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Desnivel:
590m de subida y 590 de bajada.
Distancia:
12,6 km.s
Condiciones:
Otoño








Descargate el track y waypoints para
GPS aqui |
El otoño y su variedad de colores
nos han llevado a recorrer esta interesante ruta circular
de los barrancos de Valdesantos y San Blas.
Situados en la margen izquierdo del rio
Jalón recogen el agua del cerro San Cristobal
para llevarla a sus hoces.
Estos barrancos paralelos que consideramos
oportuno unirlos mediante una ruta de unas 3.5 horas.
Descripcion:
Una mañana de otoño, con
la idea de “gepesear”
una nueva ruta en el entorno de Embid de la Ribera,
salimos Enrique Recio, Carlos, Antonio e Isabel.
El fin era comunicar los barrancos de
Valdesantos y San Blas. Entramos sin problemas por el
de Valdesantos, creyendo que en la zona de más
vegetación iba a ser difícil el acceso,
nuestra sorpresa fue el ver una senda literalmente “macheteada”
la cual nos permitió atravesar esta zona con
mayor facilidad.
En la ascensión al collado que nos marcaba la
línea de unión con el barranco de San
Blas recorrimos parte de la GR 90.2, a lo largo de ella
fuimos reconociendo sin mucho acierto los hongos y setas
que nos íbamos encontrando y pudimos ver con
mucho detalle lo grandes que son los aerogeneradores
que han colocado en aquel monte.
Una vez llegamos a la falda de pico de
San Cristóbal, marcamos en el superGPS de nuestro
compañero Carlos Roy el punto nexo de unión
con el barranco que nos disponíamos a bajar el
de San Blas.
La primera zona, de improvisación; fue bonita
ya que cada uno se busco la complicación que
quiso. Sin sendas marcadas intuimos nuestro punto de
llegada al camino que no dejaríamos hasta el
final de nuestra aventura.
En la parte central de este recorrido
hay una zona que aparentemente estuvo habitada, el entrono
es precioso. Hay unas vista impresionantes del barranco
desde la senda tibetana por la que discurre gran parte
de nuestro descenso. Esta senda une las poblaciones
de Embid de la Ribera con la de Viver de la Sierra.
Una vez abandonada la senda discurrimos por el fondo
del barranco, apreciando la belleza de los torreones
de roca que se levantaban a ambos lados del camino,
después de 3,5 horas y con un ambiente inmejorable
llegamos al final de la aventura con la alegría
de haber conseguido nuestro propósito.
Antonio (email:antonio(arroba)cmayud.com)
e Isabel.
Somos cuatro, una
mañana de otoño un poco melancólica
pero con la madurez que dan los días del año
ya pasados. Cerca , a unos 200 metros se ve el final
del barranco de San Blas.
Comenzamos por Valdesantos, estrecho de laderas vertiginosas
donde los puntos intermitentes del amarillo de los chopos
indican el camino a seguir.
La vegetación es densa pero hay una senda marcada
a golpe de machete y huellas de moto. Señales
que entristecen porque pienso que no es el lugar para
estas máquinas de ruido y velocidad. Es una senda
para caminar con nuestro silencio, con nuestras palabras
entrecortadas intentando por un momento pertenecer a
la naturaleza.
La pendiente es suave, unas veces por el fondo y otras
a media ladera acompañados por amarillos, rojos
de los Terevintos y almendros tristes abandonados a
su suerte.
Los pájaros escondidos salen asustados de las
zarzas rompiendo el silencio suave de las hojas. En
la parte media encontramos agua, manipulada por el hombre
reposa en un estanque acariciada por el sol y las hojas
caídas de los árboles.
En la parte alta, las laderas se suavizan y la vegetación
disminuye. A nuestra izquierda vemos los molinos del
cerro de San Cristobal, gigantes quijotescos que esconden
su brutalidad bajo el epitafio de las energías
renovables.
Nos cruzamos con señales blancas y rojas de la
GR-90.2, si las siguiéramos nos llevarían
al Moncayo. Llegamos a un collado donde la vista nos
lanza sobre la parte alta del barranco de San Blas que
ya conocemos, estamos en el paso que nos da la llave
de nuestro objetivo.
Llegamos al bosquecillo de cedros después de
un descenso por una vaguada y un tramo de pista. A partir
de aquí una senda entre carrascas al principio
, chopos y Terevintos en la parte media nos acercan
a los restos de una presencia humana dedicada al pastoreo
de ovejas y agricultura de subsistencia.
A partir de aquí el barranco de San Blas se ve
profundo caminando sobre una senda colgada en su margen
izquierda. Una mirada atrás nos hace pensar en
las personas que año tras año dedicaban
su esfuerzo a esta senda y a sus construcciones.
Un poco mas adelante abandonamos la senda que nos llevaría
a Embid de la Ribera y nos precipitamos al fondo del
barranco recorriendo un cañón de torres
de roca que simulan centinelas vigilantes de su soledad.
Un último esfuerzo y estamos en la carretera,
el fin de un proyecto de hace meses, ruta circular que
une los dos barrancos.
Enrique Recio (email:enriquer(arroba)cmayud.com)
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