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La
senda del Cares
Estuve en la
Garganta Divina uno de los primeros días de julio-2000; uno, de las dos hermosas e inolvidables semanas en Asturias y
Cantabria. Realmente, tan solo uno.
Después
de comer junto a mi mujer y mis dos hijos en el mirador de Camarmeña, y tratar de sorprender al
Picu entre las nubes que apenas se le despegaban, bajamos a Poncebos
para hacer algo del camino. 
Con
un bolso de bandolera con unas galletas, una cámara de fotos, un poco
de agua y alguna cosa más de esas que se llevan en los bolsos, despedí
a la familia con intención de no volver muy tarde (ellos irían más
lento y más cerca), eran las 15:33 (0h). Con camiseta amarilla chillona,
del club,
pantalón negro hasta la rodilla y buenas zapatillas de trekking, fui lo más rápido que pude, corriendo casi siempre, y descansando mientras
andaba a buen paso. Y siempre, poniendo mucha atención
a todo alrededor.
El
camino es fácil de andar, fácil de correr, tremendamente fácil de
saludar, ¡hay tanta gente ...!. El suelo, casi siempre es de roca
labrada, muchas veces recubierta de piedrecillas; a veces de dura
tierra. Mirar abajo, muchas veces puede ser impresionante.
Corro,
corro todo lo que puedo. Cuando la fatiga me sobrecarga la respiración,
rebajo la intensidad manteniendo un paso lo más ligero posible mientras
me repongo. Alguna vez paro y bebo agua mientras escudriño con la vista
todo lo que tengo a mi alrededor. Alguna vez tengo que parar debido al
embotellamiento de viandantes y pedir perdón por mi prisa.
No
podría asegurarlo pero calculo que, hasta Caín donde llegué, me
crucé y adelanté a más de doscientas personas. Esto es importante
tenerlo en cuenta, porque la mayor parte del recorrido nos encontramos
en un camino abierto a gran altura en la pared vertical, lo que conlleva
a poner especial cuidado en ciertos lugares en los que coincide mucha
gente a la vez.
A
las 17:10, tras 1h37', llegué a Caín, en la mitad del tiempo que me
habían comentado como normal.
Igual
de rápido que la ida,
me puse de vuelta con intención de llegar
pronto a la familia.
El
principio de la vuelta, muy cerca de Caín, es un poco complicado eso de correr, porque los túneles son
los más largos, .... no se ve el suelo, .... llueve dentro, ... gente, gente
...
Me
sorprendieron las señales que hay para cruzar los dos puentes: en uno
aconsejan no pasar más de 6 personas simultáneamente. En el más
cercano a Caín, por su "mal estado", se aconseja pasar "de uno en uno";
lo que implica lentitud para el tráfico.
Sigo
de vuelta. Al
llegar al bar "El Espejismo" (un
par de caballos descansando de haber transportado dos o cuatro cajas de
cerveza, agua y refrescos que, atadas de cuerdas se mantienen a la
temperatura del agua del canal, donde medio flotan gracias a ellas) tal
como reza en el cartel, recuerdo que noté las piernas un
tanto molestas; por un momento pensé que se querían amotinar. Pero no,
aguanté.
Llegué
al lugar en que empieza la cuesta
arriba de la fase final, donde precisamente, también comienza una senda
zigzagueante cuesta abajo hasta el mismo río prácticamente. Tomé esa
variante y más abajo pregunté a un grupo sobre el destino de la senda.
Me dijeron que era una ruta distinta, igual
de pintoresca y por la que se acortaba cinco minutos respecto de la de
arriba.
Cuando
llegué al coche, allí estaban los tres de mi vida, dentro, jugando a
la baraja; fuera hacía fresquito para estar parado. Las 18:51.(1h41'
desde Caín, 3h18' ida y vuelta). Todos con el ánimo contento.
Al
día siguiente tuve las piernas muy molestas, tal como esperaba, pero al segundo día, apenas
podía andar, estaba peor de lo que había previsto cuando decidí hacer
el recorrido a toda la velocidad que pude.
Antes
de ir había pensado ir con la bici. Al margen de que esté o no prohibido, en algunos tramos podría
ser muy complicado debido a lo excesivamente irregular del suelo; y en
muchos otros, puede ser demasiado peligroso debido al patio que acompaña
durante casi todo el trayecto.
Hay
un detalle por el que estas zonas admiten mejores rendimientos del
cuerpo que las zonas del Pirineo, y es que es notable la diferencia de
esforzarse a alturas inferiores a 500 metros comparado con otras
superiores a los 2.000. Y es que la
altura media de la ruta del Cares (no el río que suena más abajo)
está por debajo de 400 metros, (un lujo!).
Si
te gusta la montaña, Los Picos de Europa no te los puedes perder.
Donato Molina
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