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La preparación, dos meses antes
Creo que fue en la salida a los picos de
Espelunciecha y
Arroyeras del día 31-1-2005 cuando tomó cuerpo la idea de
llevar adelante una nueva visita a los Alpes y recorrer la
Alta Ruta por excelencia. La clásica; la que une las dos
capitales del alpinismo, Chamonix en Francia y Zermatt en
Suiza. Aunque. más bien habría que colocar a Argentiere como
punto de inicio de la travesía, puesto que allí es donde
realmente comienza, a unos pocos kilómetros del centro de
Chamonix, carretera arriba hacia el Noreste.
En
Sabiñánigo, la fría noche del 30 de enero, yo tomaba el
primer contacto con el objetivo por medio de la cartografía
que Jorge traía perfectamente estudiada. Allí me prestó el
libro "The Haute Route" de Peter Cliff donde se describe con
buen detalle todas las etapas, sus variantes y cuestiones
sobre la travesía, y que terminaría siendo mi lectura
favorita hasta la fecha del inicio, principalmente en el
excusado.
La
primera idea fue que iríamos Jorge, Edesio y yo; aunque por
mi parte,
siempre dejé la duda sobre
las cabezas debido a mi situación personal-familiar. Duda que fue disipándose a medida que pasaba el
tiempo y todo se iba afianzando.
No tardó mucho en aparecer Luis, con la firme
decisión de ir; de hecho él ya llevaba tiempo buscando
compañeros para hacerla. De hecho, a iniciativa propia, con nuestro
tácito reconocimiento, se encargó de reservar las plazas en
los refugios que íbamos a necesitar. Aunque en último
momento estuvimos a punto de no tener plaza en el primero de
los refugios, el de Argentiere, porque nuestra intención
mantenida era ir el primer día directamente al segundo
refugio, el
de Trient, sin pasar por el primero, lo que nos ahorraría un
día de ruta si el segundo día podíamos ir directamente al
refugio de Valsorey sin hacer noche en Bourg St Pierre,
segunda alternativa.
Al final, muy al final, reconsideramos esa
posibilidad porque estaríamos forzando un primer día muy
largo y duro, a añadir a las 12 horas de viaje nocturno sin
dormir; un segundo día más duro todavía; y siendo que el
tercero, la etapa clave, era en teoría el día de más
dificultad. En fin, que en último momento cambiamos las
previsiones de manera que la primera noche dormiríamos en Argentiere, a tan solo dos horas del punto de partida. El
segundo pasaríamos por Trient sin parar, camino de Bourg St
Pierre, donde dormiríamos. El tercero llegaríamos a Valsorey. El
cuarto la etapa clave hasta el refugio de Chanrión. El
quinto hasta Vignettes por la alternativa más fuerte y
bonita, y el 6º llegaríamos a Zermatt.
Luis no pudo llamar a Argentiere con
suficiente tiempo y, dos días antes de la partida, cuando
llamó Jorge, recibió como respuesta que ... estaba completo.
Jorge nos contó que había sentido algo profundo en su cuerpo
cuando vio la posibilidad de que la empresa podía truncarse.
Pero también nos contó su alegría cuando tras llorar al
guarda y comentarle cuan importante era que pudiéramos
pernoctar allí el día 2 de abril, le sacó algo así como...:
"en algún sitio os meteré". Quedaba también Bourg St Pierre,
que también en principio íbamos a pasar de largo, pero esa
ya no sería una noche tan complicada porque es una población
-la única de la ruta-, en el valle y con muchos recursos.
No sé en qué situación física hubiésemos
terminado los dos primeros días de haber persistido en los primeros planes, pero
pensado ahora, cuando todo ha sucedido, creo que habríamos
llegado a Zermatt, porque la ventana de buen tiempo ha
durado exactamente los cinco días que estaban previstos
inicialmente. El
cambio de planes, aumentando un día la ruta, no nos dio la
posibilidad de terminar el camino, porque el tiempo cambió a
muy malo, bruscamente, en la última etapa, confirmando por
otra parte las previsiones meteorológicas que nos iban dando
desde 3 días antes. De haber tenido las previsiones de meteo
con 6 días de antelación, las cosas podrían haber cambiado. No
obstante, hemos de considerarnos afortunados de haber tenido
cinco días tan buenos con un resultado de realización
realmente bueno.
Más de un mes antes de la partida ya había
asumido la rutina de salir un día sí y otro no, para
desarrollar un desnivel de entre 300 y 600 m cada día en una
hora o poco más; y los fines de semana aumentar la dosis en
tiempo hasta cinco horas o más de actividad. Y paralelamente,
aumentar ligeramente las comidas para, no sólo dar cabida a
un mayor desgaste, sino también para llegar a la fecha con
unos pocos recursos de grasa de más.
Suprimiendo al máximo
las cosas que había que meter en la mochila, el peso no
bajaba de 14 kilos, sin contar comida ni los esquís que
tuvimos que portear durante muchas horas. En fin, que se
hacía casi necesario partir con un michelín de más, y así se
lo conté a mis compañeros. Después resultó que en ninguno de
los refugios tuvimos problema para comer cuanto
quisimos. Con tan solo unas barritas energéticas para el
camino, la alimentación fue perfecta; por tanto, volví el
michelín a casa, sin problemas.
Un mes antes compré por Internet los mapas de
Martigny y Arolla (1:50.000) y antes de la partida, con el
libro de Peter Cliff y la cartografía de la ruta, ya sabía
lo que íbamos a encontrar -grietas aparte, que me hicieron
soñar alguna noche- dónde y con qué dificultad. Incluso
visité por Internet alguna de las rutas y refugios para
aprender más. Pero al final, como siempre ocurre, entre la
teoría y la práctica hay un cambio tan radical que nunca
hubiera podido imaginar. Todas, absolutamente todas mis
visiones e imaginaciones estaban equivocadas.
La realidad es muchísimo más grande y bella;
y procura mucha más seguridad de la que habría tenido de
hacer posibles mis sueños. Las grietas en los glaciares eran
mi peor pesadilla. En la realidad nos permitíamos relamerlas
sin exponernos a ellas. Claro que para eso teníamos una
preciosa huella marcada por los montañeros que nos
precedían. Las cosas habrían cambiado radicalmente sin esa
huella; o si el paso hasta el Plató du Couloir hubiera
estado tan helado como de vez en cuando dicen se encuentra.
Los días 19 y 20 de marzo, a 11 días de la
travesía, Peña Guara de Huesca organizó una travesía de dos
días que iba a ser ideal para comprobar nuestras fuerzas y
tomar contacto los cinco que íbamos a compartir la ruta
alpina. El primer día desde Sansanet (Francia) al pico
Bisaurín y refugio de Lizara, y el segundo al pico de Aspe y
final en Candanchú. Allí, a Edesio, Jorge, Luis y a mí, se
unía también Candido, amigo personal de Edesio, que a la
postre venía con más experiencia que ninguno. Jose Manuel
también tenía previsto unirse, pero finalmente, ni vino a la
primera ni a la segunda. Considero que, en términos de
resistencia, ninguna de las dos jornadas de la travesía
Bisaurín-Aspe, tienen nada que envidiar a cualquiera de
las etapas de la ruta Chamonix-Zermatt. No obstante, hay
que tener en cuenta que el marco donde se desarrollan es tan
distinto que las condiciones podrían convertir la
comparación en algo totalmente heterogéneo.
Y el día anterior, ya definitivo, los
componentes se reducían a cinco: Cándido Rodriguez, buen
conocedor de la cordillera (Bomberos de Madrid), Luis Bagües,
el más joven (San Jorge de Zaragoza), Edesio Vidal (Peñalara
de Madrid y Peña Guara de Huesca), Jorge García-Dihinx (Stadium
Casablanca de Zaragoza) y yo, Donato Molina (Club Montaña
Ayud de Calatayud).
Edesio y Cándido salían de Madrid el viernes,
1 de abril, para recogerme a mí en Calatayud sobre las
17:30. Poco después de las 19h tomábamos contacto con Jorge
y algo más tarde con Luis. Unas primeras fotos, realmente
contentos, terminando de cargar los dos coches que nos iban
a llevar, precedieron a la partida desde Zaragoza sobre las
21 horas. Tres en un coche y dos en otro, fuimos turnandonos
cada dos o tres horas para repartir la conducción. Entre
coches siempre estábamos en contacto con walkies talkies, un
medio fabuloso para compartir los comentarios y necesidades
del camino.
La ruta motorizada: Zaragoza - Lérida -
Gerona (con parada en el área de servicio del Alto Ampurdan
para descansar y cenar)- Perpignan - Montpellier - Nimes -
Orange - Valence - Lyon, y parada para descanso técnico y
tempranero tentempie (evitamos ir por Grenoble por
iniciativa de Candi cuando conducía primero, aunque después
consideró, como los demás, que hubiera sido mejor por
Grenoble. A la vuelta tambien volvimos a evitar Grenoble,
pero esta vez porque los partes de tráfico anunciaban un
tapon en las entradas a la ciudad) - Chambery, Annecy,
Chamonix.
Son casi doce horas de
viaje desde Zaragoza, casi una más desde Calatayud y dos más
desde Madrid. Viajamos toda la noche, sin apenas dormir.
Así, el desayuno en Chamonix sabe a gloria. Además, ya
podemos disfrutar de un buen tiempo que, en el parte de la
Maison de la Montagne, se prevé que se mantenga durante los
próximos tres días.
Subir hasta el refugio de Argentiere no nos
llevará más que unas dos horas, por tanto, todavía podemos
permitirnos un paseo turístico por Chamonix y sus tiendas.
Luis tiene que comprarse un frontal porque no sabe qué ha
hecho con el suyo. Jorge enviará alguna postal; yos cuenta,
un poco compungido, que le han dicho que en los últimos días
ha fallecido un montañero. Más tarde nos dice más contento
que, el fallecido cayó en una grieta pero en camino
diferente al que nosotros íbamos a llevar.
En Le Praz, momento importante porque, hay
que preparar la mochila que vamos a portear durante 6 días.
Todo sobre el suelo para ir metiendo las cosas por orden (si
no la mochila se queda pequeña) y después reconsiderar la
elección de algunas cosas porque todo pesa demasiado.
