Buscar en CMAyud

Principal

Diario
El tiempo

Sumario

Escalada

Listado de Reseñas

Esquí de Montaña

Senderismo

BTT

Nuestras Zonas

Pirineo

Fotos

Foro

Historia

Teléfonos de interés

Cursillos

Más cosas

Juegos Escolares

Agenda

Escríbenos

Enlaces

Correo CMAyud

 

 

ASCENSIÓN AL PICO BAZÍAS (2758M) 11 ABRIL 2006

 

10 de abril de 2006: Aprovechando que Calatayud nos pilla de paso al Pirineo, Chavi (mi hermano) y yo salimos por la mañana con el coche. Después de una buena comida en casa de Quique y de escalar unas vías en Morata, nos ponemos en camino hacia el refugio de Panticosa. Paramos a cenar en Sabiñánigo. Todo nos sabe bueno ¿será el hambre o el cocinero? Vuelta al coche y último tramo hasta Panticosa. Hace fresco. Está todo despejado hasta que nos metemos en el valle y empezamos a ver ¿mosquitos? ¿con -1ºC? Va a ser nieve de esa nubecilla. La meteo nos ha mantenido con la duda hasta el último momento pero Jorge, el pediatra, ha dicho que tendremos buen día. Pienso en positivo: así tendremos nieve polvo arriba... El guardia de la barrera nos deja pasar con el coche hasta el refugio. Por suerte hay poca gente y nos han dejado una habitación para nosotros solos. Cogemos lo imprescindible y ¡¡al saco!! Me cuesta un poco dormir por el frío y la cama extraña, pero la mantita sobre los riñones me ayuda a conciliar el sueño definitivo. Estoy tan cansada que no me da tiempo casi a pensar en lo que nos espera mañana.

 6’40: Oigo la alarma del reloj de Quique muy bajita a través del saco. El primer movimiento es algo desagradable: siento los brazos y casi todo el cuerpo cansado de la escalada. Pienso en los 1100m de desnivel hasta el Bazías y en ese momento no me veo capaz. Por suerte, recién levantada suelo pensar poco y a trompicones, así que me dejo llevar y consigo salir del saco, recoger y bajar a desayunar.

Afuera hace menos frío que anoche. No corre aire y el amanecer tiene el fondo azul ¡¡bien, el Bazías ya está más cerca!! Organizamos las mochilas. Vamos con un poco de retraso (hemos quedado a las 8 a.m. con Rubén, un amigo de Quique) De repente, cuando ya casi estábamos preparados aparece Rubén con los esquís a la espalda. Presentaciones y ganas de empezar… Me cargo la mochila y me sorprende lo “poco” que pesa con esquís y todo.

Comenzamos por la escalinata y cogemos enseguida la GR11. No hay nieve pero los arroyos que cruzan el camino de vez en cuando están helados “¡¡hielooo!!” Yo voy concentrada en mi respiración. Pienso mucho en el desnivel. Sé que tengo que coger un buen ritmo.

Quique y yo hemos hablado esta mañana con el guarda del refugio y nos ha indicado el camino por el bosque: tenemos que cruzar por encima de la caseta para coger el collado de la derecha de la cresta. También nos dice que unos que subieron ayer comentaron que arriba había nieve polvo ¡¡bien, otra cosa positiva!! Sin embargo, una vez metidos en el bosque empezamos a seguir una huella que parece buena pero que no nos lleva hacia donde nos dijo el guarda… Rubén quiere tirar por la huella. Dudas… No apetece nada confundirse tan pronto. Yo dudo, pero recuerdo que en el mapa había un camino que salía arriba del bosque y cruzaba la cresta. Quizá el guarda nos ha indicado por el otro lado porque íbamos con los esquís. La verdad es que la huella a esta altura hace muchas “Z” pero nosotros vamos aún porteando. Rubén y Chavi se adelantan para comprobar que hay salida y nos comunican por el walkie que estamos en el buen camino. Subimos más tranquilos y al salir del bosque nos ponemos los esquís ¡¡ya era hora!! Hasta ahora no iba muy segura con las botas sobre la nieve dura y los esquís a la espalda desequilibrando. Me sorprende que aún no me haya quitado el cortavientos; debe de hacer fresquito… Arriba en las cumbres se ve el efecto del aire. Las vistas ya son impresionantes: el Garmo Negro me está conquistando…Ya hemos subido unos 300m de desnivel. Pienso que 1100 - 300 = 800m de desnivel que nos quedan; vamos como si empezara de cero en las otras travesías que hemos hecho. Me siento muy bien de fuerzas y arranco con ganas con los esquís puestos. Rubén decide subir un poco más porteándolos (dice que ya no se acuerda) y Chavi, de momento, no necesita las raquetas. El sol empieza a calentarnos.

