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Peña
Guara de Huesca había organizado una travesía, alta ruta, que iba a
culminar el pico Bisaurín el sábado 6-3-04 y el de Aspe el día
siguiente, haciendo noche en el refugio de Lizara y volviendo el domingo al
punto de partida. Ya se había aplazado desde el fin de semana anterior
debido al mal tiempo. El comienzo se había previsto para las 8 de la
mañana desde Candanchú, y allí nos reunimos, pero el cielo se había
encapotado y estaba nevando. Así
fue como, tras más de dos horas de dilaciones, se decidió lo más
prudente: llegar a Lizara para pasar la tarde como cada cual decidiese y
aprovechar el día siguiente para hacer la cima más alta; con salida y
llegada en el mismo sitio.
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La
mañana había amanecido con la resaca de una noche de fuerte puerto
del norte. Durante la noche, varias veces miré por la ventana del
refugio y la luna llena me permitía ver una noche siberiana. Afuera
había un infierno de frío y viento.
Todo
el mundo sabía que la meteo iba a mejorar a medida que pasase el
tiempo. |

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Un desayuno de
Lizara es todo un lujo; calidad y cantidad se juntan con excelente
servicio y especial compañía. Toda la peña parece como de
vacaciones, de buen humor, contándose y reviviendo cosas, y
recuperando chistes que la memoria no fue capaz de hacerlo la noche
anterior cuando parecían salir fabricados en serie durante horas,
hasta que el sueño pudo con todos. Algunos, incluso están
afectados por los buenos momentos compartidos el día anterior con
el orujo de Hecho. |
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La
subida se va haciendo de forma anárquica. Unos delante, otros
detrás. Algunos se juntan en un alto en el camino, otros se
despegan sin despedidas. El camino es tan ameno que se puede elegir
compañero de viaje sin necesidad de salir del gran grupo. En el
largo llano suspendido por encima del Barranco Cueva, el viento nos
da una tregua, momento en que el sol nos acucia para desprendernos
del exceso de ropa. El aire es frío, pero ahora calmado; el sol es
potente. Nos vamos acercando al Collado de Foratón. |

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Y
justo debajo del collado, al que algunos ya han accedido, un alto
numeroso nos reúne a casi todos. Unos beben, otros vuelven a
pertrecharse de capas a la vista de los que nos espera en el
collado; casi todos aprovechamos para descansar un poco. En el
collado, el viento trae algunas ráfagas fuertes capaces de
desequilibrar a los poco estabilizados.
Se
decide modificar el camino de subida a la cumbre, que había quedado
previsto para rodear la cima por el oeste antes de ascenderlo por el
norte. Concretamente, el camino iba a ser descendiendo por el
Barranco de Foratón hasta la confluencia del Barranco de Agüerri
que debíamos subir y después subir el que baja desde el collado de
Secús. El cambio es la subida franca por la famosa pala
suroeste. |
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La
gente va formando sus grupos y desde las primeras rampas, hay quien
decide dejar los esquís en el collado y subir más rápidos con
crampones y piolet. Algunas rachas de ventisca siguen aconsejando
mantener puestas las capas cortaviento, pero poco a poco vamos
observando que, irremediablemente, el anticiclón se está
imponiendo. A medida que subimos, el viento se afloja. |

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La
pala suroeste es larga, y a mitad bastante empinada. Con nieve dura,
exige que las zetas de subida sean calmadas y salvando poco desnivel
en cada una de ellas; de otra manera, las pieles de foca que apenas
pueden trabajar, dejan su confianza en las cuchillas. Y éstas,
con las calzas de las fijaciones puestas, apenas hincan sus puntas en
la superficie. Se hace aconsejable seguir una buena huella. Llegando a
la cima, la inclinación remite y unas pocas zetas más nos depositan
en lo más alto, punto de reunión principal. El día se ha convertido
en "casi perfecto". Sólo nos falta poder ver la panorámica
norte, en la que sólo sobresalen algunas cimas de vez en cuando. |
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La
cima, un lugar poético para muchos de los que nos damos cita,
alcanza una vista enorme hacia el sur. Hoy no hay tanta nieve como
el año pasado, pero la compañía sí que es más numerosa. |

