Camino de nuestro objetivo, pronto por la mañana.   

 

 

 

Desayuno tempranero. Todavía no ha amanecido.

 

 

 

 

 

 

 

Ruta de ascenso, animada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Detalle animado de la 1ª cresta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más de un año hace ya que vengo mirando estas montañas a través de las fotos del libro III de Miguel Angulo. Se trata del macizo, enteramente francés, con la cima más alta, el Pic Log (3.192 m.), que iba a constituir el objetivo del segundo día en esta salida, inicialmente por la cara norte, pero las circunstancias que contaré, lo han relegado a seguir esperando.

 

Los Tres Consejeros (3.039 m) tiene una bonita cresta al este, por donde se accede practicando una escalada de mediana dificultad. Multitud de pasos de III, aéreos y mantenidos en más de 400 m de desnivel; unos 650 de longitud.

 

En cambio, la cresta sur al pico Neouvielle (3.091 m) es más pequeña, 165 metros de desnivel y unos 350 de longitud; pero más impresionante, algo más difícil (tiene un paso de IV-), igual de mantenida y más aérea que la anterior, con pasos a caballo por encima del vacío.

 

Y en definitiva, tanto mi compañero como yo, hemos salido encantados de tanta belleza y emoción ambiental.

 

Recién comidos salíamos de Calatayud el miércoles 12-9-01, (un día después de haber sido telespectadores del terrible atentado de Nueva York) camino de Francia, donde estrenaría mis nuevas botas que todavía tendría que comprar en el camino, en Zaragoza. El pasado 5 de agosto, en la visita al Taillón y los Gabietos, terminé con las anteriores.

 

Como siempre, la amenidad de la conversación por la afinidad de las inquietudes, nos hace muy llevadero el viaje, más placentero. Hasta la boca norte del túnel de Bielsa, ambos conocíamos el camino y distintas peculiaridades por otros viajes anteriores, pero más allá, ambos éramos unos profanos, literalmente extranjeros. Aunque, sin embargo, pocas cosas parecen cambiar; la carretera, antes de subida, ahora baja, los carteles han pasado al francés; en las laderas hay pastos verdes, ¡y en la carretera ovejas quietas aguantando la tarde!.

 

Antes de cruzar el pequeño pueblo de Aragnouet, la carretera baja un desnivel muy grande, con curvas muy cerradas. Y a la llegada del siguiente pueblo, Fabian, y antes de entrar, hay un desvío a la izquierda, con grandes carteles que indica la subida hacia los grandes lagos. Una bonita y espectacular carretera de montaña hasta los 2.160 m. del lago represado de Cap de Long. Un gran aparcamiento, evidencias de ser un lugar muy frecuentado, un pequeño restaurante y snack bar, ... ya no se ve el sol.

 

Nuestra intención de plantar una tienda al lado del aparcamiento, cambia por la suerte de un refugio libre a unos 200 m., antes de llegar al parking. Esto nos lo desveló un francés que está al frente del bar, tras una pequeña y enriquecedora conversación, en castellano (otra suerte para nosotros). El refugio, tan sólido como el granito, tiene literas con grandes colchones para unas 20 personas, una gran mesa  y bancos de madera. Un lujo.

 

Cuando estábamos cenando, llegaron dos montañeros con la misma intención. Otra suerte de compañía: dos montañeros de Aragón, Fernando Peralta, de Monzón y Agustín, de Fonz. Precisamente, yo pasé mis mejores años, de los 17 a los 30, en Monzón, donde aprendí a amar la montaña, y las artes y prácticas para vivir en ella. Fernando reavivó mi recuerdo y nostalgia sobre una ciudad que durante muchos años consideré mía. Su objetivo era escalar en granito, una pared de 250 m. en la cara oeste del Neouvielle, ¡equipada con parabolts!. También, dijeron, hay vías de 7º grado, y hasta de 8º. Entre las imágenes pueden verse, tanto a Fernando y Agustín desayunando con nosotros, como la pared en la que los encontramos a poco de comenzar la segunda de nuestras crestas.

