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Riglos,
El Pisón,
17 de junio de 2001 |
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Habíamos madrugado para poder estar
pronto en la base del mallo. A las 6 de la mañana apagaba el
despertador sin dejar que sonase. Cuando bajé a la puerta de casa,
allí estaba Carlos Roy, y antes de un minuto Enrique y Ricardo
aparecían en coche. Cargamos, dentro, y en viaje hasta la gasolinera de
San Gregorio de Zaragoza, punto de encuentro con los colegas
zaragozanos, Vicente, Ester y Víctor. Saludos y de nuevo en viaje tal
como salimos. Y en conversación distendida, como siempre, llegamos a
Riglos bastante antes de que aparezca el sol en la base de los mallos.
Hay coches, alguna caravana, gente con cara de acabar de levantarse, y
gente en movimiento, ya con hierros en arnés, que indica la inminencia
de empezar a escalar. Son las 8:30 más o menos. -Mirad
-indico- ya hay gente en el Firé, en la "Galletas"
. -Sí,
-confirma Ester- ya van por el segundo largo. Todavía
no les da el sol. El tiempo ha refrescado comparado con lo que ha hecho
los dos o tres últimos días. Además, a última hora de anoche, como
si mi cuerpo lo hubiese notado con anticipación, me vino una de esas
recaídas sorpresivas que me dejan el cuerpo con un auténtico pasmo,
sin saber muy bien por qué, y en cuestión de unos pocos minutos, noto
como se me van contrayendo las vías respiratorias, como respiro cada
vez con más dificultad, como aparece un gotear incesante de mi nariz,
como se embota mi cabeza por efecto de la constricción de garganta,
nariz y oídos, y como aparece la lógica flojedad muscular. Hasta tal
punto que, a las 10 de noche de ayer, sábado, todo iba bien y
quedábamos para las 6:30 del domingo; y a las tres de la mañana, sin
poder dormir, me planteaba la posibilidad de quedarme en casa, presa de
una frustración a la que intentaba no rendirme. Pero... estoy en
Riglos, y el embotamiento, aunque sigue, ya ha remitido un poco. Estamos
en la base de la vía del Puro, por su acceso más directo. Allí se
quedan: Vicente, Ester, Víctor, Enrique y Ricardo; todos menos Carlos
Roy y yo, que tenemos intención de subir a la cima del Pisón. Así
que, sin esperar a ver como empiezan, tomamos la senda que recorre el
mallo Pisón por su base y nos dirigimos justo al otro extremo, a la
vía del Adamelo. En octubre del año pasado ya subí, con Roberto, los
tres primeros largos de esta vía, hasta que se nos echó a llover y
tuvimos que rapelar.
L1
(5b): Cuando estamos llegando a la base de la vía,
descubrimos que ya hay una cordada de dos que han comenzado
nuestra intención. Dos navarros sin prisa. Y por la forma de
escalar que veo en el primero, me viene un pequeño stress que
debo eliminar. Hablo con el que asegura desde abajo y me
dice que no tienen prisa. Le comento que nos gustaría pasar
delante porque, a tenor de como escala su compañero, nos van a
tener siempre detrás, empujando; ante lo que no demuestra mucho
interés. Sí le preocupan, en cambio, las piedras que puedan
caer desde arriba. Así, en un inquieto ir y venir, escucho que
el de arriba grita "reunión". Me doy cuenta entonces,
que se ha quedado en la reunión que corresponde a la vía
"Tararí que te ví". Así que digo: esta es la
nuestra. Doy prisa a Carlos Roy para que se prepare a subir
detrás del segundo de los navarros, y cuando éste llegue a la
reunión que ha motado su compañero, siga hasta la verdadera
reunión de la vía del Adamelo. Se lo hago saber al navarro y
le convenzo de que será lo mejor, que no se preocupe por las
piedras, que de caer alguna, siempre tienden a buscar los
canalizos, y que, además, les invitaremos a una cerveza cuando
abajo nos veamos en el bar. Al final, parece que lo que más ha
valido es la cerveza; nos dejarán pasar. Ya
son más de la 9, con temperatura un tanto fresca, casi
excelente para nuestra actividad. Sube Carlos unos metros por
debajo del segundo navarro mientras le voy indicando algunas
cosas que recuerdo de mi experiencia en la vía. Y antes de que
los navarros se preparen para su segundo largo, Carlos ya ha
llegado a nuestra primera reunión. Me preparo y subo con
rapidez, escalando con más ganas de no hacer perder el tiempo
que de disfrutar del largo. Paso al lado de los comprensivos y
les agradezco el detalle. Llego a la reunión y allí está
Carlos sonriente. Primer trago de agua con Tang, todavía helada
de haberla tenido toda la noche en el congelador. L2
(5c): Tomo la delantera para superar el más corto de los
largos de la vía, pero también el más difícil. Una primera
panza, la "del Cansado", se supera sin dificultad. La
segunda, en cambio, la "panza del Pijo", la acometo y
busco presas; estoy un poco dubitativo, no recuerdo cómo la
hice la vez anterior; no alcanzo a las presas buenas que veo al
fondo (de pequeño tenía que haber comido más yogures y
colacao); me estoy fatigando sin decidirme a subir. ¡¡Que
cojones!!, ¡cógeme Carlos!, voy a descansar!. Estudio un poco
la situación, me decido y arriba; pero ¡uff!, me he cansado.
