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Hasta
las nueve y pico de la mañana del mismo sábado 8-12-01 no teníamos muy claro hacia
donde íbamos a dirigir nuestros esquís.
Juan Carlos Aragües y
yo habíamos quedado hacía dos días para coincidir en Huesca,
y desde allí, viajar juntos hasta la boca norte del túnel de
Bielsa. El destino era intentar nuevamente la cima del Batallance.
Pero el día anterior, viernes, se me ocurrió enviar un mensaje
al móvil de nuestro amigo Jorge; y pronto contestó con la idea de venirse
junto con sus compañeros, y renunciar a lo que hasta entonces
era su objetivo, el pico Anie.
El
sábado 8-12-01, muy temprano, recogí a Jorge en su casa de
Zaragoza y viajamos charlando animadamente hasta Huesca, al
punto de encuentro donde JCarlos apareció en pocos minutos.
Pasamos trastos y utilizamos un solo coche para continuar viaje.
En camino, Jorge contactó por móvil con Lola, que viajaba a su
vez con Arturo y dos amigos más, franceses. Había un problema: los franceses no tenían esquís,
tenían que alquilarlos. Por la situación, sabíamos que
íbamos a llegar antes que ellos a L'Ainsa, así que decidimos
parar y ver las posibilidades de alquiler, que resultaron
infructuosas. Sin esperarles en L'Ainsa, seguimos camino de Bielsa, lugar de
encuentro con ellos. Y sobre las 9:30 ya estábamos todos
juntos, los siete, aunque con cinco pares de esquís. Mientras
desayunábamos, los franceses buscaron un lugar de alquiler,
pero .... nada.
La
estación de esquí de Piau Engaly está a 20 minutos más allá
del túnel de Bielsa, donde podrán esquiar en las pistas. Pero,
si Lola y Arturo se quedan con nosotros en el Batallance, el
problema que aparece son los coches, puesto que tenemos
direcciones de vuelta distintas y en Francia, falta de cobertura
telefónica para poder coordinar el reencuentro, aparte del
problema del espacio para cinco en coche y sin portaesquís.
Jorge
tiene en mente desde hace tiempo el Soum des Salettes, un gran
pico, que suele tener problemas de aludes, pero hoy el riesgo es
muy bajo. Desconfía un poco de las últimas rampas que son muy
empinadas, pero con crampones no tenemos por qué pasar
problemas. Decidido!, son las 10 de la mañana, -nos vamos a
Piau Engaly.
En
la estación luce un sol resplandeciente. Están llegando
esquiadores continuamente. JCarlos recuerda que sus bastones no
llevan rosetas, y tiene que intentar solucionarlo: alquila unos
bastones en la estación. Los franceses han alquilado esquís de
pista, no hay de travesía, así que, por fin, comenzamos la
excursión propiamente dicha, son las 11:20 horas, muy tarde.
El
primer contacto consiste en una bajada por la pista verde
de Mouscades I, perfectamente pisada. Un corto descenso que nos deja en el
lugar y momento de poner las pieles de foca a los esquís. Allí
mismo, sobre la nieve, hay unas grandes jaulas de barrotes, con
perros de tiro de trineos encerrados, esperando sobre la nieve
dura.
Y con
deslizamientos tranquilos pero
decididos (mejor que con "pasos") nos vamos alejando de los remontes y de la gente.
Enseguida cruzamos un puente sobre el torrente de Badet, a la margen
izquierda del valle del mismo nombre, donde nos mantendremos durante toda la
jornada, hasta la vuelta por el mismo sitio.
El
Pic Du Piau (2.696 m.), en la margen derecha del valle, nos tapa el sol; así, aunque el día es
espléndido, la temperatura es baja a la sombra, la nieve está
bastante helada. Pero pronto cruzamos la línea que nos permite
ver y notar el sol, y el panorama cambia de forma brusca: sobra ropa, la nieve se está ablandando.
En la progresión del grupo no hay normas ni rutinas, avanzamos
libremente, tan pronto delante como detrás o en medio; tan
pronto seguidos como distanciados.
Poco
a poco vamos ascendiendo por pendientes poco pronunciadas a las
zonas más susceptibles de recibir aludes, la cara Sur de los
picos Estaragne y Campbieil; pero sus laderas están muy
limpias de nieve; el riesgo es mínimo. Vamos modificando poco a
poco la dirección de Suroeste hacia netamente Oeste, a la vez
que vamos notando que las rampas se nos imponen más exigentes.
Como siempre, alguna "vuelta María" en los zig-zags
de subida, requiere de movimientos de equilibrio con cierta
exposición; y es que la pendiente, en alguna ocasión, hace
retroceder el esquí a pesar de la piel de foca. La dureza de la
nieve, poco antes de llegar al collado de Campbieil (2.596 m.),
nos obliga a poner las cuchillas, algo que se agradece cuando
notamos los pasos mucho más seguros.
El
puerto da paso a una estampa preciosa por el Oeste (Vignemale,
Cestrede, Ardiden ...), y por el norte (Pic Long, Campbieil);
mientras que por el Sur, nuestra dirección, sólo hay una roca,
la enorme mole del Soum des Salettes, fría y severa, 380 m. de
desnivel, más empinado cuanto más cercano a la cima. En el
puerto, el ambiente es helador, ni ha dado ni va a dar el sol en
todo el día, son las dos de la tarde aproximadamente. Unas
fotos y se despide Jorge que sigue hacia arriba enseguida, antes
incluso de que lleguen los demás. Lola y Arturo tampoco esperan
en el puerto. Y cuando llega JCarlos me despido yo sin esperar a
su descanso. Hace frío y estoy algo sudado.
