Midi d'Ossau (2884m) por la Cara Norte y la Vira de l'Embarradere, 9/OCT/07
(Chavi Raventós y Donato Molina)

Visto y no visto, así ocurren muchas veces las cosas. Hace varios años que venía buscando un momento ideal para entrar en esta ruta. Tras ver las primeras nieves ya caídas el mes pasado, pensé que volvía la demora. Incluso me había planteado entrar en solitario -las reseñas no marcan más de III sup-, pero bastaba con creérmelo un poco para empezar a notar un cambio en mi respiración, por eso de haberla estudiado y conocer su envergadura.

 

Sin embargo, bastó una llamada de Chavi, dos minutos, y a preparar la mochila. Ropa de abrigo, allí hace frío; zapatillas de montaña, ni botas ni gatos; siete friends y siete cintas exprés entre los dos, alguna baga larga; casco, cuerda de 50m; comida y bebida de ataque ... y muchas ganas.

 

Es martes -una suerte, estar de fiesta- a las nueve menos diez cuando dejamos el coche en el aparcamiento de Aneu, casi desierto. Hemos salido de Zaragoza a las 6:30h, parando a tomar un café calentito en la cafetería de la E.S. de Formigal. El entorno ha amanecido con unas nubes juguetonas y pegadizas al pico. Estoy seguro de que viviremos en su juego del visto y no visto, del misterio y la claridad.

 

La subida, un tanto penosa, hasta el collado de Pombie se hace corta, y como siempre, la vista que allí nos espera satisface con creces el esfuerzo. Queda un corto paseo en ligero descenso hasta el entorno del refugio antes de continuar cruzando el impresionante río de rocas hacia el collado de Suzón, hoy cubierto y descubierto continuamente por un manto de nubes de quita y pon. 

 

Desde el collado de Suzón parten dos sendas principales, una hacia el Norte con varios destinos importantes y otra al Oeste hacia la vía normal del pico. Nosotros bajamos directos hacia lo que sería nuestro siguiente punto de referencia, la brecha superior de Moundels (2.245m), debiendo bajar y subir medio centenar de metros que, más tarde comprobaríamos que pueden evitarse, porque desde mitad del camino que por el Oeste lleva hacia la vía normal, parte una senda marcada que corta el circo y llega hasta la misma brecha sin necesidad de la pérdida de altura.

 

La bajada por senda llena de hierba alta y repleta de humedad, ha chipiado mis zapatillas, colándose el agua (¡cómo es!) a través de los calcetines hasta mis petetes calentitos. Un sentimiento que me incomoda; una queja íntima, una consecuencia.

 

Desde la brecha superior de Moundels ya vemos la de los Austriacos, nuestro siguiente punto de referencia, a una altura similar. Tendremos que bajar unos metros a tomar pie en la pedrera del Circo Sur de Moundels para cruzarlo y llegar al corredor de la izquierda que sube sin dificultad hasta la terraza donde comienza la escalada. La brecha de los Austriacos (el tajo en la roca) no se cruza y por tanto no debe tomarse su corredor, paralelo, a la derecha del correcto.

 

Desde aquí, siguiendo la dirección que traíamos, de Este a Oeste, podríamos bajar sin problema hacia el Circo Norte de Moundels, pero cambiamos de rumbo, hacia el Sur para adentrarnos en la aventura de la pared. Nuestro destino ahora es, la brecha del Gendarme, cuyo pitón, muy esbelto, ya podemos ver casi 300m más arriba, en diagonal derecha.

 

Así que, o bien se escala directa la placa con pocas presas, un poco más débil por la derecha (III) o bien unos metros a la izquierda por zona más fácil (II+) pero con una travesía expuesta antes de continuar por un corredor de roca pulida. Tanto en un caso como en otro, consiste en seguir el grueso espolón o nervadura hasta que nos deja en unas anchas terrazas. Continuamente iremos encontrando mojones, no demasiados, muy agradecidos. Una chimenea bastante larga aunque poco mantenida (II+) nos abre el paso al Circo Norte, ancho, con pasos sobre muy distintos escalones, a veces expuestos al Circo Norte de Moundels, unos 400 metros más abajo.