No sé como sería el paso antaño, cuando estaba el bolo que
dio nombre a la panza, pero ahora me parece un 5c bastante duro.
Aviso a Carlos que estoy en la reunión y se prepara para subir;
todavía no han llegado los navarros a su altura. Enseguida
llega Carlos que ha pasado las panzas sin aparentes problemas. |
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L3
(4c): Le indico a Carlos, que se dispone a salir, que
llegará a una reunión con dos anillas justo debajo de una
imponente panza, y que bajo ella hay un seguro con un pequeño
cordino, muestra de haberse usado para bajar después de
complicarse su superación: ¡Esa no es la reunión de esta
vía!; para alcanzarla, hay que flanquear a la izquierda y
descubrir las dos argollas amarillas de gran tamaño. Toda la
vía, hasta el collado, está equipada con estas argollas, a las
que apenas les queda de su pintura amarilla inicial. Carlos
grita reunión y recupera la cuerda. Mientras, debajo de mí
escucho los lamentos y gemidos de uno de los navarros que se
encuentra en la primera panza, la del Cansado.
Cuando
Carlos me indica, subo con la cabeza programada para ahorrar el
máximo de fuerzas, ya que nos queda mucha vía y el último
largo me ha puesto demasiado en tensión. Cuando llego a la
reunión, Carlos sonríe. Descubro que en la reunión, donde el
pasado otoño había dos tornillos y una sola argolla, vuelve a
haber dos. |
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L4
(5b): Nuevo trago de tang, pase de los útiles de reunión (gi-gi,
cinta y mosquetones), del peso de la botella y del de la
cámara. Acometo el largo que empieza por la tercera panza, la
del "Cabrón", que supero con decisión, sin
problemas. Y en adelante, la roca empieza a mostrarse un poco
descompuesta, aunque la facilidad de los pasos permite elegir
bien los puntos de apoyo. Reunión y vuelta a juntarnos.
Cambio de útiles y a seguir. Le toca a Carlos. A lo lejos
reconozco donde se sitúa la reunión según fotos que he podido
ver. |

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L5
(5a): Parece que se han terminado las complicaciones; ante
nosotros se presenta una ruta aparentemente fácil. Por fin nos
llega el sol. Pregunto a Carlos qué tal se siente el calorcito
a la espalda, que todavía no me ha llegado a mí, y contesta
con un buen agradecimiento.
Poco
a poco lo veo alejarse mientras se queja de que la pared está
muy descompuesta; además, sé que está preocupado porque en el
anterior largo, ha soltado una buena piedra que se ha ido hacia
abajo, a plomo, mientras gritaba un desesperado "¡¡PIEDRAA!!". |

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Al
final del largo es donde se encuentra la mayor dificultad,
precisamente donde la roca vuelve a ser más segura. Para llegar
hasta la reunión, Carlos ha tenido que rectificar un paso que
le llevaba por otra ruta. 5ª reunión, a la que me uno,
agradecido por el solecito a la espalda.
La
reunión, que obliga a mantenerse un tanto colgados sobre el
arnés, presenta a nuestra espalda un impresionante vacío, un
bonito patio. Y desde aquí podemos observar el desarrollo de
las muchas cordadas que atacan el mallo. |
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L6: Asciendo rápido, sin problemas a salvo del cuidado
que hay que seguir teniendo para no desprender los conglomerados
descompuestos. Es una zona bastante inclinada en la que sólo
trabajan los pies. Enseguida llego a la 6ª reunión y la grito
a Carlos para que se prepare. Llega entonces un escalador vasco,
Patxi, concluyendo aquí la vía "Doctor Infierno".
Conversamos mientras ambos aseguramos a nuestros segundos. Tras
él estoy viendo a una cordada de dos franceses que han llegado
a la última reunión de la vía "Chooper".
