Imponente la estampa de nuestro objetivo, visto desde el Balcon de Pineta.

Enrique.- Enero de 1981, después de unas navidades familiares, continuo con mis estudios de Medicina en el frío invierno de Soria. Mi amigo e iniciador en la montaña, Juan Carlos me llama por teléfono. “ Enrique; ¿Hacemos la Norte del Perdido?, con confianza de pupilo le contesto: “si “  y quedamos en Zaragoza.

 

Hace 20 años el Pirineo estaba mas solitario y peor comunicado. Llegamos en autobús a Ainsa a las 3 de la tarde y comprobamos con desconsuelo que no existía ningún medio de transporte  al valle de Pineta. Nuestra juventud, madre de locuras, nos empuja a caminar toda la noche y la mañana siguiente para llegar al final del valle.

 

Todo esta nevado, delante de nosotros toda la subida al balcón de Pineta sin una sola huella. Nuestros ánimos ceden y comprobamos que este intento termina antes de empezar.

 

Durante estos años, con mas o menos intensidad siempre miraba las fotos de esta cara emblemática del Pirineo con intención de escalarla alguna vez......

 

Donato.- Una vez más, las obligaciones de casi todos los componentes de nuestro Club Montaña Ayud nos habían dejado solos a Enrique y a mí para esta nueva salida a la montaña. La ocasión, cumpliría los sueños de ambos, arrastrados desde hace años. Ya hace casi dos décadas en que, por distintos motivos tuve que renunciar a varios proyectos de ascensión de otros antiguos amigos. Y desde hace varios años, resuenan en mi cabeza los ecos de aquellas palabras que escribiera Patrice Bellefon  sobre La Cara Norte de Monte Perdido en su libro de "LOS PIRINEOS, las 100 mejores ascensiones y excursiones": "El itinerario -poco practicado- de la cara N escapa de lo vulgar: sólo es seguido por los que han trabajado pacientemente para llegar a ser montañeros completos.". 

 

Poco más de las diez de la mañana es la hora de salida desde Calatayud; esta vez en Citröen Xsara, con tiempo suficiente para completar nuestras necesidades en comercios de Zaragoza, y poder comer bien, con mesa y mantel, antes del comienzo de la ascensión que nos llevará ese mismo viernes 29, hasta el Balcón de Pineta. Enrique se proveería de unas nuevas y flamantes botas rígidas, y yo de un pantalón impermeable-transpirable. ¡Qué gran material se fabrica hoy, comparado con el de mis primeros años!.

 

Como es normal, tras un ameno viaje llegamos a nuestro destino inicial con ganas de empezar. El fondo del Valle de Pineta sobrecoge a la primera mirada ; sus desniveles de hasta 2.000 metros de una sorprendente verticalidad, y las innumerables cascadas que jalonan el circo, ahora en pleno deshielo, presentan una panorámica inigualable, de las que hacen a la vista un sentido maravilloso y dejan al sentimiento con la boca abierta.

Este fin de semana podría ser, buen tiempo y tres días para disfrutar de nuestra gran pasión. A las 17 horas de 29 de junio del 2001 dejamos el coche en el camping del valle de Pineta, cerca del límite del Parque Nacional de Ordesa y  Monte Perdido.

 

Tres horas y media después, yo con unas hermosa rozaduras en mis talones y Donato tras recuperar su jarrilla que había rodado por un nevero, llegamos al balcón de Pineta.

 

Mi vasito azul de plástico, compañero de excursiones desde hace más de un lustro, se soltó de su nudo en el momento en que estaba cruzando el último nevero que nos daba entrada al ansiado Balcón de Pineta. Un grito de angustia salió de mi garganta mientras sentía la despedida de algo querido. Por fortuna, sólo rodó una veintena de metros hasta parar en unas piedras. ¡Qué susto! -pensé que perdía los desayunos de los dos próximos días. A Enrique ya lo he perdido de vista, ha entrado en el Balcón y busca un buen sitio donde plantar la tienda. 

