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CARROS DE FOC - TRAVESÍA DE LOS 9 REFUGIOS - julio 2005

 

            La “Carros de Foc” es una travesía por las comarcas del Pallars, Alta Ribagorza y Val d’Arán que permite conocer a fondo el parque nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici y sus aledaños. Aunque la travesía está dividida en 9 etapas, cada cual puede programársela como quiera, en función de su nivel y de la caña que quiera darse. Nosotros, por ejemplo, lo hicimos en 5 etapas (si no contamos el día de aproximación al primer refugio) y a cada una le añadíamos una ascensión a un pico. Lo único necesario para recibir la acreditación es haber pasado por los 9 refugios (te ponen un sello en cada uno de ellos).

 

            Pero bueno, el que quiera más información sobre los “Carros de Foc”, que se meta en la web www.pirineos3000.com y allí encontrará todo lo necesario. Yo ahora ya me pongo a contar cómo nos fue a nosotros. ¿Y quiénes somos nosotros? Pues Tomás, líder indiscutible del grupo por su exhaustivo conocimiento del pirineo y de la montaña en general, Guti y yo, que soy Juan Carlos. La idea parte de los dos primeros, cuando haciendo el circuito de los tres refugios (Estós, Ángel Orús y Biadós) se encontraron con unos catalanes que les hablaron de los “Carros” y les animaron a hacer la travesía. Yo me apunté en cuanto tuve la oportunidad y así, el día 1 de julio de 2005, después de un buen almuerzo a base de huevos fritos con jamón, nos pusimos en marcha en dirección a Boí. Allí contactamos con los taxis “oficiales” del parque nacional, que por un “módico” precio nos introdujeron en el Parque por una pista que ascendía a orillas del río San Nicolás. Después de superar el Estany de Llebreta nos dejó en la Plana de San Esperit, desde donde empezamos a caminar hacia el Refugio del Estany Llong, punto de partida de la travesía. Al cabo de una hora de cómoda marcha por paisajes de lo más bucólicos llegamos al refugio, en donde presentamos nuestros papeles (la inscripción y reserva de los refugios tuvimos que hacerla previamente por Internet) y nos dieron lo pactado: un mapilla que no valía para nada, el “forfait” para que nos pusieran los sellos de cada refugio y una gorra “Marmot”.

 

            Como al día siguiente íbamos a empezar la ruta por una vía alternativa que nos permitiera subir al Subenuix, se nos ocurrió preguntar al refugiero. Mala idea. Primero nos dijo que si sabíamos interpretar un mapa no necesitábamos indicaciones suyas (¿¿??) y luego nos dijo que el mapa de Tomás no valía ni para ir al baño del refugio (cierto que era un mapa con solera, de 1977, nada menos, pero no creo que desde entonces se hayan movido tanto los ibones y las montañas, ¿no?). Menos mal que Tomás se había traído un GPS nuevecito, sobre todo si hubiéramos sabido cómo funcionaba. No lo sé explicar muy bien, pero hubo algún problema de incompatibilidad entre las unidades de medida del plano del 77 y del GPS de este siglo, y claro, no nos sirvió para nada. En fin, que cenamos prontito y a las 21:30, sin una gota de sueño, ya estábamos en la cama, que el día siguiente era uno de los más duros de la travesía.

 

  

1ª etapa: Refugio del Estany Llong – Refugio de Colomina – Refugio de Josep María Blanc.

 

            Etapa larga para empezar. Según el libro de ruta teníamos 10,17 km hasta Colomers y 6,74 hasta Blanc. Y además dura, con 1200 m. de desnivel de ascenso y 700 de descenso. La queríamos hacer por una ruta alternativa (por el collado de los Gavatxos) para así poder subir al Pico Subenuix (2949 m.). De Colomina a Blanc iríamos por la vía normal.

 

            Desayuno a las 7 y salida media hora después. A pesar de los malos augurios (o quizás deseos) del refugiero, no tenemos problemas para encontrar el camino hacia el collado de los Gavatxos, en donde dejamos las mochilas para ascender al Subenuix.

 

El día es espléndido y nos permite disfrutar de los muchos ibones que nos íbamos encontrando (para el que le gusten los ibones, esta travesía es su paraíso particular). Llegamos arriba sin problemas, a eso de las 10 y media, y después de un rato de descanso nos volvimos al collado a por las mochilas. Fue entonces cuando metimos la pata por primera vez. Y es que según nuestro mapa antediluviano, teníamos que bajar hacia el Estany de Castieso, rodearlo por la derecha y conectar con la vía normal hacia Colomina. Aunque se veía un camino que lo rodeaba por la izquierda, nosotros decidimos seguir por la derecha, faldeando la montaña y evitando perder altura. Penosa decisión que nos metió en un pestosísimo mar de bloques por el que navegamos (y casi naufragamos) durante casi una hora. Al fin llegamos a la senda principal y encontramos un cartel que indicaba que faltaba hora y media hasta Colomina. Transcurrido ese tiempo   (y no íbamos despacio) encontramos otro cartel que indicaba que todavía faltaba media hora. Juramentos hasta en hebreo pero qué vamos a hacer. Seguimos andando y llegamos a Colomina (2415 m.) sobre las dos. Se nos ha hecho largísimo, probablemente por culpa de nuestra incursión en el mar de bloques.  