A
partir de aquí la fatiga aparece cada vez más a menudo,
obligando a foquear más lento o a descansar más a menudo. La
subida es muy larga, con largos zig-zags al principio. Por delante,
ya lejos, veo la progresión de Jorge, que va como una moto; a Lola y
Arturo los tengo a poco más de 100 metros; y mirando hacia
atrás, JCarlos cada vez más lejos, lo cual no me gusta. De vez
en cuando le grito reclamando esfuerzo.
Fijo
la vista en lo más cercano y la atención al ritmo
respiratorio tratando de conseguir el mejor desarrollo que me
permita mi fondo físico. Avanzo con pasos largos procurando que
las piernas sólo trabajen en el principio del paso y en el
final, al contacto del talón, relajándolas en medio del paso.
Es la mejor técnica que he encontrado para consumir la menor
energía, arrastrar utilizando la inercia.
Cuando
ya estoy muy cerca de Lola y Arturo, vuelvo la mirada atrás
nuevamente y grito a JCarlos. Y su contestación es una sorpresa
para los tres (Jorge ya está muy cerca de la cima y no nos
oye), nos dice que se queda allí mismo y se vuelve al collado a
esperarnos. Tratamos de darle ánimos; de que se lo tome con
calma; de que sienta que es una pena quedarse tan cerca de la
cima. Pero ya ha tomado la decisión; descansará y volverá al
puerto para esperarnos. Miro arriba y veo que todavía nos queda
un buen rato. Seguimos progresando, subiendo, vuelta maría con
cuidado, otra zeta, paso, otro paso, otro, ...
La
pendiente está aumentando, y algunas vueltas marías exigen
posiciones raras (comedias). En una de ellas, Lola se ve en el
suelo con los esquís en mala posición y con dificultades para
poder incorporarse debido a lo empinado del terreno; existen
problemas incluso para poder prestarle ayuda.
Un
poco más arriba, Arturo y Lola deciden descalzarse los esquís;
yo me aventuro unos metros más, hasta que el terreno ya no da
más opciones y pongo punto final al foqueo junto a las tablas
de Jorge. Continuo andando unos diez minutos más entre hielo y
rocas; gracias a éstas, por las que debo dar algunos pasos
raros, puedo permitirme prescindir de los crampones.
Y
por fin, la cima. Impresionante, con una vista enorme. Una
verdadera sorpresa. Y allí está Jorge, enamorado. Nos
abrazamos; nos hacemos fotos, comentamos las cimas ante un
ambiente limpio y amplio. A lo lejos por el Este, se divisan
perfectamente Aneto y Posets; girando hacia el Sureste, Cotiella
parece un buque sobre el mar; España está sumida bajo un
enorme mar de nubes. Girando más, hacia el Sur tenemos las cumbres de Pineta
a contra luz, y el gran macizo de Monte Perdido, y la Brecha, y Taillón, Gabietos, Vignemale,
... Entre Pic Long y Campbieil,
Turón de Neouvielle, Tres Consejeros y Neouvielle. Y la
estrella de la panorámica, Sur-Sureste, allí delante mismo: el
impresionante circo de Troumouse y sus cimas, Gerbats, Heid,
Troumouse, Sierra Morena, Munia, Peña Blanca.
Cuando
llega Lola, nos informa que Arturo ha sufrido una
"pájara" y no puede llegar; tiene las tripas
revueltas.
Unas
cuantas fotos más con Lola y comenzamos la bajada. Son casi las cuatro y
media de la tarde. Jorge me indica que entre su cima y la mía
transcurrió media hora, y que Lola llegó veinte minutos
después de mí.
Cuando
llegamos a la altura de los esquís, allí está Arturo un tanto
serio, pero dispuesto a la bajada, que empieza él mismo. La
pendiente es fuerte, aunque no excesiva (unos 30º), pero hay
que tener un poco de cuidado por unos cortados que hay justo
debajo de las mejores palas de nieve. La bajada es tranquila,
con la misma dinámica que la subida, ahora somos Arturo y yo
los que vamos por delante y Lola y Jorge se están quedando un
poco rezagados. Pronto llegamos al collado, y unos metros más
abajo junto a JCarlos, que ya empezaba a preocuparse por la tardanza. El
sol está cayendo muy rápido, sólo las cimas reflejan todavía
su brillo.
Tomo
la delantera haciendo series de giros largas, con la intención
de que todos se apuren en la bajada. Arturo se reúne conmigo
enseguida de cada serie, pero los demás tardan mucho -pienso-.
Las esperas, cada vez más largas, son casi siempre tras lomas
que impiden vernos. Grito continuamente para marcar el camino y
dar ánimos. Se está haciendo de noche.
Cuando
llegamos a las jaulas de los perros, ya casi no se ve. Llega
entonces un trineo tirado por perros.
Tan
solo nos queda subir la pista verde, el descenso realizado por
la mañana. Una máquina pisa nieves en pleno
trabajo nos dirige su potente luz; con toda seguridad que su conductor se está
quedando sorprendido de vernos por la pista a esas horas.
Cuando
llegamos arriba, nos damos cuenta que hemos subido más de la
cuenta, por la pista azul paralela, más larga. Sólo un
pequeño contratiempo de unos pocos minutos más. Y en el
parking nuestros coches y los amigos franceses muy preocupados
por nuestra tardanza; a punto de movilizar a cuerpos de rescate.
Pero todo está bien, dos grados bajo cero y sudando.
Antes
de media hora estamos en el mismo bar-restaurante de por la mañana en
Bielsa, donde reponemos fuerzas con una buena merienda;
disfrutamos con las fotos de Jorge en su visita estival, este
mismo año a los Alpes, nos prometemos nuevos contactos en
adelante, y de nuevo de viaje, rumbo al Sur. A las 23 horas en
Zaragoza, mi destino.
Donato
Molina diciembre-2001
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