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Domingo 19 de septiembre de 2004

Trekking y escalada por Chodes-Morata

Peña de las Zorras, Peña sin Nombre y Peña del Castillo

 

No había quedado con ninguno de mis colegas del Club; eran las 9 de la mañana y tenía muy claro que no quería quedarme en casa toda la mañana. Los chicos están ocupadísimos con sus juegos de ordenador y videoconsola, y la jefa en sus quehaceres rutinarios no necesita ninguna ayuda. La mañana es perfecta para salir al campo: sol de final de verano, estabilidad en el cielo -quizá demasiada, el movimiento del aire no pasaba de una ligera brisa- tiempo suficiente para completar el objetivo, ... -¡me voy! 

Por si acaso, echaré los pies de gato y el arnés a la mochila; nunca se sabe a quién podré encontrar por la zona, la escuela de escalada más visitada de Zaragoza.

 

El acceso se realiza por la misma pista que desde Chodes nos lleva al parking del túnel, aunque debemos dejarla a la altura de la cantera; las peñas ya se divisan a la derecha, hacia donde tomamos una pista en buen estado que sale hacia unos campos de olivos. Se llega hasta un antiguo campo limpio de árboles, yermo, que sirve perfectamente de anchuroso parking; al sol, pero cerca de la sombra de nuestro objetivo. 

 

Antes de dejar el coche, ya tengo ganas de salir, de tocar roca, de oler a romero y respirar limpio y profundo. 

Peña de las Zorras desde el collado que forma con la Peña del Castillo. La bajada, por el mismo perfil, se adivina delicada.

Al paso por el collado se observa una interesante muralla que defiende la Peña de las Zorras

Peña Sin Nombre, desde la base de la muralla sur de Peña de las Zorras. Al fondo, Gran Placa, y a la derecha, la Aguja Negra y la Peña Coñeriza.

Peña sin nombre, desde el circo sur de Peña de las Zorras.

La aproximación es, lo que llamaríamos perfecta para los escaladores que disgustan de andar mucho para llegar a la base de las vías. Apenas he empezado a andar y ya estoy cerca de la cresta oeste de la Peña de las Zorras, a la que parece se puede subir sin problemas, ... aunque ... de la cresta a la cima hay un muro que necesitaría ver de cerca para estar seguro de que se deja subir sin cuerda, sin material ni compañía. 

Decido que primero recorreré la Peña alrededor en el sentido contrario a las agujas del reloj, lo más cerca posible de su base, acariciando la roca y bailando un poco sus pasos. Al principio, tras el collado, hay un contrafuerte que forma la cresta suroeste, que se deja divertir con su roca mortificada, resistida pero fastidiada por tanto sol y tantos años. 

Después llega un circo orientado al sur, totalmente cubierto por arbustos muy aromáticos; casi todo romero. Tan espeso es que apenas puedo andar sin mortificar alguno de los leñosos tallos que colonizan la pendiente. 

En mi camino, de frente, la peña sin nombre aguarda en su descanso millonario entre los lindes del jalonado regadío, los pacientes olivos en su secano y los indefinidos caminos rurales. También parece querer defender su baja cima, pero subiendo por su contrafuerte norte, tan sólo es necesario superar algunos pasos de II para llegar a su pequeña pero vertiginosa cima. Allí, todavía podemos encontrar una reunión con con un parabolt un poco machacado y su anilla; el otro ha sido destruido, eliminado; sólo queda el espárrago roscado. Y mirando pared abajo, puedo ver otro parabolt y otro más abajo. Destrepo la vía. No creo que pase de III+. Aunque ... ¡Auggh!!, hay un paso expuesto con una caída de una docena de metros, y la roca está muy colonizada por la vegetación. Trepo de nuevo arriba, unos 10 metros; divertido.

En la cima de nuevo, observo con detenimiento la Peña de las Zorras. Creo que podría atacarla por su cresta Este, evitando el primer bastión, donde parece que se concentran las mayores dificultades.

Peña del Castillo y Peña de las Zorras desde la Peña sin Nombre.

La peña de las zorras desde la sin nombre, con su circo sur henchido de romero; y su cresta este, recorrida en su totalidad por la vía "Arista del Boque" (IV+)

En plena cresta este de Peña de las Zorras. Peña sin Nombre al fondo.

Detalle de la arista Este de la Peña de las zorras.

Vuelta de la isla caliza a la tierra para pasear escasos 150 metros hasta la próxima isla. 