 

Al otro lado, otro espolón o nervadura corta nuestro paso, es precisamente el Espolón del Gendarme, por cuya brecha (2.510m) cruzamos escalando un muro, primero salpicado de montones de presas y fisuras y finalmente por un estrecho diedro con salida bastante vertical, con presas a placer (III)

 

Tras la espectacular brecha del Gendarme, el camino nos lleva a cruzar un empinado y ancho corredor de camino a la Espalda Norte, justo al otro lado. Lo más recomendable es subir paralelos al corredor para cruzarlo por arriba, evitando la exposición a la caída de piedras.

 

Continuamente se combina la escalada fácil y poco difícil con la progresión de pie en equilibrio; aunque algunas pequeñas zonas permiten andar por cortas sendas hechas de intuición y mojones. La escalada es divertida, casi siempre fácil de proteger cuando se necesita.

La llegada a la Espalda Norte -nueva gran terraza con vistas- divide las dos rutas, vamos a considerarlas normales, de la cara norte del Midi. Una de ellas, desde allí mismo, sin cruzar el espolón de la Espalda Norte, dirección Sureste, toma camino netamente hacia arriba buscando la brecha de los Dos Gendarmes, zona espectacular, impresionante desde abajo. La otra dirección es la nuestra, primero hacia el Suroeste y luego Sur, perdiendo un poco de altura por senda colgada y trozos delicados y expuestos (II+) mezcla de tierra y zonas herbosas con rocas de dudosa estabilidad. Poco trozo no obstante porque enseguida tomamos pie en la senda que cruza la Vira del Embarradere (centro de la pared Oeste de la Punta de Francia), teniendo a la vista la siguiente referencia: los pitones de la Fourche.

Aquí es donde las nubes, que siempre se han mantenido por debajo permitiendo auténticas panorámicas de altos vuelos, comienzan a mostrarse persistentes y pegajosas. La senda conduce irremediablemente al corredor que nos llevará hasta la Fourche. Este corredor es ancho y empinado, con pedrera inestable en el centro. Este corredor separa los pitones de la Fourche con la muralla del pico. Es frío, sombrío y húmedo. No encontramos neveros pero seguro que hace no muchos años la nieve se mantenía aquí todo el año.

La escalada la comportan dos resaltes en el corredor. En el primero se trata de un abombamiento de la pared del pico que se empotra contra el lado del pitón.  Se toma ligeramente a la derecha de la fisura que separa ambos lados (izquierda orográfica); fisura que puede servir para autoprotegerse con friend o fisurero. Hay un clavo en sitio adecuado. Son unos 40m (III+)

El segundo resalte del corredor es otro cantar. Sobre un suelo de pedrera inestable y bajo un gran extraplomo oscuro y lluvioso de goteras, hay que buscar la debilidad unos metros más abajo por la pared de la derecha (izquierda orográfica). Primero unas viras en diagonal a la derecha de la pared nos sitúan sin problemas en una reunión de dos clavos con mallón. El problema es cómo superar los siguientes pasos, verticales, con presas regulares, casi malas para las manos y casi nulas para los pies. La roca está llena de líquenes muy húmedos y resbaladizos. El tiempo se nos pasa haciendo probatinas sin resultados muy convincentes. Los pies de gato que ha transportado Chavi en la mochila ofrecen peor resultado que las zapatillas; como pisar sobre pared impregnada de grasa. Tras un estudio concienzudo sin poder subir un metro de la reunión, llegamos a la convicción de que, el paso se acercaría a V grado en el caso de estar seco; pero el problema es bastante peor debido a la viscosa humedad, que nos está dejando los dedos helados, sin tacto. Al final, haciendo un esfuerzo por superar el primer paso, vertical, con la ayuda del hombro del compañero, consigo chapar un clavo que salva mi equilibrio en A0. Un pequeño buzón donde me cabe toda la mano me permite dar el siguiente paso, que debe ser pronto porque está lleno de agua helada y estoy perdiendo el tacto; consiste en alargar un Camalot rojo hasta una oquedad hacia abajo que parece estar hecha para ese friend. Y menos mal, porque necesito seguir subiendo en A0 del friend, para conseguir salir de la verticalidad y, más importante, de la pista de patinaje. Diez metros más tumbados, con mejor roca, que sigue siendo húmeda aunque sin tantos líquenes patinosos y con posibilidad de autoproteger, nos dejan en el una terraza de la propia cresta. Ha sido un mal rato; una ratonera si te metes con el grado justo pensando encontrar un  III+.

