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Visto y no visto,
así ocurren muchas veces las cosas. Hace varios años que
venía buscando un momento ideal para entrar en esta ruta.
Tras ver las primeras nieves ya caídas el mes pasado, pensé que volvía la
demora. Incluso me había planteado entrar en solitario -las
reseñas no marcan más de III sup-, pero bastaba con
creérmelo un poco para empezar a notar un cambio en mi
respiración, por eso de haberla estudiado y conocer su
envergadura.
Sin embargo,
bastó una llamada de Chavi, dos minutos, y a preparar la
mochila. Ropa de abrigo,
allí hace frío; zapatillas de montaña, ni botas ni gatos;
siete friends y siete cintas exprés entre los dos, alguna
baga larga; casco, cuerda de 50m; comida y bebida de ataque
... y muchas ganas.
Es martes -una suerte, estar de fiesta- a las nueve
menos diez cuando dejamos el coche en el
aparcamiento de Aneu, casi desierto. Hemos salido de
Zaragoza a las 6:30h, parando a tomar un café
calentito en la cafetería de la E.S. de Formigal. El entorno ha
amanecido con unas nubes juguetonas y pegadizas al
pico. Estoy seguro de que viviremos en su juego del
visto y no visto, del misterio y la claridad.
La subida, un tanto penosa, hasta el collado de
Pombie se hace corta, y como siempre, la vista que
allí nos espera satisface con creces el esfuerzo.
Queda un corto paseo en ligero descenso hasta el
entorno del refugio antes de continuar cruzando el
impresionante río de rocas hacia el collado de
Suzón, hoy cubierto y descubierto continuamente por
un manto de nubes de quita y pon.
Desde el collado de Suzón parten dos sendas
principales, una hacia el Norte con varios destinos
importantes y otra al Oeste hacia la vía normal del
pico. Nosotros bajamos directos hacia lo que sería
nuestro siguiente punto de referencia, la brecha
superior de Moundels (2.245m), debiendo bajar y
subir medio centenar de metros que, más tarde
comprobaríamos que pueden evitarse, porque desde
mitad del camino que por el Oeste lleva hacia la vía
normal, parte una senda marcada que corta el circo y
llega hasta la misma brecha sin necesidad de la
pérdida de altura.
La bajada por senda llena de hierba alta y repleta
de humedad, ha chipiado mis zapatillas, colándose el
agua (¡cómo es!) a través de los calcetines hasta
mis petetes calentitos. Un sentimiento que me
incomoda; una queja íntima, una consecuencia.
Desde la brecha superior de Moundels ya vemos la de los
Austriacos, nuestro siguiente punto de referencia, a una
altura similar. Tendremos que bajar unos metros a tomar pie
en la pedrera del Circo Sur de Moundels para cruzarlo y
llegar al corredor de la izquierda que sube sin dificultad
hasta la terraza donde comienza la escalada. La brecha de
los Austriacos (el tajo en la roca) no se cruza y por tanto
no debe tomarse su corredor, paralelo, a la derecha del
correcto.
Desde aquí, siguiendo la dirección que traíamos, de Este a
Oeste, podríamos bajar sin problema hacia el Circo Norte de
Moundels, pero cambiamos de rumbo, hacia el Sur para
adentrarnos en la aventura de la pared. Nuestro destino
ahora es, la brecha del Gendarme, cuyo pitón, muy esbelto,
ya podemos ver casi 300m más arriba, en diagonal derecha.
Así que, o bien se escala directa la placa con pocas
presas, un poco más débil por la derecha (III) o
bien unos metros a la izquierda por zona más fácil
(II+) pero con una travesía expuesta antes de
continuar por un corredor de roca pulida. Tanto en
un caso como en otro, consiste en seguir el grueso
espolón o nervadura hasta que nos deja en unas
anchas terrazas. Continuamente iremos encontrando
mojones, no demasiados, muy agradecidos. Una
chimenea bastante larga aunque poco mantenida (II+)
nos abre el paso al Circo Norte, ancho, con pasos
sobre muy distintos escalones, a veces expuestos al
Circo Norte de Moundels, unos 400 metros más abajo.
Al otro lado, otro espolón o nervadura corta nuestro
paso, es precisamente el Espolón del Gendarme, por
cuya brecha (2.510m) cruzamos escalando un muro,
primero salpicado de montones de presas y fisuras y
finalmente por un estrecho diedro con salida
bastante vertical, con presas a placer (III)
Tras la
espectacular brecha del Gendarme, el camino nos lleva a cruzar un
empinado y ancho corredor de camino a la Espalda Norte, justo al
otro lado. Lo más recomendable es subir paralelos al corredor para
cruzarlo por arriba, evitando la exposición a la caída de piedras.