Pronto aparece Carlos y llega a nuestro emplazamiento. Saludos y
a prepararse nuevamente para el siguiente largo. La ascensión
del Espolón del Adamelo ya podemos darla por concluida. A
partir de aquí, se puede acceder, por la derecha, a la canal donde
están montados los rápeles hasta el suelo.
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L7
(4b): Carlos encabeza el primero de los dos largos,
fáciles, que nos llevarán al collado del Pisón. su itinerario
entra en la canal de la derecha, por encima de un pequeño
jardín suspendido. Se asciende un pequeño muro de unos 3
metros, que constituye el paso de 4b, y enseguida se llega a una
reunión de dos anillas pequeñas. Allí montó Carlos la 7ª
reunión. |
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L8
(II-III): Salgo de la reunión con la intención de llegar
hasta el mismo collado. Enseguida me doy cuenta de que Carlos ha
montado la reunión un poco más abajo de donde hubiera sido de
desear, porque he llegado al punto donde están las argollas
amarillas, en el que uno de los dos franceses asegura a su
segundo. Coloco allí un mosquetón y continúo por una canal
adosada al mallo Pisón, por tierra suelta y entre los
arbustos. |

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Aún
no he llegado arriba y ya me grita Carlos que se está acabando
la cuerda, así que tengo que decidir si hago la reunión en un
árbol, expuesto al aire frío que entra brusco por el collado,
o subo tres metros más para llegar a las argollas. Grito a
Carlos que haga lo que sea pero que me de tres metros más de
cuerda. Habíamos consumido los 55 m. que llevamos. |
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Collado:
Es mediodía; el tiempo parece que no ha variado, pero para
nosotros lo va a hacer de forma muy brusca. Y es que, hasta
aquí estábamos cubiertos por el mismo macizo, pero a partir de
ahora, expuestos a la zona norte, de donde viene el viento
moderado, y a rachas fuertes, vamos a tener que tomar las cosas
con más cuidado.
Aprovechamos
para comer un poco de fruta, una barrita energética y un poco
más de tang. Uno de los franceses acaba de llegar y se ancla a
nuestra misma reunión. Le ofrecemos un poco de fruta y la come
muy agradecido. Unas fotos, y a seguir. ¿Seguir?, en cuanto
asomamos la cabeza nos viene un aire frío que tira para atrás.
¡Nada, nada! palante!. Carlos muestra un poco de cansancio.
L9
(5b): Salgo buscando el primer seguro, ligeramente hacia la
izquierda del collado. Comienza la escalada al Torreón que nos
llevará a la cima. En una primera panza está, junto a un
seguro, un clavo rojo en forma de "P" que se agradece.
El paso no es muy complicado pero ¡ya que está!, se agarra y
adelante. Ya no puedo ver a Carlos El viento frío azota,
molesta. El largo sigue en diagonal hacia la izquierda, hasta
una amplia repisa donde están las argollas de la 9ª reunión.
Grito a Carlos pero no me oye. Y lo que yo le oigo es
irreconocible. Sólo cuando amaina un poco, puedo entender algo
de lo que dice. Cuando asomo un poco por la repisa para que
Carlos me oiga mejor, el viento me golpea en la cara y por entre
los agujeros del casco me zumba fuertemente. Por fin nos hemos
puesto de acuerdo y Carlos ya escala hacia mí. |
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L10
(5b): Carlos debe iniciar el siguiente largo. Le noto un
poco cansado. Hace mucho viento fuera, mientras que en la repisa
donde estamos nos mantenemos un poco abrigados. Le cuesta salir
pero al final se decide. Por la derecha, se encara en un
espolón-panza hasta alcanzar el primer seguro que consiste en
una sirga montada en puente de roca. unos pocos pasos más
bastante expuestos por el viento y enseguida llega a la repisa
donde, en teoría debería estar la reunión con las
argollas. Me grita que no encuentra la reunión; está
justo en la vertical mía. De acuerdo con la guía de Felipe Guinda,
allí debería estar la reunión. No nos podemos entender porque
el viento no afloja. Consigo oír que si sigue para adelante,
tiene que ser entre unas placas un tanto extraplomadas donde se
puede ver un clavo muy alto. -¡Nada de eso!, ¡busca en la
repisa, tiene que estar ahí. Noto que se aleja, voy dando
cuerda, pero, enseguida noto que la cuerda vuelve a bajar.
Pregunto que qué ocurre. Entre salir de mi repisa y gritar,
volver a entrar para resguardarme del viento, escuchar sonidos
que no entiendo, y escuchar algo de verdad, el tiempo se nos
está yendo de forma rápida. Nada. No encuentra la
reunión. Pregunto si me puede asegurar con algo para subir;
asiente y me dispongo a subir. ¡Jo! el viento, me
zarandea.