 

Antes de dormir pude admirar un espectacular cielo estrellado. Sobre las dos de la mañana volví a contemplarlo, más precioso todavía, cuando me levanté a bloquear la ancha puerta metálica de la entrada, porque el viento la golpeaba y su ruido nos producía sobresaltos. Por la mañana, a las 6 cuando nos levantamos, el cielo era nítido, más bonito aún, con una tenue luna menguante entre millones de estrellas.

 

Desayunamos, despedimos a los paisanos, preparamos nuestra mochila y comenzamos el camino a las 7:49. Consideré que era mejor subir los crampones y el piolet porque los mapas indican que el Neouvielle mantiene su glaciar; y el francés nos comentó que por la tarde la nieve suele estar blanda, pero conviene llevarlos.

 

Cruzamos a la  margen izquierda por la presa y tomamos la senda, escarpada y a veces expuesta, que sube a las terrazas de Cap de Long. El sendero está balizado con algunas marcas de pintura y mojones, pero hay que andar con cuidado porque la frecuentación ha creado varios senderos, y algunos no tienen salida.

 

Una vez hemos ascendido algo más de cien metros, el sendero se dirige claramente al oeste, subiendo pero de forma más suave. Enseguida pasamos por debajo del collado que cruza a la vertiente de Aubert por el fácil paso del Gato, por donde suponemos nuestra vuelta. Hay un sendero muy marcado; pero nosotros seguimos por debajo, ascendiendo por las terrazas, junto a la muralla que forma la cresta des Laquettes al pico Ramougn. Y en dos horas justas, con marcha tranquila, llegamos a la base de la cresta Forbós (eso le entendí al francés), arista Este al pico Tres Consejeros.

 

Tomamos un poco de comida energética, preparamos los útiles de escalada y acometemos la entrada por el Norte, por una chimenea muy evidente. Hay un bloque empotrado en ella que se bordea bien (III), y en el mismo largo ya estamos en la arista propiamente dicha; a la que una cordada francesa también está accediendo por el Sur.

 

El siguiente largo, lo hacemos de forma simultánea las dos cordadas, cada una a lo nuestro, pero las cuerdas llegan a rozarse. Nuestra cuerda de 50 m. es más corta que la suya a la vista de donde han situado la reunión. Eso, y la sensación de que parecen llevar más prisa que nosotros, hace que relajemos un poco nuestra escalada durante un par de largos para permitir que se alejen por delante.

 

Los largos se suceden con rapidez uno tras otro, mientras contemplamos la estampa que forma la superficie del gran lago Cap de Long, cada vez más alejado. El itinerario de la arista no es único, sino que permite decidir continuamente entre bordear los gendarmes por la izquierda, por la derecha o franquearlos por el mismo filo; la decisión es fruto de la propia creatividad, de la propia búsqueda de dificultad, o simplemente de la simple decisión rápida de avanzar. Algún paso puede llegar a III sup., pero no más.

 

Encontramos un friend empotrado imposible de sacar. La roca es buenísima, granito muy seguro, aunque siempre haya rocas que apresar o pisar con reservas.

 

Llegamos a la cima en 15 largos (uno más o menos). Es mediodía, y el lugar perfecto para reponer fuerzas, hacer fotos y pensar en la siguiente entapa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bonita foto a Carlos con el Cap de Long a su espalda.

 

 

 

 

 

 

 

La cara oeste tiene un paredón de 250 metros. Los franceses lo han ¡¡equipado con parabolt!!. Hay vías de 6º, 7º y hasta 8º grado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vista  al este y al sur desde la cima de Los Tres Consejeros. Más grande ocupa 90 Kb

 

 

 

referencia visual animada de la 2ª cresta.

 

 

 

 

 

 

 

Desde la cima de Los Tres Consejeros, al oeste.

 

 

 

Neouvielle

 

La bajada desde la cima de Tres consejeros a la Brecha de Neouvielle es fácil; se hace ligeramente a la izquierda, por sendero pedregoso, un poco delicado en algunos tramos. A la izquierda (Oeste) nos sorprende la zona de los lagos de Maniportet, enclavados sobre una roca limpia, pulida por el hielo; y a un lado, la morrena sedimentaria bien peinada, que evidencia el estado glaciar de no hace muchos años.