Un poco más arriba Quique y yo que vamos más adelantados, cruzamos la cresta por la hierba medio descubierta. Rubén se ha parado a ponerse los esquís y Chavi le acompaña. Podemos advertirles por los walkies que la crucen un poquito más arriba que está mejor. Ascendemos por la lomita helada y mis alarmas empiezan a avisar “Hoy no me puedo caer”, así que me concentro a tope en cada paso. Me gustaría disfrutar más del paisaje pero prefiero no caerme. Nos juntamos en la “buena huella” con Rubén y Chavi y flanqueamos unos metros hasta la desviación hacia los ibones altos de Brazato. Comentamos lo fácil que era confundirse si hubiéramos ido por el collado que decía el guarda.

Otro repechito a ratos durito…concentración…fotos…práctica de “Z”  y vueltas María… Ya llevamos unos 400m de desnivel y el paisaje promete… Hay coladas en las caras sur-sureste.

Llegamos a los ibones. Chavi se para a ponerse las raquetas porque se hunde hasta la rodilla ¡¡Nieve polvo!! Me doy cuenta de que sólo están haciendo fotos Quique y Chavi, así que me ofrezco a hacer alguna. Sé que después se agradece recordar esos momentos.

Continuamos subiendo. Yo empiezo a notar que mi respiración se acelera y bajo el ritmo. No sé si es que Rubén va muy fuerte pero yo siento que voy muy lenta. Invito a pasar a Quique delante porque soy incapaz de ir más rápido pero parece que le ha cogido el gustillo a ir detrás de mis esquís.

Rubén va abriendo huella y hace un flanqueo por la derecha de los ibones, pegado al pico que nos tapa el Bazías. En el flanqueo me da “yuyu” pensar en un posible alud… miro la huella de los esquís… Hasta ahora tenía claro que si te pilla bajando con los esquís intentaría esquivarlo pero ¿y si ocurre ahora? Lo único que se me ocurre es que me quedaría mirando con cara de sorpresa y, como mucho, me soltaría la mochila y los bastones ¿acaso me daría tiempo a correr? Quiero salir de aquí ¡¡ya!! Al no haber casi pendiente puedo llevar buen ritmo detrás de Rubén.

Salimos del peligro y cerca del collado de Brazato paramos a comer algo. Ya sólo nos quedan 150m de desnivel. De cardiorrespiratorio voy peor que de piernas pero seguro que aguanto, es cuestión de ritmo. El paisaje es precioso.

Rubén se adelanta un poco. Trabaja esta tarde y dará la vuelta en breve. Una vez en el collado podemos ver con ¿decepción? que el Bazías está más lejos de lo que esperábamos. Además se ve el principio de una hondonada ¿qué habrá abajo? Nos despedimos de Rubén y continuamos hasta que vemos el camino que habremos de seguir. En teoría el ascenso a la cima se realiza por el este pero viendo que está bastante descargado de nieve, trazamos nuestro itinerario por la cara norte. Flanqueamos la hondonada más rápido de lo que esperaba y llegamos a una lomita algo más segura por la que progresamos haciendo “Z”. Chavi va con las raquetas abriendo su propia huella.

Otra vez vamos cuesta arriba (ya los últimos metros de desnivel) y mi ritmo es limitado. Vuelvo a invitar a Quique a pasar y me sorprende que él también esté cansado. Bien, seguiremos entonces con mi ritmo. Llegamos a una zona de rocas con la nieve más dura. La pendiente se ha vuelto más empinada y a mí me da miedo. El esquí del valle se me resbala a la mínima de cambio ¡¡no quiero caerme!! Intento seguir la huella de Quique aprovechando que ha pasado delante pero me veo obligada a pasar las roquitas un poco más abajo si no quiero caerme. Voy muy concentrada por el siguiente tramo después de las rocas porque sigue estando duro. Los chicos de este pequeño “equipo Pokemon” (así nos llama mi hermano a los que hacemos el máster CUEMUM) me sacan unos metros de distancia pero yo no puedo ir más deprisa.

Llego a la huella de Quique de nuevo, ya en la última lomita. Quedarán unos 100m de distancia para la cima y tengo que pararme. Acabo de hacer un par de vueltas María y no puedo con mi alma. El corazón me late muy deprisa y jadeo, jadeo… ¿cómo narices lo harán en los ochomiles?... me apoyo en los bastones… para poder seguir latiendo, el corazón decide soltar lastre y deja las emociones a un lado. “Ya queda poquito, último descanso y cima!!” Levanto la vista y veo que Quique me está animando a lo lejos. Subo como una autómata, ya sin emociones, un paso tras otro… y le alcanzo ¡¡me ha esperado para hacer cima!!

