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La madrugada ha sido buena -hemos levantado a las cuatro de la mañana-, pero nuestra intención no era bajar pronto, sino pasar el mayor tiempo posible arriba, disfrutando de la montaña y del buen tiempo. Y así ha sido. La procesión fue por dentro. El desnivel a salvar es mucho para unas pocas horas.
De Benasque salimos tres que prácticamente ya sumamos siglo y medio. CarlosAra, Edesio y Do. Desde la Besurta, a las 5:40 comenzamos la andadura, esquís a la espalda, todavía en oscuridad, con un tenue borear que exige el frontal encendido. Y así casi hasta el llano del refugio, donde la penumbra ya nos deja apagar la luz sin riesgo de tropezar. Son las primeras horas en el refugio de La Renclusa, todavía en obras. Para el tiempo que vuelva, quizás esté terminado. No estará. Eso mismo pensé hace uno, dos, cinco, siete?. Tan dura es la fuerza que hay que hacer que no se termina "nunca". Imagino que lo mismo sentirían docenas de miles de personas que seguían la obra del Pilar, en aquellos tiempos. Aquello sí que era lentitud. Hoy día llegamos enseguida a todositios. El ritmo era algo importante que
debíamo
La Renclusa era el lugar ideal para hacer un primer recuento de latidos. Allí, CarlosAra, tiene el estómago con la cena ayer. ¿Qué cenamos? -pues, .. unos estupendos sandwiches de distintas cosas nuevas :-)
Desde
abajo, comencé con ganas de hacer cosas, cuantas más mejor; recorrer
vallecillos y montículos, pequeños síntomas de barrancos ... A estas
alturas de la temporada, los pequeños montículos con salientes bruscos ya se hacen un sitio por encima de la nieve, primero rodeando unos
milímetros y luego unos centímetros y unos metros, hasta que ya puede
verse la existencia de algunos amagos de hierbas, que no sé muy bien si
realmente lo son o si todavía
están demasiado heladas o demasiado muertas.
A pocos metros del refugio nos ponemos los esquís, como muchos que subieron ayer a dormir al refugio y muchos más que, como nosotros, sube desde la Besurta o el Plan d'Están. Yo calcularía más de 200 personas que se van poniendo en marcha o que ya llevan buen rato en ello. Son grupos de pequeños rosarios que a veces se confunden con piedras grandes.
La nieve,
desde cerca tiene un color amarillento sucio, cansada de
tanta vida en el invierno. O quizá, sólo cansada, sucia, con ganas de
comenzar a partir, a fundirse, a pensarse que lo de las laderas de blanco inmaculado,
-lo de enero- sólo son del pasado
reciente; sólo un manto, un lindo vestido suave,
jugueton con el
calorcito. Ya no hacen esos fríos. Hoy
son
torrenteras de centímetros, palmos; unas junto a las otras y repartidas en
largas ristras. Las pieles de foca mueven bien, pero sólo si controlas
los pasos y mantienes un equilibrio medido, porque la pendiente y la nieve dura
hacen que los cantos apenas muerdan el centímetro más castigado de las
focas. Algún que otro resbalón aconsejan la
seguridad de las cuchillas,
aunque se vaya más lento; no tenemos más prisa que volver a Benasque a
pasar el resto del día y dormir para subir mañana al
Pico
de Alba. Es lo
previsto.
Son
los primeros compases de sol, y ante
En la culminación del invierno, o sea, al principio, tras el solsticio, los
sonidos son
mucho más suaves y silenciosos. Dónde quedaron!. Pronto vendrán otra vez,
en nueva temporada, con los 52 de Edesio, los 48 de CarlosAra
y los 47 del menda, (como dice mi
chico el pequeño). Ya lo oía yo
en mis tiempos. ¡tampoco
han pasado tantos años!.
Y como en cualquier otro menester diario, unos minutos para reponer fuerzas y charlar amigablemente nos ponen el cuerpo a tono para seguir con más ganas si cabe hacia la parte final de la ascensión. Tiempo de contemplación. CarlosAra arrastra el estómago y el resuello como puede; no está para consejos. Pero a pesar de todo, paradita tras paradita va cogiendo mejor calitre.
A
medida que nos acercamos al resalte que nos lleva a la pala final, crece la
inclinación y la rugosidad del suelo. Realmente estamos en un terreno de
varias hectáreas, rayado de surcos; son restos de un sinfín de coladas o
pequeños aludes producto del fuerte desnivel. Ahora no hay apenas
riesgo de aludes porque la nieve ya es bastante vieja, que se deja foquear bien,
gracias al potente sol de junio comenzado a más de media mañana.
El tiempo parece estar cambiando. Hay una gran cantidad de nubes al norte, sobre los valles franceses y araneses que se van desprendiendo y cruzan el alto valle de Benasque hasta las cumbres en las que estamos. Ha estado ocurriendo durante toda la mañana; las nubes que conseguían llegar, iban desapareciendo por efecto de la mayor presión del aire en esta zona. Pero ahora las cosas han cambiado un poco a peor; entramos en zonas en las que nos mantenemos entre niebla más tiempo del que nos gustaría.
Esperando
y sorprendiendo a las nubes, consigo hacer unas fotos que casi completan la
panorámica. Bonitas con misterio. Decidimos volver, parando en unas rocas
muy aparentes antes del collado, a resguardo del aire, para comer un poco
antes de retomar el pesado camino hasta el Cordier, donde tenemos los
esquís.
Comiendo
estábamos cuando llegan los dos que oíamos en el pico Mir, que
precisamente hicieron noche en Benasque en el mismo edificio de la Escuela
de Montaña. No llevan esquís; no les ha gustado mucho el tramo entre
nubes, pero están contentos a pesar de no llegar a hacer todo lo que
esperaban. Siguen hacia el Cordier mientras nosotros seguimos dando buena
cuenta de los víveres.
Tranquilos, volvemos sobre nuestros pasos hasta la primera cima disfrutando de la panorámica y del tiempo que, bruscamente ha cambiado a mejor. Y desde el Cordier nuevamente, nos espera un descenso buenísimo. Son las 13:22.
Salud. Dificultad: Media - Alta Desnivel: 1.500 m. - Horario estimado: de 6 a 9 horas. |