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Se
acercaba el finde, y con él unas esperadas vacaciones de
tres semanas completas. Mi móvil sonó para avisarme de la
entrada de un nuevo mensaje; era Alex proponiendo, esta vez
de forma más definitiva, la cresta de Los Murciélagos al
pico de Aspe; él también comenzaba unas vacaciones
familiares. Hablamos y consensuamos unas fechas para la
realización; era viernes y el sábado él tenía boda por la
tarde, por lo que el domingo, como el sábado, no eran
aconsejables; el lunes, según Jorge, la méteo iba a cambiar
con una importante bajada de temperatura, incluso nieve por
encima de 2.300m; así, el objetivo quedó marcado como máximo
para el jueves.
Pasó la boda y la tranquilidad
del domingo, y como predijo Jorge, el lunes trajo una bajada
de temperaturas que en Sabiñánigo supusieron un descenso de
más de 10 grados. Por la tarde fijamos el día D en el
miércoles, con idea de permitir la recuperación de la
temperatura y evitar las temidas nubes que se pegan a las
cimas a continuación de los frentes, principalmente a las de
influencia Atlántica (el Aspe lo es).
El martes, un grupo de cinco
personas, incluido el guía, convocadas por La Comarca del
Alto Gállego, recorrimos la bonita senda de Izarbe en el
valle de Caldearenas; sol radiante, 20 grados a 600m de
altura, ni una nube, ¡ni siquiera en las altas cimas! Un
lujo de día en el que aprender sobre la flora y la fauna del
valle.
Esa noche fue corta, aunque
desperté varias veces. El reloj sonó unos minutos antes de
las 6, y a las 7 recogí a Alex en Jaca para seguir hasta
Candanchú. Cuando salí de casa en Sabiñánigo, la sierra de
Tendeñera estaba cubierta por un espeso manto de nubes,
igual que la Partacua, y el Aspe no iba a ser menos; el
resto del cielo que podíamos ver era de un azul intenso,
insultante. Dudamos, pero la ilusión guardada desde años y
la madrugada ya cumplida nos llevó adelante; lo lógico sería
que este sol de julio limpiara todo el exceso de humedad que
tapaba nuestro objetivo, y con ese ídem comenzamos la
aproximación desde el gran parquin de Candanchú.
Antes de llegar a lo alto de
la Rinconada del Tobazo, la niebla ya nos había engullido la
visión y buena parte de las esperanzas. La hierba empapada
me había chipiado los pies. En las laderas de Peña Blanca,
las grandes máquinas siguen convirtiendo los prados verdes
en pistas de tierra. Sobre 2.200m, a la llegada de lo que
suponía la rampa final al Collado de Aísa, un espolón rocoso
me desorientó y, sin posibilidad de ver más allá de 20m, y
sin mapa (no quise cogerlo), los ánimos no podían ser
peores; concluimos que no valía la pena continuar; la roca
estaba mojada y el sol muy alto, aunque nosotros ni lo
veníamos ni podíamos situarlo en el cielo debido a la
espesura de la nube. Renunciamos. Hablamos con Jorge y nos
anunció un jueves, día siguiente, limpio. Para mí, segunda
renuncia a la vía en un año.
Hablamos de buscar una
alternativa a volver pronto a casa, pero quizá fuera mejor
intentarlo mañana dedicando el miércoles pleno a las
familias. Por la tarde volvimos a quedar para el intento
definitivo del jueves. La cita fue quince minutos más tarde
que el día anterior.
En el fondo, ambos esperábamos
algún motivo para renunciar antes incluso de salir de casa;
pero esta vez, el cielo estaba totalmente limpio, por tanto,
había que superar la pereza.
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En Candanchú, poco antes de
las 8 de la mañana, la atmósfera estaba seca, limpia y
prometedora; el Sol recién amanecido y la temperatura en
unos escuetos 6 grados, algo más frío de lo que hubiéramos
imaginado, pero sin problema alguno con un día tan seco y
limpio. Al final fue, simplemente perfecto. A las 15:30, de
vuelta abajo, Candanchú marcaba 18,5º con un sol abrasador.
