| El sábado 16 de mayo
de 1998, antes de salir de Calatayud, sobre las dos de la tarde, no teníamos
muy claro dónde íbamos a dormir. Sabíamos que la ascensión a las Maladetas estaba planeada desde la
excursión al
Batallance de finales de marzo.
Las tres horas y ... que nos costó llegar a
Benasque auguraban un tiempo perfecto para el domingo.
Todo! "parecía" perfecto hasta que,
unos kilómetros antes de llegar a Almudevar nos paró la Guardia
Civil para recetarnos quince mil por destellos, a su entender, no
autorizados. A partir de entonces, el silencio iba a ser cómplice de un mal cuerpo que, sin quererlo, se iba a apropiar de todo el
viaje (!!güenlostia ...!!). Y como un rincón corrupto en mi
mente, seguirá dando vida a ese mal cuerpo hasta la presentación del recurso, en el mayor plazo de entre quince
días que permite la
ley. El 30-5-98 presenté el recurso, y al 3 de abril de 1999 todavía
no han contestado, lo cual indica que !!PREMIO!!: quince mil.
A la llegada al Congosto de Olvena, quise enseñar
a Enrique algunos de los bonitos lugares donde hace años pasaba
inolvidables ratos entre cuerdas y mosquetones. Pero me doy cuenta
que en el lugar donde antes había una señal con una cámara de
fotos, y un pequeño aparcamiento, ha sido instalada una larga valla
quitamiedos de las habituales de carretera; de las que tanto temen
los moteros. Tuvimos que aparcar a unos cinco minutos de allí.
Cinco minutos un tanto expuestos, ya que la carretera apenas tiene arcén, y los coches pasan
obviándonos. Pero una vez llegamos, allí estaba todo igual que siempre: el impresionante Puente del Diablo
con su Esera allí abajo, el pueblo de Olvena arriba encaramado, las
impresionantes crestas y paredes, y ese olor inconfundible a pleno
campo en su plena primavera. Recuerdos ... y hasta otra.
Cuando llegamos a Benasque todavía faltaba
media hora para las seis, la programada para encontrarnos en el
Hotel Ciria, el de José Mari, Dioni, Nieves y Estrella. Pensamos
entonces que, una visita a la tienda de Barrabés
(http://www.barrabes.com/)
nos enseñará lo último en material de montaña. La tienda es
nueva; no la recorrimos entera, ni tan solo salimos de la planta de
material de escalada y libros, pero, suficiente para ver la mayor
oferta que nunca he visto en material de montaña. Piqué en un GiGi. Facturan a toda España y a otros países. Es increíble la
cantidad de cosas que allí hay; y mas teniendo en cuenta que
Benasque es un pequeño pueblo que a duras penas supera los mil
habitantes, y eso gracias a los pueblos de Cerler y Anciles que
pertenecen al mismo municipio.
Nos hubiésemos estado toda la tarde. Pero llegó
la hora y acudimos al bar del Hotel Ciria; y allí nos
encontramos los previstos: Javier Galindo, Javier Gracia, Salvador,
Enrique y yo. !!Alegría!!.
Nieves, la mujer de José Mari Ciria me
reconoce después de tanto tiempo y recordamos aquellos años en los
que tenían el hostal-bar Barrabés, donde compartimos tantas horas
de familia, entre comidas, culebrones de tele (aquí si yo la de
episodios de Falcon Crest que nos tragamos durante las comidas), y
discusiones de montaña, caza mayor, el problema del túnel de
Benasque, y, sobre todo uno de los mayores dilemas que mas dividía a los habitantes del pueblo debido a la falta de nieve de los
años de entonces, finales de los ochenta: la "necesidad" de
abrir una nueva estación de esquí en el Macizo de las Maladetas
que garantizase la nieve en invierno.
Así estábamos, cuando alguien sacó a colación
un pequeño problema que todos tramamos: !?dónde vamos a
dormir?!. Llamamos a la Renclusa y nos dicen que esta lleno. Otras
opciones son el Hospital de Benasque, hoy hotel-hostal-fonda y todo
a la vez, aventurarnos al refugio libre de Renclusa, cabaña de
pescadores del camino de los Baños, casi a la altura del camino de Cregueña, y
cabaña de pastores del Plan d'Estan.