 

Cuando me reúno de nuevo con Enrique, cansado después de tres horas y media de subida, recuerdo la "hombrada"  que en agosto del 96 hicimos Carlos Aragües y yo, subiendo por el mismo sitio, también con mochila para dos días, pero siguiendo hasta la cima de ambos Astazus, visitando el refugio de Tucarroya y bajando después hasta el mismo punto de partida en Pineta debido a las dificultades del tiempo y del vivac. 15 horas que hoy no sería capaz de superar.

 

Mis últimos pasos muestran inquietud, por fin delante de mi la cara norte. No puedo apartar la vista de esa impresionante norte del Perdido, los seracs, el glaciar medio, el superior, la rimaya, las grietas, las pendientes de nieve, la cima... todo perfora mi retina.

 

Mi cerebro, unas veces cedazo y otras amplificador se centra en ver las dificultades. 

 

reseña de la ruta seguida

¿Como estará el corredor que da acceso al glaciar medio? ¡la rimaya esta muy abierta¡ ¡ la pendiente del glaciar superior parece fuerte¡ ¿Como será la roca de la canal de salida?.

 

La ruta es evidente pero dependerá de cómo encontremos los pasos claves. Después de colocar la tienda, recoger agua y cenar , nos metemos en el saco con la intención de levantarnos a las 5:30. La noche es corta pero se hace larga, mis dudas me bombardean y a todo se suman los crujidos del glaciar cuando escupe trozos de hielo.

 

La profundidad de mi sueño se rompe con el estruendo que llega desde los lejos al precipitarse el hielo de los seracs en glaciar intermedio. Todavía no ha sonado el despertador, pero ya es hora de ir preparándonos. Desayuno con mi jarrita azul, estreno de pantalones, dos seguros para hielo, cuatro para roca, bagas, cuerdas, casco y mucha ilusión nos ponen en camino. 

 

A las 6:10 abandonamos la tienda, el arnés colocado y los piolets en la mano. Ascendemos por el margen izquierdo de todo el material de deyección del glaciar. Al situarnos debajo de la barrera de seracs comprobamos que el corredor que sube al glaciar esta cubierto de nieve.  Cruzamos con rapidez el punto de mayor  exposición y subimos por un corredor de 150 metros y una pendiente media de 45-50º. Cerca del final y con los seracs a nuestra derecha oímos un crujido seguido de trozos de hielo que se canalizan por nuestro camino, afortunadamente podemos esquivar los de mayor tamaño.

 

Enrique cramponea unos metros por delante de mí, casi a salvo en el momento en que unos pequeños trozos de hielo se desgajan de un serac y bajan a gran velocidad por nuestra canal. Es un momento de tensión; estamos muy en precario dada la tremenda inclinación, sin asegurar y con absoluta imposibilidad de una salida rápida; mis temores se centran en lo que podría ser el principio de una deyección mayor. Por suerte, sólo ha sido un susto, polvo de hielo y unos trozos sueltos.

 

El glaciar medio nos devuelve la tranquilidad. La pendiente se suaviza y no tenemos ninguna exposición objetiva. Los crampones realizan su trabajo y el piolet nos garantiza seguridad. Hasta el momento hemos desestimado el uso de la cuerda.

 

Tras la superación del corredor,  primera de las mayores dificultades, es buen momento para reponer fuerzas; unas fotos y acometida visual antes de decidir el camino a seguir. Contemplamos entonces como, del glaciar superior, se desgaja un serac del tamaño de un pequeño coche y se precipita produciendo un gran estruendo. Estamos aproximadamente a 500 metros del sitio, y hasta allí pienso que tendremos que acercarnos para poder seguir ascendiendo. El itinerario clásico está cortado por la grieta que constituye la parte superior del glaciar intermedio, el más grande y espectacular. Esta rimaya, a lo lejos, se nos presenta excesivamente grande como para poder cruzarla. Todavía estoy disfrutando del descanso y las provisiones cuando Enrique ya va camino de explorar las posibilidades de paso.

