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Diario Esquí de Montaña
 

Pico Lurien 2826 m (desde Lac de Fabrèges, estación de Artouste) 1-Mayo-2008

 

Se asciende pronto el Lurien. La fuerte pendiente comienza en el mismo parking, por senda bien marcada, entre precioso bosque que pasamos sin contemplar, mirando de evitar sus ramas con nuestros esquís convertidos en antenas. Y no sólo es la pendiente; también es la prisa de los que marcan la cabeza del grupo el motivo de la prontitud. Saliendo del bosque.Mi fatiga no me permite hablar, pero no es problema, nadie habla más allá de pequeños comentarios.

 

A la salida del bosque, cuando la pendiente remite, todavía tenemos lejos la nieve que nos permita progresar con esquís. Podría ser un buen sitio para rebajar la fatiga pero, realmente, lo que permite es aumentar la velocidad. No es como andar sobre algo llano, sino más bien un baile sin ritmo fijo que alterna un caos de continuos movimientos distintos. Los brazos, las manos y los bastones, actuando como catalizadores del equilibrio consiguen un aporte adicional de velocidad.

 

Se ha levantado un viento moderado con aire tan fresco que helaría los huesos si parásemos tan solo unos minutos, pero gracias a la quema rápida de calorías, no va más allá de un frescor casi agradable. Todavía no vemos el sol más que reflejado en las laderas opuestas del valle de Ossau.

 

La llegada a la nieve se convierte en punto de reunión; para calzar esquís y seguir pronto, sin demoras, con menos peso a la espalda, y por tanto, con algo más de capacidad, de velocidad. Cuchillas sobre la nieve dura desde el primer paso. Salvamos desnivel rápido; mi altímetro me está dando velocidades cambiantes según la dureza de las rampas, pero oscilando entre 10 y 14m/minuto. Hasta más arriba del lac de Lurien, donde comienzan las verdaderas rampas fuertes.

 

Un embudo, tapizado por el centro con un largo alud de hace unos días, obliga a cambiar los esquís por los crampones o a poner mucha atención a cada paso ante el riesgo de resbalar, perder el control de los cantos y las cuchillas y terminar con los huesos a gran velocidad ladera abajo. Puntos de especial cuidado con esquís.

 

No hay incidencias; poco a poco vamos progresando sobre la zona más empinada, la más espectacular, la de mejor panorámica, la más cercana a la cumbre.

 

Cuando estaba llegando a la cima, la arista era muy estrecha, pero también el mejor camino para llegar foqueando. Pasé la zona más expuesta atento a cualquier racha de viento por la derecha -el que había formado la cornisa-, suponía un peligro potencial ante el vacío que se abría medio metro a la izquierda. Estaba consiguiendo llegar hasta arriba con esquís calzados; y además, la fatiga había remitido minutos atrás. Por contra, los últimos 200m de desnivel se habían convertido en una auténtica lucha por mantener el equilibrio sobre un suelo demasiado inclinado duro y peligroso. Quizá fue el espíritu de ese tal Mendía el que me hizo exponer algo más de lo normal; o también, el hecho de que Alex estuviera subiendo por delante sin aparentes complicaciones. El caso es que, en plena pendiente, las posibilidades de parar a calzarme los crampones eran ya más arriesgadas que mantener el paso lento y controlado con cuchillas mordiendo la totalidad, sin calzas en la talonera. Jorge, Latre y Recio, en cambio, disponían de más seguridad sobre sus crampones y más velocidad de subida.

 

Calcé mis esquís con cierta incomodidad y me dispuse a bajar esquiando. Los cantos agarraban bien y los giros salían a placer a pesar de la fuerte pendiente. Adelanté a Recio, que cramponeaba con cuidado en la bajada. Recuerdo que solté al aire alguna interjección, mezcla de placer y fuerte sensación. Tras unos pocos minutos de espera en la base de la pala somital donde reunirnos todo el grupo, Alex y yo decidimos romper la unidad por la prisa en volver a Zaragoza; Latre se unió a nuestra bajada. Allí quedaban Hector, Recio y Jorge.

 

La nieve seguía muy dura, con capas de polvo cubriendo una tercera parte del suelo; esparcidas anárquicamente por el viento. Unos giros largos sin derrapaje, levantaban la nieve polvo cubriendo mis piernas de blanco efímero. Notaba la velocidad en la cara fresca, en el aire que azuza los oidos, en el rápido sube y baja de las piernas flexionadas, aguantando cada vez peor la inercia que produce el peso del cuerpo cuando los giros deben ser más bruscos; aguantaba hasta notar mis cuádriceps a reventar. Momento de parar, de descansar unos segundos. A continuación, con la llegada al ibón helado, la nieve va cediendo y su dureza se suaviza un par de centímetros de espesor.

 

Cuando llegamos al lugar donde descalzar esquís, le dije a Alex que necesitaba comer algo -no comí nada en la subida-. David no había llegado todavía y me parecía raro que no apareciese dos o tres minutos de llegar nosotros. Resultó que no encontraba las zapatillas con las que había porteado todo hasta allí y que había escondido para recuperar a la bajada.

 

Cuando llegué abajo, al coche, Alex y David estaban cambiándose y preparando todo para cargar y marchar, me habían adelantado en tres o cuatro minutos. Mi altímetro marcaba un desnivel salvado y descendido de 1.600m (justos), subidos a una velocidad media de 8m/min y bajados a una media de 30m/min, en un tiempo total de 4:35h.Todavía con la mochila a la espalda, les dije de una forma más poética que crítica que, lo que realmente me gusta es estar, vivir, disfrutar en la montaña, más que superarla y volver. A lo que no recuerdo contestación. Desparramé mis cosas en el suelo y me puse ropa seca mientras Alex metía sus cosas en el coche y continuaba con las mías. Con una rapidez inusitada, estábamos preparados para la vuelta a casa, eran las 13:25h. Despedimos a David y partimos. Nos quedaba el viaje a Zaragoza, sin pausas, para que Alex pudiera combinar otro viaje de tres horas y media más, hasta la playa de Levante con su familia; motivo de nuestra marcha apresurada dejando a nuestros compañeros todavía en la montaña.

 

Donato Molina.

 

Aquí puedes ver otras fotos.

Pico de Lurien en abril de 2007

Ver mapa.

Video de la ascensión, by Hector Cuartero