Comenzamos la subida por una
de las pistas de la Rinconada sin dejarla hasta el collado
de conexión con Tobazo y la zona de Peña Blanca, donde la
retroexcavadora de ayer sigue arañando el prado para
convertirlo en campo labrado, sin apenas posibilidades de
sembrado en el futuro. La roca escondida bajo el prado lucha
contra el acero dentado de la máquina provocando un ruido
infernal que llegaremos a oír incluso cerca ya del Collado
de Aísa.
Por senda marcada, con el pico
ya a la vista, nos acercamos a la profunda depresión de
Tortiellas Baja, zona vertiginosa, que se sigue subiendo
cerca del cortado para entrar en Tortiellas Alta siguiendo
el mismo borde de la depresión durante unos 80 ó 100m de
largo, sobre repisas que pasamos longitudinalmente; algún
pequeño mojón y unas flechas blancas ayudan en esta
importante transición. El Aspe ya se presenta imponente, con
su cresta recortada. Una vez en el valle alto de Tortiellas,
unos mojones llevan hacia la cima del pico si decidimos
dejarlo a nuestra izquierda; pero nuestro camino es dejarlo
a la derecha y, por tanto, seguir los mojones que se dirigen
al Collado de Aísa, también a la vista; para ello cruzamos
el valle mediante un pequeño descenso primero, un llaneo por
terreno fuera de sendero después, y una larga y penosa
subida (neveros de Aspe) por canchal y pedrera finalmente.
Una hora y cincuenta minutos desde el coche para los casi
900m de desnivel. Y antes de continuar, de premio, unos
minutos de descanso y unas viandas elegidas al gusto.
Colocamos arnés con 9 cintas
express y otros tantos friends, tres fisureros, tres bagas,
una de ellas de gran tamaño, media docena de mosquetones de
seguridad, pies de gato, casco y una sola cuerda de 9mm x
55m –Vicente me había adelantado que “sobra material con una
sola cuerda” y realmente también sobran empotradores- y nos
acercamos al borde mismo del collado donde comenzar la
escalada.
Reunión 0.-
hay un clavo viejo con anilla bastante gruesa, donde
comienza el Largo 1.- Se asciende en diagonal un muro
bastante vertical, de derecha a izquierda a lo largo de unos
13 ó 15m ¡aparecen clavos continuamente! Viejos y no tan
viejos. IV muy bonito sobre caliza vieja segura y
adherente. Este largo se evita en la entrada original y en
algunas reseñas, mediante el rodeo, por la vertiente sur, de
un espolón de unos 120m de largo.
De la R1 (no hay nada)
a la R2 (dos viejos clavos) L2.- subimos
ensamble, cercanos a la arista, durante unos 80 ó 90m, donde
comienza la escalada de la primera y más estrecha aguja.
L3.-
La ruta es evidente, continúa
por dentro de una especie de diedro salteado de rocas de
dudosa seguridad que hay que ir tanteando antes de
traccionar. También aparece algún clavo que se utiliza con
gusto. Un metro antes de la misma cima de la aguja, R3
(una cinta con un mallón, abrazada muy justa a un
bloque, que conviene reforzar con algún friend). Largo muy
agradecido a pesar de la sensación de dudosidad de la roca,
45m, III+.
De la R3 se destrepan (II)
unos 5 ó 6m a la R3-bis (dos clavos) para comenzar el
que se supone el largo más exigente. L4.- 40/45m. Una
placa casi vertical de caliza excelente, marrón con manchas
de musgo blanco. Se encuentran clavos muy seguidos. Se
asciende recto los primeros metros sobre presas muy buenas
para los pies y no tan buenas para las manos por estar
ligeramente inclinadas; después, los clavos llevan la ruta
ligeramente a la derecha, hacia lo más evidente, una
depresión sobre la placa, de un metro de ancho más o menos y
de un paralelo perfecto; por donde se pierde verticalidad
aunque a la vez también seguridad de la roca. Esta zona hay
que autoprotegerla con algún friend pequeño. Dificultad del
largo: IV+ (tal como está de clavada, quizá le sobre
el +) La R4 también hay que montarla; sin problemas
para una baga larga y/o algún friend.
El L5 progresa por la
cresta, impresionante pero poco difícil (II). Sobre
un primer promontorio, cuando tan solo se han superado unos
20m de cuerda, conviene hacer la R5, a la vista de un
segundo promontorio de cresta, para evitar que la cuerda
pese demasiado y facilitar además que el asegurador controle
los pasos del primero.