Subimos hasta el "Hospital" y nos
dicen que !esta todo lleno!. Empieza a oscurecer. Retomamos la
pista precariamente asfaltada, y enseguida pasamos de largo la cabaña
de pastores (porque el fin de la carretera esta sólo a 200 mts.) y
al llegar al final, a la Basurta, vemos que el llano tiene alguna
tienda de campaña, pero esta plagado de coches. Volvemos a la cabaña.
allí encontramos a dos vascos que han barrido
el suelo del cuarto de dormir como nunca lo había visto (tipo
ratita presu): super. Aquí cabemos todos.
- ¿cuantos sois? -pregunta uno de los
vascos.
- Cinco.
- Humm... no si si cabremos
- Sí hombre; si es necesario, en la parte
abierta puede dormir uno.
Mientras merendábamos y cenábamos a la vez,
pararon varios coches pidiendo posada. - Nada maño, esto es libre
pero esta lleno. El día era bueno, sin nubes, no haría menos de 7:C.
Pronto al saco. Javier Gracia eligió dormir,
por iniciativa propia, en la parte de abierta de la cabaña, bajo el
mismo techo que los otros seis que "lo hicimos" en la pequeña
habitación. Tan pequeña que los sacos se rozaban. Mala
noche, como es normal: ronquidos, suelo duro, calor al principio y
fresco al final, ... sin apenas pegar ojo.
A las cinco de la macana empezamos a mover.
Enseguida estamos desayunando unos apetitosos cafés con leche y
pastas, calentitos gracias al infiernillo que es un cielillo.
Salimos a las 5:26 horas de los 1.825 metros
de altitud de la cabaña, todavía es de noche. Se ven muchas luces
de linternas a lo largo de casi todo el camino, algunas muy altas,
cerca de la cima de las Maladetas.
Desde la misma Basurta nos vemos
entremezclados con mucha gente que también se incorpora a esta
hora. Enseguida, antes de llegar al refugio de La Renclusa, ya nos
hemos calzado los esquís, con cuchillas y con mucha precaución porque la nieve esta muy helada, y las trazas son tantas y tan
desordenadas que unido al desnivel hacen que el avance sea un poco
complicado; y con tanta gente se ven escenas variopintas. Esta
empezando a clarear, aunque todavía es necesario el frontal. Los
cinco componentes, que en realidad somos tres o cuatro docenas,
estamos intercambiando compañías, dispersos.
Cuando llegamos al refugio (2.095 mts., las
6:28), parece que ya hemos conseguido un objetivo. Pero tenemos
novedades: Javier Galindo ha perdido una cuchilla, y Enrique, peor todavía, ha roto una
fijación, tiene que dejar los esquís allí mismo.
A partir de ahí, seguimos reunidos, aunque
volveremos a cambiar de compañías debido los distintos ritmos. Ya
no es necesaria la linterna, y el paso es mucho mas seguro, con
trazas perfectamente marcadas.
La pendiente se empina bastante. Alguien con
mala pata, de pronto, se cae y comienza a deslizarse ladera abajo
sin poder parar. Javier Gracia se encuentra en su camino, 30 s 40
metros mas abajo. Por la poca velocidad a la que bajaba, perecía que iba a poder pararlo, pero ambos se convirtieron en un nudo
complicado de atadijos deslizándose. Pararon con algún !ay! pero
sin mayores problemas.
Cuando salió el sol, el límite de la sombra
y el zig zag de la marcha, hacían que tan pronto estuviéramos en
el sol como en la sombra; eso provocaba increíbles cambios de
temperatura.
Como no me unté de crema solar abajo, se me ocurrió
que allí era el momento ideal, así que con el frasquito
en la mano, con un guante puesto y patoso, se me cae el tapecito y
lo veo rodar incansable hasta que no dan mas de sí mis gafas
antimiope. El untamiento, pues, fue a tope, todo el frasco, a lo
Mikel Jakshon.
Las 8:55 horas, Portillón Superior, 2.800
metros. Allí nos esta esperando Javier Gracia. Enrique, también ha pasado por
allí hacia el pico de la Maladeta (3.308 mts.), ya
que va andando y, cruzar todo el glaciar de Aneto con nosotros, sería
empresa muy desigual, sobre todo de bajada. Realmente, cuando
salimos de casa, nuestro objetivo era precisamente el pico de la
Maladeta, pero cambiamos de parecer, todos, la tarde-noche anterior.
