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Jorge,
Edesio y yo, estamos esperando a Héctor e Iñaki
junto al Corral de las Mulas, en el cruce de la carretera al
parking de Anayet. Estamos por debajo de 10º bajo cero, y la
ventisca dibuja rayas horizontales en el aire. Algunos
coches llevan cadenas y algunos se están preparando para
ello.
El
contraste de llegar al masificado aparcamiento de Anayet en
Formigal y foquear sobre las laderas solitarias trescientos
metros más arriba es muy grande. No encuentro comparaciones
adecuadas, pero se me ocurre una que podría parecerlo: salir
de una bulliciosa discoteca a una calle tranquila. Tanta
gente llega que, un equipo de la estación debe dirigir el
aparcamiento ordenado para quepa la caravana casi
interminable de vehículos. Y es que hoy, muchos han
preferido quedarse en tierra plana por las previsiones de
frío y viento. Un día bueno, la caravana es sin el "casi".
Por suerte
para mí, basta un cuarto de hora con pieles para que la
estación se vaya quedando atrás. Todavía hay un mundo en
este precioso entorno al que están permitiendo cuidarse por
sí mismo, sin máquinas. ¿Por dónde querrán unir Formigal con
Astún?
Hoy, la
nieve se nos presenta en tres formas; una dura, en las
laderas expuestas al viento, otra, dura, tamizada de franjas
de polvo ventisqueado, y otra seca, suelta y profunda.
Espelunciecha, esta vez, no tiene suficiente nieve para
subir bien por el norte. El viento ha estado soplando fuerte
los últimos días y todas las laderas norte están muy
castigadas. Por el sur en cambio, salvo un poco de hielo en
las crestas cimeras y en el Llano de los Ibones, la nieve
recién caída está perfecta para bajar. La temperatura no ha
subido en todo el día de 5º bajo cero.

Curiosamente, en la cima de Espelunciecha apenas sopla Eolo,
y podemos reponer fuerzas con unos pocos bocaditos y admirar
la preciosa panorámica.

La vuelta
al Llano de los Ibones, sin pieles, se hace en un pis pas,
sobre nieve suelta en lo empinado y mezclas con hielo en el
llano. Impresionante al principio, agradable después, y
siempre emocionante.
Colocar
pieles de nuevo y volver al ritmo de subida lo hacemos
Edesio, Jorge y yo. Hector e Iñaki ya se han despedido por
necesidades de llegar antes a su Zaragoza. El año pasado, ya
coincidimos los mismos cuatro, sin Iñaki, para subir al
Vértice de Anayet y al Arroyeras, pero tuvimos que bajar
de la cima del primero a toda prisa por un cambio brusco de
tiempo.
Desde el
Llano de los Ibones, la subida hasta el collado va cambiando
sucesivamente la calidad de la nieve, de blanda a dura. Se
hacen aconsejables las cuchillas.
Intentando
subir más rápido, Edesio y yo colocamos los esquís a la
espalda en los últimos metros antes del collado y en los
primeros de la cresta somital. Antes de llegar arriba, sobre
nieve profunda orientada al sur, volvemos a foquear, esa vez
hasta la cima. El viento, helador, con rachas fuertes,
consigue desequilibrarme en algunos pasos. La cima es
estrecha, así que hay que tener cuidado. Se hace aconsejable
bajar pronto.

Con cuidado
hasta el collado y con sumo placer en adelante hasta la
parte más baja, descendemos rápido y sin incidencias. La
nieve es tan buena que algunas partes las disfrutamos con la
suerte de muy pocas veces. Sensaciones: emoción,
palpitación, vibración, exaltación, euforia, frenesí,
excitación. Síntomas: ligeros cortes de respiración,
agitación cardiaca, pequeños gritos que se escapan sin mucho
control. :-)
Abajo,
hasta mi Suunto Vector parece haberse perturbado, porque sus
sensaciones han quedado así registradas: Desnivel
ascendente: 1.305m a una velocidad de 600m/hora; descenso,
1.320m a 1.260m/hora; duración, 5 horas y un minuto.
Donato Molina
Dificultad:
Baja Espelunciecha; Media-Baja Arroyeras.
Desnivel ascenso:
1.150 m.
Altitud:
2.396m y 2.570m respectivamente.
Horario
estimado: de 4 a 6 horas los dos picos.
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