El siguiente largo sigue la cresta pasando por la izquierda de dos pitones secundarios y una barandilla de roca sobre el abismo extraplomado del Pilar del Embarradere (II+), y bordeando a media altura el gran pitón, de bajada, hasta dar pie de nuevo en la pedrera del corredor encima del resalte sombrío, húmedo y extraplomado que tanto nos ha costado superar.

Hemos llegado a las pedreras de la Fourche, entre la niebla. Y sobre senda inestable llegamos hasta la base de las Placas Blancas. El largo lo comportan dos partes: primero una travesía que cruza de derecha a izquierda la placa blanca, con unos 40-45º de inclinación y lisa, (II+ expuesto - hay un clavo al comienzo y otro al final de la placa); la segunda parte del largo consiste en subir, de izquierda a derecha, una chimenea de roca un tanto dudosa pero sin exposición y grandes posibilidades de autoprotección (III+). Ese es el camino clásico, pero esta vez, Chavi me preguntó por la dirección que debía tomar tras pasar la placa blanca (¿izquierda a derecha, o derecha a izquierda?), pero yo entendí por la dirección hasta llegar a la chimenea, pensando que todavía no había llegado, y le contesté "-de derecha a izquierda"; entonces salió de la chimenea a la que yo pensé que no había llegado todavía y atacó la pared de la izquierda, más vertical y expuesta pero con roca un poco mejor,  y buenas posibilidades de autoproteger (IV-).

 

Así llegamos a lo alto de las Placas Blancas y la pared o chimenea siguiente, exponiéndonos de nuevo y por fin a la calidez del sol de otoño. La panorámica vuelve a ser espectacular. A partir de aquí, guardamos la cuerda y buscamos el camino,  de nuevo a zona sombría, pero ya conocido hacia la canal que sube por el Noroeste hacia la Punta de España. Algún mojón ayuda a no perderse. Pasos de II continuado y alguno de III. Sin cuerda, esta zona no admite distracciones.

 

Y la cima, ansiada, bonita, aérea, el Midi. Fotos, congratulaciones, ... qué pena no ser primeras horas de la mañana para poder disfrutar un par de horas de este mirador. El día es bueno, tal como nos lo predijo nuestro amigo Jorge.

 

En una hora más, destrepamos las tres chimeneas y ponemos pie en tierra. Y una hora más para llegar hasta el coche; a paso ligero y en ocasiones algo más.

 

En total desde y hasta el coche, 9h20minutos; desnivel, algo más de 1.400m.

 

Actividad de cinco estrellas, como diría mi amigo Jorge, para un día y una compañía especiales.  

 

Y pinchando aquí podrás ver alguna foto más

 

Donato Molina

Excelente reseña artística de Miguel Angulo

 

 

 

De este modo tan sugerente nos esperaba el pico.

 

 

Brecha superior de Moundels, adonde hay que llegar para adentrarnos en la cara norte.

 

 

Tras Chavi, el collado de Suzón entre nubes.

 

 

Mirada atrás. Brecha superior de Moundels, desde las cercanías de la de los Austriacos.

 

 

Brecha de los Austriacos, desde la superior de Moundels.

 

 

Chimenea de camino hacia el Circo Norte y la brecha del Gendarme.

