Aquí está la ruta con detalle. CUIDADO, OCUPA 210 Kb.

4 y 5 de Agosto de 2001

Nuestro objetivo era ascender el Taillón, por eso podemos decir que nos hemos traído más experiencias de las previstas, aunque con algo de sufrimiento al final, de bajada, en la que hemos descendido más de 2.100 m. de desnivel. A la izquierda puedes pinchar para ver, en detalle, la ruta de ascenso y descenso.

 

El Dedo, en la falsa brecha.

 

Subiendo por la arista, con Gabieto oriental detrás.

 

En arista, con el Vignemale al fondo. Abajo, el puerto de Bujaruelo.

 

Travesía de este a oeste, en busca de la arista, después de acceder desde el nevero.

 

En las previsiones, el desnivel que tendríamos que salvar de bajada constituía uno de los mayores problemas, puesto que dependiendo de como nos encontrásemos la arista noroeste al Taillón y con la posible necesidad de asegurar los largos de cuerda, podríamos llegar tarde a la cima; con toda la bajada por delante, 1.800 metros de desnivel.

 

Pero tuvimos suerte, y los 900 m. aproximadamente de arista (650 m. de desnivel desde la base) fueron de escalada divertida y sin asegurar, II y III grado continuamente que no llegan a ser expuestos en ningún momento, aunque sí delicados debido a la mediocridad de la roca.

 

La ruta fue: 14:00 aproximadamente, San Nicolás de Bujaruelo, Barranco del Puerto, Puerto de Bujaruelo, donde aparece la niebla, misteriosa como siempre, y fresca.

 

No hemos encontrado vacas en el camino, pero, cuando tomamos contacto con el riachuelo del barranco, que todavía baja agua, vemos las pruebas inequívocas de que los herbívoros existen, y han estado allí recientemente.

 

El inicio tranquilo, con sus penosas subidas al principio, su paciente suavidad a mitad, y su ansiosa subida final hasta el Puerto de Bujaruelo, marcan la diferencia con los visitantes que acuden desde Francia por la carretera que asciende desde Gavarnie (creo que de peaje) y que les obliga a aparcar en el Collado de Tentes, a poco más de un kilómetro del puerto. Evidentemente, los franceses lo tienen mucho mejor para ahorrar esfuerzo.

 

Al refugio, (las 18:30 aproximadamente), se llega tras una corta subida desde el puerto, una larga senda de suave ascensión, un técnico y hasta complicado franqueo de la parte más baja del glaciar de Taillón, ya con nieve, y un fácil pero continuo cambio de suelo entre piedra y arena, bloques de roca y neveros inclinados, torrentes de agua y gente que se ha dado cita en el mismo sitio; y todo entre la niebla.

 

Tras el registro de nuestra reserva (Jorge domina el francés a la perfección), nos acomodamos en la habitación dispuesta por la guardería, cambiamos de ropa y decidimos un paseo ascendente hacia la Brecha de Rolando hasta la hora de cenar tras consultar con una pareja que viene de arriba, sorprendida del cambio tan brusco de  visibilidad y tiempo a su llegada al refugio; hace fresco; hay gente preparando tienda de campaña cerca del refugio. 

 

Dentro de nuestro objetivo, también estaba la posibilidad de subir al Pico de Serradets la misma tarde de llegada al refugio, pero la niebla no invita precisamente a subirlo.

 

Cuando salimos (Jorge, Aragües y yo), Roy se ha quedado a reponer fuerzas con una siestecita. Antes de llegar a la brecha salimos de la niebla ante un panorama de ensueño. Estamos flotando entre algodones de nubes, con un excelente azul por cielo y la compañía de algunas cimas que asoman cómplices de nuestra soledad.  Podemos hacer unas fotos espectaculares, de las que aquí puedes ver unas pocas. Muy distinta estampa a la que encontraremos cuando podamos mirar las largas extensiones hacia el sur.

 

Desde la Brecha hacia el norte: daban ganas de zambullirse.

Desde la Brecha hacia el sur, a la misma hora: Ordesa.

Ruta principal de la excursión, animada.

Ruta, animada, de los Gabietos.

 

Llegamos a la Brecha de Rolando (2.807 m.) y podemos ver el sur, Aragón, en una espléndida tarde de verano. Hay montañeros preparados para hacer noche en distintos vivacs, tanto al sur como al norte de la punta-muralla de Bazillat. Unas fotos y Jorge y yo decidimos seguir bordeando la base sur del Bazillat hacia el Dedo de la Falsa Brecha, ruta normal del Taillón, Juan Carlos prefiere quedarse allí hasta nuestra vuelta, admirando el panorama.

