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Trekking
por los altos de Las Hoces del Jalón - 31/03/02
Mapa
del recorrido
Durante
la semana se estaba planeando un nuevo domingo de montaña, de nieve,
focas, cuchillas, crampones, ... ; pero una serie de cambios en las
citas dieron con mis huesos en la suerte de "búscate la vida", como otras veces. Las posibilidades del Bacías y del Garmo
Negro quedaban, pues, para otra fecha más coordinada.
Así,
el domingo comenzó tarde, perezoso. La auto culpa me estaba
"recompensando" con tedio, desgana e inquietud; todo junto. Me
estaba forjando la obligación de salir a poner el corazón al trote
(por lo menos), para que se fuera enterando.
El
día sólo tuvo 23 horas; el Gobierno nos rateó la que por obligación
devolverá el próximo otoño.
El
punto de partida es la sombra de la Peña Mora. Desde Calatayud, la
carretera que pasa por Huérmeda nos lleva a cruzar el pequeño puerto
de Campiel; y a la bajada, el primer desvío a la derecha es una buena
pista que, en menos de cinco minutos nos deja en el lugar ideal. Son las
cinco de la tarde, y tengo mochila, cámara de fotos, apetitosos
energéticos y tang para todo el tiempo que la luz me permita.
Un
puente sobre el Jalón nos permite cruzar a la margen derecha del
angosto valle. Hay unos pequeños campos cultivados y una construcción
habitada, el Caserío Campiel. A la altura del Caserío empieza la subida, empinada;
en dirección E-N-E durante al menos un kilómetro. En este primer tramo
se puede castigar al corazón tan duro como se quiera (o se pueda). Como
compensación, la vista al Sur son las interesantes paredes de la Peña
Mora, nido de una buena congregación de buitres. En este primer tramo
he salvado algo más de 150 metros de desnivel; estoy en el Alto de la
Planilla (677 m.).
Desde
allí, netamente hacia el Este, se divisa un curioso morrón
estratégicamente situado, es el alto de La Casilla (765 m.), como un
castillo velando por siempre la entrada del valle del Ribota, justo
delante de su desembocadura. Poco antes hay un alto lomo algo más
dominante, pero más humilde y sobrio. Desde la Planilla, el camino se
evidencia de subida, aunque por un momento he tenido que perder un poco
de desnivel al paso del collado que separa los dos altos. La llegada al
morrón alerta el desafío de poner a prueba el equilibrio. Me gusta
acercarme al borde, y sentir el miedo a la verticalidad; y notar la
inseguridad en el paso cuando el peligro es evidente. Los ojos no pueden
apartarse de cada uno de los pasos; las manos alerta para asir cualquier
presa en caso de cualquier fallo en el aterrizaje de cualquier zancada.
El suelo es una buena roca, limpia, descarnada, segura. Y en cualquier
momento, una parada de unos segundos permite degustar un forzado
panorama bajo los pies. Hay algunos salientes llenos de blanco
excremento de los buitres. Y en el punto más estratégico, un pequeño
descanso reparador es como una gloria.
El
aire invita a pasear, es fresquito, muy agradable. Dirijo mis pasos al
N-N-E, camino de la Noguerilla por una minúscula senda que en ocasiones
parece esfumarse entre las olorosas matas y pequeños arbustos; la
vegetación alta es excesivamente escasa. En unos diez minutos ya estoy
bordeando por la izquierda a los altos de Valdeusillo, momentos en los
que cruzo por debajo la línea de alta tensión que parte desde la
Central Eléctrica de Embid de la Ribera y se dirige directa al Puerto
de Cavero. Y en unos minutos más, sin apenas perder altura, se
cruza el barranco de Las Anastasias. Este barranco vierte las lluvias al
Jalón en el mismo punto de la Central Eléctrica. Quizá sea éste el
paraje más monótono de todo el recorrido. En las zonas orientadas al
norte, la vegetación es más exuberante, más alta, más hostil.
Sigo en la misma dirección N-N-E. Y pronto se divisa un collado que no
tiene alturas detrás, es la separación de La Noguerilla del Puntal de
la Cocha, el lugar mismo donde nace el barranco de La Cocha. Y así, sin
dificultades, se llega este impresionante mirador, marcado con un gran
mojón, es el alto de la Noguerilla, 945 m.
Este
es el punto culminante del recorrido, un bonito lugar para la
contemplación sin reloj, para soñar que se puede volar.
La
vuelta es todavía más bonita. Me dirijo al S-O, siguiendo el lomo que
bordea el cauce del río por lo más alto; en ocasiones haciendo
trepadas fáciles entre los riscos para acortar el camino. Hasta un alto
muy característico, con dos cimas (879 m.). Este pico puede verse
perfectamente desde muchos puntos de Calatayud. En él hay un gran
mojón. Y la vista sobre el circo es muy buena, con toda la cresta de
Embid iluminada por el sol de la tarde. Hay muchos buitres volando.
A
partir de aquí, el camino cambia bruscamente su dirección a S-E, para
descender de forma rápida al barranco de La Cocha y cruzarlo para subir
a media ladera y en dirección S-O hacia el collado del alto de Las
Anastasias, bordear la cima sin subirla y seguir por un lomo camino de
Las Planillas, el primero de los altos de la excursión. Pero antes hay
que volver a cruzar la línea de alta tensión y el barranco de Las
Anastasias, lo que obliga a perder altura para bajar (dirección Sur) a
cruzarlo. Una perceptible senda sigue (O-S-O) durante unos minutos por
el mismo cauce del barranco hasta una curva del mismo, en que la senda
invita a subir quizás la parte más empinada de todo del recorrido. Y
una vez en lo alto de Las Planillas, el camino va paralelo o junto al
que ha servido de subida desde el punto de partida, cerca del Caserío
de Campiel, por el que se pasa de nuevo. Los últimos diez minutos de
bajada coinciden con la bonita puesta de sol que se produce justo
delante de mis ojos.
La
vuelta a Calatayud se hace en apenas un cuarto de hora de coche.
Tiempo
previsto: 3 horas más las inevitables paradas de contemplación y
recuperación.
Dificultad:
Poco difícil. Terreno sin marcar pero con pocas posibilidades de
perderse.
Interés:
recomendable.
Mapa del recorrido
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