 

 

Ultimos metros a la brecha del Gendarme.

 

 

Brecha del Gendarme y cielo, desde arriba.

 

 

Las nubes cambian el panorama en cuestión de segundos.

 

La pared por la que discurre el largo más difícil y complicado no puede verse desde esta foto; está oculta por el mismo espolón que sube al pitón.

 

Piton de la Fourche (parece una pero son varias puntas seguidas, en cresta)

 

 

Tras la placa blanca, escalando la pared siguiente.

 

 

El largo de las Placas Blancas y la chimenea o pared siguientes nos sacan de nuevo al sol.

 

 

 

 

Esta flecha (algunos ven una cruz) marca el camino de la tercera chimenea (primera bajando) de la vía normal.

Acabo de leer la crónica de Donato en cmayud y este me anima a escribir unas líneas sobre la jornada vivida y a que corrija o amplíe su historia.

No tengo nada que cambiar de su historia, cada uno la sentimos de forma distinta aunque los hechos sean los mismos.

Allá voy con la mía...

Leo el Lunes al salir del trabajo la previsión del tiempo de Jorge y .... mierda dan malo para el Miércoles... el Miércoles lo tengo libre y andaba buscando alguien para ir al monte y si no pensaba ir en solitario. Solo pinta bueno el Martes...

Camino de casa pruebo suerte con un par de amigos por si suena la flauta. Gonzalo Vicente no coge el teléfono, llamo a Donato, llevamos todo el año probando y por una cosa u otra no hemos podido coincidir más que una salida a los Organos de Montoro.

Suenan los tonos del teléfono y al poco oigo al otro lado la entrañable voz de Donato. Con poca convicción le digo, “¿no tendrás libre el Miércoles por la mañana para escaparnos a Morata? Su respuesta me sorprende “tengo libre toda la semana estoy de fiesta”

Le comento la previsión de Jorge, para mí y otros muchos no es una previsión es la confirmación del tiempo, la experiencia me ha demostrado que siguiendo sus partes siempre esquivo el mal tiempo.

Donato puede mañana Martes y me animo a intentar cancelar un par de reuniones de trabajo y coger fiesta el Martes en lugar del Miércoles. Tres llamadas y asunto arreglado mañana salimos.

Encontramos rápidamente un objetivo común, la vira del Embarradere es una superclásica de baja dificultad que nos hará disfrutar si el tiempo lo permite.

Al día siguiente recojo a Donato y ponemos rumbo al Midi.

He de decir que durante el viaje de ida y vuelta aprendo mucho de astrología aunque también he de reconocer que la mitad de las veces voy asintiendo con la cabeza sin enterarme de sus explicaciones, mientras Donato no para de cascar, es una máquina. Me recuerda a mi compañero habitual de cordada Antonio que también es un cascarín. El viaje con Donato es entretenido.

No digo nada pero mis sensaciones no son las mejores, me siento cansado, noto la cabeza cargada, llevo muchas semanas duras de trabajo y el cuerpo se resiente.

Comenzamos a andar, el día no acaba de definirse por un lado hay zonas de niebla y humedad, a veces sopla un viento bien fresquito y en alguna zona más protegida y que pega el sol se pasa hasta calorcito.

Veo a Donato animoso es un gusto en un día regular cuando uno va de camino a la nevera húmeda de la cara Norte del Midi llevar compañeros animosos sobre todo cuando uno no se siente del todo bien.

Caminamos a buen ritmo, sin carreras pero sin pausa hasta el pie de vía.

El inicio de la vira no se presenta evidente. La roca está fría y húmeda y me muevo con cierta inseguridad. Donato se mueve mejor y al llegar a una zona fácil pero expuesta donde un patinazo se puede pagar caro decide sacar la cuerda. No presento ninguna objeción. Tengo las manos frías, la roca está húmeda, me siento torpe...

