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Lagunas de Neila (Burgos), 12-1-2003

A las puertas del Parque de las Lagunas Altas.

 

 

Cuando llegamos al mirador, las esperanzas de hacer cima o escalar en hielo se nos estaban extinguiendo.

 

 

El frío era intenso, quizá 20 bajo cero.

 

 

Hacía años que no veía tanta nieve en los arboles.

 

 

De bajada, y casi en el collado, mejoraba el tiempo. Demasiado tarde.

 

 

Aunque la pendiente no era mucha, la nieve estaba perfecta, recién caída.

 

 

No había visitado nunca esta parte del Sistema Ibérico. El Pirineo siempre me ha ejercido demasiada atracción comparada con las posibilidades teóricas de esta tierra. En dos ocasiones llegué hasta la Sierra de Urbión, tan cercana a esta sorprendente sierra hermana, pero eso; ocurre que hablar de esta parte de la montaña siempre me ha parecido lejano, y hasta poco digno del viaje teniendo otras mayores alturas. ¡Qué gran error, caer en comparaciones tan heterogéneas!

 

Nuestra intención era doble: por una parte, Juanote y Enrique querían comenzar la temporada de hielo escalando en alguna de las cascadas, mientras que yo intentaría subir las tres cumbres que presiden el hermoso entorno de las lagunas, Laguna (2.006m), Campiña (2.049m) y Contadero (1.830m). 

 

Teníamos previsto volver pronto, antes de la hora de la merienda, o mejor a los postres de la comida; eso equivalía salir muy temprano, y a las 5:15 ya partíamos desde Calatayud camino de Soria (90 km.), continuando por la misma N234 hasta Navaleno (50 km. más). No sabíamos si ese iba a ser el mejor camino, pero al menos era el más corto y el que menos kilómetros tiene de carreteras secundarias.

 

Todavía era de noche cuando llegamos a Navaleno y nos pasamos de largo un par de kilómetros, lentos, buscando el cruce que nos debía llevar a Quintanar de la Sierra, nuestra principal referencia. Parada obligada, estudio del mapa y vuelta a Navaleno para tomar el cruce que marca a Canicosa de la Sierra, que por error no habíamos tenido en cuenta en el primer paso. 

 

Sólo nos quedaban 16 kilómetros a Canicosa y 5 más a Quintanar, pero se trataba de una carretera de montaña nevada desde el mismo Navaleno. Subíamos y subíamos sobre una carretera cada vez más blanca y emocionante, alargando la necesidad de poner las cadenas por lo desagradable y pérdida de tiempo que ello conlleva. Pero no tuvimos elección, porque si bien la subida nos permitió llegar arriba sin problemas, la bajada y sus curvas cerradas estaba poniéndonos en serios aprietos de seguridad. El coche derrapaba cuando, todavía muy oscuro, las luces de Canicosa brillaban muy abajo, lejos aún. 

 

Y aquí tuvimos nuestra mayor aventura del día, porque la falta de un simple tensor en una de las cadenas no permitía su ajustarse completo a la rueda. Nos amaneció abrazando las ruedas, relevándonos en las posiciones de cuerpo a tierra (sobre el hielo) tratando de acopar esa red metálica. El termómetro marcaba -10 grados. Acostumbrado hace años a ponerlas, nunca me había pasado semejante "comedia". Y todo para que en los escasos dos kilómetros en llegar al pueblo tuviéramos que quitarlas nuevamente; ¡con nuevas "comedias cuerpo a tierra!. Los dedos casi se me hielan, las orejas se me acartonan y el ánimo...,  se pierde por momentos cuando veo, con el día ya muy claro, que la sierra está cubierta por una espesa boina de nubes estáticas; y todavía nos queda llegar a Quintanar y subir el puerto del Collado. La carretera hacia Neila por el Collado está completamente nevada. Dudamos unos minutos en seguir hacia el Collado y finalmente nos arriesgamos cuando vemos una furgoneta subir con cuidado.

