uena
mi suunto dentro del saco, despacio empiezo a moverme. He
dormido bien y mi cabeza siente la tensión del día que nos
espera. Despierto a los demás y cada uno a su ritmo se prepara
para la salida.
Ana.-
No me despierto hasta que suena el despertador a las 4’30. He
dormido sorprendentemente bien. Doy un toque a Marta y ésta
“pasa la bola”. Javi y Diego no han aparecido. En todo caso,
saben que salimos pronto así que estarán ya de camino… Voy a por
agua y no veo frontales subiendo. Hay muchas estrellas
¡¡despejado!! Jorge es un crac…
Como un poco de bizcocho pero bebo poco, el agua
esta fría y no me entra. Salgo a la calle, hace frío pero todo
esta despejado. Las cimas están allí esperándonos.
Tomo una barrita y un mordisquito de bizcocho por comer algo,
pero lo que tengo es mucha sed. Bebo algo pero el agua está fría
y no apetece mucho. Preparo la “poción mágica” y meto las
últimas cosas en la mochila. Quique ya está listo y me doy prisa
para no hacer esperar. Chavi también está a punto de terminar.
José me pregunta por el tiempo necesario para hacer
Maladeta Oriental y Aneto y me ofrece la posibilidad de ir todos
al Aneto. Nosotros seguimos con la idea de dar la Vuelta, ella
será quien decida si podemos o no.
Miro hacia la Besurta… no hay frontales ni se ve movimiento…
tenemos que irnos. Siento que Javi no venga… ¡me extraña tanto!
Tenemos la suerte de poder empezar a foquear desde el refugio.
Nosotros tres ya estamos con los esquís puestos. Nos despedimos
de los otros “pokemon” ¡¡suerte!!
Anita , Chavi y yo salimos un poco antes, empezamos
a foquear con un rumbo que luego iremos corrigiendo con
referencias visuales.
¡¡Empieza la aventura!! Empiezan a resolverse las dudas… parece
que nos espera buen tiempo, hay una capita finita de nieve
polvo, mi hermano ha conseguido alquilar equipo, todo está en
marcha… ¿Conseguiremos dar la vuelta? En mi interior me ronda
esa pregunta. Me da mucho respeto el flanqueo a Cregüeña. Hasta
que no lleguemos al collado y nos asomemos no decidiremos…
Mientras, hay que coger un buen ritmo. Damos algún consejillo a
Chavi para que empiece con buen “esquí” en su primera
experiencia con la travesía.
En las otras travesías que hemos realizado juntos nos hemos
sentido cómodos con mi ritmo, por eso paso yo delante ¡¡eso ya
ni se discute!! Quique ha puesto cuchillas en previsión de nieve
dura y me va preguntando. Yo no encuentro ninguna dificultad,
voy cómoda y casi ni había pensado en ello. Él prefiere esperar
a superar la primera pendiente para ver qué tal.
Dibujamos las primeras Z y atendemos a Chavi con las
dificultades. La claridad empieza a luchar con la luz de nuestro
frontal. En breve podremos apagarlo.
Quizá porque siempre que he foqueado aquí en mayo he
puesto las cuchillas. Comienzo con ellas pero pronto me doy
cuenta que no hacen falta. Anita sube abriendo huella y va muy
bien sin ellas, hay una capa de nieve polvo muy suelta sobre una
base dura. Después de la primera pala quito cuchillas y la
progresión es más fácil. Hacemos un flanqueo y en una loma
tenemos que hacer un descenso obligado.
Delante de nosotros tenemos una pala inmensa de
nieve virgen sin ninguna huella. Vamos a tener que emplearnos en
serio para abrirla, a mayor altura la nieve es más profunda y
está más suelta.
De frente hay una loma de pendiente mantenida, a la
derecha una canal y encima se ve la torre Cordier y las
Maladetas Occidentales.
Empieza Anita, con tranquilidad va diseñando unas
zetas que Chavi y yo seguimos con fidelidad. Pienso en la nieve
tan buena para esquiar, dan ganas de dejar de sufrir y empezar a
esquiar.
Comienza la subida por una canal ancha que hemos elegido. La
nieve es más profunda ¡¡menuda esquiadita que habría ahora!!