Finalmente, a pesar de los recortes de último momento, la
mochila queda muy pesada, pero ¡qué le vas a hacer!
-queremos tantas cosas ... Tras los pesajes realizados en
casa, grosso modo considero que no baja de 14 kilos,
aparte de los esquís, bastones, arva, arnés a la cintura con
dos mosquetones de seguridad, dos cintas espress (una de
ellas con tres mosquetones para nudo-freno corazón), dos cordinos
de 5mm X 1,5m, un anillo de cinta plana, un tiblock y un tornillo de hielo;
llevo, si no
me olvido de algo: funda de vivac (para otra vez la dejaré),
pala, mallas, cuatro pares de calcetines, tres calzoncillos,
dos paquetitos de pañuelos de papel, esparadrapo, vendas;
agua para hoy y mañana (litro y medio con Tang en el camel-back
y un litro más en una cantimplora. En el refugio de
Argentiere no hay grifos de agua; si la quieres la debes
comprar a buen precio), navaja, dos planos con la ruta, el
altímetro-barómetro-brújula-reloj en la muñeca, dos
camisetas térmicas, un forro polar corta-viento, una
chaqueta de goretex, un par de guantes de seda, otro de
forro polar, otro de goretex y unas manoplas de cuero, un
gorro de forro, un pasamontañas de lana y una gorra con
visera, un pañuelo para el pelo (al contrario de otras
veces, ni me lo puse); mis bastones pesan un kilo, el doble
de lo que me gustaría, pero tienen la capacidad de poder
convertirse en sonda con un pequeño tubo adaptador que
también llevo; crema solar, labial, dentífrico y
cepillo, desodorante, peine; mi cartera-billetera-tarjetera
de siempre; cámara de fotos con cuatro
tarjetas y tres baterías; gafas de glaciar graduadas, las
normales de miope y de ventisca; cuchillas, dos pares de
pieles de foca; un reproductor de MP3 y radio con dos
baterías; una linterna frontal con repuesto de baterías;
piolet más agresivo de lo que suelo llevar en el Pirineo y
crampones duros y más pesados que mis habituales ligeros. También
llevamos dos cuerdas que habrá que portear, aunque una de
ellas ha sido auto-adjudicada por Candi para toda la
travesía (que ha conseguido un menor peso de su mochila con
mejor raciocinio de necesidades) y la otra que me tocará
llevarla durante la quinta etapa. En fin, tres o cuatro
kilos más del peso que debiera llevar.
Con todo preparado, nos dirigimos en coche
hasta la base del teleférico a pocos metros de la estación.
Descargamos los trastos y, mientras Edesio se encarga de
comprar los tickets que nos permitirán subir en teleféfico,
con estación intermedia, hasta los 3.295m de Les Grands
Montets, Jorge y Luis buscan sitio para los coches en el
grande pero abarrotado aparcamiento de su base. Llenamos
agua en los toilets.

El espacio del teleférico, como es normal,
está compartido por cuantas personas pueden hacernos caber,
tipo rebaño encajonado, incluso en el trato del servicio
cuando nos tienen que decir que nos quitemos la mochila para
evitar accidentes con el piolet. Precio del billete: 22,50€
por persona. No hay primera ni segunda clase, ni turista;
sólo borreguing class. Mientras subimos, voy
comprobando la velocidad de subida, que llega a los 350m/min
(21.000m/hora). Son casi las 13 horas y en la estación
intermedia hay montones de esquiadores disfrutando del día y
la nieve, .... y haciendo colas en los distintos remontes.
El segundo teleférico nos espera con una cola de 45
minutos!!, que aguantamos estoicamente, casi en silencio.
La llegada arriba tras el segundo teleférico
se produce a las 13:19h ante un espectáculo maravilloso.
Estamos a 3.300m en la falda alta de la Aiguille Verte
(4.122m), aunque no vemos su cima. Chamonix al Oeste, bajo
el profundo valle; los Drus muy cerca por el Sur; al Este el
valle de Argentiere, a donde vamos y las agujas de
Chardonnet y Argentiere, por entre las que pasaremos mañana.
Y a nuestros pies el glaciar de Rognons, que pisaremos de un
momento a otro, en cuanto terminemos con la primera tanda de
fotos, ya que, la estación está preparada con instalaciones
metálicas encaramadas en los precipicios para la
contemplación más espectacular.
Comienza la
primera etapa.
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1ª etapa,
2-4-05: Teleférico de Grands Montets
(3.295m)- Refugio
de Argentiere (2.771m)
Mapa de
la etapa 1
Son las 13:30 y comienzo a bajar la larga escalera metálica que
conecta la estación superior del teleférico con el collado donde
vamos a calzar los esquís por primera vez. A la izquierda, Este,
el glaciar de Rognons (nuestro camino) y a la derecha, oeste, el
de Grands Montets. Jorge y Edesio todavía han quedado arriba
haciendo fotos mientras Candi y Luis esperan ya en el collado
para empezar la bajada.
El comienzo del descenso es una pista de esquí por la que
transita mucha gente, aunque no hay problemas de tráfico porque
la superficie es enorme, llena de bañeras, eso sí. La nieve,
polvo.
Somos cinco bajando libremente por cinco sitios;
controlando en la distancia donde estamos pero cada uno a
nuestro aire. Yo estoy teniendo problemas con el peso de la
mochila; la inercia que me provoca en los giros hace que no
termine de controlar bien el equilibrio, y en compensación tenga que
hacer más fuerza de lo esperado; y en consecuencia debo parar a
menudo para no sobrecargar las piernas. ¡Pues estamos buenos; si
esto es el principio cómo será el final! Estoy empezando a temer
que podría atragantárseme la Alta Ruta. Por suerte, veo que mi
situación la están sufriendo también mis compañeros, lo cual me
desahoga un poco (consuelo de tontos). En cualquier caso, estoy
convencido de que la mochila me pesa más que nunca y buena culpa
de ello deben ser las 13
horas de viaje desde Calatayud, sin dormir.
Bajamos dirección de la gran roca que, algunos mapas la colocan a
3.000m. Podría tener unos 40 metros de alta y el doble o más de
larga. La bordeamos por la der echa y vamos saliendo de la pista
de esquí acercándonos a los seracs. Una línea de palos y cuerdas
a modo de valla limita la pista y avisa de que salirse lleva
aparejado el riesgo de caída en grietas. El cartel es curioso:
un moñaco cayendo boca abajo por una oscura grieta. Pero no hay
problema; la huella dejada por muchos esquiadores anteriores y
la nieve caída los días atrás, permiten que disfrutemos de un
camino imperdible además de una nieve excelente.
Antes de llegar a la parte baja del glaciar de Rognons, Candi
propone hacer una media ladera hacia el Sureste para no perder
mucha altura en la conexión con el glaciar de Argentiere, pero
eso equivale a salirse de la huella e introducirse en una zona
muy agrietada. Tenemos todo el tiempo del mundo; son las dos de
la tarde y al refugio nos queda escasamente una hora. No tenemos necesidad de
exponer. Bajamos hasta los 2.550m y, ya en el amplio llano del
glaciar, colocamos pieles y progresamos en fila india sobre la
marcada huella. El refugio se divisa a unos 2,5 km. Y sin dar
tiempo a que el foqueo se convierta en monótono, llegamos al
punto en que dejamos la huella que sigue hacia el fondo del
circo y tomamos la que va al refugio, tanto o más marcada.
Parece que el peso de la mochila ha pasado a un segundo plano;
me noto la respiración y las pulsaciones más rápidas de lo que
s ería normal; pero lo más importante lo estamos viviendo por fuera,
disfrutando, rodeados de un paisaje realmente sorprendente, al que no estamos
acostumbrados. Mis compañeros están contentos y todos
aprovechamos para manifestarnos con comentarios de alegría,
donaire, sorpresa, ironía, ... desenfado.
El refugio es muy especial, no tiene forma de casa; más bien
parece un módulo de control aéreo situado sobre un saliente
rocoso. De madera, orientado al Suroeste, al pie de una de las
murallas rocosas que sube hasta la ag uja de Argentiere (3.901m).
Para llegar hasta allí, hemos de cruzar la morrena que separa el
glaciar de Améthystes y el de Argentiere. A partir de ahí,
algunos pasajes son complicados para mantenerse sobre los esquís
debido a las grandes rocas y la falta de nieve. Se hace prudente
descalzarse los esquís y llegar andando, lo que hacemos
acompañados de otras personas que también acceden desde otros
orígenes; son las 15:15 horas.
Como estaba previsto, el refugio se llenará -ya parece que lo
esté-. Los esquís se amontonan en la entrada con y sin pieles
colgadas; lo mismo q ue las botas de esquí al sol esperando que
se sequen. En el tejado del refugio, apenas empinado, hay una
moto muy especial, con dos grandes ruedas traseras en lugar de una sola
y de madera. A la entrada del comedor hay algunas fotografías
y recortes de prensa que comentan el origen de la moto.
Realizada por el guarda del refugio, ha servido para remolcar a
esquiadores. Y seguro que tiene muchas y distintas experiencias
más. En la parte baja hay un solarium, resguardado por arriba de
la parte alta del refugio, que es un auténtico capricho, un
lugar donde pasar horas contemplando los 180 grados que se
dominan: todo el glaciar de Argentiere con las caras Norte de
todo el macizo de la Aiguille Verte, Les Droites, Les Courtes,
La Aiguille Triolet y Mont Dolent. Todos ellos gigantes cercanos
o que sobrepasan los 4.000 m, con sus cascadas de seracs, sus
glaciares colgados y toda una estampa invernal. Incluso podemos
seguir el desarrollo de dos machacas que en cordada suben por un
corredor hacia Les Droites. Cuando entramos a cenar, todavía les
quedan más de 300m (el corredor tiene más de 1.000!!). Tendrán
que vivaquear arriba o bajarán de noche.
La temperatura al sol es muy agradable, pero dentro hay siete u
ocho grados menos. Tras la puesta de sol, a fuera hace mucho
frío.
Los retretes (toilets) son dos simples cagaderos de agujero; sin
agua. Por si no se atina, hay un palo atado a una soga de
esparto con un cartelito que dice en francés: "para empujar la
caca". Hay cola para entrar.
La cena en los refugios
siempre se sirve pronto. Aquí hay mucha
gente y debemos cenar en dos turnos; nosotros en el segundo.