Continuamente se combina la escalada fácil y poco
difícil con la progresión de pie en equilibrio;
aunque algunas pequeñas zonas permiten andar por
cortas sendas hechas de intuición y mojones. La
escalada es divertida, casi siempre fácil de
proteger cuando se necesita. La llegada a la Espalda Norte
-nueva gran terraza con vistas- divide las dos
rutas, vamos a considerarlas normales, de la cara
norte del Midi. Una de ellas, desde allí mismo, sin
cruzar el espolón de la Espalda Norte, dirección
Sureste, toma camino netamente hacia arriba buscando
la brecha de los Dos Gendarmes, zona espectacular,
impresionante desde abajo. La otra dirección es la
nuestra, primero hacia el Suroeste y luego Sur,
perdiendo un poco de altura por senda colgada y
trozos delicados y expuestos (II+) mezcla de tierra
y zonas herbosas con rocas de dudosa estabilidad.
Poco trozo no obstante porque enseguida tomamos pie
en la senda que cruza la Vira del Embarradere
(centro de la pared Oeste de la Punta de Francia),
teniendo a la vista la siguiente referencia: los
pitones de la Fourche.
Aquí es donde las nubes, que siempre se han
mantenido por debajo permitiendo auténticas
panorámicas de altos vuelos, comienzan a mostrarse
persistentes y pegajosas. La senda conduce
irremediablemente al corredor que nos llevará hasta
la Fourche. Este corredor es ancho y empinado, con
pedrera inestable en el centro. Este corredor separa
los pitones de la Fourche con la muralla del pico.
Es frío, sombrío y húmedo. No encontramos neveros
pero seguro que hace no muchos años la nieve se
mantenía aquí todo el año.
La escalada la comportan dos resaltes en el
corredor. En el primero se trata de un abombamiento
de la pared del pico que se empotra contra el lado
del pitón. Se toma ligeramente a la derecha de
la fisura que separa ambos lados (izquierda
orográfica); fisura que puede servir para
autoprotegerse con friend o fisurero. Hay un clavo
en sitio adecuado. Son unos 40m (III+)
El segundo resalte del corredor
es otro cantar. Sobre un suelo de pedrera inestable
y bajo un gran extraplomo oscuro y lluvioso de
goteras, hay que buscar la debilidad unos metros más
abajo por la pared de la derecha (izquierda
orográfica). Primero unas viras en diagonal a la
derecha de la pared nos sitúan sin problemas en una
reunión de dos clavos con mallón. El problema es
cómo superar los siguientes pasos, verticales, con
presas regulares, casi malas para las manos y casi
nulas para los pies. La roca está llena de líquenes
muy húmedos y resbaladizos. El tiempo se nos pasa
haciendo probatinas sin resultados muy convincentes.
Los pies de gato que ha transportado Chavi en la
mochila ofrecen peor resultado que las zapatillas;
como pisar sobre pared impregnada de grasa. Tras un
estudio concienzudo sin poder subir un metro de la
reunión, llegamos a la convicción de que, el paso se
acercaría a V grado en el caso de estar seco; pero
el problema es bastante peor debido a la viscosa
humedad, que nos está dejando los dedos helados, sin
tacto. Al final, haciendo un esfuerzo por superar el
primer paso, vertical, con la ayuda del hombro del
compañero, consigo chapar un clavo que salva mi
equilibrio en A0. Un pequeño buzón donde me cabe
toda la mano me permite dar el siguiente paso, que
debe ser pronto porque está lleno de agua helada y
estoy perdiendo el tacto; consiste en alargar un
Camalot rojo hasta una oquedad hacia abajo que
parece estar hecha para ese friend. Y menos mal,
porque necesito seguir subiendo en A0 del friend,
para conseguir salir de la verticalidad y, más
importante, de la pista de patinaje. Diez metros más
tumbados, con mejor roca, que sigue siendo húmeda
aunque sin tantos líquenes patinosos y con
posibilidad de autoproteger, nos dejan en el una
terraza de la propia cresta. Ha sido un mal rato;
una ratonera si te metes con el grado justo pensando
encontrar un III+.
El siguiente largo sigue la
cresta pasando por la izquierda de dos pitones
secundarios y una barandilla de roca sobre el abismo
extraplomado del Pilar del Embarradere (II+), y
bordeando a media altura el gran pitón, de bajada,
hasta dar pie de nuevo en la pedrera del corredor
encima del resalte sombrío, húmedo y extraplomado que
tanto nos ha costado superar.