 

En la brecha se observa sendero tanto hacia la derecha (Cap de Long) como hacia la izquierda (Maniportet - La Glère). Hemos visto dos cordadas progresar por la misma cresta que vamos a comenzar, una de ellas de los mismos franceses con los que compartimos terreno en un largo. 

 

Comenzamos la cresta de los Tres Consejeros al pico Neouvielle. La roca sigue siendo igual de segura. Enseguida entramos en un terreno espectacular. La parte derecha de la arista (Este) tiene un corte en vertical que le hace estar suspendida durante prácticamente todo el trayecto. A la izquierda también es espectacular, pero la sensación de vacío es menor.

 

La vía tiene una dificultad mantenida (III). Al llegar a la primera de las prominencias, las opciones de progreso se limitan a un paso prácticamente obligado, evidente y vertical (III+).

 

La segunda de las prominencias tiene el paso clave, un bonito diedro vertical (IV-), limpio y protegido con dos clavos. Según Miguel Angulo, este paso, puede evitarse por una vira a la derecha, muy estrecha, que hay justo en la base del diedro, el Buzón (es tan estrecho que, de haber seguido por allí, no habríamos podido pasar con la mochila a la espalda), por el que se sale a un muro muy impresionante (III+) donde hay una clavija. A partir de allí, la cresta suaviza su desnivel pero afila su perfil, y aparecen pasos en los que hay que mantener un buen equilibrio y hasta progresar con pasos a caballo del filo (impresionante y peligroso con mucho viento).

 

La tercera de las prominencias la constituye la antecima (la Proa); puede pasarse bien de frente por una chimenea (con bloque empotrado), vertical y de aspecto delicado, o bien contorneando por la derecha para superar unos bloques que llevan sin muchas dificultades (III-) a la antecima. De allí a la cima se llega enseguida por el filo de la cresta, último paso, horizontal y aéreo.

 

La cima tiene una panorámica excelente.

 

Desde arriba podemos comprobar que el peso de los crampones y de los piolets ha sido innecesario porque, el glaciar no existe, ha desaparecido, ¡se ha perdido para siempre!.

 

Recuperación de fuerzas, obligadas fotos y camino  de bajada por el norte. Empieza con unos destrepes delicados (II) en buena roca, hasta llegar a una senda pedregosa marcada con mojones. Pero enseguida la senda se difumina y se pierde y se encuentra con facilidad. Hay grandes rocas pulidas por el efecto del glaciar ahora inexistente. Apenas hemos bajado 150 m. de desnivel que la senda se pierde en un enorme canchal de grandes bloques de granito. Bajamos bastante lentos, a unos 9 m. por minuto según el ordenador de muñeca de Carlos; el terreno no es muy adecuado para sus problemas de rodilla, y yo he notado un dolor en otra mía fruto de una mala recepción en uno de los bloques. Vamos bien de tiempo de todos modos; a esta velocidad de bajada estaremos abajo en poco más de hora y media.

 

Torcemos a la derecha (Noreste) una vez pasada la base de la corta cresta norte del Neouvielle, a fin de colocarnos bajo la arista que sube al Ramougn (Crête de Barris d'Aubert) para cruzar a la vertiente de Cap de Long por el Paso del Gato. El cambio de dirección supone una travesía no siempre de bajada, larga y tortuosa, sobre el inacabable canchal, ahora perteneciente al glaciar de Ramougn. Esta cresta es larga, y por la altitud en que estamos empezamos a especular sobre la posibilidad de haber pasado el paso del Gato. Es nuestra primera visita a estas montañas y toda la cartografía la tenemos en nuestras cabezas después de haberla estudiado "detenidamente". Hay mojones que indican seguir, ahora de ligera subida, hasta donde creemos que será lo que buscamos.

 

Y efectivamente vamos bien, el paso es el correcto, pero todavía no el del Gato. El problema es que el sol ya se ha puesto, y hasta el famoso paso del Gato vemos una larga travesía ligeramente de subida. Hay una vertiente más con la que no había contado. El famoso paso no está sobre la "Crête de Barris d'Aubert", sino sobre la "Crête des Laquettes", que también sube al pico Ramougn. Empezamos a inquietarnos. Aligeramos la marcha todo lo que podemos y cuando llegamos a lo que se supone que es el paso del Gato, sudados y jadeantes, bebemos las últimas gotas de nuestras cantimploras; no hemos encontrado agua en toda la bajada.

