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Senderismo por
la zona de Anayet; una inyección de calma; una delicia para
los sentidos. Claro que hay que evitar el período de esquí
de pista. En este tiempo, cuando los remontes son muertos y
el bullicio de las pistas sólo cicatrices de máquinas
pesadas y pequeños restos de humanidad deshumanizada, sólo
algún viviente se acerca para añorar lo que fue antes de las
pistas, o incluso con las pistas, mientras duró la nieve. En
cualquier caso, la quietud manda; y con buen tiempo, subir
hasta el Espelunciecha, si has cumplido con tus
obligaciones, es como subir a los cielos.
Y no era
éste nuestro objetivo principal, sino un bonito plan B.
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Jose Antonio me
había llamado el sábado por la tarde, cuando yo me estaba
preparando para subir solo al Valle de Tena. En solitario,
aparte del objetivo principal, la ruta o la dificultad nunca
están del todo definidas; mi progresión en solitario siempre
tiene un aporte importante de improvisación y sorpresa. Sobre
el terreno le propuse una interesante ruta por la zona W del Somport, desde Candanchú hasta los picos del cordal de Secús,
con varias ascensiones. Nos llevaría una larga jornada y hasta
puede que tuviéramos que usar la cuerda. Impresionante.
Pero faltaba un detalle: la méteo. El viaje hasta Sabiñánigo,
nuestro campo base, lo hicimos bajo una lluvia persistente que
nos hacía pensar, malpensar, en un desventurado domingo. Una
llamada a nuestro hombre méteo y enseguida nos enteramos de que
el Zaragoza había empatado con el Real Madrid, pero de la méteo,
poca cosa, de momento. Fue al día siguiente, en la madrugada,
cuando vi el mensaje de Jorge en mi móvil: "Pirineos nuboso x
la mañana. Lluvias llegando tras mediodía... Puede aguantar pues
pero para algo rápido... Suerte". Así fue como renunciamos
al plan A. Subiríamos hasta el Portalet para nuestro
estupendo plan B.
Desde el exagerado
parquin previo a la frontera, comenzamos la subida por las
bonitas praderas de la margen derecha del Barranco del Bacarizal.
Por nuestro lado derecho vamos viendo pasar lentamente los
pequeños picos de la divisoria, Pène de Mieytadère, La Forqueta,
La Campana de Aneu y los Gralleras.
Arriba ya,
Espelunciecha domina toda esta zona, viendo impotente los
arañazos que le han dejado las máquinas de hacer dinero, pero
quien realmente se alza como rey dominador del entorno es el
Anayet, impresionante vulcano al que todos miran con admiración
y reto. Hacia su base nos dirigimos, bajando laderas herbosas y
pedestres del circo de la Canal Roya, junto al Salto del Agua,
otra maravilla que sorprende al paso; bien conocida en estampa
invernal por los amantes del hielo que continuamente peregrinan
aquí para pinchar sus puntas, para escalar el agua helada.
Justo debajo del
Anayet, cuando mirarlo supone levantar la cabeza todo lo que
permite el cuello, retomamos la subida para alcanzar el Llano de
los Ibones; aquí dejamos de inventar el camino porque la senda
balizada es una buena invitación, además de una interesante
sugerencia. Brota el agua por todas partes; la lluvia de ayer y
el alargado deshielo están convirtiendo la subida en un anuncio
de fertilidad y de mar.
Y en los Llanos de
Anayet o de los Ibones, la sensación es la de haber llegado a
otro mundo; necesario alto en el camino. Al Norte, a lo lejos,
el Midi D'Ossau atrae la vista con fuerza. Al Sureste,
Culibillas y Arroyeras destacan del cordal laargo que llega
hasta el importante del lugar, el Anayet; imponente se mire
desde donde se mire. Espelunciecha en cambio, desde esta
posición sólo parece un montículo con dificultades para
impresionar.
Rodeando el ibón
grande de Anayet, que dejamos a nuestra izquierda, nos acercamos
hasta la bocana del Llano hacia el Barranco de Culibillas, donde
comenzamos la subida por el lomo que separa las vertientes. A la
izquierda, el Llano de Anayet (al río Aragón); a la derecha,
bruscamente, al Barranco de Culibillas y al Río Gállego. Y así,
con una excelente panorámica, llegamos arriba sin dificultad (en
poco menos de 2horas y media). Momento ideal para disfrutar de
la vista y el almuerzo.
La bajada la
decidimos por el norte, inventando camino que, en ocasiones,
requiere poner mucha atención debido a la inclinación y la
inestabilidad del terreno pedregoso. Tras la empinada pala Norte
(¡qué bajada tiene con nieve polvo!) la vaguada natural nos hace
cruzar un pequeño circo lleno de pequeñas fuentes que terminan
siendo el surtidor principal del Ibón de Espelunciecha, al
que llegamos siguiendo sus aguas. Pequeñito, de aguas
cristalinas; otro motivo para un nuevo alto en el camino. Y en
adelante, la bajada hasta el origen se hace en un pis pas.
Desnivel: 845m
Dificultad: fácil.
Horario: Entre 3 y
5 horas.
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