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En Colomina nos echamos una cervecita que sienta de maravilla (Guti un Acuarius) y nos terminamos el pic-nic que nos prepararon en el Llong (bastante cutre, por cierto). Aunque habíamos planeado una reparadora siestecita al sol, nos tenemos que poner en marcha a las 3 y media, porque hay que llegar al Blanc antes de las 7 si no queremos perder la reserva.
La verdad es que la imagen de este refugio, que parece flotar en medio del ibón, es una de las más espectaculares de la travesía. Una pena que no nos pudiéramos detener demasiado a disfrutarla, porque se nos echaba el tiempo encima y no era cuestión de perder la cena. A las 7 menos diez entramos en el refugio y el encargado nos recibió con una sonrisa: “¿por los pelos, eh?”, que, a nosotros, no nos hizo ni puta gracia. Y es que nos puso a cenar sin dejarnos ni ducharnos siquiera. Menos mal que la cena fue abundante y suculenta, que si no…… Luego nos dimos una buena ducha de agua caliente (a 2 euros, claro) y dedicamos el resto del tiempo al noble arte de la tertulia y las batallitas montañeras.
2ª etapa: Refugio de Josep María Blanc – Refugio Ernest Mallafré – Refugio de Amitges.
Después de una horrorosa noche en compañía del tipo con los ronquidos más salvajes que yo haya oído nunca, nos ponemos en pie para afrontar la 2ª etapa. No es muy larga, 6,74 km. hasta Mallafré y 3,72 hasta Amitges, pero tiene mucho desnivel: 1500 m. de subida y 1000 de bajada.
Magnífico desayuno y
salimos pitando a eso de las 7:30. Para no tener que volver por
donde habíamos venido el día antes, buscamos una ruta
alternativa (en Blanc habíamos comprado un libro de la editorial
SUA con la descripción de las etapas clásicas, otras
alternativas y un mapa más decente que el que llevábamos, muy
recomendable para cualquiera que quiera hacer la travesía). Por
esta vía, mucho menos frecuentada (de hecho, no vimos a nadie en
toda la mañana) ascendimos al Pico de Monestero (2878 m.), al
que llegamos a las 9 y media de la mañana. Por cierto, otro día
espléndido, sin una nube en el cielo desde primera hora de la
mañana. ¡Una gozada! Bajamos por la otra vertiente y conectamos
con la vía normal en el collado de Monestero. Desde allí hasta
el refugio de Mallafré (al lado del famoso Estany de Sant
Maurici) teníamos una durísima bajada de más de 1000 metros de
desnivel sin un solo descanso. Y con todas las modalidades de
bajada: primero había una glera con piedrillas pequeñas, muy
inestables, por la que nos tiramos resbalando como si de un
nevero se tratase; luego un océano de bloques (digo océano
porque si a lo del día anterior lo llamé mar, esto era muchísimo
mayor); después una senda con gran desnivel y pasos
comprometidos que te obligaban a destrepar ayudándote de las
manos; y por último, una senda preciosa que transcurría entre
prados, bosques y torrentes hasta llegar a Mallafré (1890 m.). Y
es que, precisamente, esto es lo mejor de los carros de Fuego,
que cada día te permite disfrutar de entornos de media y alta
montaña.
En Mallafré repusimos fuerzas con un buen pic-nic, la cerveza de rigor y una mejor siesta. La vía normal hasta Amitges discurría toda ella por una pista forestal que no nos resultaba nada atractiva, así que decidimos complicarnos un poco la vida yendo por otro lado.
Además, esta nueva ruta nos llevaría al mirador del Estany de Sant Maurici, desde donde se podría divisar una hermosísima estampa del lago con los Encantats al fondo. Fue una buena idea, porque la senda era preciosa, pero menudo calor que pasamos, nos sudaban hasta los nudillos. Después de parar en el mirador y disfrutar de las vistas, continuamos hacia el Estany de las Obegues de Ratera (2225 m.) y de allí ya saltamos a la vía normal (aunque a costa de perder unos “dolorosos” metros de altura). La subida final al Refugio, por una pista forestal que ascendía en lazadas, nos dejó bien calentitos. Pero bueno, llegamos a Amitges (2370 m.) a las 6 de la tarde, con tiempo para relajarnos, darnos una buena ducha y acudir al comedor a dar cuenta de una gran cena a base de puré, lentejas, conejo y fruta. Reparadora al 100 %. Además compartimos mesa con un tipo que había hecho la travesía en la modalidad “Sky Runner”, esto es, los 9 refugios en menos de 24 horas. Él lo hizo en 19 horas, pero resulta que el récord está en menos de 11 horas. ¡Increíble!.
3ª etapa: Refugio de Amitges – Refugio de Saboredo – Refugio de Colomers.