Vamos bien de ritmo. Javi le va cogiendo el truco a las Z y no
se queja ni de ritmo ni de piernas ni de nada. Sólo hace un
comentario sobre el hambre que tiene pero no es buen sitio para
pararse y seguimos subiendo. Hace frío pues, a pesar de la
subida, aún sigo con el Gore puesto. Intento tomar algo de
líquido… ¡¡se ha congelado la boquilla!! Mal momento pues el
agua para mí es como la gasolina… Empieza a dar el sol en las
Maladetas occidentales. Primeras fotitos…
Notamos la pendiente pero el altímetro va sumando
metros. La nieve es cada vez mas profunda y Anita nos pide
relevo, me pongo a abrir huella. El día es precioso, veo en la
cara de mis compañeros la ilusión de un día perfecto de sol y
nieve.
La capa de nieve desliza sobre la capa dura y el
esquí del valle se va, intento recuperarlo y salta la fijación
una y otra vez... pierdo mucho tiempo en ir fijando la bota.
Empiezo a ponerme nervioso y a preguntarme una y otra vez qué
ocurre, los agujeros de la bota están limpios y no hay nieve
debajo del muelle… No lo entiendo pero ocurre con demasiada
frecuencia. Siento que hago perder tiempo a mis compañeros y a
la vez estoy perdiendo ritmo y comienzo a cansarme. Intento
beber pero el tubo del Camel-back se ha congelado. Fallo de
novato, algo que sé que ocurre no he sabido preverlo.
Mientras Quique intenta solucionar los problemas de las
fijaciones con la paciencia que le queda, yo pongo las cuchillas
porque estoy empezando a pasar miedo con la nieve dura y la
pendiente. Como las llevo incorporadas a la fijación no tardo
nada. Así voy mucho mejor… Decido pasar delante de nuevo para
facilitar un poco las cosas, si sirve de algo… por suerte,
siguiendo la huella, las fijaciones de Quique no vuelven a dar
problemas.
Vuelvo a coger ritmo. Chavi va bien pero algo le pasa a Quique
¿cansancio, falta de líquido? Alguien propone parar y elegimos
unas rocas al sol.
Salimos de la canal a una zona más llana, paramos
junto a unas rocas y nos peleamos con los tubos de los camel...a
Anita también le ha ocurrido lo mismo.
Mientras Chavi disfruta bebiendo a morro de su botella, Quique y
yo nos peleamos con las boquillas.
Con un poco de nuestro propio calor y otro poco del sol
conseguimos empezar a beber un granizado de Isostar que
acompañamos con chocolate.
Como algo y bebo poco; meto la boquilla en la mochila, envuelta
en el forro con la esperanza de que se descongele pronto.
En algún momento de la subida me acuerdo de los otros 3 pokemon
y al mirar hacia la subida al Portillón se les ve como tres
hormiguitas. De Javi… nada.
Analizo mis fuerzas. Yo voy bastante bien, pero llegar al
flanqueo y después el Estasen… se me hace un poco largo. Aún
contamos con el vivac…
Recuperamos un poco, llevamos 700 m de desnivel y no
habíamos podido beber nada, y seguimos por un terreno más fácil.
Parece que la fijación no salta. Tenemos a nuestra izquierda la
Punta Delmás y por tanto el collado está a su derecha aunque
todavía no lo vemos. Vamos buscando el recorrido más lógico y
después de otra pendiente algo más fuerte aparece el collado,
una canal sombría con bastantes rocas conduce hasta él.
Ya está cerca el collado del Alba. No se ve pero se intuye… Paso
detrás un ratito y enseguida ¡¡el collado!! Pasamos del sol a la
sombra del Diente del Alba que me resulta bello y amenazador a
la vez. Hemos subido 900 m de desnivel y se acerca el momento de
las decisiones…
Voy delante y sigo haciendo zetas hasta que la
pendiente y las piedras me detienen. Siento que éste es el punto
de la gran decisión (3030m), seguimos o dejamos aquí los esquís.
Planteo la duda que justifico un poco con el cansancio, nuestro
ritmo, la profundidad de la nieve y un vivac incierto. Todavía
no hemos visto el flanqueo de Cregüeña.