 

Nos acercamos a  la Rimaya, consigo acceder al borde inferior y el franqueo es casi imposible. Esta muy abierta y supondría escalar un muro de hielo vertical. Retrocedemos y caminamos paralelos a la rimaya en dirección oeste. Encontramos un paso estrecho entre un muro de roca y unos seracs amenazantes. Nos decidimos, la pendiente llega a 55º y paso a paso recorremos el glaciar superior en dirección a la canal de salida.

 

En la canal, la nieve presenta solución de continuidad y en algunos tramos se ha convertido en un torrente de agua. Nos quitamos los crampones y empezamos a disfrutar de una escalada fácil ( II - IIIº ), no muy descompuesta y con buenos puntos de descanso.

 

 

Desde la arista somital. Una isla de roca muy vertical, entre tanto hielo, hace de punto de encuentro con la rimaya que no podemos cruzar (este), con los seracs del glaciar superior y con otra rimaya más pequeña (oeste). Para cruzar ésta, voy probando cada uno de los pasos antes de echar todo el peso del cuerpo. El hielo que recubre la grieta esta formado por infinidad de bolitas del tamaño de pequeñas canicas. Fuera del peligro de la grieta, entre la roca y los seracs, la pendiente es muy fuerte. Consideramos seguir sin atarnos a la cuenta, superando con atención cada uno de los pasos. Tenemos suerte de que la nieve está en muy buenas condiciones, ni muy dura ni muy blanda, lo cual nos permite ascender con bastante seguridad sin necesidad de trabajar mucho los pasos.  Y así, poco a poco, llegamos a la torre final, a la que accedemos por una canal estrecha.

 

 

En la parte superior, el corredor de nieve parece compacto y decido salir. Dos pasos y el tercero me supone una caída de dos metros, donde todo mi cuerpo siente una gran tensión. Consigo detenerme y volver a la seguridad de la roca. Con dificultad puedo disminuir mi frecuencia cardiaca mientras observo toda la cara norte a mis pies.

 

Unos metros más de escalada y salimos a la cresta que por un nevero fácil nos lleva a la cima (3355m), 900 metros de vía y 700 metros de desnivel.  

 

 

 

La ancha cresta a la cima, con un buen manto de nieve, tiene huellas procedentes del collado sureste de Monte Perdido, que da acceso al pico Sum de Ramond, son las primeras huellas que encontramos desde el Balcón. Allí, cinco minutos antes de la cima, encontramos a una pareja de franceses que han dormido en la cima y bajan al Balcón buscando una ruta fácil fuera de la transitada normal. 

Son las 9:50 , una gran clásica que merece un fuerte abrazo. Agua, fruta, fotos y el descenso por la vía normal.

 

Y cima. Un pequeño grupo nos da la bienvenida. La vista es impresionante, enorme, aun teniendo una buena calima que hace de filtro por debajo de los 2.700 ó 2.800 metros. Esta vez, a la obligada foto de cima añado una panorámica de los 360º.

 

La bajada a esta hora por la Escupidera, vía normal, nos cruza con grupos, más o menos numerosos, y más o menos separados que desfilan rumbo a la misma cima. Es curiosa, enorme, la diferencia de tráfico entre los picos "importantes" y los de "menor entidad". Mientras vamos bajando hacia el lago helado, cuello del Cilindro (3.100 m), aumenta mi ilusión por ascender el pico Cilindro, otra de mis cimas pendientes. Realmente no son más que 200 metros más de desnivel. Comento a Enrique la posibilidad pero no parece mostrar mucho interés. Empieza a hacer calor; quitamos ropa, sigo mostrando interés; Enrique se queja de las rozaduras que le han producido las nuevas botas. Y ya en el collado, nueva parada, reponemos agua de un pequeño reguero del deshielo y decidimos nuestro futuro inmediato, es mediodía de reloj, las 10 hora solar. 