Hacemos simpatía con un jovencito que nos sirve y que acaba de
comenzar a trabajar en el refugio. Conseguimos hacer que nos
permita repetir dos veces el primer plato y una el segundo.
Total 5 platos para el que ha querido o podido. Por casualidad, seis días mas
tarde, de vuelta en Chamonix, lo volvimos a encontrar y nos dijo
que había bajado con el helicóptero para reponer de lo necesario
y no habían podido volar de vuelta por el mal tiempo; el mismo
que nos hizo renunciar a nosotros a la última etapa. La factura
del refugio de Argentiere subió hasta los 205,10 euros, por los
cinco, pequeños
extras incluidos.
A pesar del viaje tan largo y de la actividad, no pude dormir
mucho esa noche; quizá fue por el hartazgo de la cena o por los
ronquidos en el oscuridad; o por las dos cosas juntas. El
dormitorio nos alojaba a más de 30 personas. No
obstante, por la mañana sentí que había descansado lo
suficiente.
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2ª etapa, 3-4-05: Refugio de Argentiere
(2.771m) - Bourg St Pierre (1.640m)
Mapa de la etapa 2
Antes de nuestra hora de levantar ya se
están poniendo en marcha una buena parte de la
habitación. Las 5:30 es nuestra hora, la de comenzar con
la rutina que seguiremos los siguientes días. Levantar,
vestir y el desayuno, que siempre es un motivo de placer
y alegría, además de un acto importante para llenar las
pilas que nos impulsarán hasta el próximo refugio. En
Argentiere se puede desayunar cuanto se quiera; en un
mostrador (buffet) libre se presentan todos los recursos
disponibles (platos, tazas, cubiertos, agua hirviendo,
leche en polvo, café instantáneo, cacao, té, azucar,
mermelada, mantequilla, miel, pan, tostadas).
Después, es el momento de prepararse para
comenzar la jornada. El vestíbulo del refugio, donde
todo el mundo se prepara antes de salir al frío
exterior, es grande, compartido con la zona de refugio
libre, que se compone de un mostrador con hornillo de
gas de varios fuegos y espacio para dos mesas tipo
picnic con sus bancos, además de taquillas de madera
para las mochilas y demás. Hay mucha gente, educada y
tolerante, entre la que hay que obtener un pequeño
espacio donde vestirse para el exterior, ordenar lo
mejor posible la mochila y salir. Algo tan simple puede
durar un cuarto de hora. Todavía no han aparecido los
primeros rayos de sol en las cumbres.
En el exterior,
mis compañeros se están dando los últimos toques.
Algunos grupos ya han empezado a bajar, los vemos con
crampones. La bajada hasta la zona baja donde podremos
colocar esquís puede hacerse en poco más de cinco
minutos, pero para evitar resbalones y comedias,
nosotros también optamos por los crampones. Salimos a
las 7:07h.
Bajando comenzamos a ver los primeros
rayos de sol sobre la
Aiguille Verte y Les Droites.
Abajo, sobre la zona de desembocadura del glaciar de Amethystes en el de Argentiere, Jorge y yo colocamos
esquís mientras Candi, Edesio y Luis siguen caminando
con crampones. Colocar esquís y guardar los crampones
equivale a ver al resto de compañeros ya lejos; pero
bastan unos pocos minutos con esquís sobre la nieve
costra para darles alcance antes del comienzo de la
subida del glaciar de Chardonnet (2.544m). El acceso
puede hacerse tanto por la derecha como por la izquierda
de una gran masa rocosa en el centro de la parte baja
del glaciar. Casi todo el mundo accede por la parte
derecha (margen orográfica izquierda), pero como la
subida comienza por dura rampa y se hace aconsejable
volver a poner crampones, Jorge decide bajar un poco más
para subir por la parte izquierda e intentar progresar
sin necesidad de quitarse los esquís, lo cual no me
gusta porque estaremos un rato sin poder verlo. Acompaña
a un grupo catalán, el único español que vimos en todos
los días, que también tienen sus problemas para decidir
el punto por el que acceder al empinado glaciar de
Chardonnet. Poniéndome crampones me encuentro cuando
llegan los otros tres compañeros; continúan rampa arriba
mientras comentamos la decisión de Jorge.
En adelante, y
hasta el collado, subiré solo, aunque siempre con gente
cerca, y mis compañeros a la vista, Jorge incluido tras
superar la primera zona más empinada y volver a colocar
esquís con pieles.
La cámara de fotos me está dando
problemas debido al frío, estaremos por los cinco bajo
cero. La nieve muy buena y la huella múltiple. Tengo que
colocarme la cámara dentro del forro polar para que se
caliente un poco y pueda funcionar. El agua del camel-back
se ha helado en el tubo y no voy a poder beber. Dentro
de la mochila llevo una cantimplora; y el mismo camel-back
me permitiría beber si lo hago por la boca de llenado,
pero por no tener que parar y abrir la pesada mochila
pasaré un buen rato sin beber.
Tranquilo y más fuerte de lo que me
esperaba después de la experiencia de ayer, voy subiendo
maravillándome de lo que tengo alrededor. En cada zeta
cambia la panorámica. Estoy en un valle glaciar
suspendido, espectacular, con enormes seracs en la parte
central y hacia abajo; limitado a los lados p or
puntiagudos gendarmes a modo de sierra que suben hasta
las agujas de Chardonnet (3.824m) por la izquierda y de
Argentiere (3.901m) a la derecha; y detrás, ya
completamente soleada, la cara Norte de la Aiguille
Verte (4.122m) y el glaciar de Rognons, por donde
bajamos ayer.
A medida que voy subiendo, decrece la
inclinación y me permite progresar más rápido; pero noto
que la respiración se acelera con facilidad; por tanto,
debo guardar un equilibrio entre mi capacidad muscular y
la de respiración. Esto se volverá importante en varios
sitios de la travesía, principalmente en la subida desde
Valsorey al Plató du Couloir . Hay momentos en que los
músculos me permiten desarrollar mayor velocidad, pero
la respiración se acelera demasiado y debo bajar el
ritmo. El ritmo de respiración normal en la progresión,
sería motivo de mareo en un minuto aquí abajo en tierra
plana.
A la vista del collado de Chardonnet,
cuando todavía queda una media hora, llego a la altura
de Luis que ha decidido, por fin, ponerse los esquís; lo
paso y continúo solo. Edesio y Candi siguen con
crampones. Llego a la altura de una pareja de alemanes
que están descansando; curiosamente calzan esquís como
los míos, aunque los tres pares son de colores
distintos; motivo para unos comentarios en inglés
durante un minuto.
Y llegada al collado (3.323m) con los
primeros rayos de sol en la cara. Son las 9:56h. Vistas infinitas y
preciosas hacia el Este. Ahora debemos descender la
canal Este, mucho más empinada de lo que esperaba según
lo que me había contado Gil, que la comparó similar a la
canal Norte del pico de Aspe que hicimos juntos hace
unas semanas.
Estamos en un tapón donde ya hay una
docena de personas, y siguen viniendo más, mientras uno
a uno se baja en rápel a la cabecera del
glaciar de Saleina. Un grupo numeroso que sólo ha
llegado en parte, ha colocado una cuerda fija de unos 30
metros que llega hasta una reunión rocosa intermedia de
la que salen dos cuerdas unidas para el segundo rápel de
simila r longitud. Con su permiso, bajamos todos sin
tener que usar nuestras cuerdas. Candi, que no se ha
quitado los crampones desde que salió del refugio, y no
lleva puesto el arnés, decide bajar paso a paso, mirando
a la montaña y agarrado a la cuerda. A continuación baja
Edesio en rápel, que tampoco se ha quitado los crampones
en todo el viaje. Unos minutos de espera para otros
montañeros y, Jorge y yo nos hacemos sitio entre la cola
para bajar uno tras el otro. Jorge se ha puesto los
crampones para bajar y comenta el hecho de que yo no
haga lo mismo, pero parece convencido cuando le doy mi
argumento: la nieve es bastante blanda porque hace un
buen rato que le da el sol; la reunión intermedia es
rocosa; con la cuerda se controla el descenso sin
necesidad de ellos. Cuando empiezo a bajar, Luis está
dos o tres personas por detrás en la cola. Llego abajo a
las 10:33h; acabamos de pasar a Suiza; sólo falta Luis
que se ma ntiene en la divisoria, más Francia que Suiza
todavía.
Esperamos y esperamos. Empezamos a inquietarnos
a eso de las 11h tras
mucho tiempo de ver gente bajar sin que aparezca Luis.
Le grito varias veces pero no contesta. En el momento en
que yo me disponía a bajar, Luis me hizo un comentario
que no llegué a entender bien, como de queja porque
estaba allí atrás; yo le contesté diciendo que tendría
que bajar cuando le toque y por sus propios medios. Un
comentario que yo consideré un tanto absurdo. Se lo
conté a los demás y Jorge empezó a hacer suposiciones
raras. Candi dijo que ya había pasado
demasiado tiempo; así que se puso el arnés y, piolet en
mano, volvió a subir con intención de ayudarle, aunque
se quedó a mitad del corredor,
mezclándose entre los que bajaban en rápel o eran
descolgados desde arriba. Hubo quien bajó rapelando y con
los esquís en los pi es. Son momentos de confusión, sobre todo para Jorge, que piensa que Luis está pasando
problemas y debíamos habernos quedado con él. -A
partir de ahora lo tendremos que poner en medio. Candi
vuelve destrepando y nos indica que ya baja, que no le
han dejado bajar y se le han colado todos los del grupo
de la cuerda y más. Por fin lo vemos bajar, y llega sin
problemas.
Estamos en el glaciar de Saleina. La cara
Norte de la aguja de Argentiere tiene unos seracs
impresionantes. Uno de ellos, que amenaza con
desplomarse, podría medir más de 100m de grosor, y está
suspendido sobre el vacío.
Por fin nos ponemos en marcha de nuevo a
las 11:29h. Nuestro camino sigue dirección
Noreste, hacia la Fenetre de Saleina. Aunque la huella
no deja lugar a dudas, también hay un camino que sigue
hacia el Este y luego hacia el Sureste para pasar por el
Col de la Grande Lui de camino hacia el pueblo de La
Fouly, una ruta alternativa de esta Alta Ruta.