Chavi comenta que le gustaría seguir. Mi planteamiento era
seguir hasta bordear el pico Le Bondidier para ver el flanqueo,
las fuerzas que tenemos y decidir allí. Me sorprendo a mí misma
al pensar por primera vez en el vivac como algo que no me
apetece. Lo pongo en la balanza junto al refugio y mi cuerpo se
tira de cabeza al refugio. Con lo calentitos que hemos dormido…
Está claro que no nos vamos a separar y que las fuerzas no son
suficientes para dar la vuelta. Me parece bien la propuesta de
hacer una cima por lo menos y luego la esquiadita por esa nieve
polvo...
La decisión es dejar esquis, hacer cimas en los
picos que podamos y bajar esquiando al refugio. Creo que los
tres sentimos una pequeña desilusión, nuestro ambicioso proyecto
tendrá que esperar pero hacer cimas nos estimula.
Aligeramos nuestras mochilas, cogemos el piolet y un poco más
arriba el collado superior del Alba. Es una bendición ir
bebiendo continuamente, me siento recuperado y con ganas de
enfrentarme a las cimas de las Maladetas occidentales. Nos
agrupamos en el collado, Anita ha llegado un poco más tarde por
culpa de su gore. La vista es amplia y hermosa hacia todos los
lados.
Mi camel ya se ha descongelado un poco más y bebo cuanto puedo.
Cuando quiero darme cuenta, mis compis están casi arriba. Cojo
la cámara de Quique y hago alguna foto de nuestra huella de
subida. Cuando llego al collado me sorprende ver un paisaje
mucho más amplio de lo que esperaba. Enseguida empiezo a
reconocer los picos.
El ascenso al Mir desde el collado es una sucesión de bloques
con un aspecto poco atractivo. El Sayó presenta una zona de
bloques y unas cornisas de nieve reciente que no veo nada claro.
Chavi comienza a subir hacia el collado que hay entre el Mir y
el Sayó, la nieve es profunda y nos pide ayuda. Tomo la cabeza y
con dificultad y paciencia voy abriendo huella.
Yo voy detrás y veo que el líquido le ha sentado bien a Quique.
Javi aguanta el tirón. Yo ahora me noto más cansada y necesito
un ritmo más tranquilo y constante. Voy bien de piernas pero me
paro a ratitos para recuperar el aliento en este tramo tan
empinado. Me ofrezco a abrir huella pero lo digo muy bajito
porque, en realidad, no tengo ninguna gana y les veo
fuertecitos. Esto es un equipo…
Llego al collado y miro hacia los dos lados, el acceso a los dos
picos son dos aristas aéreas con una capa de nieve polvo. Me
acerco a ellas pero creo que hoy no están para arriesgar. Llegan
mis compañeros y decidimos renunciar al Pico Mir y con los
crampones puestos rodear unos bloques de roca e intentar otro
acceso a la cima del Sayó.
Observo las dos aristas que son un caos de bloques con nieve
reciente y con bastante patio. Con esto del esquí de travesía
este año me he puesto los crampones muy poco y pensar en cruzar
alguna de esas aristas me pone los pelos de punta. Quique
estudia el terreno detenidamente y al final rodeamos el Sayó a
la altura del collado en busca de un acceso más sencillo. Yo me
siento algo torpe e insegura con los crampones en la pendiente.
Llegamos una zona que parece algo más accesible…
Lo intento por una zona de mixto que termina en una
cornisa de nieve, clavo el mango de mi piolet pero la nieve está
tan suelta que no siento seguridad en el paso y decido
destrepar. Chavi lo intenta un poco más a la izquierda pero
llega a una zona insegura donde no ve claro el paso.
Observo con miedo la lucha de mis compañeros. Parece que la
nieve no nos va a facilitar las cosas.
Lo vuelvo a intentar por una zona de bloques que termina más
cerca de la cornisa, subo un poco y consigo clavar el piolet en
la parte superior...un momento de decisión y estoy arriba. Desde
aquí sólo hay que andar hasta la cima. Anita y Chavi aparecen
por la cornisa y, juntos, sentimos con alegría esta cima que nos
lo ha puesto difícil.
El día es maravilloso y vemos nieve y montañas por
todos los lados. Pico Maldito, Maladeta Oriental, Alba y un
indefinido número de tresmiles a nuestro alrededor.