 

Enrique se baja, hay varios grupos en su mismo camino; y yo decido subir, en solitario, abriendo huella sobre una nieve que recibe de lleno los rayos solares, pastosa, empinada, acumulando zuecos en mis crampones cada dos o tres pasos. La subida es lenta, sacrificada ante un sol de justicia que podría provocarme graves problemas en la piel si no fuera por el embadurne de crema solar que me he dado por la mañana.

 

En la cresta izquierda a la canal de subida, sobre las rocas, decido dejar la mochila hasta la bajada, a salvo de la botella de agua y la cámara de fotos que cuelgo del arnés, que todavía llevo puesto, sin utilizar. Y poco a poco supero la canal que me deja en un collado que accede, por medio de una chimenea de unos 15 metros a la cresta somital. La chimenea (II - III) está protegida por un cordino, nuevo, de 6 mm,  fijado a una gran roca por medio de dos anclajes químicos. A partir de aquí, la senda de subida hasta la cima se mezcla con algunas pequeñas trepadas (II - III) sin exposición, y algunos neveros poco  inclinados.

Con ruta de acceso, vía normal.

Y nueva cima, (3.325 metros) con panorámica muy parecida a la de su hermano mayor, que desde aquí observo en todo su esplendor, altivo, haciendo gala de una de las mayores rutas de peregrinación de todo el Pirineo. - ¡Ay Cilindro!; - Ni siquiera te perteneces, eres de Marboré, más pequeño que tú.  - ¡Qué solitaria estampa produce estar 30 metros más abajo de tu hermano, irónicamente "Perdido"!.

 

De bajada, en la cresta somital encontré a un viejo conocido, Lorenzo Ortas, reciente Premio Luis Garcés Bentué a los valores humanos en el deporte. Recordamos a antiguos compañeros y conocidos mutuos en el mundo montañero (Murciano, Arnaiz, Gracia, Galindo, Garcés, ..), y hasta busqué un poco en su vanidad reconociendo su extensa carrera en el deporte de montaña, pero choqué con su tremenda humildad, algo que merece un reconocimiento especial. Saludos, y buenos deseos para el futuro.

 

De vuelta a la nieve, vuelta a los crampones, vuelta a la mochila, vuelta al collado del Cilindro y vuelta a llenar la botella de agua en el mismo punto de hace hora y media; pero esta vez, el pequeño reguero del deshielo se ha convertido en un auténtico arroyo. Hace calor. De vuelta al Balcón de Pineta, camino por detrás de un grupo de una docena de catalanes, alegres y ruidosos. Me preguntan que qué he hecho. Junto a nosotros, también hay tres franceses que bajan encordados el glaciar intermedio. A la llegada al destrepe que salva la barrera rocosa y da acceso al Balcón, los primeros catalanes han montado una cuerda fija por la que empiezan a rapelar. Miro el destrepe y me parece muy expuesto descenderlo; el deshielo está evacuando por él un auténtico río. Para no tener que sacar la cuerda de mi mochila, lo cual llevaría consigo esperar a que rapelaran todos, y algunos todavía no se han puesto el arnés, les pido que me dejen bajar por su cuerda, a lo que acceden con mucho gusto. El rápel sólo son una docena de metros, pero hay que poner un poco de atención porque la recepción se hace en una rimaya, muy oscura, de un metro de anchura.

Click, y más grande (223 kb) y con nombre de los picos.

A las 15:30 estoy llegando de nuevo a nuestra casita. Allí está Enrique, contento y feliz. Una tranquila comida, una corta pero buena siesta, unos paseos por el Balcón de Pineta, unas charlas con otros montañeros que tienen intención de hacer nuestra misma ruta, las últimas fotos y ... cena y saco. La bajada hasta el fondo del valle la haremos mañana tranquilamente. 

 

Lo demás es disfrutar y compartir estos momentos desde la tranquilidad de la tienda de campaña o el sofá de casa.

 

 30-6-2001                   Enrique Recio                   Donato Molina    

 

                              Ver la ascensión de jun-2002               

 

 

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