pico,
pero, sin darnos cuenta, buscando siempre la mejor
progresión, nos encontramos en lo más alto de la Tusse
de Montarqué (2.890m). Así que toca bajar hasta el
Collado del Pluviómetro
(2.796m)
para continuar después la subida hacia los picos de la
Baquo, en las inmediaciones del Puerto de Oô (no
confundir con el Portillón de Oô que está 2km más al
Oeste, y por donde también pasaremos). Como siempre, un
descenso así trae la polémica de decidir qué es mejor,
si bajar con pieles, sin ellas, o, teniendo en cuenta la
gran cantidad de piedras emergentes, andando. Las
decisiones son diversas.
Sobre
el lomo que separa los Lagos del Puerto y del Portillón,
se abre una panorámica realmente espectacular, formada
por los picos Jean Arlaud-Gours Blancs, Gourdon y
Espijeoles, con el añadido de unas nubes tan juguetonas
y amenazantes como las de ayer. Son precisamente éstas
las que nos aconsejan continuar con la travesía sin
intentar siquiera ninguno de los picos de la Baquo. Así
que quitamos pieles y enfilamos hacia el Este
franqueando a media ladera los empinados glaciares de la
Baquo y del Portillón hasta la parte intermedia del
Vallon Superior de Literola en que, de nuevo tendremos
que colocar pieles para subir hasta el Collado Superior
de Literola (3.049m).
El
franqueo de los glaciares es pesado porque, para no
perder altura, lo hacemos por la parte más alta posible,
por donde la inclinación se acerca a 50º (muy peligroso
en invierno - habrá de tomarse más abajo) y el suelo
está lleno de surcos provocados por la infinidad de
coladas que bajan de la muralla. Con nieve primavera no
hay grandes inconvenientes, sólo un buen trabajo para
las piernas, que terminan un poco cargadas. Pero pronto
se acaba y en un pis pas ya estamos de nuevo arrastrando
nuestros esquís sobre pieles.
El Vallon Superior de Literola
se sube muy a gusto, casi siempre por el centro,
evitando el suelo rugoso de las coladas que caen por
ambos lados. Y en el Collado llegamos a la mayor altura
de nuestra travesía (3.049m).
Quitamos
pieles y cruzamos la divisoria, que nos aguarda con una
pequeña cornisa; estamos sin empeño por ninguna de las
cimas que, ahora tenemos más cerca que nunca. Pisamos
nuestro querido Aragón en dirección Noreste, siguiendo
el extinguido glaciar de Literola y hacia la arista de
Remuñé. Ahora podemos ver a los dos montañeros, antes
citados, en la cima del Pico Royo (iban a los Cabrioules).
Perdiendo la menor altura posible y, con la Forca de
Remuñé como referencia, acometemos, con pieles, la
última subida de la travesía. Aquí, las nubes nos tapan
algunos momentos obligándonos a progresar despacio y
consultando el GPS. Pero el cielo cambia rápido, y con
él el panorama.

Desde el Portal de Remuñé, sólo nos queda deshacer el
camino de ayer, cuya huella podemos seguir
perfectamente,
llegando
incluso hasta más abajo de lo que habíamos pensado; todo
es cuestión de ratear las últimas lenguas de nieve.
Poco más de media hora de porteo de bajada y de nuevo en
el punto de partida ,
lugar ideal para degustar una buena cerveza o una, no
menos fresca horchata.
Donato
Molina
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