El L6 es parecido al
anterior, aunque gana un poco en el panorama bajo los pies,
en la dificultad (II+), en la calidad de la roca y en
la longitud (unos 30m). La R6 la constituye un
tinglado de ocho o nueve cintas y cordinos alrededor de una
buena laja puntiaguda que sirve a la vez para el rápel
de unos 15m que hemos de hacer. Los primeros metros del
rápel dan la sensación de que pueda destreparse pero al
final no hay duda de su necesidad.
La brecha en la que hemos
quedado (R6-bis ancha y llana) separa en dos partes
muy definidas la ruta; por una parte la cresta que ya hemos
escalado, y por otra la pirámide terminal que vamos a
negociar.
El L7 comienza
superando un montículo (II) que impide ver la ruta a
seguir, pero superado éste, vemos que todo el largo puede
hacerse ensamble, 30/35m sobre roca segura mezclada con
ribetes herbosos, hasta donde la evidencia marca la R7,
bajo la muralla Este del pico, con cierta duda sobre la
continuación de la ruta correcta.
El L8 (35/40m) va
ascendiendo casi directo, ligeramente a la derecha,
superando zócalos de roca segura y adherente. El destino,
R8 (dos clavos) la base de una enorme placa lisa y más
que vertical un poco extraplomada, que evitaremos después
por la derecha. Algún clavo suelto –el panorama no exige
mucha protección- nos va indicando que llevamos la ruta
correcta. Dificultad
III+
El L9 (40-45m) asciende
netamente hacia la derecha, superando unos zócalos con
exposición sobre la pared Noreste del pico. La roca sigue
siendo muy buena y los clavos, agradecidos y abundantes. El
destino, R9 (puede montarse con una gran baga y/o
friends) a lo que la evidencia marca, una de las dos buenas
repisas sobre el espolón muy largo e inclinado que separa la
pared Noreste de la Norte. Dificultad IV, o casi.
Nuestro L10 comienza
desde la repisa más baja, sin salida evidente a la cara
Norte, superando por la izquierda el zócalo (III) que
nos separa de la repisa superior y nos adentra por la
derecha, horizontal, en la cara Norte del Pico. Esta repisa
es suficientemente ancha como para poder andar sin
dificultad alguna, y larga, como para cruzar todo el pico de
lado a lado. Una primera canal no parece muy aconsejable
debido al extraplomo que forma un gran bloque empotrado. La
siguiente canal, en cambio, muestra todas las posibilidades
para subir sin problemas, 30/35m, R10.
L11
y definitivo. Barajamos dos posibilidades: una es subir
directo por la canal, entre roca de buena calidad y bordes
herbosos (II según las reseñas, y poco difícil a la
vista, aunque con exposición); y otra es continuar la repisa
horizontal (unos 30m) hasta la última canal, la que separa
las dos cimas del pico y subir después directo (otros 50 ó
60m más) sin dificultad (I+) hasta la cima principal,
ensamble. Decidimos subir ensamble, colocando algún que otro
friend para guiar la cuerda en los 80 ó 90m de recorrido.
Y cima, 2.645m, bajo un sol de
justicia y un agradable aire fresquito, tras algo más de
cuatro horas de escalada que hemos degustado con verdadero
placer, y sin prisas. Un colega francés, de Urdós, cuarenta
y tantos, también se ha dado cita arriba, en solitario, y
toma el sol en minibañador; cuerpo atlético, piel bien
bronceada,… bonita e impresionante terraza su elección. El
teléfono tiene buena cobertura para hablar y enviar
mensajes.
La bajada por la vía normal
del Norte, salva la mayor inclinación al principio, cuando
las aguas de la vertiente todavía son francesas (al igual
que en el caso del Forau de Aigualluts, el suelo es español
pero las aguas son francesas ¡!), después, entrados en el
ancho barranco de Tortiellas que baja girando a la derecha
(Este) pronto divisamos la zona de transición donde
dejaremos Tortiellas, cuyas aguas bajan a Rioseta, y
entraremos en la zona de Peña Blanca por el mismo paso de la
subida. Y bajaremos por las pistas de la Rinconada dando un
repaso a las políticas nacionales, públicas y privadas. En
fin, necesitaremos algunas ascensiones más para ponernos de
acuerdo en cómo arreglar el mundo Alex y Donato. Candanchú,
poco más de las 16 horas del jueves, 12-7-07.
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