El paso resulta muy fácil pero la decisión es sabia. Seguimos avanzando por terreno más noble a ensamble poniendo algún seguro intermedio. Sigo sintiéndome torpe, en lugar de seguir el ritmo de Donato pretendo subir más rápido pero entonces he de recoger cuerda y con lazadas en las manos progreso peor y entonces suelto la cuerda, a continuación se engancha la cuerda sobrante en cada saliente... bueno lo habitual que pasa si no progresas ordenadamente en ensamble.

Al cabo de un rato me espabilo, cojo el ritmo adecuado y comenzamos a avanzar con fluidez. Cuando se le acaba el material tomo la cabeza de la cordada y cambiamos los papeles, al menos es más agradable avanzar en cabeza ya que la cuerda no es un estorbo.

La niebla se abre y se cierra y el entorno resulta salvaje y austero, a ratos seguimos senda y a veces aparece algún mojón. Llevo un rato subiendo a gusto y relajado lo esperable para una vía de III+.

Nos acercamos a la Fourche. Nos metemos en un corredor empinado donde se aprecian dos resaltes que no parecen fáciles.

El primero le toca a Donato, tal vez sea IV grado pero también podría ser III+, la altísima humedad y el frío pueden influir en mis apreciaciones, pero en definitiva se sube bastante bien.

Monta reunión y llego hasta él. Tengo encima el segundo resalte a primera vista más que húmedo chorrea agua y parece bastante tieso y no se ve ni un seguro, no parece III, son mucho más, no mola.

Tomo una vira hacia la derecha para evitar esa zona, un pasito y llego a una repisa y me topo con una reunión con dos clavos y un maillón en uno de ellos.

Decido mover la reunión y le digo a Donato que venga. Lo que sigue parece claramente más de IV grado. Me pongo los gatos y empiezo a probar. Las presas resultan ser romas, las manos se me hielan y los pies resbalan a cada paso. Hago un leve intento con poca fe. Lo comento con Donato, no lo veo...

El me contesta que le deje probar. Mi orgullo se resiste debería ser capaz... pero me siento torpe, los pies resbalan, las manos no cogen nada que considere suficiente y le cedo el extremo caliente de la cuerda.

Allá vá Do, va más decidido que yo y en el arranque toma una postura difícil. Tengo la sensación que en cualquier momento va a resbalar y a caer. Meto el hombro para que sienta un apoyo aunque prácticamente no descarga peso sobre él y con una mano trato de sujetar la zapatilla clave por si resbala, aunque si lo hace dudo que tenga suficiente fuerza para aguantarle.

Le pone fe y consigue alcanzar un clavo unos metros más arriba, acera de él y con esfuerzo bloqueando de una mano coloca el camalot del 1 algo más arriba vuelve a acerar de él y supera la zona clave. El resto del largo es más amable y resbala menos aunque las manos están heladas. Bien Donato.

Cuando subo de segundo con los gatos pego tres o cuatro buenos resbalones en los metros iniciales, voy fatal...

Después patina menos y ya escalo mejor.

El resto de la vía transcurre sin mas trascendencia. Me toca el largo de las lajas bancas que está seco y con zapatillas subo bien y recuperando algo de la confianza perdida en el largo patinoso.

Después nos desencordamos y subimos con rapidez hasta la cima. Nos envuelven jirones de nubes y por fin termina abriendo y nos permite disfrutar del Midi solitario y otoñal, todo para nosotros.

Bajamos sin prisa pero sin pausa, sigo aprendiendo de astrología, tendré que enterarme de mi hora de nacimiento para tener datos más precisos sobre el Escorpio que llevo dentro.

Una bonita actividad, con un buen compañero, hoy no me he sentido fuerte, sin embargo he disfrutado de la montaña.

No se puede despreciar la dificultad, ni minusvalorar una vía por ser AD, hace tres días luchaba con el sexto y el quinto grado en otra pared, no importa el grado, sexto, quinto, cuarto, tercero, todo cuesta y la vira del Embarradere me lo volvió a recordar, pensaba ir en solitario, ahora no lo recomendaría...

Chavi Raventós

 

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