 

En Colomina nos echamos una cervecita que sienta de maravilla (Guti un Acuarius) y nos terminamos el pic-nic que nos prepararon en el Llong (bastante cutre, por cierto). Aunque habíamos planeado una reparadora siestecita al sol, nos tenemos que poner en marcha a las 3 y media, porque hay que llegar al Blanc antes de las 7 si no queremos perder la reserva.

  

El sol está en lo más alto y pega de lo lindo y es con esta compañía con la que debemos ascender el famoso Pas de l’Os (o Paso del Oso), que de tan empinado que es, le han excavado unas escaleritas en la piedra (una mariconada, por otra parte, que le quita gracia al asunto). Supongo que con nieve debe ser bastante más complicado, porque además está colgado sobre un ibón y si resbalas, terminas nadando con mochila, crampones….., nada deseable, no. Después del Paso seguimos ascendiendo hacia el Collado de Saburó (2665 m.) y desde allí todo bajada hasta el Estany Tort, en donde se encuentra el refugio de Josep María Blanc.

 

La verdad es que la imagen de este refugio, que parece flotar en medio del ibón, es una de las más espectaculares de la travesía. Una pena que no nos pudiéramos detener demasiado a disfrutarla, porque se nos echaba el tiempo encima y no era cuestión de perder la cena. A las 7 menos diez entramos en el refugio y el encargado nos recibió con una sonrisa: “¿por los pelos, eh?”, que, a nosotros, no nos hizo ni puta gracia. Y es que nos puso a cenar sin dejarnos ni ducharnos siquiera. Menos mal que la cena fue abundante y suculenta, que si no…… Luego nos dimos una buena ducha de agua caliente (a 2 euros, claro) y dedicamos el resto del tiempo al noble arte de la tertulia y las batallitas montañeras.

 

 

2ª etapa: Refugio de Josep María Blanc – Refugio Ernest Mallafré – Refugio de Amitges.

 

            Después de una horrorosa noche en compañía del tipo con los ronquidos más salvajes que yo haya oído nunca, nos ponemos en pie para afrontar la 2ª etapa. No es muy larga, 6,74 km. hasta Mallafré y 3,72 hasta Amitges, pero tiene mucho desnivel: 1500 m. de subida y 1000 de bajada.

 

            Magnífico desayuno y salimos pitando a eso de las 7:30. Para no tener que volver por donde habíamos venido el día antes, buscamos una ruta alternativa (en Blanc habíamos comprado un libro de la editorial SUA con la descripción de las etapas clásicas, otras alternativas y un mapa más decente que el que llevábamos, muy recomendable para cualquiera que quiera hacer la travesía). Por esta vía, mucho menos frecuentada (de hecho, no vimos a nadie en toda la mañana) ascendimos al Pico de Monestero (2878 m.), al que llegamos a las 9 y media de la mañana. Por cierto, otro día espléndido, sin una nube en el cielo desde primera hora de la mañana. ¡Una gozada! Bajamos por la otra vertiente y conectamos con la vía normal en el collado de Monestero. Desde allí hasta el refugio de Mallafré (al lado del famoso Estany de Sant Maurici) teníamos una durísima bajada de más de 1000 metros de desnivel sin un solo descanso. Y con todas las modalidades de bajada: primero había una glera con piedrillas pequeñas, muy inestables, por la que nos tiramos resbalando como si de un nevero se tratase; luego un océano de bloques (digo océano porque si a lo del día anterior lo llamé mar, esto era muchísimo mayor); después una senda con gran desnivel y pasos comprometidos que te obligaban a destrepar ayudándote de las manos; y por último, una senda preciosa que transcurría entre prados, bosques y torrentes hasta llegar a Mallafré (1890 m.). Y es que, precisamente, esto es lo mejor de los carros de Fuego, que cada día te permite disfrutar de entornos de  media y alta montaña.

 

            En Mallafré  repusimos fuerzas con un buen pic-nic, la cerveza de rigor y una mejor siesta. La vía normal hasta Amitges discurría toda ella por una pista forestal que no nos resultaba nada atractiva, así que decidimos complicarnos un poco la vida yendo por otro lado.

