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En la pirámide final

 

Pico de Aspe por la cresta de Los Murciélagos, 12/julio/2007

Se acercaba el finde, y con él unas esperadas vacaciones de tres semanas completas. Mi móvil sonó para avisarme de la entrada de un nuevo mensaje; era Alex proponiendo, esta vez de forma más definitiva, la cresta de Los Murciélagos al pico de Aspe; él también comenzaba unas vacaciones familiares. Hablamos y consensuamos unas fechas para la realización; era viernes y el sábado él tenía boda por la tarde, por lo que el domingo, como el sábado, no eran aconsejables; el lunes, según Jorge, la méteo iba a cambiar con una importante bajada de temperatura, incluso nieve por encima de 2.300m; así, el objetivo quedó marcado como máximo para el jueves.

 

Pasó la boda y la tranquilidad del domingo, y como predijo Jorge, el lunes trajo una bajada de temperaturas que en Sabiñánigo supusieron un descenso de más de 10 grados. Por la tarde fijamos el día D en el miércoles, con idea de permitir la recuperación de la temperatura y evitar las temidas nubes que se pegan a las cimas a continuación de los frentes, principalmente a las de influencia Atlántica (el Aspe lo es).

 

El martes, un grupo de cinco personas, incluido el guía, convocadas por La Comarca del Alto Gállego, recorrimos la bonita senda de Izarbe en el valle de Caldearenas; sol radiante, 20 grados a 600m de altura, ni una nube, ¡ni siquiera en las altas cimas! Un lujo de día en el que aprender sobre la flora y la fauna del valle.

 

Esa noche fue corta, aunque desperté varias veces. El reloj sonó unos minutos antes de las 6, y a las 7 recogí a Alex en Jaca para seguir hasta Candanchú. Cuando salí de casa en Sabiñánigo, la sierra de Tendeñera estaba cubierta por un espeso manto de nubes, igual que la Partacua, y el Aspe no iba a ser menos; el resto del cielo que podíamos ver era de un azul intenso, insultante. Dudamos, pero la ilusión guardada desde años y la madrugada ya cumplida nos llevó adelante; lo lógico sería que este sol de julio limpiara todo el exceso de humedad que tapaba nuestro objetivo, y con ese ídem comenzamos la aproximación desde el gran parquin de Candanchú.

 

Antes de llegar a lo alto de la Rinconada del Tobazo, la niebla ya nos había engullido la visión y buena parte de las esperanzas. La hierba empapada me había chipiado los pies. En las laderas de Peña Blanca, las grandes máquinas siguen convirtiendo los prados verdes en pistas de tierra. Sobre 2.200m, a la llegada de lo que suponía la rampa final al Collado de Aísa, un espolón rocoso me desorientó y, sin posibilidad de ver más allá de 20m, y sin mapa (no quise cogerlo), los ánimos no podían ser peores; concluimos que no valía la pena continuar; la roca estaba mojada y el sol muy alto, aunque nosotros ni lo veníamos ni podíamos situarlo en el cielo debido a la espesura de la nube. Renunciamos. Hablamos con Jorge y nos anunció un jueves, día siguiente, limpio. Para mí, segunda renuncia a la vía en un año.

 

Hablamos de buscar una alternativa a volver pronto a casa, pero quizá fuera mejor intentarlo mañana dedicando el miércoles pleno a las familias. Por la tarde volvimos a quedar para el intento definitivo del jueves. La cita fue quince minutos más tarde que el día anterior.

 

En el fondo, ambos esperábamos algún motivo para renunciar antes incluso de salir de casa; pero esta vez, el cielo estaba totalmente limpio, por tanto, había que superar la pereza.

 

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En Candanchú, poco antes de las 8 de la mañana, la atmósfera estaba seca, limpia y prometedora; el Sol recién amanecido y la temperatura en unos escuetos 6 grados, algo más frío de lo que hubiéramos imaginado, pero sin problema alguno con un día tan seco y limpio. Al final fue, simplemente perfecto. A las 15:30, de vuelta abajo, Candanchú marcaba 18,5º con un sol abrasador.