Algo más de un kilómetro de suave bajada
pasando de largo de un primer circ o a la izquierda que
lleva al glaciar du Tour por la Fenetre du Tour y,
enseguida, enfilamos decididamente hacia el Norte,
terminando con la bajada y colocando de nuevo pieles. La
Fenetre de Saleina la tenemos delante, flanqueada por la
izquierda por la cresta de Fourche (3.619m) y a la
derecha por las agujas Doradas (3.509m), increíblemente
afiladas. Llegada a la base del corredor que accede al
collado y, necesariamente, esquís a la mochila para
subir una pendiente que en la parte alta podría llegar a
los 50º. La orientación Sureste hace que la nieve esté
bastante blanda y no sea necesario poner crampones, pero
en la parte alta, algunos tramos de hielo hacen que
tengamos que seguir con mucho cuidado, ya que no es un
buen sitio para ponerse crampones, ni tan siquiera para
quitarse la mochila y cambiar los bastones por el
piolet, como han hecho mis compañeros más abajo. En
cualquier caso, la subida es con mucha pendiente pero no
hay mucha exposición peligrosa. El principal peligro
sería para los que están abajo, subiendo, que podrían
ser atropellados.
La Fenetre de Saleina (3.261m) nos
deposita en el Plato du Trient; un glaciar en altura
casi llano de algo más de cuatro km2, curioso y
espectacular. Son las 12:35h. A nuestra izquierda, emergiendo de la
nieve del Plató, toda una cresta de cimas en
competencia: Tete Blanche (3.429m) en la que vemos las
huellas de un descenso extremo, Aiguille Purtscheller
(3.478m), la Aiguille du Tour (3.544m). A la derecha las
Aiguilles Dorées; y de frente, ligeramente a la derecha,
la punta D'Orny (3.269m), en cuya base se encuentra el
refugio de Trient (3.170m), donde inicialmente habíamos
planeado pasar la primera noche.
Bajamos en dirección al refugio de Trient
siguiendo la huella más marcada. Una pendiente suave y
una nieve polvo s uelta me permiten hacer una serie de
giros abriendo huella tan larga como nunca recuerdo,
casi levitando sobre las estrellitas que brillan por el
espléndido sol; sin necesidad de hacer fuerza, sólo
balanceándome sobre los esquís al ritmo de los golpes de
bastón, hasta que se hace aconsejable no bajar más
porque me acerco a una vaguada de nieve que podría
obligarme a remontar. Acercándonos al refugio vuelvo a
tomar la huella principal que, en adelante, hasta el Col
de Ecandies, no podremos dejar. Pasamos de largo del
refugio que vemos a
nuestra
derecha y seguimos bajando
por la huella que lleva hacia la cascada de seracs del
glaciar de Trient.
El principio de la cascada es un nuevo
espectáculo. Tras un Plató enorme y con suave desnivel,
la inclinación cae bruscamente, creando un gran caos,
haciendo que el hielo se desgaje en trozos de increíble
volumen.
Hemos dado alcance a un grupo italiano
que ya vimos ayer en el refugio de Ar gentiere; bajan con
cuidado un estrecho y empinado paso entre las grietas
del glaciar y la roca. Una zona muy técnica para
descender esquiando pero sin dificultad para realizarla
andando, mejor con crampones. Cada uno de nosotros
descendemos este embudo de distinta manera; ha sido
divertido. A continuación una zona algo más amplia y
menos empinada; de nuevo una nueva estrechez con buen
desnivel y salida por la derecha a media ladera hacia el
collado de Ecandies (2.796m) que vemos evidente,
y al
que se llega remontando unos 40 metros a pie. Según el
libro de Peter Cliff, esta media ladera suele estar
aderezada de una rimaya peligrosa. Esta vez no hubo tal.
Collado de Ecandies a las 14:10h. Allí
están los italianos descansando;
un grupo divertido de
edad media superior a los 50 años, calculo. Reponemos un
poco con comida de ataque y líquidos, tomamos unas
fotos, admiramos tanta hermosura, observamos el despegue
de un helicóptero desde una ladera suspendida en los
picos que tenemos frente a nosotros en dirección Oeste,
al otro lado del glaciar de Trient, en las inmediaciones
de la Aiguille du Midi des Grands y nos disponemos para
bajar. Edesio ya había visto el helicóptero en la
lejanía, posado muy mimetizado; con el despegue quedaba
confirmada la visión.

En marcha de nuevo a las 14:32h para
bajar el extraordinario valle de Arpette, de casi siete
kilómetros en línea recta (quizá más del doble en trazas
de esquí) donde encontramos nieve de muy distintas
clases dada la hora tan atrasada y la orientación del
valle Este-Noreste, con sol todo lo que llevamos de día.
Un descenso largo y bonito que se puede descender
veinte
veces sin necesidad de repetir camino. Las laderas más
altas tienen mucha inclinación (riesgo de avalanchas),
las zonas más cercanas al río (tapado por la nieve),
permiten distintos caminos, con vaguadas, restos de
morrenas, resaltes, rincones, ... Una avalancha grandisma, ya en zona cercana al bosque, nos obliga a
pasar con mucho cuidado debido a la enormidad de los
terrones de hielo sembrados en una superficie de varias
Hectáreas; y más abajo, bosque abierto por el que
penetramos haciendo slalom. Si no me hicieran daño las
botas ... todo sería perfecto.
A 1.650m aproximadamente llegamos a una
construcción turística con nombre "Relais d'Arpette",
donde algunas personas disfrutan del sol en terracita, y
con piscolabis. Esquíes y singular moto de nieve
esperando. Fotos de rigor y coincide que un grupo se
dispone a bajar a la vez que nosotros nos volvemos a
poner en marcha . Una joven nos comenta en buen español
algunas cosas de la tierra.
Llegada a la estación de Champex (1.498m)
a las 15:37, fin de la nieve; aunque no del trayecto,
porque tenemos que ir hasta Bourg Saint Pierre. Apenas
tenemos unos minutos para mirar, admirar e identificar
los picos y puntos de una enorme fotografía sobre la
par ed de la estación del telesilla, cuando aparece el
autobús que nos bajará por carretera increíblemente
retorcida hasta Orsieres (901m) en una decena de km..
Viajamos solos con el conductor; joven, muy amable y
hablador, por cierto. En Orsieres relajamos los
músculos disfrutando al sol de una buena cerveza
mientras acomodamos vestimenta y colgajos y algunas de
nuestras cosas van perdiendo humedad al sol, y de paso
hacemos tiempo hasta la 17:00h en que vendrá un nuevo
autobús y, con el mismo billete (12,40 francos suizos
por persona = 8,9€), nos llevará hasta el pequeño pueblo
de Bourg St Pierre (1.640m).

De Orsieres se puede acceder a Martigny,
una interesante ciudad, en escasos 20 km. de carretera o
tren. Martigny también conecta del mismo modo con
Chamonix por el Col des Montets (1.461m) en poco más de
media hora, con parada obligada en la frontera
Franco-Suiza.
Preciso como un reloj, viene el autobús a
la estación de tren de Orsieres (que tiene unos
váteres-lavabos públicos impecables) para llevarnos en
ameno trayecto de una docena de km hasta el punto de
pernocta: Bourg St Pierre, Hotel Du Cret. Siguiendo seis
km más, se pasa a Italia por el túnel de Bourg St
Bernard (origen del perro San Bernardo).
El Ho tel Du Cret tiene habilitada una
parte para albergue con habitación de literas, similar a
cualquier refugio de montaña, aunque con algunas
alegrías más debido a la "situación en la civilización";
duchas calientes, calefacción, .... toda la habitación
para los cinco cuando cabríamos más del doble. Hasta
puedo hacer un poco de colada de calcetines y secado a
la calefacción.
Buena cena y buen vino, compartiendo un
gran comedor con una reunión de mayores y experimentadas
personas de la zona (sus caras no engañan), me hacían
sentir en lugar distinto del que podría parecer de una
travesía de alta montaña. Más bien podría confundirse
con una cena de amigos previa a una fiesta. El servicio,
impecable.
Y poco después de cenar, la mejor fiesta:
un buen sueño reparador. Esta vez sí que pude dormir en
condiciones.
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3ª etapa, 4-4-05: Bourg St Pierre
(1.640m) - Refugio Valsorey (3.037m)
Mapa de
la etapa 3
El trayecto de hoy va a ser tranquilo. Subiremos
y subiremos, hoy no se baja nada. Sabemos que seis horas es el
tiempo estándar, y que nosotros vamos cumpliendo bien los
horarios sin tener que forzar. Por eso, hoy levantamos un poco más
tarde.
En el comedor nos espera un desayuno súper, nada
que ver con las viandas deshidratadas de Argentiere. Hoy también en
buffet libre pero con muchos más recursos (fruta, zumos, cafés y
cacaos preparados, bollería, fiambres, y todo lo demás ofrecido
en Argentiere) Factura total por los cinco: 354 francos suizos = 253€.
Un poco de aseo, colocamos pieles, los esquís a
la mochila, la mochila a la espalda (más de 15 kilos), ... las
botas me hacen un poco de daño en la parte baja de la canilla a
pesar de la ñapa que me he hecho. Comenzamos a las 8:10h. El
tubo del camel-back dentro de la mochila para evitar que se
hiele.
Unos metros por la carretera
y enseguida unos
carteles nos indican el camino hacia los refugios de Velan y
Valsorey. Subiremos paralelos al torrente de Valsorey, por la
izquierda, margen orográfica derecha; dirección Sureste. Algunos
neveros van tapizando el camino, pero son insuficientes para
poder calzarnos los esquís. La subida es suave, por camino
marcado de vez en cuando con alguna flecha. Llegamos al caserío Cordonne a las 8:52h (1.834m) donde los carteles siguen
indicando mantener la ruta. A nuestra derecha, abajo, al fondo
del torrente, (60 ú 80m más abajo) podemos ver un grupo de personas que suben foqueando junto al bosque. Es zona de umbría y hay suficiente
nieve; al contrario de lo que tenemos nosotros en solana. La
bota derecha me está haciendo la pascua. Hemos parado para
retocar la ñapa confiando en un buen acuerdo con la bota
guerrera. De verdad: me está jodiendo lo que nadie sabe.