Esta vez nos hacemos la foto de equipo en la cima. El paisaje
es espectacular y el día ha acompañado.
Cerca tenemos el Pico Cordier , propongo su cima y por
unanimidad vamos a por ella. No tiene ninguna dificultad:
crampones, piolet y en un momento pisamos otra cima.
Quique nos saca buena ventaja en la subida al Cordier. Yo voy
parando según me pide el cuerpo. Me sorprende ver a mi hermano
más lento. Parece que se le han acabado las pilas de golpe…
Llegamos a cima, otro tresmil… estoy contenta porque lo más duro
ya ha pasado y los esquís nos esperan en el collado… Nos fijamos
en el flanqueo de Cregüeña. Parece que hay bastante nieve pero
no habría sabido decir con seguridad si podríamos haberlo hecho.
Otra perspectiva de la zona, me fijo en el flanqueo
de Cregüeña hay nieve... quizá con un poco de decisión
hubiésemos podido dar la vuelta... no tiene solución… decido
disfrutar del momento y de la compañía de mis amigos. Me
encuentro muy bien y empiezo a pensar en esa bajada que nos está
esperando, la nieve aguantará. Enseño el Aneto a Chavi, es su
primera visita y creo que está disfrutando como un niño.
Más fotos con el Maldito y el Aneto detrás. Me fijo
en la cresta de Cregüeña, es posible que lo intente este verano.
El Pico Maldito me atrae y la cresta es una forma interesante de
llegar a la cima. Compartimos agua, alguna barrita y todo lo que
tenemos delante.
Decidimos volver por el collado Cordier, miro el
Pico Le Bondidier pero la cresta está con mucha nieve, que
imagino suelta e insegura. Encontramos un paso seguro para
descender, fuerte pendiente pero sin problemas. Inconveniente,
nos hemos ido muy abajo y para volver al collado del Alba nos
espera un largo flanqueo al sol y con nieve profunda.
Sin pensar, de forma mecánica voy dejando mi huella
en la nieve procurando no perder altura. Después de unos cuantos
agujeros que por supuesto no cuento llego al collado cerrando el
círculo irregular de nuestras cimas.
Descendemos hasta nuestros esquís, nos preparamos y
listos. Espero a Anita y Chavi pero no puedo controlarme y
después de un pequeño giro al monte y otro al valle compruebo
que la nieve sigue idea. ¡¡Qué descenso nos espera...!! Ya
estamos preparados y cada uno se busca su línea y crea su
huella. Nos miramos y los tres reflejamos en nuestras caras lo
bien que lo estamos pasando.
Me quedo la última esperando a ver cómo baja Chavi. Esquía muy
bien en pista pero no ha probado nunca bajar por estas “pistas”
vírgenes inmensas. Todo para nosotros, nadie se ha atrevido hoy
a flotar por esta zona. Baja sin problemas así que me relajo y
¡¡¡a disfrutaaaar!!
No queremos hacer descensos largos, 5-10 giros y
paradita para ver la huella y grabarnos algunos vídeos. Seguimos
el descenso, giros amplios, medios, cortos y todo sale con
flexo-extensión. Incluso conseguimos hacer algunos ochos
cruzando nuestros giros.
Todo lo bueno también se acaba; después de ir
buscando la mejor ruta para no quitarnos los esquís hasta el
refugio llegamos a la última pala donde un grupo de gente con
cámaras no deja de mirarnos. El día y el descenso son
fantásticos pero tanto como para que nos esperen con cámaras de
cine....¡¡¡¡¡¡¡ Luego descubrimos que están rodando un anuncio
de aguas Veri y su interés por nosotros sólo era para que no
rompiéramos una rampa de nieve que habían construido para el
rodaje.
Ante tanta expectación da cosa caerse, cosa difícil en esta
última pala con nieve durita y múltiples huellas marcadas. Una
auténtica nieve romperodillas…
Un descenso por los últimos neveros y el refugio,
quitar esquís, botas y tender todo al sol. Ya podemos relajarnos
y pensar en nuestras necesidades básicas, compartir la comida y
descansar. El refugio está abierto y un café viendo las fotos es
un placer al que no podemos renunciar. El resto de la tarde la
pasamos echando una “siesta” en el saco, hablando y creando
objetivos.