 

Comenzamos la subida por una de las pistas de la Rinconada sin dejarla hasta el collado de conexión con Tobazo y la zona de Peña Blanca, donde la retroexcavadora de ayer sigue arañando el prado para convertirlo en campo labrado, sin apenas posibilidades de sembrado en el futuro. La roca escondida bajo el prado lucha contra el acero dentado de la máquina provocando un ruido infernal que llegaremos a oír incluso cerca ya del Collado de Aísa.

 

Por senda marcada, con el pico ya a la vista, nos acercamos a la profunda depresión de Tortiellas Baja, zona vertiginosa, que se sigue subiendo cerca del cortado para entrar en Tortiellas Alta siguiendo el mismo borde de la depresión durante unos 80 ó 100m de largo, sobre repisas que pasamos longitudinalmente; algún pequeño mojón y unas flechas blancas ayudan en esta importante transición. El Aspe ya se presenta imponente, con su cresta recortada. Una vez en el valle alto de Tortiellas, unos mojones llevan hacia la cima del pico si decidimos dejarlo a nuestra izquierda; pero nuestro camino es dejarlo a la derecha y, por tanto, seguir los mojones que se dirigen al Collado de Aísa, también a la vista; para ello cruzamos el valle mediante un pequeño descenso primero, un llaneo por terreno fuera de sendero después, y una larga y penosa subida (neveros de Aspe) por canchal y pedrera finalmente. Una hora y cincuenta minutos desde el coche para los casi 900m de desnivel. Y antes de continuar, de premio, unos minutos de descanso y unas viandas elegidas al gusto.

 

Colocamos arnés con 9 cintas express y otros tantos friends, tres fisureros, tres bagas, una de ellas de gran tamaño, media docena de mosquetones de seguridad, pies de gato, casco y una sola cuerda de 9mm x 55m –Vicente me había adelantado que “sobra material con una sola cuerda” y realmente también sobran empotradores- y nos acercamos al borde mismo del collado donde comenzar la escalada.

 

Reunión 0.- hay un clavo viejo con anilla bastante gruesa, donde comienza el Largo 1.- Se asciende en diagonal un muro bastante vertical, de derecha a izquierda a lo largo de unos 13 ó 15m ¡aparecen clavos continuamente! Viejos y no tan viejos. IV muy bonito sobre caliza vieja segura y adherente. Este largo se evita en la entrada original y en algunas reseñas, mediante el rodeo, por la vertiente sur, de un espolón de unos 120m de largo.

 

De la R1 (no hay nada) a la R2 (dos viejos clavos) L2.- subimos ensamble, cercanos a la arista, durante unos 80 ó 90m, donde comienza la escalada de la primera y más estrecha aguja.

 

L3.- La ruta es evidente, continúa por dentro de una especie de diedro salteado de rocas de dudosa seguridad que hay que ir tanteando antes de traccionar. También aparece algún clavo que se utiliza con gusto. Un metro antes de la misma cima de la aguja, R3 (una cinta con un mallón, abrazada muy justa a un bloque, que conviene reforzar con algún friend). Largo muy agradecido a pesar de la sensación de dudosidad de la roca, 45m, III+.

 

De la R3 se destrepan (II) unos 5 ó 6m a la R3-bis (dos clavos) para comenzar el que se supone el largo más exigente. L4.- 40/45m. Una placa casi vertical de caliza excelente, marrón con manchas de musgo blanco. Se encuentran clavos muy seguidos. Se asciende recto los primeros metros sobre presas muy buenas para los pies y no tan buenas para las manos por estar ligeramente inclinadas; después, los clavos llevan la ruta ligeramente a la derecha, hacia lo más evidente, una depresión sobre la placa, de un metro de ancho más o menos y de un paralelo perfecto; por donde se pierde verticalidad aunque a la vez también seguridad de la roca. Esta zona hay que autoprotegerla con algún friend pequeño. Dificultad del largo: IV+ (tal como está de clavada, quizá le sobre el +) La R4 también hay que montarla; sin problemas para una baga larga y/o algún friend.

 

El L5 progresa por la cresta, impresionante pero poco difícil (II). Sobre un primer promontorio, cuando tan solo se han superado unos 20m de cuerda, conviene hacer la R5, a la vista de un segundo promontorio de cresta, para evitar que la cuerda pese demasiado y facilitar además que el asegurador controle los pasos del primero.

