| El fin de semana anterior el tiempo nos impidió hacer actividad en el Pirineo. Éste parecía más propicio, aunque los modelos no podrían asegurarnos nada. Carlos Roy y C Ara decidimos arriesgarnos. El plan: subir a vivaquear en el Glaciar de la Llardana y ascender de madrugada por el corredor Jean Arlaud -un clásico del pirineismo- visitar la cima del coloso de la zona La Llardana o Posets y volver.
Cuál fue nuestra sorpresa cuando el sábado a las 4 de la tarde nos congregamos en la zona de aparcamiento del refugio de Biados 14 destalentados dispuestos a la misma "hazaña". Con la paciencia propia de estas aproximaciones, tomamos el camino de los 1.200 metros de desnivel que nos quedaban y tras superar el pinar del Clot, y unas terrazas herbosas, nos apareció la disfrutona pedrera con más de 400 m. de desnivel, en la que cada dos pasos das uno para abajo. Poco a poco conseguimos llegar al borde de la cubeta glaciar que podemos ver debajo. El fondo de nubes que iniciaban una tímida lluvia estaba dentro de lo previsto. |
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La noche fue confortable y la claridad temprana de estos dias
tan largos de luz, nos hizo presagiar que las previsiones
no se iban a cumplir y que este pirineo oriental aragonés
iba a estar pasado por agua. A las 6 nos levantamos, comimos
algo y nos pusimos los trastos. Iniciamos una penosa aproximación
a la base del corredor, abriendo huella en una nieve blanda
y mojada, que no daba ninguna seguridad al andar. Mientras
la lluvia que rebotaba en nuestros cascos iba aumentando.
La llegada al cono del corredor era desesperanzadora: a pesar
de que la rimaya estaba cubierta, la lluvia iba tirando piedrecillas
que bajaban como por un tobogan por el corredor. "Bueno,
ya que estamos aquí, y que el gore nos aisla bastante
bien de la lluvia, vamos a acercarnos al estrechamiento del
corredor", -auntentico inicio del mismo-. El tiempo pasaba
y la esperada mejoría no llegó. Mientras nuestras
miradas a lo alto del corredor se topaban con una niebla impenetrable
y con la bajada de restos de piedras. De vez en cuando se
oía el estruendo de la caida de piedras en el circo
del glaciar o en la lejanía. 

Muy a nuestro pesar, la prudencia nos encaminó a nuestro
vivac y tras recoger lo que allí había quedado,
iniciamos un descenso amenizado por una lluvia constante que
hizo que finalmente tuvieramos alguna dificultad en los neveros,
pedreras mojadas y para atravesar torrenteras que la tarde
anterior fueron fáciles de pasar. La llegada a las
granjas de Biadós, junto con los colegas que habían
pasado la noche y parte de la mañana en las tiendas,
nos confirmó que el gore aguanta unas seis horitas
de lluvia A partir de allí humedad por todos lados.
Además un viento en contra, nos ayudó a cambiarnos
de ropa y recoger en tiempo record.
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Como todo no iba a acabar con decepción, no más
allá de la de adaptarse una vez más a lo que
la montaña ofrece, acabamos en Plan comiendonos un
chuletón del valle. El viaje de vuelta es un cúmulo
de recuerdos y nuevos proyectos. Aún con todo la montaña
sigue teniendo su poder de atracción sobre nosotros.
Hasta pronto -tan pronto como podamos-
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Carlos Ara. 20.6.07 carlosara (arroba) cmayud.com
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Si, no salió como queriamos.
Al igual que en muchas ocasiones las cosas no son como queremos.
Pero lo importante salió de maravilla.
Conocí el valle de
Gistaín, sus reconditos paisajes, su soledad, aislado
de las gruas y de las grandes construccciones de otros valles.
Parece que este valle aun se aferra a vivir como antaño.
Pero poco a poco se irá abriendo al turismo. Espero
que éste no destruya este bello rincón.
También compartí
con
Carlos A. la ascensión, en ocasiones con penur ia
por la cantidad de piedras sueltas, el vivac, bien apretadicos,
el sabor amargo de la retirada gracias a la lluvia incesante
y la penuria de la bajada. Todo sumado se queda guardado en
la memoria de las experiencias que ojala algun día
pueda volver a repetir y terminar lo que nos quedó.
Subir el corredor Jean Arlaud.
El chuletón que nos
metimos entre pecho y espalda. Todo aderezado de buena conversación,
dolor de piernas, dolor por no haber terminado el corredor
y con el postre de vuelta a casa en coche que nunca hay que
quitarle importancia.
Carlos Roy 20070623 carlosroy(arroba)cmayud.com
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