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Algunas
bandadas de grullas nos sorprenden con sus ruidosos graznidos desde
la altura. Si te paras a pensar, son, realmente impresionantes.
Ellas sí que hacen un verdadero viaje de aventura, sin motor, sin
billete, sin habitación a la llegada, sin fruta en la mochila, sin
camelback ... ¿En qué podríamos comparar nuestra pequeña
aventura con esos altos y largos vuelos?. Por un momento me siento
empequeñecer.
Edesio,
que aquí posa con las grullas, es el que más podría acercarse a
esa comparación. Al llegar abajo, su camino seguirá por la
peligrosa carretera hasta Madrid, desde donde ha venido para
acompañar a la Peña. Pasaron unas cuanta bandadas. |
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Poco
más o menos la mitad de los componentes hemos decidido hacer la
bajada por el norte, y otros tantos bajarán por la empinada pala
suroeste. Algunos ya habíamos quitado pieles, así que la travesía
hasta la parte más oriental del pico, donde comienza el descenso,
la hacemos con los esquís a la espalda. Son unos 5 ó 10 minutos de
tranquilo paseo al lado de la arista acornisada. Con las nubes por
debajo nuestro, el panorama parece salido de un sueño. |

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Antonio
Gros está en contacto por talkie walkie con Marcos, que tras subir
andando desde el collado del Fotarón, donde ha dejado los esquís,
ha bajado a cogerlos y sube de nuevo para unirse al grupo de la
bajada por el norte. No tenemos que esperarle mucho porque ya está
llegando. Los
que bajan por el sur se van repartiendo en grupos. |
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En
el punto donde ya no hay que remontar desnivel, calzamos esquís
todos los que habíamos quitado pieles en la cima. Comienza la
bajada franqueando un resalte ligeramente acornisado que da a una
pendiente pronunciada durante unos metros. No es difícil, pero la
caída que hay a la derecha y el estado bastante duro de la nieve
hace que se pase de uno en uno y con bastante cuidado. A
continuación, una larga pala orientada al Este de nieve estupenda
nos hace disfrutar a todos de una bajada a la desbandada. |

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Al
final de la pala, a la altura de la Collada de Bastés que tenemos a
nuestra derecha (sur) damos un giro de 90 grados al norte para bajar
por un embudo de nieve buena y abundante nieve polvo. Seguido, un
pequeño plan y un ancho tubo que nos deja en el vallecillo que baja
desde el Collado de Secús hasta la Plana de Mistresa. Dirección
Este-Sureste. La nieve es bastante buena para esquiar, aunque
en ocasiones se pasa muy rápido entre distintas calidades, y el
cielo se cubre con mucha facilidad quitándonos la visibilidad y el
relieve del suelo. |
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En
esta fotografía panorámica se puede observar bastante bien el
terreno por donde discurre la bajada. En el centro, la cima oriental
del Bisaurín enseña el resalte de salida y la larga pala orientada
al Este. El embudo queda tapado por la ladera rocosa del Pico Fetas.
En la parte baja puede verse la parte final del tubo que desemboca
en el vallecillo. Al fondo del valle, el marcado Collado de Secús. |

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La
bajada por el valle hasta la Plana de Mistresa es larga pero
entretenida, y ante unas vistas espectaculares y a la formas
caprichosas de las nubes, las paradas para la contemplación se
agradecen. Por
este lado, ninguna pendiente supera a la parte más empinada
de la pala Suroeste. Es, por tanto, desde mi punto de vista, una
bajada muy recomendada para todos aquellos que ya han probado el
descenso por el Sur. Un poco más larga, y algo más técnica en la
parte baja, por el barranco de Audelca, esta alternativa no supera
en mucho la dificultad de esa vertiente Sur. |
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En
la Plana de Mistresa confluye también el valle que durante un buen
rato teníamos delante nuestro, y que en su parte más alta tiene el
ibón Viejo y el puerto de Bernera, y por el que baja el Barranco de
Castillones. Y justo por el otro lado desciende el Valle de los
Sarrios. Nuestro camino tuerce bruscamente otros 90 grados hacia el
Sur-Suroeste. Penetramos en el Barranco de Audelca, por el que
esquiar debe ser cuidadoso debido a la gran cantidad de piedras,
algunas enormes, que hay que sortear. Refugio de forestales cerca de
la collada de Mistresa en la derecha orográfica del barranco. |

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Y
cuando el Barranco de Audelca llega a un gran llano, antes de
encajonarse, con los esquís a la espalda remontamos una loma por la
derecha alejándonos del barranco. Desde la parte alta de la loma ya
podemos ver cerca el Llano de Lizara. Al comienzo de la bajada se
encuentra el refugio de Oldecua, una sólida cabaña de piedra y
cemento. Una corta esquiada hasta un camino estrecho que llaneamos
durante unos doscientos metros entre pinos y arbustos y la pala
final hasta el mismo coche. Creo que he tenido suerte y las suelas
de los esquís vuelven sin apenas nuevas rayas. Y
en el refugio, recuento de personas, saludos, deseos, despedidas y
camino. |
Dificultad:
Media, -
Desnivel:
1.200 m. -
Altitud:
2.670m. -
Horario
estimado: de 4 a 7 horas.
Donato
Molina
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