Hemos llegado a las pedreras de la Fourche, entre la
niebla. Y sobre senda inestable llegamos hasta la
base de las Placas Blancas. El largo lo comportan
dos partes: primero una travesía que cruza de
derecha a izquierda la placa blanca, con unos 40-45º
de inclinación y lisa, (II+ expuesto - hay un clavo
al comienzo y otro al final de la placa); la segunda
parte del largo consiste en subir, de izquierda a
derecha, una chimenea de roca un tanto dudosa pero
sin exposición y grandes posibilidades de
autoprotección (III+). Ese es el camino clásico,
pero esta vez, Chavi me preguntó por la dirección
que debía tomar tras pasar la placa blanca
(¿izquierda a derecha, o derecha a izquierda?), pero
yo entendí por la dirección hasta llegar a la
chimenea, pensando que todavía no había llegado, y
le contesté "-de derecha a izquierda"; entonces
salió de la chimenea a la que yo pensé que no había
llegado todavía y
atacó la pared de la izquierda, más vertical y
expuesta pero con
roca un poco mejor, y buenas posibilidades de autoproteger (IV-).
Así llegamos a lo alto de las Placas Blancas y la
pared o chimenea siguiente, exponiéndonos de nuevo y
por fin a la calidez del sol de otoño. La panorámica
vuelve a ser espectacular. A partir de aquí,
guardamos la cuerda y buscamos el camino, de
nuevo a zona sombría, pero ya conocido hacia la
canal que sube por el Noroeste hacia la Punta de
España. Algún mojón ayuda a no perderse. Pasos de II
continuado y alguno de III. Sin cuerda, esta zona no
admite distracciones.
Y la cima, ansiada, bonita, aérea, el Midi. Fotos,
congratulaciones, ... qué pena no ser primeras horas
de la mañana para poder disfrutar un par de horas de
este mirador. El día es bueno, tal como nos lo
predijo nuestro amigo Jorge.
En una hora más, destrepamos las tres chimeneas y
ponemos pie en tierra. Y una hora más para llegar
hasta el coche; a paso ligero y en ocasiones algo
más.
En total desde y hasta el coche, 9h20minutos;
desnivel, algo más de 1.400m.
Actividad de
cinco estrellas, como diría mi amigo Jorge, para un día y una
compañía especiales.
Y pinchando aquí
podrás ver alguna foto más
Donato Molina
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Acabo de leer la crónica
de Donato en cmayud y este me anima a escribir unas líneas sobre la
jornada vivida y a que corrija o amplíe su historia.
No tengo nada que cambiar de su historia, cada uno la sentimos de
forma distinta aunque los hechos sean los mismos.
Allá voy con la mía...
Leo el Lunes al salir del trabajo la previsión del tiempo de Jorge y
.... mierda dan malo para el Miércoles... el Miércoles lo tengo
libre y andaba buscando alguien para ir al monte y si no pensaba ir
en solitario. Solo pinta bueno el Martes...
Camino de casa pruebo suerte con un par de amigos por si suena la
flauta. Gonzalo Vicente no coge el teléfono, llamo a Donato,
llevamos todo el año probando y por una cosa u otra no hemos podido
coincidir más que una salida a los Organos de Montoro.
Suenan los tonos del teléfono y al poco oigo al otro lado la
entrañable voz de Donato. Con poca convicción le digo, “¿no tendrás
libre el Miércoles por la mañana para escaparnos a Morata? Su
respuesta me sorprende “tengo libre toda la semana estoy de fiesta”
Le comento la previsión de Jorge, para mí y otros muchos no es una
previsión es la confirmación del tiempo, la experiencia me ha
demostrado que siguiendo sus partes siempre esquivo el mal tiempo.
Donato puede mañana Martes y me animo a intentar cancelar un par de
reuniones de trabajo y coger fiesta el Martes en lugar del
Miércoles. Tres llamadas y asunto arreglado mañana salimos.
Encontramos rápidamente un objetivo común, la vira del Embarradere
es una superclásica de baja dificultad que nos hará disfrutar si el
tiempo lo permite.
Al día siguiente recojo a Donato y ponemos rumbo al Midi.
He de decir que durante el viaje de ida y vuelta aprendo mucho de
astrología aunque también he de reconocer que la mitad de las veces
voy asintiendo con la cabeza sin enterarme de sus explicaciones,
mientras Donato no para de cascar, es una máquina. Me recuerda a mi
compañero habitual de cordada Antonio que también es un cascarín. El
viaje con Donato es entretenido.
No digo nada pero mis sensaciones no son las mejores, me siento
cansado, noto la cabeza cargada, llevo muchas semanas duras de
trabajo y el cuerpo se resiente.
Comenzamos a andar, el día no acaba de definirse por un lado hay
zonas de niebla y humedad, a veces sopla un viento bien fresquito y
en alguna zona más protegida y que pega el sol se pasa hasta
calorcito.
Veo a Donato animoso es un gusto en un día regular cuando uno va de
camino a la nevera húmeda de la cara Norte del Midi llevar
compañeros animosos sobre todo cuando uno no se siente del todo
bien.