El acceso al collado se realiza con divertidos pasos de II, y se llega muy pronto. La arista es estrecha, pero permite pisar firme. Me seduce la idea de subir al bastión y comprobar sus sensaciones. Una pequeña trepada, fácil, y ya tengo la estilizada aguja a mis pies. Cierro lo ojos, alzo la cabeza, horizonto (horizontalizo me gusta tanto menos; -¡qué palabro más feo!) los brazos y abro lo ojos lentamente. Estoy como suspendido. Mi brazo derecho no consigue zafarse de esta molesta tendinitis. ¡Eih! ¿qué tal un trago de agua?

Vuelta al collado y comienza lo divertido; todavía no sé si voy a poder llegar hasta arriba. Un primer muro es bastante vertical, pero con buenas presas; el paso no es difícil, y está asegurado con un spit reforzado con sica. A continuación una reunión del tiempo de la tia Tana, compuesta por tres spits y chapas de primera generación que unen cuatro vueltas de sirga fina, reforzada con una cinta plana; es todo óxido Está en la base de una placa tumbada hacia el norte sin buenas presas, pero permite asirse por el borde de su arista, que hacia el sur cae a plomo. No llega a IV grado, pero la exposición es bastante grande. La decisión es ... ponerme los pies de gato y continuar. La placa es una verdadera chulada, corta, unos 4 ó 5 metros, en adherencia. He olvidado la exposición y estoy disfrutando del baile con la roca. En adelante, la arista se hace más gruesa, los bloques más fragmentados y abundan los pequeños arbustos espinosos. La escalada es poco difícil, divertida. Y enseguida la cima, estrecha. 

Peña del Castillo desde la cresta suroeste de Peña de las Zorras.

Desde la cima de la Peña de las Zorras, la cresta que sigue hacia el sureste y, más allá, la Peña del Castillo, el siguiente objetivo.

El silencio se rompe por un momento por el chacacha del tren, que pasa justo por debajo de la Peña del Reloj. Estoy en la cima de la Peña de las Zorras, donde las apariencias me dicen que nadie ha pasado por allí en años. 

La cima es larga pero estrecha, como sucesión misma de la cresta. Hay una reunión compuesta por un espit y un bulón anillado, ambos oxidados, pero oxidados de verdad. 

Peña del Reloj. Pocos trenes pasan ya por esta vía.

Pocos trenes circulan ya por esta espectacular vía.

  Ahora debo bajar, por el otro lado, en dirección a la Peña del Castillo. Hay una chimenea vertical que hay que destrepar. Impresiona. La roca es dudosa. Hay una instalación de rápel para bajar los escasos 6 ó 7 metros hasta la cresta que ha quedado más abajo como víctima de una falla. Por fortuna, la roca es mejor de lo que parece. El destrepe, bastante expuesto y delicado, exige trabajo de brazos por la verticalidad. Y ya en la cresta, las rocas parecen sueltas, pero puedo quitarme los pies de gato y continuar más rápido con mis estupendas zapatillas. 

Llegando a las ruinas del castilo, en la parte más alta de su peña. A la derecha sobresale, estilizada, la peña de las zorras.

A la llegada a la cima de la Peña del Castillo, la ancha pared que se divisa desde el sur, aparece como un delgado y ruinoso totem. El castillo aguantará unos años más.

A la derecha, la Peña de las Zorras reivindica un poco de soberbia.

El collado es, de nuevo, el inicio de otra vuelta; esta vez a la Peña del Castillo, en la dirección de las agujas del reloj. Vuelta a nadar sobre el romero, a luchar para pasar sin romperlo. Hay un contrafuerte bajo que se pasa sin problemas, sin necesidad de tener que rodearlo. Nos situaremos entonces bajo una pared grande, preciosa, pero con una roca bastante mediocre. Continuando, llegaremos a un gran circo orientado al oeste. Por la derecha hay unas gradas que permiten acceder a la cresta cimera con unos pequeños pasos de II+, sobre roca regular. 

Y enseguida, arriba, el castillo resiste con un muro en equilibrio, desafiando al tiempo. La cima es grande. Hay restos de una construcción que podrían ser de una vieja capilla.

La bajada, por el norte, es una chimenea con gradas, delicada por su verticalidad. Y listo. Ha sido un placer ideal para hacer apetito. 

Total: 175 metros bajados, y otros tantos subidos en un tiempo de 2 horas y un minuto.

Si te gustan las emociones ... fuertecillas, estas peñas te esperan tranquilas.

Donato Molina

Peña de las Zorras y, pequeñita, Peña sin Nombre, desde la Peña del Castillo. Más atrás, la Boina y la Pared del Túnel.

La peña de las zorras en primer término. Más abajo, a la derecha, la peña sin nombre. 

Al fondo se distingue la boina, la pared del túnel y la parte norte de la gran placa. Y más al fondo, el macizo de isuela.

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