 

La penumbra se está afianzando. Desde el collado en que estamos parte una senda marcada que baja entre gradas. A unos 300 m. más adelante vemos otro collado sobre el mismo lomo, por el que baja la senda en diagonal. Nos aparece la duda de seguir la senda en la que estamos, bien marcada, o acercarnos al siguiente collado. Ambas sendas bajan a Cap de Long, nuestro destino. Decidimos lo rápido, lo que tenemos allí mismo. Empezamos a bajar la senda, y poco a poco se hace más débil a la vez que exige de unos fáciles destrepes. ¡¡Es un camino sin salida!!. Hemos terminado en un precipicio, encima del tronco de un pino negro suspendido. Volver supone un tiempo muy importante; bajar, un rápel sin base definida, porque no podemos percibir bien la distancia al suelo. Preparamos arnés, cuerda, y bajamos hasta abajo en un solo rápel.

 

La oscuridad empieza a ser preocupante. ¡¡No llevamos linterna!!. Tan solo nos queda media hora de camino (en condiciones normales), pero es obligado avanzar lentamente. La senda está bien marcada pero el relieve no siempre se percibe bien, por lo que hemos de andar con mucho cuidado.

 

Nos estamos acercando a la parte final, la más difícil: primero porque aparecen varias sendas que confunden; segundo porque este tramo es el más complicado, y tercero y más importante, porque hemos entrado en la parte más frondosa, con pinos y arbustos que tapan totalmente la claridad de la senda, la poca penumbra que todavía desprende el cielo. No vemos el suelo.

 

Así,  entre pinos, decidimos quedarnos. Es una pena porque tan sólo nos quedan 100 m de desnivel, escasamente 300 de distancia hasta el parking, que vemos allí mismo, delante de nosotros, y las luces del bar y la de algún coche que sube o baja. Resuena el viento pero apenas lo sentimos entre los pinos; 12 grados centígrados, el cielo está estrellado.

 

Vestimos toda la ropa, comemos un poco y nos disponemos la mejor posición para ver las estrellas y dormir lo posible. Y al final, hemos tenido suficiente ropa de abrigo y suficiente paciencia para esperar el paso de la larga noche.

 

Cuando llega la primera claridad, comemos lo último que nos queda (un par de Huesitos y una docena de pasas de ciruela) y continuamos la marcha que debíamos haber terminado ayer, son las 7 de la mañana, y está empezando a caer una lluvia fina del cielo encapotado que habíamos notado poco antes de mover.

 

En apenas 15 minutos, estamos en la presa de Cap de Long, a 3 del coche. Allí nos abrazamos y decidimos pasar el día lo más tranquilo posible, en el coche tenemos todo lo necesario. No más actividades por hoy, además, el cielo está cubierto, y llueve. Nos vamos a Aragón.

 

Al llegar al túnel de Bielsa, todo sigue igual. Al entrar en el lado español, luce el sol y hay un cielo azul. Nos vamos a Añisclo, donde comeremos caliente, pasearemos por su camino, nos lavaremos en su agua y repondremos nuestro cuerpo y nuestra mente antes de partir nuevamente a nuestro origen, Calatayud.

 

Donato Molina

30-9-2001

 

Carlos Roy        

 

 

 

 

 

El estrecho paso del buzón (III+ exp.) puede evitarse por este precioso diedro de IV-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un paso a caballo, ya en la parte alta de la cresta. El patio es imponente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llegamos al muro final que da acceso a la cima.

 

 

 

 

 

Esplendida estampa hacia el sur y el oeste desde la cima del Neouvielle.

 

[ Diario | Historia | Cursillos | Sugerencias | Fotos | Enlaces | Teléfonos | Foro de discusión ]

[ Sumario | Nuestras escuelas | Juegos Escolares | Agenda | Senderismo | Más cosas | Correo ]