|
Eran
las 8 y cuarto de la madrugada de una mañana fría de Otoño. No
era la primera vez que quedaba con mis amigos del club Ayud, y ya
conocía su costumbre de madrugar y volver pronto a casa, pero ese día
me encontraba particularmente cansado. El día anterior, sábado,
había aprovechado para empezar la temporada de esquí de travesía,
con poco éxito y muchos dolores.
De
improviso, alguien hizo sonar el claxon de su coche, al mismo tiempo
que abrían la puerta del mío. Casi me despiertan. Era Enrique que
venía a sacarme de mi sueño, y devolverme a la cruda realidad de
la escalada. Saludos, presentaciones y cambio de coche. Hoy nos
lleva Carlos en el BMW de su hermano. Pedazo de buque, aunque con el
ligero problema de pasarse los cruces de largo.
Hemos
llegado pronto, pero como siempre que vamos a Riglos, nos tomamos
nuestro tiempo para prepararnos. En nosotros se confunde la alegría
de volver, con el miedo habitual a las panzas de Riglos. Repartimos
las cordadas. Yo escalo con Carlos y Raúl que es el más nuevo
escalará con Enrique.
1L.-
Llegó
el momento tan "deseado" de comenzar a escalar. Empezamos
la vía, con un largo de 5+, que desde el principio nos obliga a
tirar con fuerza de las presas. Ya empieza el desplome. La tercera
chapa me suena que era problemática y me cuesta decidirme a dar el
paso, pero compruebo, una vez pasado, que no era para tanto. Unos
cuantos metros me conducen a la siguiente chapa y otro muro de
dificultad moderada, en el que sólo la última chapa me hace dudar
un poco. Grito reunión y espero a que Carlos se reúna conmigo en
la misma. Sube con una facilidad y rapidez sorprendentes. No entiendo
cómo no quiere subir de primero, con lo gratificante que es y lo
sobrado que va. Incluso Enrique que va detrás de él viene mucho más
lento (claro que él va de primero).
2L.-
Llegamos
al segundo largo, es un poco más difícil, 6a. Antes de que llegue
Enrique, empiezo la escalada. Estoy un poco nervioso por un paso en
el que recuerdo que antes hacía un pequeño lanzamiento. Cuando
llego a él, descubro que me he equivocado de presa y voy a caer.
Desciendo como puedo, me agarro a la cuerda y después de ver la
presa que tenía que haber cogido a la primera, supero el paso con
facilidad. Este largo tiene muchos metros y hay un punto en el que
las chapas se bifurcan. Elijo la izquierda, que
creo que sube más directo. Monto reunión y espero la subida de
Carlos, que como antes, sube con mucha tranquilidad. Ni ha notado el
paso difícil. Enrique viene detrás.
3L.-
Ahora
viene el largo más difícil, 6b. Recuerdo los pasos en los que otras
veces he sufrido, y pienso que hoy estoy muy cansado para
disfrutarlos. En la primera cinta ya tengo que descansar. Está el
paso de la pelota babosa, y aunque me resulta más fácil que otras
veces, me hace dudar. Después viene la salida de la panza y no
encuentro a la primera la presa buena. Recuerdo que está a la
izquierda y después de descansar en la chapa, salgo rápidamente
para no agotarme. Aún queda la salida de la repisa, que aunque tienes la chapa en la barriga, exige unos pasos de regleta pequeña,
hasta que coges los cantos buenos de la derecha. Por fin, reunión.
Miro para abajo y compruebo que Raúl, esta pagando el tiempo que
lleva sin escalar. En alguna de las panzas del 6a, esta atascado y
le fallan las fuerzas. Riglos siempre nos recuerda que tenemos que
economizar fuerzas desde el principio (si puedes) o no llegaremos al
final. Le prometemos que rapelaremos por la misma vía y decide
esperarnos en la reunión. Enrique y Carlos subirán uno por cada
cuerda.
Le
toca el turno a Carlos. Parece que esta vez sufre un poco, y le
veo descansar en los mismos sitios que tuve que hacerlo yo. Le aviso
de la situación de la presa de la izquierda y sube rápidamente.
Esto no tiene nada que ver con la primera vez que vino a Riglos y
sufría en las panzas.
El
último en subir es Enrique y cumple con el ritual de pinchar en los
mismos sitios que los demás.
4L.-
Ya
sólo nos queda un último largo, de 5+. Lo subimos con facilidad. Es el más fácil y aunque está un poco roto es el más
disfrutón de la vía.
Empezamos
el descenso. Como llevamos 2 cuerdas de 60 metros, comprobamos con
alegría que bajamos directamente 2 largos, hasta una reunión
cercana a la que nos espera Raúl. Después de ayudarle a
pasar a nuestra reunión, jaleado por todos y con alguna pirueta
divertida, realizamos el segundo rápel, que nos deposita
directamente en el suelo, para tranquilidad de todos.
Acabamos.
Ya hemos olvidado las panzas inmensas, las bolas babosas, las
regletas minúsculas, etc... sólo queda en nosotros el recuerdo de
un gran día de escalada. Hasta la próxima vez.....
Vicente
Esteras
|