Llegamos arriba y me gustaría abrazarlos y saltar de alegría, pero las ganas me las he dejado un poquito más abajo y sólo puedo compartir mi mirada ilusionada y una media sonrisa. Siento cansancio y frío. Me abrigo. Me obligo a girar sobre mí misma para grabar en mi cerebro el maravilloso paisaje que se extiende bajo nuestros pies. En ese momento no lo disfruto pero sé que una vez abajo lo recordaré. Me vienen a la mente muchas personas que me gustaría estuvieran con nosotros. Quique es capaz de ponerle nombre a todos los picos que se ven ¡¡¡cómo es posible que se acuerde!!!

Chavi se adelanta pues nosotros ya estamos quitando las focas y enseguida estaremos esquiando…¡¡¡ESQUIANDO!!! Qué ganas de probar la nieve… ¡¡Click, click!! Los esquís están puestos y la cara ya nos ha cambiado. Se me olvida el cansancio ¡¡yuuujuuuu!! Un poco de derrapaje sobre nieve dura en la que fue la última lomita de subida y ya llegamos a la primera pala. Quique va delante de mí y me fijo atentamente en sus giros “Parece que la nieve se deja…” Me lanzo detrás sin miedo ¡¡guay!! Luego veo que Quique se queda clavado después de un giro ¡¡uy!! Ahí cambia la nieve…suavecito, Anita… Mi hermano hace fotos y nos graba algún vídeo. Seguimos bajando y ya tenemos que empezar el flanqueo si no queremos remar en el collado de Brazato ¡¡Qué corta se nos ha hecho esta palita!! El flanqueo es sobre nieve polvo, ¡¡excelente!! ¡¡vamos flotando!! Paramos a esperar a Chavi que viene corriendo. Cuando se acerca está sudando y jadea… “No hace falta que corras, que te esperamos” “¡¡No importa!! Me lo he pasado muy bien”

Buscamos ahora la huella que ha dejado Rubén de bajada hacia los ibones. Ha bajado por el mismo sitio que la subida. Hay que hacer un flanqueo largo y después nos toca remar un poquito. Buscamos unas rocas donde pega bien el sol y compartimos el bocata que has traído ¡¡buenísimo!!

Ahora viene otra palita buena donde Quique me graba un pequeño vídeo (lo de pequeño, más que nada, porque acabo en el suelo en el segundo giro) Esperamos a mi hermano y se me ocurre que baje él primero para grabarnos. Quique baja como corresponde a un auténtico “friki”. Después voy yo. Esta vez no me caigo y la nieve está buena… ¡¡Ya casi estamos en el punto donde empezamos a foquear esta mañana!!

Último flanqueo antes del bosque por la huella de esta mañana. Observamos una colada que acaba cerca de la huella y que no recordamos haber visto a la subida ¡¡Glup…!! Chavi viene de nuevo corriendo, parece que está grabando un vídeo…derrapa… ¡¡te vas a matar!!

Llegamos a la última bajadita antes el bosque. Aquí la nieve tiene muchas huellas y está dura. Las tablas tiemblan y las rodillas amortiguan los botes. Nos metemos en el bosque y la nieve continúa igual. Intentamos derrapar con cuidado entre los pinos. Yo, al segundo culetazo decido quitarme los esquís. Quique, simultáneamente y sin culetazos, decide que no merece la pena bajar así y también se carga los esquís a la espalda con el invento ese de la goma. Bajo con pocas ganas, insegura con las botas de travesía sobre tanto caos de huella. Ahora sí noto el peso de los esquís en mis hombros. Sorprendentemente no he notado cansancio en las piernas en todo el día. Me voy quedando atrás y voy vigilando no perder a mis compañeros entre los pinos. El apoyo moral de Quique llega en el mejor momento “¡¡Sal de las huellas y clava talones que la nieve por aquí se deja!!” Gracias!!, mucho mejor así. Llegamos al camino. Aún queda hielo en algunos tramos de los arroyos que cruzan. Se nota que a esta cara no le ha pegado aún el sol. Nos juntamos los tres e intercambiamos sonrisas de satisfacción. Tenemos ganas de ver las fotos… Yo empiezo a creerme que hemos hecho cima, ahora toca disfrutar de los momentos vividos allí arriba…

Ana