Caminamos a buen ritmo, sin carreras pero sin pausa hasta el pie de
vía.
El inicio de la vira no se presenta evidente. La roca está fría y
húmeda y me muevo con cierta inseguridad. Donato se mueve mejor y al
llegar a una zona fácil pero expuesta donde un patinazo se puede
pagar caro decide sacar la cuerda. No presento ninguna objeción.
Tengo las manos frías, la roca está húmeda, me siento torpe...
El paso resulta muy fácil pero la decisión es sabia. Seguimos
avanzando por terreno más noble a ensamble poniendo algún seguro
intermedio. Sigo sintiéndome torpe, en lugar de seguir el ritmo de
Donato pretendo subir más rápido pero entonces he de recoger cuerda
y con lazadas en las manos progreso peor y entonces suelto la
cuerda, a continuación se engancha la cuerda sobrante en cada
saliente... bueno lo habitual que pasa si no progresas ordenadamente
en ensamble.
Al cabo de un rato me espabilo, cojo el ritmo adecuado y comenzamos
a avanzar con fluidez. Cuando se le acaba el material tomo la cabeza
de la cordada y cambiamos los papeles, al menos es más agradable
avanzar en cabeza ya que la cuerda no es un estorbo.
La niebla se abre y se cierra y el entorno resulta salvaje y
austero, a ratos seguimos senda y a veces aparece algún mojón. Llevo
un rato subiendo a gusto y relajado lo esperable para una vía de
III+.
Nos acercamos a la Fourche. Nos metemos en un corredor empinado
donde se aprecian dos resaltes que no parecen fáciles.
El primero le toca a Donato, tal vez sea IV grado pero también
podría ser III+, la altísima humedad y el frío pueden influir en mis
apreciaciones, pero en definitiva se sube bastante bien.
Monta reunión y llego hasta él. Tengo encima el segundo resalte a
primera vista más que húmedo chorrea agua y parece bastante tieso y
no se ve ni un seguro, no parece III, son mucho más, no mola.
Tomo una vira hacia la derecha para evitar esa zona, un pasito y
llego a una repisa y me topo con una reunión con dos clavos y un
maillón en uno de ellos.
Decido mover la reunión y le digo a Donato que venga. Lo que sigue
parece claramente más de IV grado. Me pongo los gatos y empiezo a
probar. Las presas resultan ser romas, las manos se me hielan y los
pies resbalan a cada paso. Hago un leve intento con poca fe. Lo
comento con Donato, no lo veo...
El me contesta que le deje probar. Mi orgullo se resiste debería ser
capaz... pero me siento torpe, los pies resbalan, las manos no cogen
nada que considere suficiente y le cedo el extremo caliente de la
cuerda.
Allá vá Do, va más decidido que yo y en el arranque toma una postura
difícil. Tengo la sensación que en cualquier momento va a resbalar y
a caer. Meto el hombro para que sienta un apoyo aunque prácticamente
no descarga peso sobre él y con una mano trato de sujetar la
zapatilla clave por si resbala, aunque si lo hace dudo que tenga
suficiente fuerza para aguantarle.
Le pone fe y consigue alcanzar un clavo unos metros más arriba,
acera de él y con esfuerzo bloqueando de una mano coloca el camalot
del 1 algo más arriba vuelve a acerar de él y supera la zona clave.
El resto del largo es más amable y resbala menos aunque las manos
están heladas. Bien Donato.
Cuando subo de segundo con los gatos pego tres o cuatro buenos
resbalones en los metros iniciales, voy fatal...
Después patina menos y ya escalo mejor.
El resto de la vía transcurre sin mas trascendencia. Me toca el
largo de las lajas bancas que está seco y con zapatillas subo bien y
recuperando algo de la confianza perdida en el largo patinoso.
Después nos desencordamos y subimos con rapidez hasta la cima. Nos
envuelven jirones de nubes y por fin termina abriendo y nos permite
disfrutar del Midi solitario y otoñal, todo para nosotros.
Bajamos sin prisa pero sin pausa, sigo aprendiendo de astrología,
tendré que enterarme de mi hora de nacimiento para tener datos más
precisos sobre el Escorpio que llevo dentro.
Una bonita actividad, con un buen compañero, hoy no me he sentido
fuerte, sin embargo he disfrutado de la montaña.
No se puede despreciar la dificultad, ni minusvalorar una vía por
ser AD, hace tres días luchaba con el sexto y el quinto grado en
otra pared, no importa el grado, sexto, quinto, cuarto, tercero,
todo cuesta y la vira del Embarradere me lo volvió a recordar,
pensaba ir en solitario, ahora no lo recomendaría...
Chavi Raventós |