 

En el puerto, una docena de coches se ha dado cita con nosotros. Unos comentarios antes de salir nos dicen que las cascadas no están bien formadas porque han soltado demasiada agua del embalse. La niebla no nos alcanza pero no nos permite ver las cimas. Mis compañeros renuncian en gran medida a su objetivo dejando en el coche las cuerdas y los anclajes. Decidimos foquear hasta ver más arriba qué posibilidades se nos presentan.

 

Y aquí comienza un hermoso paseo por pendientes poco pronunciadas, por ancho camino o por ancho cortafuego, que van entrecruzándose en cada zig-zag del camino. El manto nivoso es espectacular, de calidad excelente, pero el frío es intenso; el bigote se me está cubriendo de pequeños mechones de témpano al quedarse helada la respiración que exhalo. 

 

Los árboles mantienen una cantidad de nieve en sus ramas que parece increíble. Observo algunos y veo que el tremendo peso que están aguantando les obliga a mantener las ramas muy caídas, humilladas. Algunos al borde del camino que no han soportado todo el peso, se han venido abajo y, todavía verdes, cortan buena parte del paso.

 

La llegada a las puertas del Parque Lagunas Altas bifurca el camino: a la derecha, el camino lleva a la Laguna de la Cascada, y a la izquierda nos lleva al mirador y al resto de lagunas. Prácticamente hemos renunciado a nuestro objetivo inicial, la niebla sigue sin dejarnos ver la parte alta. Nos cruzamos con alguno que ha decidido volverse ante el mal panorama. La Laguna de las Pardillas es un claro entre el bosque, un manto blanco. El mirador, a duras penas nos permite ver algo de claridad tras la oscura cortina de nubes. Mi cámel-back, que contiene litro y medio de tang, no puede pasarme el líquido que ya estoy necesitando porque el tubo de distribución está helado, debí haber cogido la cantimplora de aluminio. Por un momento comentamos entrar en el refugio que hay cerca del mirador, pero seguimos foqueando, subiendo las últimas suaves rampas antes de llegar a la parte más alta del camino. Una barrera, que pasamos por un lado, marca el inicio de un camino más estrecho y prácticamente llano que nos deja en un mirador protegido por una gruesa valla de maderos. Decidimos que aquello es nuestro final porque las nubes, ya más cerca de nosotros, siguen sin dejarnos ver las cimas; porque continuar el camino que llevan algunos montañeros supone descender altura en dirección desconocida; porque el sitio al que hemos llegado, está siendo azotado por un viento helador que, a duras penas me permite quitar las pieles de foca y comer un poco; porque es casi mediodía. Debemos salir pronto de ese hermoso -para la vista- infierno -para el tacto-.

 

La vuelta es bonita. La nieve profunda, en ocasiones nos frena por la falta de inclinación, pero otras veces nos permite disfrutar de largos trechos de bajada cómoda y divertida. Vamos adelantando sin esfuerzo a los que bajan andando, y cruzándonos con los que se aventuran en la subida. En la parte baja, el sol se ha venido imponiendo y nos muestra la nevada con toda su luminosidad, espectacular. Incluso se ha limpiado casi toda la carretera, quitándonos cualquier temor de tener que volver a colocar esas odiosas cadenas. Comenté a mis compañeros que podría forrarme con un invento para colocar las cadenas: podrían ir dentro de los tapacubos de las ruedas, y se colocarían automáticamente con sólo pulsar un botón desde el puesto del conductor. Lo difícil se plantea en cómo hacer que el mecanismo funcione :-))

 

A la vuelta, decidimos llegar hasta la carretera N234 por medio de la que va desde Quintanar de la Sierra hacia Duruelo de la Sierra, Covaleda, Salduero, Molinos del Duero y Abejar; en mucho menos tiempo que por el camino de la mañana. Y a las 15:30 horas en casa, cansados pero contentos a pesar de todo.

  

Salud para todos.

 

Panorámica desde el punto final. Enrique y Juan hace dos minutos que ya han comenzado la vuelta.           Mapa de la zona     

 

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