Etapa de dificultad media, con 4,79 km. hasta Saboredo y 4,67 a Colomers. 720 m. de ascensión y 980 de descenso. Lo malo es que la previsión meteorológica nos anuncia la llegada de un frente que traerá lluvia y frío. Bueno, algún día tenía que ser. Sin embargo, el amanecer fue como los días anteriores, absolutamente despejado y soleado. A pesar de ello, nos fiamos del parte del tiempo, así que desayunamos y salimos pitando, que no queremos que nos pille el mal tiempo a mitad de camino. A las 8:30 ya estamos en el puerto de Ratera (2590 m.) y tres cuartos de hora después alcanzamos el pico del día, el Ratera, de 2862 metros. Increíble mirador del frente que se avecinaba desde el norte. El sol seguía sobre nuestras cabezas, pero por poco tiempo, porque un mar de nubes se nos echaba encima inexorablemente. Bajamos rapidito hasta donde dejamos las mochilas y almorzamos un poco. Craso error, porque en ese tiempo llegó la niebla y cuando quisimos coger la senda hacia Saboredo (había que dejar la GR-11 que llevaba directamente a Colomers) no encontramos la desviación. Decidimos seguir unos mojones que, según pensábamos, nos llevaban en la buena dirección, pero no había ni rastro de senda, y siendo esa la vía normal, cada vez estábamos más seguros de habernos equivocado. Menos mal que el error fue a medias. Esto es, no cogimos la senda buena en el sitio indicado, pero es verdad que los mojones nos llevaban por la buena dirección, ya que media hora después nos dimos de morros con la senda. ¡Menuda tranquilidad! A las 11:45 ya estábamos en Saboredo, minúsculo refugio en el que sellamos y descansamos un rato. En ese tiempo llegó un inglés a preguntarnos no sé qué historias. Al cabo de un rato pudimos entender que había salido de allí al punto de la mañana en dirección a Vaqueira y que 5 horas después se encontraba con que había llegado al mismo sitio de partida. Anda que no es jodida la niebla en la montaña, menuda putada le había jugado al pobre hombre. Entre el refugiero y nosotros le explicamos lo que pudimos y volvió al camino. No lo vimos más, lo que es buena señal, ¿no?
A las 12 y cuarto salimos y con mucho cuidado de no perder la senda caminamos ligeros para llegar antes de que empezasen a caer chuzos de punta. A las 2 de la tarde llegamos a Colomers (2130 m.) y apenas nos habíamos mojado. Nos queda una tarde de descanso y tertulia. Una pena que sea, precisamente, en el peor refugio de todo el pirineo. De hecho, creo que deberían quitarle los permisos, porque no es de recibo que a estas alturas, el WC sea un agujero sobre el Estany de Colomers y no haya ni un lavabo dentro del refugio. En fin, menos mal que nos dejaron un rinconcito para dormir nosotros tres muy majo y no tuvimos que aguantar ronquidos de nadie. A las 9:30 ya estábamos durmiendo, aunque sólo fuera por el aburrimiento. Y eso que habíamos jugado a los médicos “operando” un pedazo ampolla de Guti y también habíamos disfrutado de las aventuras de una pareja jovencilla a la que le había pasado lo mismo que al inglés. ¡Qué gente más maja se conoce en la montaña!
4ª etapa: Refugio de Colomers – Refugio de la Restanca - Refugio Ventosa y Calvell.
Cuando llegamos al Port de Caldes
(2560 m.) el día ya es espléndido y las vistas impresionantes. A
las 12:15 llegamos al Pico Montardó
Sin demasiado tiempo para descansar comimos algo y nos tiramos, ya todo en descenso, hacia el refugio de Ventosa y Calvell (2173 m.), al que llegamos a las 6 de la tarde, con tiempo para darnos una ducha helada (gratis, eso sí) y hacer unas fotos de la zona (la estampa del Estany Negre desde el refugio es otra de las mejores de toda la travesía). El Ventosa estaba muy bien, nos dieron de cenar de maravilla y pudimos disfrutar de una velada tertuliana de lo más agradable.
5ª etapa: Refugio de Ventosa y Calvell – Refugio de Estany Llong.
Madrugamos como nunca (a las 6:30), desayunamos de cine y partimos a las 7:15 hacia el Collado de Contraix (2745 m.), que, la verdad, desde lejos daba bastante miedo. Menos mal que está limpio de nieve. Todavía andamos con fuerzas, porque a pesar de lo vertical de la pared final del collado, alcanzamos su cima en poco más de dos horas. Lo malo viene justo a continuación. Tomás, faldeador donde los haya por no perder ni un metro de desnivel, nos mete por una rimaya que cada vez se estrecha más y amenaza con bloquearnos. Al final no nos queda más remedio que trepar por la roca hasta alcanzar el nevero y allí sacar la cuerda para asegurar el cruce de apenas 20 metros de nevero (y es que un resbalón nos ponía a hacer vuelo sin motor). En fin, pasado ese mal trago con una considerable pérdida de tiempo (pero ni un metro de desnivel, eso sí), emprendemos la ascensión al pico. Pero claro, la vía normal ya la habíamos perdido, así que Tomás nos llevó por la cresta, que estaba llena de bloques que hacían bastante penosa la ascensión (múltiples trepadillas). A las 11:30 llegamos arriba, mucho más tarde de lo previsto, pero bueno, alguna de las ascensiones se nos tenía que complicar, ¿no?.
La bajada, ya por la senda normal, la hicimos sin dificultad hasta la zona de bosque. Al final, abandonamos la senda para tratar de llegar al Llong sin perder una altura que luego tuviéramos que recuperar. Eso también nos complicó un poco la vida, pero mereció la pena, porque llegamos justo a la altura del refugio, sin perder ni tiempo ni altura. Eran las 14.30 cuando entrábamos en el Llong y cerrábamos el circuito. Las cervezas aún nos supieron mejor. Nos pusieron el último sello y nos dieron la camiseta conmemorativa del evento que sólo dan a los que completan la travesía. De ahí a la parada de taxi en la Plana de San Esperit, a Boí y a casa.
Pasado el tiempo he de decir que la experiencia fue magnífica y muy aconsejable para todo aquel que disfrute en la montaña. Eso sí, si yo la volviera a hacer, me compraría el libro que os mencioné al principio, me diseñaría las rutas al gusto, pasaría del forfait y reservaría directamente en cada refugio. Disfrutaréis lo mismo y os saldrá bastante más barato. Un saludo.
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