 Edesio
y Jorge aprovechan la parada para consultar el libro de Peter
Cliff y buscar referencias que nos sitúen correctamente en el
mapa. Momento también para sacar el tubo del camel-back (no hiela)
y así poder beber del Tang a placer el resto de la subida.
Seguimos el camino que va girando sensiblemente
hacia el Este; siempre con la montaña a la izquierda y el valle
a la derecha. El amigo Jorge se queda por atrás sube por la
izquierda, va tomando fotos. En algún momento nos grita para que
mantengamos o propiciemos alguna pose de buen encuadre. Es un
sagitario organizador, concienzudo, jovial, estudioso. Da gusto
verlo, siempre contento y con ideas nuevas. Candi suele ir por
delante a u nas pocas docenas de metros, siguiendo una senda
marcada por huellas indefinidas . Luis suele ir por detrás
callado, a veces se queda un ciento de metros por detrás pero no
va a más, mantiene la distancia.
Llegamos al Chalet d'en Bas cuando el camino y el
torrente tienen la posibilidad de pasar a la misma altura. Un
camino sigue sin cruzar el río y otro, que tomamos, pasa a la
margen izquierda por una palanca de madera. Es zona de paso de
los grupos que hemos visto más abajo y que suben foqueando.
Empiezo a creer que vamos a dar por terminada la porteada de los
esquís porque por esta margen del río hay más nieve. Son las
9:20. Permanecemos un cuarto de hora ante la puerta, cerrada, de
la cuidada construcción, creyendo que e stamos en el Chalet
d'Amont. Pero según el mapa, aunque así fuera, no deberíamos
cruzar el torrente; el camino está marcado por la izquierda
(margen derecha).

Candi sugiere
esperar un poco a que se acerquen los que suben por esta parte
para preguntarles, pero una consulta al mapa y al altímetro nos
indica, claramente, que estamos en el Chalet d'en Bas (1.913m).
Así que volvemos a cruzar el puente de madera y continuamos por
por la izquierda (solana), por donde íbamos. Realmente hay dos
caminos por la izquierda, uno más alto, el de verano, y otro más
cerca del río. El de arriba está más expuesto a las avalanchas.
En el momento en que nosotros pasamos apenas hay nieve y riesgo
en esta zona pero hemos visto restos de algunas de ellas. No
obstante, se ve claro que si se progresa por la margen
izquierda, sin alejarse del fondo del barranco, el destino es el
mismo.
Dejamos el pequeño llano del valle donde está la
cabaña d'en Bas y nos vamos introduciendo en una zona más
estrecha, cercana al río. Desde el camino de abajo
llegamos a ver unos carteles en el de arriba que anuncian los refugios de Velan
(de hierro) y de Valsorey (de madera). Los carteles del de Velan
son exclusivos, realizados en tubo de hierro con una plancha recortada
en la forma del perfil de la construcción, y rótulo
cuidado. Los de Valsorey guardan el diseño general de todos los
anuncios realizado en placas de madera amarilla, en los que
también aparece "Velan".
Tras la zona estrecha del valle, que pasamos en
unos minutos, volvemos a salir a otra zona abierta donde el
paisaje empieza a ser mucho más alpino. Ya hay nieve para poder
foquear, pero no del todo seguro porque hay algún recodo del
camino que no nos permite ver más adelante, y además, sabemos
que nos estamos acercando a una zona donde tendremos que penetrar
por una canal estrecha. En fin, mantenemos los esquís a la
espalda. Estamos cruzando el llano junto al torrente que baja a
nuestra altura cuando, una mirada atrás nos presenta el Chalet
d'Amont que ya hemos dejado atrás, en un promontorio a pocos
metros por encima de nosotros. El camino de verano pasa por la
misma puerta de la construcción y progresa ladera arriba, pero
en este tiempo, sigue siendo aconsejable mantenerse más abajo.
Desde aquí ya distinguimos el refugio de Vélan, que hace silueta
sobre el perfil de un contrafuerte que, a medida que asciende en
altura se convierte en arista y puntiaguda cima (pit Vélan,
3.201m).
Estamos llegando a la base
de la pala que sube hacia
el lomo del refugio de Vélan (huellas de subida y bajada)
cuando, a la vez, llegamos a la entrada de la canal que nosotros
hemos de tomar, justo a la izquierda de la pala; evidente, no
hay otra. Tendrá unos 15 metros de ancha en la base; por dentro
llega a ser más estrecha. Tal como anuncia Peter Cliff en su libro, la
entrada de la canal está flanqueada a la izquierda por una
curiosa piedra ahuevada, de casi tres metros de alto por dos de
diámetro con una ve ta en diagonal, estrecha, de cuarzo blanco.
Es muy alentador ir confirmando las referencias teóricas. La
canal no presenta dificultades técnicas, pero nos obliga a pasar
algún tramo sobre puente de nieve de resistencia dudosa por encima
del torrente que suena a caudal joven y bravo. No debe sentar
nada bien meterse hasta la cintura de agua helada. Algún paso
obliga a utilizar las manos para asegurar el equilibrio. Las
rocas de distinto tamaño, algunas de varios metros, colocadas en
caos, justifican la ferocidad que ha pasado por allí.
La canal se va abriendo y, por la derecha (margen
izquierda) salimos de nuevo a zona abierta. Estamos en la zona
de deyección de una gran morrena; realmente se trata del tramo
final de la zona glaciar, cerca del punto de confluencia de varias
otras que no tardaremos en ver.
Por un momento, mi cabeza sueña despierta creyendo que con la
primavera ha bajado el nivel del glaciar, pero no hay duda de
que es una estupidez; los glaciares que aquí llegaban,
increíblemente fuertes para mover tanta tierra y rocas, ya se retiraron hace
años. Por la derecha viene la cuenca del glaciar de Teudet; la
cabaña de Velan está situada a su orilla izquierda; de frente
viene la cuenca del de Valsorey, que se desliza desde lo más
alto de Mont Velan, 3.727m (situación opuesta al refugio de
Valsorey); y por la izquierda la morrena fue
creada por el glaciar du Sonadon, ladera sur abajo del Gran
Combin.
Se hace
aconsejable una parada para descansar un poco y reponer fuerzas
con alguna barrita energética. Son las 11:40 y estamos a 2.350m.
Han pasado tres horas y media, todas de porteo, y llevamos
ascendidos poco más de 700m. Veinte minutos de descanso, es un lujo
que podemos permitirnos sin problema. Admiramos la estampa alpina y
vemos que nuestro camino nos lleva a cruzar la morrena derecha
orográfica.
Hace una brisa fría que se
deja notar progresivamente a medida que el descanso nos va
enfriando. De frente, ligeramente a la derecha, destaca la
cresta que forman las agujas de Valsorey (línea divisoria con
Italia).
Ya hay nieve más que
suficiente a nuestros pies, pero vemos también que remontar la
morrena nos hará cruzar algunos tramos de piedras, y por tanto,
consideramos conveniente seguir con los esquís a la espalda
durante otro rato más; todos menos Jorge, que cuando retomamos
el paso, se calza los esquís y hace un rodeo para evitar las
piedras.
Al otro lado de la morrena, nos situamos en la
parte baja de una gran pala de nieve de inclinación suave al
principio y aumentando a medida que se asciende. El camino que
llevamos dirección Este, lo vamos cambiando a Noreste y luego a
Norte en el último tramo.
En la parte
alta de la pala de nieve que hemos de remontar, antes de llegar al refugio, hay un alud de placa. La cabaña
de Valsorey se encuentra en un balcón de un gran contrafuerte de
roca que emerge de la pala de nieve por la que subimos. El
camino de verano sube flanqueando el contrafuerte rocoso por la
izquierda, paralelos a la arista de Les Botseresses situada
un poco más a la izquierda, pero en invierno tiene más riesgo de
avalanchas y se hace más aconsejable subir por la derecha, dond e
arriba también se empina sobremanera. Cuando el riesgo de aludes
es alto, dice Peter Cliff que lo más seguro es trepar por la
roca del contrafuerte hasta el refugio.
Da la sensación de que el refugio está cerca , y
de hecho lo está, pero zeta tras zeta va pasando el tiempo y no
parece acercarse mucho. Poniendo atención en el mapa, desde la
parte baja de la pala de nieve (Gds Plans, 2.450m) hasta el
refugio hay un escaso km en línea recta, pero hay que superar
600m de desnivel, lo que equivale a una pendiente media superior
a los 30º, que arriba llegará hasta los 40º porque al principio
es bastante suave.
Cada uno de nosotros
sube a su ritmo, juntándonos
de vez en cuando, cruzándonos otras veces, descansando y
haciendo fotos, bebiendo, contemplando, admirando, respirando
cada vez más aceleradamente. Una enorme cascada de hielo (me
acuerdo de mis amigos de CMAyud - ¡vaya escalada soberbia
propone esta cascada) cae vertical del glaciar du Sonadon, y nos
hace de fondo para nuestras fotos durante una buena hora; cada
vez mejor, más cerca, más espectacular.
Candi ha tomado algo más de ventaja y lo vemos
por delante, arriba, a más de cien metros de distancia; a veces
hacia la izquierda, a veces hacia la derecha, trazando
rutinarias zetas que llegan a ser (como dijo él) agónicas. Es un
escorpio muy autónomo, sensible y atento, voluntarioso y alegre,
decidido. El día de mi cumpleaños estuvo trabajando en Madrid
apagando el famoso edificio Windsor; casi hace dos meses ya.
A unos 20 minutos de la llegada, estamos cercanos
unos de otros. Candi ha parado para quitarse los esquís y hacer
los últimos metros a pie. Luis se ha acercado un poco más desde
atrás. Yo también he decidido quitarme los esquís ante los
resbalones en la pequeña capa de nieve primavera con base dura.
Mis pieles son paralelas y no llegan a cubrir buena parte de la
suela delantera y trasera de los esquís, y por tanto, cuando la
pendiente es pronunciada, los esquís apenas cantean un
centímetro y las pieles no llegan a trabajar bien. Entonces, las
mejores alternativas son, cuchillas o andando, con o sin
crampones. Por cierto, las cuchillas tampoco llegué a usarlas
ningún día.
