|
Cuando se comienza a andar desde el campo
de fútbol de Embid de La Ribera, o de Jalón como le
llama RENFE, todavía no podemos hacernos a la idea lo
que nos aguarda. Un puente sobre las vías del ferrocarril
nos colocan en el sendero que, en suave ascenso, nos
va alejando de los últimos resquicios rurales, propiedad
humana. Subimos por vertiente Noreste hasta una ruina
de paridera situada junto al lomo de la montaña, que
cruzamos, pasando a la vertiente Noroeste, y cambiando
un poco de suelo y un mucho de panorámica. El sendero
está muy marcado, y pronto, en dos minutos de dura cuesta
superamos otro lomo cambiando de nuevo tanto de suelo
como de panorámica. Quien la conoce, ya puede ver la
cresta; los demás pueden intuirla entre miles de rocas,
apiladas en bloques de distintos tamaños y equilibrios.
Si alguna vez, mirando mientras descanso,
se me ocurre trazar alguna nueva ruta de aventura con
la vista, la sorpresa se convierte en congoja, y el
descanso termina súbitamente. Tendría que venir más
a menudo, pienso.
Para llegar a la base de la vía, recorreremos
toda la base de la pirámide; queda una corta travesía
horizontal sobre sendero; una bajada, todavía muy marcada,
sobre rocas inestables; un paso espectacular a través
de una plataforma colgada sobre el fondo del valle,
con el río abajo, ruidoso; una travesía sobre un gran
río de rocas grandes, casi canchal, y una subida entre
bloques, musgo, pajas y arbustos; hasta una buena repisa
con un gran mojón; es el inicio, donde se acaban las
pajas y los musgos. En adelante, nuestro pequeño paraíso
de escalada de aventura.
|