 

Cuando llegamos al Dedo de la Falsa Brecha (2.944 m.) son las 20:00 horas (estamos citados a las 20:15 para tomar la cena en el refugio). Desde el Dedo hasta el refugio (>350 m. de desnivel) Jorge y yo bajamos en ¡15 minutos! exactos, corriendo, saltando y esquiando sin tablas, como niños. 

 

En el camino hemos encontrado y pasado a Juan Carlos, más prudente, más tranquilo; que llegará enseguida después de nosotros. Y todos, con tiempo justo para lavarnos, quitarnos las botas, y sentarnos a la mesa recién servida, acompañados ya del descansado Carlos Roy.

 

Aragües en arista.

 

Destrepada inesperada, cuando ya llevábamos más de doce horas desde la salida.

 

Los cuatro, contentos, en la cima del Taillón., con un fondo único.

 

Amanecer desde el collado de Serradets.

 

Chimenea. Posiblemente el tramo clave de toda la arista.

 

En arista. Detras, el nevero-glaciar por el que se accede (obligatorio crampones). También la senda de acceso al refugio.

 

Y tras la hermosa experiencia visual, y las horas de marcha, nos llega lo mejor que podríamos esperar: una copiosa cena, con relajada sobremesa, disfrutando tras la ventana de la poética estampa del pico Marboré bañado de los últimos rayos de sol, por encima de un mar de enorme algodón blanco ... un fugaz paseo en la fresca oscuridad, y un incontenible deseo de descansar  ... dormir.

 

El refugio está completo. Menos mal a la reserva anticipada, porque de otro modo, habríamos tenido que vivaquear o dormir en tienda. 

 

El desayuno lo tomamos a las 6:00, abundante, tranquilo y silencioso. Ninguno de los guardas nos acompaña; simplemente nos dejaron todo preparado, lo caliente en grandes termos. Todavía no ha amanecido, sólo clarea el cielo.

 

Sin perder mucho tiempo, tomamos el camino de vuelta, hacia el collado de Serradets (excelente panorámica la que hacen los perfiles), bajamos cruzando la base del glaciar del Taillón (algo más problemático que la tarde anterior porque la nieve está dura y hay hielo reciente en algunas rocas del torrente), y abandonamos enseguida la senda para llegar hasta la base de la pared norte del Taillón por un terreno muy irregular, a veces de canchales, a veces morrénico, a veces de nieve. Un sube y baja con cierta incomodidad durante casi un kilómetro.

 

En la base de la pared norte, el acceso más lógico se ve a la derecha, a unos 100 metros del centro de la pared. Por el glaciar ascendemos hasta tomar contacto con la roca justo en una grada natural, tras una zancada para salvar la rimaya, en algunos puntos bastante ancha. La falta de crampones en dos de los componentes, nos ha obligado a asegurar y ayudar con cuerda el ascenso del glaciar hasta la pared.

 

A partir de ahí, se sigue la grada a la derecha, hacia el oeste, hasta llegar a la arista que separa la pared norte con el circo que forma el glaciar de Gabieto. La travesía es bastante larga; andamos y trepamos durante un cuarto de hora, ascendiendo lo máximo posible. 

 

Cuando estábamos accediendo a la pared, vimos a lo lejos a personas que estaban en la misma grada por la que íbamos a pasar nosotros. Más adelante, ya no volvimos a ver a nadie en la vía de nuestro objetivo, aunque sí vimos a tres personas cruzando, subiendo, el glaciar de Gabieto, camino de collado. En ese momento, ya estábamos en la arista, a unos 600 metros de desnivel por debajo de la cima. 

 

Los 900 m. de longitud aproximada de la arista, se compone de una sucesión continua de gradas, en roca muy suelta, descompuesta, bastante mediocre. Hay multitud de grandes lajas que retienen enormes cantidades de piedra suelta, con las que hay que tener especial cuidado para evitar su desprendimiento. Hay que tantear con cuidado los cantos y las presas. Pero a pesar de todo, la progresión es bastante rápida, sin incidencias. El casco es muy recomendable, por no decir obligado.

 

La arista no parece serlo, tan pronto estamos donde podemos ver el norte, como donde vemos el sur, pero difícilmente las dos puntos a la vez. Y es que la arista, en algunos tramos tiene un borde de 30 ó 40 metros de anchura. A veces, también vamos entre canales y chimeneas, teniendo la misma sensación de haber perdido la arista ¡sin salir de ella!.

 

 

Bonita estampa (dos fotos) sobre un mar de nubes, en el que flota el Marboré y los de la Cascada. Estamos en el glaciar de la Brecha.

 

Glaciar  (por donde suben 3 montañeros), cresta y Pico Gabieto Oriental.

 

Bonita foto del Pico y del refugio de Serradets, en un momento de disipación de nubes.

 

Tobacor, Cotatuero, Pico Blanco, Gallinero, Salarons-Carriata, ...