 

Además, esta nueva ruta nos llevaría al mirador del Estany de Sant Maurici, desde donde se podría divisar una hermosísima estampa del lago con los Encantats al fondo. Fue una buena idea, porque la senda era preciosa, pero menudo calor que pasamos, nos sudaban hasta los nudillos. Después de parar en el mirador y disfrutar de las vistas, continuamos hacia el Estany de las Obegues de Ratera (2225 m.) y de allí ya saltamos a la vía normal (aunque a costa de perder unos “dolorosos” metros de altura). La subida final al Refugio, por una pista forestal que ascendía en lazadas, nos dejó bien calentitos. Pero bueno, llegamos a Amitges (2370 m.) a las 6 de la tarde, con tiempo para relajarnos, darnos una buena ducha y acudir al comedor a dar cuenta de una gran cena a base de puré, lentejas, conejo y fruta. Reparadora al 100 %. Además compartimos mesa con un tipo que había hecho la travesía en la modalidad “Sky Runner”, esto es, los 9 refugios en menos de 24 horas. Él lo hizo en 19 horas, pero resulta que el récord está en menos de 11 horas. ¡Increíble!.

 

  

3ª etapa: Refugio de Amitges – Refugio de Saboredo – Refugio de Colomers.

 

            Etapa de dificultad media, con 4,79 km. hasta Saboredo y 4,67 a Colomers. 720 m. de ascensión y 980 de descenso. Lo malo es que la previsión meteorológica nos anuncia la llegada de un frente que traerá lluvia y frío. Bueno, algún día tenía que ser. Sin embargo, el amanecer fue como los días anteriores, absolutamente despejado y soleado. A pesar de ello, nos fiamos del parte del tiempo, así que desayunamos y salimos pitando, que no queremos que nos pille el mal tiempo a mitad de camino. A las 8:30 ya estamos en el puerto de Ratera (2590 m.) y tres cuartos de hora después alcanzamos el pico del día, el Ratera, de 2862 metros. Increíble mirador del frente que se avecinaba desde el norte. El sol seguía sobre nuestras cabezas, pero por poco tiempo, porque un mar de nubes se nos echaba encima inexorablemente. Bajamos rapidito hasta donde dejamos las mochilas y almorzamos un poco. Craso error, porque en ese tiempo llegó la niebla y cuando quisimos coger la senda hacia Saboredo (había que dejar la GR-11 que llevaba directamente a Colomers) no encontramos la desviación. Decidimos seguir unos mojones que, según pensábamos, nos llevaban en la buena dirección, pero no había ni rastro de senda, y siendo esa la vía normal, cada vez estábamos más seguros de habernos equivocado. Menos mal que el error fue a medias. Esto es, no cogimos la senda buena en el sitio indicado, pero es verdad que los mojones nos llevaban por la buena dirección, ya que media hora después nos dimos de morros con la senda.     ¡Menuda tranquilidad!

 

            A las 11:45 ya estábamos en Saboredo, minúsculo refugio en el que sellamos y descansamos un rato. En ese tiempo llegó un inglés a preguntarnos no sé qué historias. Al cabo de un rato pudimos entender que había salido de allí al punto de la mañana en dirección a Vaqueira y que 5 horas después se encontraba con que había llegado al mismo sitio de partida. Anda que no es jodida la niebla en la montaña, menuda putada le había jugado al pobre hombre. Entre el refugiero y nosotros le explicamos lo que pudimos y volvió al camino. No lo vimos más, lo que es buena señal, ¿no?

 

            A las 12 y cuarto salimos y con mucho cuidado de no perder la senda caminamos ligeros para llegar antes de que empezasen a caer chuzos de punta. A las 2 de la tarde llegamos a Colomers (2130 m.) y apenas nos habíamos mojado. Nos queda una tarde de descanso y tertulia. Una pena que sea, precisamente, en el peor refugio de todo el pirineo. De hecho, creo que deberían quitarle los permisos, porque no es de recibo que a estas alturas, el WC sea un agujero sobre el Estany de Colomers y no haya ni un lavabo dentro del refugio. En fin, menos mal que nos dejaron un rinconcito para dormir nosotros tres muy majo y no tuvimos que aguantar ronquidos de nadie. A las 9:30 ya estábamos durmiendo, aunque sólo fuera por el aburrimiento. Y eso que habíamos jugado a los médicos “operando” un pedazo ampolla de Guti y también habíamos disfrutado de las aventuras de una pareja jovencilla a la que le había pasado lo mismo que al inglés. ¡Qué gente más maja se conoce en la montaña!

 

  

4ª etapa: Refugio de Colomers – Refugio de la Restanca  - Refugio Ventosa y Calvell.