Un último esfuerzo para llegar al balcón del
refugio
de Valsorey me pone la respiración a límite; hasta el punto de que
necesito varios minutos de inactividad muscular (incluso
omitiendo contestar a algo que me dicen) para empezar a notar que el ritmo de la
entrada y salida del aire va decreciendo. Son las 14:05 y estamos a 3.037m.
René, el guarda, ha salido a darnos la bienvenida; nos dice que
somos los primeros en llegar de un total aproximado de 50 que se
espera que durmamos allí esa noche. Con unos prismáticos otea el
camino de subida.

Recuperado tras unos minutos
de relax, voy realizando lo necesario para disfrutar del lugar y
la compañía: Cambiar las botas por los zuecos de goma del
refugio (que como en otros, me recuerdan a las rudas botas de
agua de trabajadores, regantes, o pescadores; cortadas por debajo de los tobillos).
Para mí, esta vez, quitarme las botas es sinónimo de de un descanso muy importante, propio de cualquier
hastiado de aguantar incomodidad y dolor a cada paso. Colgar
piolet y crampones de pequeños colgadores muy bien preparados en
el vestíbulo; colocar los esquís en la pared exterior del
refugio; subir al dormitorio a dejar la mochila junto a la cama
(esta vez, al contrario que en Argentiere, el guarda nos ha
situado en la parte baja de la larga litera); cambiar la ropa de
nieve por las cómodas mallas; algunas cosas desparramadas encima
del colchón y las mantas. Y para abajo, al comedor, con mis
compañeros. He bajado las pieles de foca para colgarlas sobre un alambre
colocado al efecto junto a la estufa de leña, encendida; igual
que el
forro polar, húmedo de la última media hora de subida bien
sudada, pero éste sobre un colgador y otro alambre al calor de la
estufa. Más tarde, a medida que va llegando más gente, los
alambres y los colgadores va n llenándose de más pieles,
calcetines y ropa.
Una salida al exterior para contemplar
detenidamente la panorámica; fotos y adentro. Por un momento
hemos estado buscando un sitio al sol para sentarnos y
contemplar, pero no se hace muy recomendable; hay un
fuerte sol, pero hace un aire muy frío y molesto para estar
parados; el contraste
es brutal. Una cerveza y una tortilla de queso, calentita (de
buen cocinero) nos ponen en un cielo para el gusto, similar al
de la vista. En una mesa junto a una de las ventanas más
soleadas por un sitio y de la estufa por otro, damos buena cuenta del manjar mientras intercambiamos
comentarios desinteresados y chistosos (y alguna ocurrencia
tonta).

El WC está en el exterior, totalmente aislado a
unos 20m del refugio. Se trata de un módulo metálico asegurado
al suelo de una gran roca con fuertes sirgas; dividido interiormente en dos.
Sobre la plataforma rocosa enseña su delantera al sol, desde la
que un cuco caminito con vistas lleva al refugio. Y por detrás,
la culera de la la caja pende sobre 4 ó 5 metros de precipicio
que no merece la pena husmear más que por el ojo de cada culo. Dentro, dos pequeños espacios con
un altillo de madera de unos 35cm de alto (un poco alto para mi
gusto) a modo de escalón
sobre el que reposa la tapa de un retrete. Al abrirla se
descubre un agujero grande; como que la tapa del váter lo cubre
justo (una persona podría pasar). A través de él pueden verse
las sobras orgánicas sin valor que la gente va dejando caer
sobre las rocas del pequeño precipicio. Una contemplación
potencialmente nauseabunda, pero que sentado, con una interesante
lectura, al abrigo del aire y al calorcito de los rayos de sol
sobre las paredes metálicas,
puede suponer una gustosa forma de evacuar nuestra caca.
Aunque no quiero pensar cómo estará en caso de una necesidad a
las cuatro de la mañana con un rehielo de diez o doce bajo cero
que a buen seguro vamos a tener.
Dentro del refugio,
sentados entre el sol y la estufa,
disfrutamos del sosiego y la paz. Y para complementar la
estupenda compañía, del montón de revistas y algunos libros de
montaña que guarda René, elegimos dos muy significativos para
pasar una hora muy entretenida e ilustrada: "Las 100 mejores
ascensiones de los Alpes" de la misma editorial que la "... de
los Pirineos" de Patrice de Bellefon, y "La Alta Ruta
Chamonix-Zermatt", un extraordinario ejemplar editado hace pocos
meses; todavía no ha salido en español; y donde descubrimos que
René, aparece no solo como guarda, sino también como guía de
montaña, buscador de cristales en terrenos complicados,
escultor, ... un verdadero artista y deportista experimentado
(aparte de amable y atento); bajo, tez oscura.
Afuera, desde la proa del refugio, situada en un auténtico balcón, la panorámica es excepcional. Mirando
hacia abajo, el fondo es un valle blanco, sin vida en estos
primeros días de primavera; un cruce de morrenas de estampa
singular, todo nieve y hielo. Levantando la vista poco a poco
hasta ponerla horizontal,
podemos admirar la impresionante cara norte de Mont Velan, que
guarda un cierto parecido al Mont Blanc, y que también vemos
perfectamente mirando un poco más a la derecha. Y justo delante
las Grandes Jorasses; más a la derecha Verte, Argentiere,
etc (poniente). No es necesario levantar la cabeza para admirar
tanta altura; aunque, si volvemos la vista atrás, el Gran Combín
que nos espera mañana, sólo permite contemplarse con la cabeza bien
alta. René, el guarda, nos ha dicho que las condiciones de la
nieve son estupendas y hay huella hasta el Plató du Couloir.
Jorge ha mostrado su alegría por ello. A Candi le he oído decir
que "mañana será un día divertido".
La cena se sirve temprano. Hay un primer plato de
sopa de verduras que sabe muy rica (como dice Edesio) y de la
que, naturalmente, repetimos dos y tres veces. Me parece que me
he llenado con demasiada sop a y ahora el segundo plato, de un puré
más de maíz que de patata (mi paladar no puede identificar bien)
con carne guisada, ya no me entra bien. Y el vino tampoco.
Empiezo a notar ruidos estomacales e intestinales y empiezo a
temerme lo peor. No quiero ni peder.
El fin de la cena coincide con los momentos del
ocaso. Salimos fuera y despedimos al sol con unas fotos. ...Y
con el horario de las gallinas, a la cama. Pero no puedo dormir; las
tripas me corren como condenadas. Empiezan los ronquidos de
entre el montón de gente que casi llenamos el dormitorio. Me
alegraría saber que no va a ser necesario acercarme al retrete.
Edesio ronca feliz. ¡Empújale! -le digo a Jorge. Luis hace unos
sonidos muy extraños.
Tras
dos o tres horas, caigo rendido. Ya tengo suficientes motivos
para levantarme contento por la mañana.
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4ª etapa, 5-4-05: Refugio Valsorey
(3.037m) - Refugio Chanrion (2.462m)
Mapa de la etapa 4
En todas las reseñas, hoy es el día clave por su
dificultad. La subida al Plató du Couloir exige cruzar durante un buen rato
una larga pala de nieve muy empinada con caída expuesta. En
ocasiones se encuentra con un hielo tan duro como el cristal.
Este fue el principal argumento de Candi, el más experimentado
en la cordillera, para aconsejar dejar en casa los ligeros
crampones de duraluminio y coger los duros y pesados de acero
endurecido. Casi medio kilo de más que me habría venido bien
aligerar.
A las 5:15h ya suena alguna alarma. Nosotros
levantamos a las 5:30h, tranquilamente. La habitación
rectangular mantiene dos hileras de colchones pegados unos a
otros, una a cada lado del pasillo central, al que dan los pies
o la cabecera, según se desee dormir. Y encima de cada una de
esas hileras, otra idéntica dispuesta como litera. Nadie habla,
pero el silencio ha dejado de sentirse; bueno, realmente no lo
ha habido en toda la noche. Aun si ha existido algún momento en
que se hayan pausado los ronquidos, la respiración de varias
docenas de personas en el mismo cuarto, puede llegar a oírse
como auténtica molestia. Son cosas de la noche a las que uno
debe acostumbrarse para poder dormir. Ahora sigue la
oscuridad, pero se acabó la noche para el sonido de las
respiraciones. Se oye el nylon de las mochilas; algunos
mosquetones o yerros más que tintinear mientras cuelgan o se menean en
los arneses; la ropa rozar con la ropa o los cuerpos; los pies
descalzos o con los patucos sobre la madera del piso; ... alguna
frase en voz baja también se oye. Casi todo el mundo lleva el
frontal sobre su frente, pero sólo algunos iluminan la oscuridad
de la madrugada. El dormitorio se ha llenado de
actividad, bulle en un estrepitoso silencio, decreciendo a
medida que cada cual abandona la gran habitación, escaleras
abajo.
No hay lavabos, ni
grifos siquiera. A esta altura no hay agua más que mineral
embotellada. Bajamos a desayunar y a contarnos las intimidades.
Esta noche, Jorge ha tenido que salir al WC. Por suerte, mis tripas han
aguantado bien (mucho ruido y pocas nueces, y gracias); ni siquiera voy a
visitar el WC tras el desayuno; por suerte, puedo mear en
cualquier sitio del camino. El vestíbulo tiene mucho tráfico
humano; su espacio es bastante más pequeño que el de Argentiere.
Una parte estrecha tiene una pared llena de aparadores para las
botas y patucos, y la otra de colgadores para hierros y pinchos.
En escasos metros, ese espacio se comparte con la base de la
escalera al dormitorio, la entrada al comedor y la salida al
exterior.
Una rápida visita afuera sirve para comprobar que
la oscuridad está empezando a convertirse en penumbra, que el
frío es intenso, que mucha gente ha tenido la misma idea y, por
tanto, corresponde volver adentro para desayunar.
Cuando tomamos sitio en nuestra mesa, Rene se
acerca para contarnos la última actualización de la méteo,
recién recibida por fax; un gran detalle del guarda
que le agradecemos de corazón. Seguiremos teniendo suerte,
aunque hay mucho riesgo de que el tiempo cambie a mal a partir
de mañana a última hora, tras llegar al refugio de Vignettes. El desayuno sabe como una
bendición. Nos lo sirve Rene y su colaborador. Litro y medio de
agua mineral para la travesía de hoy de cada uno. Factura del
refugio de Valsorey, 462 Francos Suizos, 330€.