Cuando
llego a la repisa, compruebo que me ha asegurado con nuestra
cinta de reunión, unida a un cordino que hay dispuesto en un
puente de roca, y con un friend que ha colocado perfectamente
entre dos bolos. El cordino es la muestra inequívoca de que a
otros les ha pasado lo mismo que a nosotros. Recorro unos
cuantos metros de "La Cornisa Idílica", en la que nos
encontramos y, a la vuelta de una esquina en la misma aparecen
las ansiadas argollas. ¡Aquí están!. La guía de Felipe
Guinda tiene mal reseñada esta reunión y el recorrido del
tercer largo del torreón que lleva a la cima, sin duda alguna. |
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L11
(5c): Sin esperar más, salgo hacia la cima. Una primera
panza la supero sin problemas, en dinámico, comprobando que
sigo con muchas fuerzas. A la segunda, hay una "P" que
viene muy bien para superarse, aunque no sea necesaria. Y en
adelante, la pendiente remite de forma importante. Asciendo ya
andando en busca de una reunión aparente; y termino montándola
en una pequeña pero fuerte sabina, retorcida. De allí a la
cima en un minuto andando.
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Desde
lo alto, la vista es muy extensa, impresionante. Por
debajo vemos volar a los buitres. |

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Son
más de las dos de la tarde, y tenemos que bajar. Quizás ya
hayan llegado abajo nuestros compañeros del Puro (¿cómo les
habrá ido?), y estén esperándonos.
A
partir de aquí, y hasta el collado, hay dos rápeles que nos
harán perder mucho tiempo debido al viento, que se lleva la
cuerdas a "casa Dios", como dice Ricardo, y se
formaban unos chochos enrizados que paqué!. Y encima, como las
dos cuerdas que llevábamos son del mismo color, a la hora de
quitar los embrollos, colgado sobre el shunt, perdía hasta la
paciencia. ¡Qué viento! ¡qué chochos de cuerdas!. Y
además, cuando llegábamos a las argollas del segundo rápel,
nuestras cuerdas cruzaban a las de una cordada de franceses que
subían directos. Menudo panorama. Así que, nada, respira
hondo, paciencia, poco a poco conseguimos que las cuerdas
lleguen hasta el collado.
Desde
el collado, un rápel más (3º) nos deja en un jardín muy
espeso, muy bonito; donde las raíces luchan entre sí para
conseguir la poca tierra de la canal. Una vez he bajado toda la
cuerda, sigo bajando, andando, por una estrecha senda que gira
brusco a la izquierda, bordeando un espolón, hasta una sirga-pasamanos que lleva a otro
rápel. Pero oigo quejarse a Carlos porque la cuerda no baja. Se
ha empotrado, rizado o bloqueado, el caso es que no baja.
Escucho entonces a uno de los navarros que nos hablan, nos
han conocido. El que habla está en la penúltima reunión antes
del collado; el otro, está llegando al collado.
Y gracias a éste, se desbloquea nuestra cuerda y baja.
El
siguiente rápel (4º) nos deja en una canal de evacuación de
agua, ni los pies de gato se adhieren bien a esta roca tan
lavada. Y por medio de una sirga en la parte derecha bajando,
destrepamos una zona encajonada. Luego, cuando la sirga termina,
aparece otra en la parte izquierda, que termina en otro punto de
rápel. Este, (5º) con nuestros 55 metros de cuerdas, termina
justo en la terraza donde está el famoso rápel volado. Pero
vuelven los problemas: la cuerda bajaba, pero el nudo intermedio
se ha bloqueado entre dos rocas. Así que tengo que subir. Aquí
doy gracias al shunt porque gracias a él pude ascender y
descender seguro por la sirga, De vuelta abajo con las cuerdas,
grité o canté algo, con la intención de provocar la
contestación de nuestros compañeros del Puro, que podrían
estar abajo. Y efectivamente, allí estaban esperándonos;
Enrique y Ricardo; los demás ya habían partido para Zaragoza.
El
rápel volado (6º) impresiona bastante debido a la incapacidad
para controlar la orientación. Mientras se baja, se está a
merced de la propia cuerda, que gira sin que se pueda controlar.
Y el último (7º), el que nos permite saludar efusivamente a
nuestros compañeros.
Ha
sido un día muy bonito y emocionante. Son las cinco de la tarde
y llevamos las tripas preguntando
que ¡qué está pasando con la manduca!.
Donato
Molina,
Junio
de 2001.
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