 

            Etapa dura. Menos mal que hemos recuperado bien. 8,07 km. hasta la Restanca y 5,97 a Ventosa. 1265 m. de subida y 1160 de bajada. Menudo tute. Parece que el mal tiempo ha pasado, pero amanece cubierto de niebla. Como está todo mojado decidimos remolonear un poco en la cama a la espera de que salga el sol. Salimos poco antes de las 9, cuando la niebla empieza a disiparse. Se adivina un día soleado que se confirma poco después, en cuanto ganamos altura y dejamos la niebla a nuestros pies.

 

Cuando llegamos al Port de Caldes (2560 m.) el día ya es espléndido y las vistas impresionantes. A las 12:15 llegamos al Pico Montardó (2833 m.) que, a mi parecer, nos ofreció las mejores panorámicas de toda la travesía. Después de tirar no sé cuantas fotos, emprendimos la bajada hacia el Coret de Oelhacrestada (2470 m.), en donde escondimos las mochilas. Y es que  teníamos que hacer, para completar el circuito de los 9 refugios, algo que, mientras escribo, me parece una auténtica estupidez: bajar más de 500 metros de desnivel para llegar a un refugio, el de la Restanca, sellar el Forfait y volver a subir los 500 metros hasta llegar al mismo punto. Estúpido, ¿no?, pues si lo haces justo cuando más pega el sol, ni te cuento. En fin, una hora para bajar y otra y pico para subir. Menos mal que íbamos sin peso.

            Sin demasiado tiempo para descansar comimos algo y nos tiramos, ya todo en descenso, hacia el refugio de Ventosa y Calvell (2173 m.), al que llegamos a las 6 de la tarde, con tiempo para darnos una ducha helada (gratis, eso sí) y hacer unas fotos de la zona (la estampa del Estany Negre desde el refugio es otra de las mejores de toda la travesía). El Ventosa estaba muy bien, nos dieron de cenar de maravilla y pudimos disfrutar de una velada tertuliana de lo más agradable.

 

  

5ª etapa: Refugio de Ventosa y Calvell – Refugio de Estany Llong.

 

            Para acabar nos dejamos la única etapa en la que no doblamos, porque ya por sí sola es bastante larga: 9,62 km. Además queremos subir al pico Contraix (2960 m.) el punto más alto de todo el recorrido, y eso nos supone ascender durante la etapa 835 m. y descender 1100.

 

 Madrugamos como nunca (a las 6:30), desayunamos de cine y partimos a las 7:15 hacia el Collado de Contraix (2745 m.), que, la verdad, desde lejos daba bastante miedo. Menos mal que está limpio de nieve. Todavía andamos con fuerzas, porque a pesar de lo vertical de la pared final del collado, alcanzamos su cima en poco más de dos horas. Lo malo viene justo a continuación. Tomás, faldeador donde los haya por no perder ni un metro de desnivel, nos mete por una rimaya que cada vez se estrecha más y amenaza con bloquearnos. Al final no nos queda más remedio que trepar por la roca hasta alcanzar el nevero y allí sacar la cuerda para asegurar el cruce de apenas 20 metros de nevero (y es que un resbalón nos ponía a hacer vuelo sin motor). En fin, pasado ese mal trago con una considerable pérdida de tiempo (pero ni un metro de desnivel, eso sí), emprendemos la ascensión al pico. Pero claro, la vía normal ya la habíamos perdido, así que Tomás nos llevó por la cresta, que estaba llena de bloques que hacían bastante penosa la ascensión (múltiples trepadillas). A las 11:30 llegamos arriba, mucho más tarde de lo previsto, pero bueno, alguna de las ascensiones se nos tenía que complicar, ¿no?.

 

            La bajada, ya por la senda normal, la hicimos sin dificultad hasta la zona de bosque. Al final, abandonamos la senda para tratar de llegar al Llong sin perder una altura que luego tuviéramos que recuperar. Eso también nos complicó un poco la vida, pero mereció la pena, porque llegamos justo a la altura del refugio, sin perder ni tiempo ni altura. Eran las 14.30 cuando entrábamos en el Llong y cerrábamos el circuito. Las cervezas aún nos supieron mejor. Nos pusieron el último sello y nos dieron la camiseta conmemorativa del evento que sólo dan a los que completan la travesía. De ahí a la parada de taxi en la Plana de San Esperit, a Boí y a casa.

 

            Pasado el tiempo he de decir que la experiencia fue magnífica y muy aconsejable para todo aquel que disfrute en la montaña. Eso sí, si yo la volviera a hacer, me compraría el libro que os mencioné al principio, me diseñaría las rutas al gusto, pasaría del forfait y reservaría directamente en cada refugio. Disfrutaréis lo mismo y os saldrá bastante más barato. Un saludo.