En el exterior, el movimiento está demostrando
que todos llevamos el mismo horario, y también el mismo camino.
Hace mucho frío para llevar el tubo del camel-back por fuera.
Cada cual da los últimos toques a su indumentaria y a la
mochila antes de seguir con la subida de ayer. La gente calza crampones; los esquís, a la espalda. Candi, como
ya va siendo normal, se ha adelantado unos metros por encima
del refugio y espera que nos unamos a él para comenzar. Un grupo
de tres ha empezado a subir con pieles; nosotros, como la
mayoría ni siquiera
las hemos puesto porque nuestra intención es llegar hasta arriba
calzados con crampones. Los cinco reunidos, comenzamos nueva
etapa; hoy será un gran día. Son las 6:50h. Todavía no son
necesarias las gafas de sol ni la crema solar.
La nieve está bastante dura, ideal para el
cramponaje, y además, una perfecta huella parece que ha sido
abierta para mí; lo que me consuela y aleja de esa machacona
hipocondría que a veces me ronda cuando noto flaquear mis
fuerzas sin motivo. Cada paso de la huella adelanta tan
solo un pie y sube quince o veinte centímetros, como una
escalera de peldaños pequeños; el paso es muy
corto, talón con punta, una y otra vez, despacio para el cuerpo
pero agitado para la respiración. Los músculos resuelven bien su
trabajo comparado con el desbordamiento pulmonar y ventilador.
La cantidad de oxígeno con respecto al valle debe ser muy
reducida a tenor del rendimiento que me estoy demostrando.
Por
delante, los tres que nos anteceden foquean manteniendo la
distancia. Por detrás, el primer grupo viene a unos 100 metros
de distancia, seguidos de tres allí, dos allá, cinco en el otro
lado, algunas huellas se cruzan, ... el refugio, y toda la
ladera en la que estamos, se mantiene en penumbra, contrastando
cada vez más con la cada vez más iluminada cara norte del Mont
Velan. Es un verdadero espectáculo el que estamos empezando a
presenciar con el orto.
Hemos superado unos 200m y estamos penetrando en
una zona de ondulaciones y falsos llanos que nos ocultan de la
visión del refugio durante unos minutos y parecen darnos un
respiro a la fatiga. La salida de esa zona nos coloca en terreno de fuerte
pendiente. Y en unos minutos la vista abajo se hace más
espectacular. El refugio ha empezado a recibir los primeros
rayos de sol; contrasta con el resto de la ladera que se
mantiene en la sombra. El comentario es: -qué bien está situado
el refugio que recibe los primeros rayos de toda la falda.
Poco a poco nos vamos acercando al glaciar du
Meitin; es muy pequeño y su estado se confunde con la nieve del
resto de la ladera; no hay grietas ni seracs. La inclinación es
fuerte, ya debemos estar pisándolo, son poco más de las 8h. El
camino es una interminable escalera, valle a la derecha - zig -
valle a la izquierda - zag - montaña a la izquierda - zig - zag
... china chana vamos subiendo. Las botas siguen haciéndome
daño, pero no tanto como ayer; o quizá sea que estoy empezando a
convivir con este sufrimiento.
Los tres que van por delante foqueando,
encordados, están pasando por una zona muy dura e inclinada,
apenas hay huella en unos metros; están pasándolo mal. Tras los
metros complicados, ya sobre huella marcada quitan esquís y
afrontan el resto de la subida sobre crampones. No los
volveremos a ver en todo el camino. Quedarán unos
200m de desnivel hasta el Plató du Couloir.
La cámara de fotos la llevo fuera de su funda,
que siempre viaja colgada del tirante izquierdo de la mochila.
Ante el frío de las mañanas se niega a funcionar y debo meterla
bajo la chaqueta de gore o del forro, al abrigo del cuerpo. Cuando intento hacer alguna
foto, ocurre que la humedad del cuerpo ha empañado el visor
óptico, aunque, por fortuna, el objetivo no padece ese problema.
Con guantes gruesos no tengo tacto para manipular los controles
de la cámara, pero puedo encenderla y apretar el disparo. Por no
activar la pantalla, disparo la fotos mirando a través del visor
empañado. Sigue haciendo frío pero estoy a punto de sudar. Tirar
fotos me permite recuperar un poco el resuello antes de seguir
la larga escalera de los pequeños peldaños. Es una pesada
rutina; pasito, aspiración - espiración, pasito, aspiración -
espiración. Debo mantener la velocidad de subida porque si la
aumento, se me acelera la respiración y se me descompensa el
ritmo del paso. Sigo pensando que no estoy tan cansado como para
respirar tan rápido, pero ¡qué le vas a hacer!, así es la vida,
la edad y estas imparables ganas por subir y subir para bajar.
Por detrás, Jorge viene cantando!!

La mirada hacia el valle recomienda no resbalar
porque no habría parada en más de 500m. Estamos en la zona más
expuesta pero la huella sigue siendo muy buena. Bastón en la
mano del valle y piolet en la del monte, seguimos haciendo
trazas hasta que ya casi tenemos el collado a nuestra altura.
Entonces, en lugar de cruzar casi horizontal la última zona
expuesta, subimos rectos en fuerte pendiente para acceder al
collado por su parte alta. Este último tramo podría tener 50º o
quizá un pelín más, similar a lo que podemos encontrar en en la
última pala Oeste al pico de Alba -salvando los tamaños-.
A la llegada arriba, al Plató du Couloir, sorprende el rojo vivac Musso anclado
sobre un saliente rocoso encaramado al precipicio. La llegada viene
con una alegría más grande de lo esperado. Las 9:01h, 3.664m. El
impresionante Mont Velan brilla delante de nosotros; su cima
está horizontal a nuestra mirada. Recibimos los primeros rayos
de sol. Sólo han sido 630m de desnivel desde el refugio,
salvados en poco más de dos horas (con esta misma forma física,
en "casa" puedo doblar esta velocidad de ascenso; hace poco lo
he podido comprobar varias veces. Entonces, ¿por qué nos cuesta
tanto subir aquí?).
El Plató es una zona bastante llana. El viento ha
dejado al descubierto muchas piedras y la nieve está bastante
más blanda. Un pequeño paseo para
cruzar hacia el otro lado (Este) y, ahora la panorámica impresionante
se abre hacia Levante, a contraluz, con infinidad de recortados
picos compitiendo
por el cielo. Reunidos los cinco, es momento
de parar, reponer un poco con barrita o choco, sacar el tubo del camel-back y derramar fortuitamente unas gotas de agua con Tang
sobre el pantalón de gore, y presenciar cómo, en unos segundos
se han convertido en gotas de hielo adheridos precariamente a la
tela. Un suave frotamiento y las gotitas saltan a la inmensidad
del manto nivoso. El sol se está elevando con velocidad y brilla
fuerte. Comentarios de situación, intercambio de viandas, crema
solar, cacao labial, trago, esquís al suelo, piolet a la
mochila, mochila a la espalda y ¡¡no me puedo calzar los esquís
si no me quito los crampones!! -Deben ser las ganas de esquiar,
ayer no bajamos ni un metro. Crampones a la mochila, esquís
calzados y ... no puedo esperar, -me adelanto a ver qué
encuentro tras el borde Este del Plató du Couloir, donde
estamos.

Aparece una cubeta con la cabecera del Glaciar de
Sonadon; espectacular. Abajo distingo, pequeñitos, los tres que
nos precedían en la subida. Del Plató al glaciar,
la bajada es muy empinada, pero la orientación
Este propicia que
la nieve esté algo transformada y aunque la nieve se mantiene
dura, los cantos agarran sin
problema. Bajo trazando una enorme ESE,
primero hacia la derecha para evitar un contrafuerte rocoso y
después a la izquierda para encarar la dirección recta que
cruzará todo el circo ocupado por el glaciar. Una vista atrás,
arriba, y compruebo que mis compañeros ya vienen. Delante, tan
solo me quedan unos 100m para llegar al llano del glaciar. No les espero,
me lanzo en chuss para llegar lo más lejos posible. Uff!!, me he
embalado demasiado y la pista es tan precaria que temo caer;
pero no, y además he llegado lejos antes de pararme por el
efecto del llano. Estoy en medio del circo (3.490m, las 9:35h). A mis compañeros los
veo lejos, diminutos, pero tan sólo a uno o dos minutos. Vista
al frente, el collado lo tengo a unos 300m de distancia y tendré
que salvar escasamente 30m de desnivel. Decido seguir andando,
sin pieles ni crampones, con los esquís al hombro, aunque ... mejor van arrastrando.
Paseo tranquilo de suave subida por huella bien marcada y, en
pocos minutos llego sin problemas al collado de Sonadon (3.520m, las 9:54h). Una foto panorámica y pronto llegan
mis compañeros. Jorge, como va siendo normal, se ha salido de la
traza y foquea con pieles abriendo huella y buscando diferentes
puntos de visión.

La temperatura es ideal; algo fresca para
mantener buena la nieve y compensar el potente sol. Menos de
diez minutos de contemplación (el lugar merecería mucho más) y
comenzamos nueva bajada por nuevo glaciar, el de Mont Durand.
Bajada franca hacia el Este, poco empinada, por nieve regular
tirando a mala cuanto más al sol. En algunos pasajes hay una
costra de dos centímetros de espesor que se rompe fácil y
complica sobremanera los giros. En uno de ellos, mis espátulas
han desaparecido bajo la costra y aunque hago mucha fuerza no
consigo salir a flote. Muy despacio voy trazando un giro amplio
pero noto que mis botas están rompiendo la nieve costra como si
se tratase de un rompehielos. Un trozo más duro hace que mi
pierna izquierda se pare en seco y con la derecha se produce el
lógico efecto bisagra a la vez que salta la fijación izquierda.
¡¡Catapún!!
He abierto un buen boquete en la costra con la
cabeza; no llevo casco. La nieve polvo que hay debajo de la capa
dura, me ha dejado embadurnado de blanco.
Las huellas de bajada
son múltiples hasta un
flanqueo hacia el Sur por nieve menos soleada, mucho más
tratable. Pasamos debajo de una cascada de seracs que tenemos a
nuestra derecha, salvando la cascada principal que tenemos a
nuestra izquierda y que cae en vertical unas decenas de metros.
