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7 de marzo de 1998
El refugio de Pineta es una
chulada de comodidades, es nuevo: dormitorios muy acogedores con
camaretas de cuatro camas (dos literas) aisladas, con luz propia
para la camareta, y ventanita. Agua caliente en lavabos y
duchas, sin necesidad de monedas. Guardas muy amables.
Mobiliario nuevo; hasta un televisor dijeron que había (no
fuimos a verlo, nos quedamos hojeando, ojeando, entre las muchas
revistas y libros de montaña); precisamente jugaban el Barça
contra el Madrid (tres cero, nos informaron poco antes de ir a
dormir). El coche en la puerta. A menos de dos kilómetros del
fondo del valle, donde se encuentra el Parador Nacional.
8 de marzo.
Antes de las siete de la mañana
ya estábamos levantando. Desayuno tipo hotel (cuántos hoteles
tienen peor servicio y peor apariencia), y coche para desviajar
el valle de Pineta y tomar la carretera de subida hasta Francia.
Cero grados, hay una buena escarcha, aunque se espera buen día.
En poco más de un cuarto de hora nos plantamos en el túnel de
Bielsa-Aragnouet; lo cruzamos y, allí mismo, en la boca norte,
Francia, aparcamos en el gran parking. Altitud 1.803 mts..
Hay siete u ocho coches, algunos
con gente preparando los esquís. Otros ya se ven subiendo. El día
sigue pareciendo bueno, aunque en las cimas se aprecian algunas
nubes que pasan demasiado rápidas. Preparativos y ... 20 metros
más allá del coche nos calzamos los esquís, con cuchillas; la
nieve está muy dura.
Intentaremos el Pico Batallance,
2.604 mts.
(foto: zona intermedia)
La subida es fácil durante todo
el camino, a pesar de algunos pasos que puedan requerir un poco
de atención, más por el estado de la nieve que por el propio
terreno. Se ve gente en distintas direcciones.
Algunas fotos y poca conversación
rompen el monótono richeo de los esquís y las
cuchillas sobre la nieve dura.
De pronto nos damos cuenta que el
tiempo ha cambiado bruscamente y las cimas se cubren con una
mezcla de nubes y ventisca. Notamos que empieza a nevar y a
ventear; niebla. A duras penas podemos seguir foqueando. A
medida que subimos empeora el tiempo. Las rachas de viento duran
cada vez más. Empiezo a notar un infierno. Estamos a escasos 50
metros de la arista cimera.
No podemos avanzar, el viento es
demasiado fuerte. Estamos aferrados a los bastones, agachados,
con el cuerpo acurrucado. En dos ocasiones caí de bruces a la
nieve estando parado, debido a golpes de viento. Nevaba y el
hielo se incrustaba en nosotros, en la ropa, mochila, gorros,
pelo... Era increíble el cambio que había dado el tiempo en tan
solo unos minutos.
En un atisbo de amaine, nos
miramos y ... decidimos seguir un poco más. Poco, tan poco que
no llego a otra media docena de pasos. La nieve ya estaba
blanda, blanca como nosotros; hacía unos minutos éramos de
colores. El viento volvía con más fuerza. Otra vez había que
acurrucarse, agachados, notando como el cuerpo hincaba los
bastones en su esfuerzo por resistir de pie. Para mirar a mis
compañeros tenía que poner la cara frente al viento. En un
momento vi que hacían ademanes de bajar. Ya tenían los esquís
quitados, empezaban a despegar las focas.
Empecé a moverme sin esperar que
cesara el viento. Quité las focas y al guardarlas, no sé qué
hice, pero, de pronto vi la bolsa de las focas volar. Adiooos.
Qué torpe! que es uno cuando no ve: las gafas totalmente llenas
de nieve escurrida -al otro lado del cristal apenas se podía
ver gran cosa, ni con ni sin gafas; estábamos en medio de una
fuerte ventisca; y cuando no siente: los guantes de lana y
tinsulate no acertaban a abrir cremalleras, coger y manipular; ni
tan siquiera oír otra cosa que el fuerte zumbido del viento y
la nieve en nuestra ropa, sobre todo en el gorro del anorac.
Dí un buen suspiro cuando por
fin pude verme con la mochila puesta, los esquís en las botas y
mis compañeros en la misma situación. Estábamos en una
pendiente bastante fuerte.
Empezamos a bajar, despacio,
procurando no caer, como quien no sabe andar, muy despacio. El
tiempo es horrible.
Al bajar unos 50 metros, el
viento ya no molesta tanto, aunque la visibilidad sigue siendo
mala. Poco a poco le vamos cogiendo confianza a la bajada y a la
pendiente. La nieve está bastante bien, un poco pesada pero permite bajar muy bien. A medida que bajamos, la nieve se hace
un poco menos pesada, mejor, y el tiempo va mejorando, aunque
nieva y llueve el típico chirimiri que no para.
Los últimos minutos, las últimas
palas son de verdadero disfrute, como en los mejores descensos
en pistas.
(foto:
imagen general de la excursión)
Llegamos al coche, vamos calados,
llueve. Es una pena, sabemos que hemos estado casi en la cima.
De todos modos no ha estado mal.
Fuimos: Javier Galindo, Javier
Gracia, Enrique
Recio y Donato
Molina.
Desnivel: 800 metros.
Dificultad: Fácil. Mediano
esquiador.
Horario: 2 a 3 horas ascenso;
0:30 o menos el descenso.
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