 

El L6 es parecido al anterior, aunque gana un poco en el panorama bajo los pies, en la dificultad (II+), en la calidad de la roca y en la longitud (unos 30m). La R6 la constituye un tinglado de ocho o nueve cintas y cordinos alrededor de una buena laja puntiaguda que sirve a la vez para el rápel de unos 15m que hemos de hacer. Los primeros metros del rápel dan la sensación de que pueda destreparse pero al final no hay duda de su necesidad.

 

La brecha en la que hemos quedado (R6-bis ancha y llana) separa en dos partes muy definidas la ruta; por una parte la cresta que ya hemos escalado, y por otra la pirámide terminal que vamos a negociar.

 

El L7 comienza superando un montículo (II) que impide ver la ruta a seguir, pero superado éste, vemos que todo el largo puede hacerse ensamble, 30/35m sobre roca segura mezclada con ribetes herbosos, hasta donde la evidencia marca la R7, bajo la muralla Este del pico, con cierta duda sobre la continuación de la ruta correcta.

 

El L8 (35/40m) va ascendiendo casi directo, ligeramente a la derecha, superando zócalos de roca segura y adherente. El destino, R8 (dos clavos) la base de una enorme placa lisa y más que vertical un poco extraplomada, que evitaremos después por la derecha.  Algún clavo suelto –el panorama no exige mucha protección-  nos va indicando que llevamos la ruta correcta. Dificultad III+

 

El L9 (40-45m) asciende netamente hacia la derecha, superando unos zócalos con exposición sobre la pared Noreste del pico. La roca sigue siendo muy buena y los clavos, agradecidos y abundantes. El destino, R9 (puede montarse con una gran baga y/o friends) a lo que la evidencia marca, una de las dos buenas repisas sobre el espolón muy largo e inclinado que separa la pared Noreste de la Norte. Dificultad IV, o casi.

 

Nuestro L10 comienza desde la repisa más baja, sin salida evidente a la cara Norte, superando por la izquierda el zócalo (III) que nos separa de la repisa superior y nos adentra por la derecha, horizontal, en la cara Norte del Pico. Esta repisa es suficientemente ancha como para poder andar sin dificultad alguna, y larga, como para cruzar todo el pico de lado a lado. Una primera canal no parece muy aconsejable debido al extraplomo que forma un gran bloque empotrado. La siguiente canal, en cambio, muestra todas las posibilidades para subir sin problemas, 30/35m, R10.

 

L11 y definitivo. Barajamos dos posibilidades: una es subir directo por la canal, entre roca de buena calidad y bordes herbosos (II según las reseñas, y poco difícil a la vista, aunque con exposición); y otra es continuar la repisa horizontal (unos 30m) hasta la última canal, la que separa las dos cimas del pico y subir después directo (otros 50 ó 60m más) sin dificultad (I+) hasta la cima principal, ensamble. Decidimos subir ensamble, colocando algún que otro friend para guiar la cuerda en los 80 ó 90m de recorrido. 

 

Y cima, 2.645m, bajo un sol de justicia y un agradable aire fresquito, tras algo más de cuatro horas de escalada que hemos degustado con verdadero placer, y sin prisas. Un colega francés, de Urdós, cuarenta y tantos, también se ha dado cita arriba, en solitario, y toma el sol en minibañador; cuerpo atlético, piel bien bronceada,… bonita e impresionante terraza su elección. El teléfono tiene buena cobertura para hablar y enviar mensajes.

 

La bajada por la vía normal del Norte, salva la mayor inclinación al principio, cuando las aguas de la vertiente todavía son francesas (al igual que en el caso del Forau de Aigualluts, el suelo es español pero las aguas son francesas ¡!), después, entrados en el ancho barranco de Tortiellas que baja girando a la derecha (Este) pronto divisamos la zona de transición donde dejaremos Tortiellas, cuyas aguas bajan a Rioseta, y entraremos en la zona de Peña Blanca por el mismo paso de la subida. Y bajaremos por las pistas de la Rinconada dando un repaso a las políticas nacionales, públicas y privadas. En fin, necesitaremos algunas ascensiones más para ponernos de acuerdo en cómo arreglar el mundo Alex y Donato. Candanchú, poco más de las 16 horas del jueves, 12-7-07.

 

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