Así lo comprobamos cuando hemos hecho el flanqueo y, a media
ladera vamos retomando la ruta Este. Estamos en la falda norte
de la cresta que une Tete de By y Tete Blanche; en la parte alta
hay seracs pero no amenazan; a punto de marcar unas nuevas
trazas de giros, paralelas a toda una persiana marcada por una
docena de esquiadores que han pasado antes, hasta la zona más
llana, en pendiente moderada y sobre nieve polvo inmejorable,
como la que tuvimos anteayer en lo alto del Glaciar de Trient.
Delante nuestro, otro glaciar espectáculo: el de Croissant, que
cae tumultuoso desde la parte más alta del Gran Combin en
dirección Sureste.
La bajada hasta el llano (parte central del
cauce del Glaciar de Mont Durand) cada uno por nueva huella,
completando la cortina de giros de forma ordenada y sucesiva.
La bajada la estamos haciendo con tranquilidad,
con paradas continuas, disfrutando de un entorno realmente
hermoso. Muchas fotos. Pasamos a la altura de la base del
Glaciar de Croissant a las 10:30h, 3.200m. Una pareja nos ha
dado alcance (Nicolette y Mark) y continua tras los habituales
saludos. Enseguida seguimos nosotros. Mientras vamos bajando,
frente a nosotros, lejos, al otro lado del Val de Bagnes al que
bajamos,
tenemos el largo Glaciar de Brenay, por donde, posiblemente,
continuaremos mañana; Candi ha comentado la posibilidad de subir
por el Glaciar de Otemma.
Seguimos bajando por zona poco empinada y nieve
muy buena; dirección Este-Noreste, saliendo
gradualmente de la parte central del cauce hacia la derecha. Si no hay huella,
esta es una parte delicada
porque hay que ir dejando el glaciar hacia una terraza inclinada
sobre el lateral rocoso que encajona el glaciar por su derecha.
Seguir por el glaciar traería complicaciones.
Así pues, al llegar a los 2.700m hay que salir del glaciar por
la derecha, para recorrer un kilómetro y medio aproximadamente
de terraza inclinada; en suave flanqueo, a veces de pequeña
bajada, a veces de subida, y las más de las veces sin ganar ni
perder altura. Durante todo el flanqueo, el pico de Otemma
(3.403m), rocoso y puntiagudo, hace de visión frontal; a sus
pies está el refugio de Chanrión, donde vamos. La terraza por la
que flanqueamos es una zona un tanto rara que puede llegar a
hacerse pesada; unos ponen pieles y otros no. Aquí hemos dado
alcance a Mark y Nicolette y les hemos metido dentro de nuestro
grupo. Todos por la misma huella.

Es el principio de una efímera pero bonita amistad, gentileza
de Jorge,
nuestro doctor, políglota, ciudadano y amigo del
mundo. Nicollette chapurrea estupendamente el
español porque estuvo trabajando un verano en Benalmádena.
Edesio es un francés más con el idioma, y sin grandes problemas
para con el inglés. Candi también domina el francés, idioma
"oficial" de la Alta Ruta. Y sólo Luis y yo podríamos tener
problemas de comunicación. Yo aun consigo comunicarme con mi
inglés de la E.O.I., aquí lo entiende más gente de lo que esperaba.
Luis, promete aprender. Y si no, como dice Candi, siempre se
puede improvisar el tibetano, ... o similar acompañado de
movimientos.
A las 11:22h, punto 2.735m, llegamos al paso
clave, en la zona de Grand Charmotane. Una terraza-balcón sobre
un hombro de la cresta que baja de Mont Avril (3.346m).
Lugar
ideal para descansar, "cargar las pilas" con comida de ataque,
disparar una panorámica completa, preciosa, y atisbar lo que nos
queda hasta el refugio que ya tenemos a la vista casi 300m más
abajo hacia el Noreste.
Al Sur destaca la silueta de Mont Gele
(3.518m), y mirando panorámicamente hacia el Este, Bee
d'Epicoune (3.529m), Aouille Tseuque (3.554m) y La Singla
(3.714m), toda una impresionante cresta que a la vez constituye la
línea divisoria con Italia. Oeste y Noroeste lo ocupa el Grand
Combin, compañero de viaje de todo el día. Al Norte La Ruinette
(3.875m), y al Este Otemma (3.403m).
Casi tres cuartos de hora de descanso nos han
dejado el cuerpo ideal para continuar. La bajada hasta el fondo
del barranco (más que valle) parece evidente. Al fondo vemos
huellas de un flanqueo final antes de remontar por la zona de
Chanrión. Comenzamos a bajar con alegría, por palas fáciles de
nieve primavera. Por un momento me encuentro solo sin saber en
qué vaguada o tras qué espolón andan mis compañeros. Sólo sé que
están más arriba. Aparecen y continuamos, aunque hay comentarios
de que ya debíamos haber tomado un flanqueo a la derecha para
evitar problemas. Hay alguna huella de bajada, pero muy pocas y
apareciendo de forma sorpresiva. Candi, Jorge y yo hemos seguido
bajando mientras Luis y Edesio están realizando media ladera
larga hacia la derecha. Terminamos en una pequeña embarcada: un
barranco con una ladera rocosa y la otra muy empinada con nieve
profunda que amenaza con soltarse en placa hacia abajo. Lugar
delicado que Jorge resuelve saliendo por el espolón de la ladera
y flanqueando después por desniveles más asequibles.
Por mi
parte, prefiero tomar otra aventura, bajando al fondo del
barranco donde ya está Candi, y esquiar juntos las empinadas
rampas que desembocan en el barranco principal (2.200m, las
12:24h). Es un auténtico cañón en el que me siento diminuto, la
luz del sol no llega a darnos. Su anchura podría ser de unos 10m
y sus paredes tendrán más de 20m de altura.
Con pieles, Candi y yo salimos del cañón en unos
minutos y a lo lejos ya vemos a Mark, Nicolette, Luis y Edsio;
Jorge está confluyendo con nosotros desde más cerca. Pronto,
todos estamos a la vista y vamos subiendo tranquilamente hacia
el refugio,
dirección Norte. Pasamos por una zona con varias construcciones
(La Paune, 2.338m), y tras unos minutos el bonito refugio de
Chanrión (2.462m, son las 13:31h). Un helicóptero espera en sus
inmediaciones. La
panorámica desde el refugio es todo un espectáculo.
Una amplia terraza con mesas de picnic delante
del refugio y unas laderas herbosas ideales para retozar, se
unen al potente sol del mediodía y a la panorámica de postal
para sentirnos en un paraíso. Misu, la guarda del refugio, nos ha
saludado uno por uno con verdadero encanto; un detalle más de
agradecimiento y fraternidad.
Hay alguna persona que ha llegado
antes que nosotros pero, el grueso está todavía por llegar. Los
patucos para pisar por el refugio son muy curiosos, muy cómodos,
de tres colores que distinguen tres diferentes tamaños. Fuera
podemos estar en manga corta mientras realizamos las labores
propias de cada día a la llegada al destino:
Tomar contacto con
nuestros aposentos; cambiar la ropa de esquí por algo más
cómodo; poner a secar todo lo humedecido, guantes, calcetines,
camisetas, pieles de foca, forro polar, botines; todo, más por el
efecto del sudor que por la nieve; recorrer el refugio; visitar
el váter (esta vez es "de verdad"), con tazas blancas como las de
tierra plana; hay grifos y lavabos, y sale agua, aunque las
cisternas de los dos retretes no funciona y hay que echar el
agua con otros medios.
La gente de la Alta Ruta va llegando poco a
poco.
Presenciamos el despegue del helicóptero, para lo que
es
necesario fijar todas las cosas que tenemos en la secadora
natural. Tomamos un plato caliente de un combinado vegetal
realmente delicioso; no recuerdo su nombre pero supo a gloria
como excelente lunch antes de la cena de las siete.
Contemplando, retozando o siesteando, admirando a
Misu cómo trabaja sobre una acuarela, disparando fotos, paseando
por los alrededores, ... vamos pasando el buen tiempo hasta la
hora de la cena que, como siempre podremos repetir en alguno de
sus platos merced a la gentileza de los guardas y,
principalmente, al interés de nuestro tesorero y relaciones
públicas oficial, ... Edesioo Viidaal!! :-)).
Hoy me encuentro cansado, aunque los músculos me
están respondiendo muy bien. A esta altura, la fatiga
respiratoria me está dejando tranquilo; me está apareciendo a
partir de los 3.000m o cerca. Me voy a la cama pronto, el
primero de la litera, a disfrutar de un adormilamiento
acompañado de las sensibles canciones de Art Garfunkel. A poco de acostarme, sube Jorge al
dormitorio para pedirme el botiquín que yo vengo transportando; necesita administrar algo a los madrileños Candi y Edesio
que están teniendo un cuadro de diarrea. Considera que puede ser
por el agua del refugio que proviene del deshielo. Al día
siguiente, la diarrea desaparecería, pero Edesio pasaría casi
todo el día sin beber agua en el camino hacia Vignettes.
Y a dormir, esta vez a gusto, y casi casi de un
tirón.
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5ª etapa, 6-4-05: Refugio Chanrión - Refugio Vignettes
Mapa de
la etapa 5
Manteniendo la rutina, algunos sonidos de
despertador ponen en movimiento a los primeros grupos recién
pasadas las cinco de la mañana. Esta vez he dormido largo y muy
bien. El cansancio repetido, la gran cantidad de experiencias
nuevas, la dificultad para dormir los últimos días, ... no
pueden ser soportadas por mucho tiempo. Esta noche no me he
enterado de nada, ni cuando se ha ido acostando toda la "tropa". Y
eso que nuestro dormitorio es grande; bastante largo, con una sola hilera
de camas con su gemela superior haciendo de litera. La pared de
enfrente la forma un banco alargado y colgadores unitarios cada
medio metro aproximadamente. Para unas 30 personas.
Se oye el mismo estrépito silencioso del
despertar en Valsorey o en Argentiere; ropa contra ropa, yerros,
voces bajas, ... ; se ven halos de luz desde las cabezas hacia
abajo o hacia los lados describiendo conos de frontal. Unos
abandonan la habitación, otros levantan y se incorporan al
movimiento.
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