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9 de Agosto de 2001 volvemos a Riglos.
Como viene siendo habitual salimos de Calatayud a las 6,30 de la mañana; solo vamos Enrique Recio y yo; entre semana es difícil arrastrar a más compañeros de aventuras por aquello de que el trabajo es lo primero, quien inventó eso?.
Cuando llegamos a Huesca nuestra moral se viene abajo, empieza a llover, todo el cielo esta muy cerrado y parece que ha llovido por la noche; mal rollo.
Enrique me comenta, -“si quieres nos volvemos”. - Ya que estamos aquí nos acercamos a Riglos, -le digo yo-.
En Riglos las cosas no están mucho mejor, hablamos con un catalán que nos comenta sobre la lluvia de la noche y sobre una vía que han abierto en el Marboré.
Vamos a dar un paseo para ver el Fire y por donde va la Galletas, próximo objetivo. Según vamos hacia él empieza a moverse algo de aire, tal vez se abra. Vemos el Fire, impresiona; también lo que ha dejado la lengua de fuego, que ha llegado hasta la base de este mallo; toda la zona está abrasada, salvo el pueblo, como si hubiera estado vacunado contra el fuego. Mejor así.
Como ésto no se pone ni feo ni guapo decidimos acercarnos a nuestro objetivo la Aguja Roja.
Una vez en la Base de la Vía Edil decidimos que vamos ha escalar; si toca bajarse, pues ya bajaremos, pero de momento no vamos a estarnos mirando el cielo.
L1 4c : Comienzo yo la escalada me anima la forma de este primer resalte, comienzo y cuando quiero darme cuenta el suelo ya esta pequeñito, es un largo disfrutón. Por recomendación de “Cintero” nos vamos a saltar la primera reunión, bastante incomoda, para llegar a una un poco superior y más cómoda; eso sí, para llegar a ésta hay que superar el cerramiento del diedro que para mi es un 5b, el paso es aéreo pero muy bonito. Reunión llamo a Enrique que pronto estará junto a mi.
L3
5c : Una
vez los dos en la reunión Enrique se presta a seguir escalando, me
parece chachi, mi falta de entrenamiento y el catarro no me dan para
muchas florituras; ya tengo ganas de venir a Riglos en condiciones.
Enrique comienza, se queja de lo suelto que anda el conglomerado por aquí,
ataca el paso clave y lo pasa con soltura aunque ésto de las fisuras
medio chimeneas no es lo suyo. Pronto lo veo que gana altura para
desaparecer a la izquierda; me llama, voy. El 5c me putea un poco pero
encuentro la pres
L4 5b : Es muy corto tiene una salida aérea pero pronto se tumba y después un pequeño paseo hasta la cima.
La cima es muy bonita y permite disfrutar de un marco incomparable; esta vez un tanto extraño, pues está todo muy negro. Hablamos que va a ser difícil poder ver recuperado este paisaje tan singular. Fotos, risas y objetivos para otro día nos llevan a pensar que habrá que bajar de aquí aunque se este muy bien.
Del Puente de Roca un rápel pequeñito nos dejara en la base de la Roja.
Estamos contentos porque la lluvia nos ha dejado realizar nuestro objetivo, es una vía preciosa y bien asegurada, no os la perdáis.
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Vía Edil a la Aguja Roja, 23-4-2003
Tras el rápel del mallo Cored, recorrí la base de la pared por el Oeste para llegar hasta las zapatillas, el agua y las llaves que habíamos dejado en el comienzo de la vía "Oeste Clásica". Para ello tuve que realizar un destrepe de chimenea de cinco o seis metros, delicado (III+). Mis compañeros, JCarlos Aragües y Enrique Recio, bordearon el mallo por el Este, bajando una incómoda pedrera.
Estamos solos, se siente una gran calma en el ambiente, algo que me llama la atención dada la fecha en la que estamos, San Jorge, fiesta en Aragón.