 

En la cima del primer Gabieto ascendido. Detrás, Gabieto Occidental. Y al fondo, Sierra Tendeñera y Telera.

 

Tercer tres mil del día. Gabieto Occidental. Jorge me hace la foto a mí, y yo a él, y despues, juntas, parece una sola instantánea.

 

 

Entre grada y grada, los accesos muestran la mayor dificultad, pero nunca lo suficiente como para decidir asegurar los pasos. Al final, llegaremos arriba sin haber utilizado la cuerda (salvo en el acceso a la vía) ni los anclajes (unos cuantos friends y fisureros).

 

Llegando a la cima, hubo un momento curioso cuando a punto de coronar, di un grito de satisfacción a mis compañeros que venían detrás y aparecieron de pronto una decena de personas asomándose hacia el noroeste, por donde subíamos, como los indios en las películas.

 

Congratulaciones, fotos, comida y charrada, entre nosotros y con otras personas de las que allí había. Una treintena de personas en la cima, y un reguero constante de gente subiendo y bajando por la vía normal.

 

Aquí partimos el camino: Carlos Roy y Juan Carlos Aragües bajaron por la normal, y Jorge y yo bajamos al collado de Gabietos para seguidamente subir cresteando hasta las cimas de ambos. Subida espectacular, fácil y divertida. 

 

La bajada, tal como ya me había contado mi amigo Javier Gracia puede hacerse por el collado de Gabietos glaciar abajo, pero Jorge no tenía sus crampones, algo que veíamos necesario.

 

En el collado de Gabieto encontramos a Juan Carlos, un navarro que había subido a primera hora desde San Nicolás, había hecho cima en el Taillón y los Gabietos y volvía preguntándose si la mejor bajada era volver por el mismo sitio, la normal del primero. Le pareció bien nuestra intención de cruzar primero el lomo-cresta que une Escuzana y Gabietos, y después el collado de la Forqueta, y los tres comenzamos una nueva aventura.

 

La bajada, dejando ligeramente a la izquierda los llanos de Salarons, nos fue llevando hasta unos cortados muy difíciles de salvar. Hasta que tomando Salarons de frente, bajamos lo suficiente para permitirnos ascender nuevamente. Se trataba de cruzar la cresta Escuzana-Gabietos.

Los 360º alrededor de la cima del Taillón. (90 Kb)

  

Una vez arriba, vemos el fondo del valle, Bujaruelo, y el Pico de la Forqueta. Hemos salvado unos 200 metros de desnivel en la última subida por pedregoso zig-zag, y la vista vuelve a ser hermosa. Y según el mapa, en adelante no debemos tener problema alguno ya que cerca de allí pasa una senda que une el pico Escuzana con el Puerto de Bujaruelo, pasando por el collado de la Forqueta, nuestro camino.  El problema es que no hay una senda, sino varias, que aparecen y desaparecen de forma  espontánea. sin seguridad de cual es la buena.  

 

Seguimos bajando pero siempre terminamos en cortado. Y lo interesante es que, bajo el cortado en una grada intermedia, apreciamos el camino marcado. Empezamos a inquietarnos porque no encontramos acceso que no sea destrepando con cierta exposición. Es tarde, y la vuelta ya no sería posible. Así que me decido por el destrepe y consigo llegar hasta el camino (II exp.). Mis compañeros no se terminan de decidir, y esperan sin bajar hasta que me asegure de que el camino es es correcto. Tras andar unos 200 metros y comprobar que es el buen camino, vuelvo para animar a que bajen conmigo. 

 

Y una vez en el camino, aparece Daniel, un francés de la zona de Midi de Bigorre, que habla muy bien castellano, y que se ha pasado todo el día balizando con mojones toda la senda, desde Bujaruelo hasta Escuzana; a iniciativa propia, sin ayuda de ninguna clase. Y así, los cuatro juntos llegamos hasta el collado de la Forqueta y bajamos el circo norte. Despedimos a Daniel que va camino del puerto y hacemos una bajada directa sin senda hasta la cabaña de eléctricas ya en el barranco del puerto. 

 

Y finalmente, San Nicolás, las 20:45, con el físico tocado, los pies con ampollas y mis botas rotas.

 

Los Carlos llegaron más tarde de las 19 horas -nos contaron-, con problemas en los pies y en las rodillas, ¡tal como habían previsto!.

 

El navarro Juan Carlos y el zaragozano Jorge, descansan en el lomo-cresta Escuzana-Gabietos, a punto de hacer un sufrido descenso hacia la Forqueta, el pico que se ve justo debajo.

Lo demás es un viaje hasta el origen, Calatayud, ante un cielo oscuro, luces, música, conversación, modorra, cansancio ... y una experiencia inolvidable.

 

Donato Molina.     

REALMENTE ME HA GUSTADO MUCHO

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