Enrique comienza con el primer largo, (unos 40 m IV+) a la sombra del mallo, por lo que parece la mayor debilidad de la pared en esta parte, una chimenea larga que flanquea por la izquierda toda una enorme entosta que hace de contrafuerte oeste del mallo. La escalada es vertical pero con buenas presas, buenos bolos que aparentan amenazar con salirse, aunque sólo es una sensación típica del que no acostumbra a escalar en Riglos. La reunión se sitúa a mitad de la primera gran entosta, sobre una repisa no muy grande para los tres.
El
segundo largo (unos 30 m, V) lo comienzo yo, último en llegar
a la reunión, siguiendo la misma técnica que en el largo anterior.
Es la misma chimenea, bordeando en vertical, por la izquierda, la gran
entosta que comienza en el suelo. Los seguros están un poco alejados
para mi costumbre, pero no llegan a preocuparme en ningún momento
porque no es necesaria una gran fuerza atlética para encadenar los
pasos; trabajando en equis se pueden superar todos los pasos sin mucho
esfuerzo. Sólo a la llegada a lo alto de la gran entosta, la roca
parece más insegura, pero no presenta problemas, procuro ser
cuidadoso en la elección de las presas antes de apoyar o traccionar
con mi peso. Un paso aéreo me coloca en la reunión, un excelente
balcón hacia el Sur y el Oeste,
Enrique,
el último en llegar, comienza con el tercer largo, (de unos 35
m) en el que se encuentra el paso más difícil; una pequeña panza
fisurada que constituye la base de una segunda entosta en la parte
alta, al Noroeste del mallo. Superado el paso (V+), más fácil de lo
que esperaba, la vía continua por la misma fisura-chimenea que
flanquea, ahora por la derecha, este otro contrafuerte, más pequeño
y con apariencia más inestable que el grande de abajo. La reunión se
sitúa en lo alto de la entosta, dominando al Oeste y al Norte.
CarlosA
se decide por el cuarto y último largo (15 m V), el que nos
deja en el mejor balcón del mallo, y sobre un día estupendo.
Es una placa con grandes bolos muy seguros. El final de una
interesante escalada que ahora puede disfrutarse con seguridad gracias
a los sólidos parabolts situados estratégicamente a lo largo de toda
la vía (aunque no muy juntos).
La bajada, en tres rápeles. El primero en diagonal, de unos 15 ó 20 metros. El segundo de casi 60 m, en el que hay que tener cuidado de situar bien el nudo de unión de las dos cuerdas de rápel porque, una hendidura en un saliente de la pared, por debajo del nudo que une las cuerdas, amenaza con acertar a meter la cuerda por la hendidura, empotrar el nudo y, por tanto, bloquear la cuerda cuando se intente a la recuperación desde abajo. Un problema que puede ser serio si hay que subir a desbloquear la cuerda desde la base del rápel porque será muy complicado asegurar al que tenga que subir. Así que, el último que baje, debe hacer lo necesario para evitar que la cuerda se bloquee cuando se tire de un cabo para recuperarla. El tercer rápel, de casi 20 m verticales, nos deja en el suelo, más contentos que Chupilla.
Y contentos nos íbamos a marchar, pero ... algo raro nos ocurrió: no encontramos la llave del coche. El día era estupendo, pero allí estábamos. Buscamos, rebuscamos, recorrimos la senda entre el Cored y la Aguja Roja no sé cuántas veces, ... y ... bloqueados por la mala suerte, nos apareció una gran oportunidad para arreglar el entuerto: el teléfono móvil de unos jóvenes de Riglos que escalaban en la cara Sur del Cored. Ideal para pedir auxilio a nuestra tierra, en el Jalón medio. Y mientras, un agradable paseo hasta el bar de Riglos donde esperar y dar buena cuenta de unos estupendos bocatas. Meses más tarde, alguien encontró las llaves y pudimos recuperarlas en el habitual depósito de olvidos, el bar.
Donato Molina dmolina(arroba)cmayud.com
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