En el Portillón se acumula la gente. La vista
es espléndida: la cima del Aneto, todo el glaciar, el valle, una
inmensidad de picos, las diminutas personas siguiendo las trazas a
distintas distancias. Buen momento para hacer fotos.
Pasar esta gran puerta requiere descender unos
15 metros de una pendiente bastante pronunciada, casi helada, con
relieve muy irregular que trata de copiar a la escalera.
Casi todo el mundo pasa por la derecha de una
roca de varios metros que separa el paso en dos; es mas fácil. Sólo
hay espacio para que el descenso se realice uno tras otro. Por la
izquierda pasan algunos con crampones, con seguridad. Muchos no
llevan crampones, y otros, aunque los llevamos, pensamos que no es
necesario calzarlos si se baja con un poco de cuidado. Los esquís en la mano sirven de apoyo. No tenemos prisa pero el tiempo se nos
pasa sin enterarnos, llevamos casi media hora allí.
Tras el paso del Portillón, a unos 300
metros, en unas rocas muy aparentes, la gente hace un alto en el
camino para reponer fuerzas. 2.840 metros, las 9:45 horas. Somos una
veintena con buena gana, que se va renovando con partidas y nuevas
llegadas. Algunos inician allí mismo el descenso con una nieve
realmente disfrutona.
Por si acaso,
calzamos los crampones y parriba, tranki. Un poco duro esta el
hielo, son las 11 de la mañana. Alguna grieta pero pequeña; las
grandes se ven a los lados y mas abajo.
La vista empieza a
ser impresionante, hacia cualquier sitio que se mire. Estamos
llegando al plats. Por la cresta del Petit Vignemale a la Espalda
Chausenque se aprecian varias cordadas, diminutas hormigas en un
gran piedro. Acepto que me esta entrando un poco de envidia, que se
olvida rápidamente al seguir hacia arriba. Fotos.
Comenzamos nuevamente a foquear con el
objetivo a la vista. La pendiente es muy llevadera, el estsmago también. China chana vamos ganando metros viendo como algunos
jóvenes mas preparados nos pasan de vez en cuando. Javier Gracia y Salvador
llevan mejor ritmo y se van alejando poco a poco. El sol aprieta; el
Aneto apenas se acerca; sudor, cansancio, parar. Seguir foqueando;
la respiración a ritmo bastante acelerado. Pasan los minutos y el
pico no se acerca. El glaciar es mas largo de lo que parecía.
Aparece un pequeño dolor de cabeza que aumenta a la vez que la
fatiga de las piernas. Es mejor no parar, bajar el ritmo, pero !quia!
A PARAR. Beber agua con tang. Javier Galindo no va mejor que yo;
veinte metros detrás de mm se queja de lo mismo.
Nuevamente juntos, él delante, seguimos,
observando el pico allí lejos mientras otros cuerpos con mejor
forma nos pasan sin decir ni mu; casi mejor porque hasta eso cansa.
Tenemos que parar mas a menudo; nos preguntamos si seremos capaces
de llegar hasta la cima; bebemos, nos quitamos ropa, seguimos,
rsssssch, rsssssch, rsssssch, .....
De pronto!! El esquí izquierdo se me sale.
?!!?. Uno de los dos tornillos de la puntera, mi vieja Camp
Interal, se ha salido y lo he perdido. Me vienen de pronto multitud
de sensaciones, todas malas. Me empiezo a imaginar que desde allí mismo
tendré que bajar andando. !No puede ser! Busco, tras las
trazas, con energías que me han aparecido como por arte de magia,
estoy excitado, correoso, me muevo con rapidez buscando entre la
nieve, con pocas esperanzas por lo difícil que puede ser dar con el
dichoso tornillo. Mientras, Javier Galindo esta muy cansado, tirado
en la nieve esperando que yo encuentre el tornillo. Grito, me quejo
al cielo.
Se acerca un joven, le observo mientras viene.
Me pregunta si he perdido algo. !Viva San Juan de Mozarrifar! acerté
a decir. Le pregunté su nombre, que ahora, como soy un desastre no
me acuerdo; me dijo que era de Vitoria. Coloqué el tornillo con la
llave de la puerta de mi casa y continuamos (!atención!, es
importante echar un atornillador a la mochila). Controlando el
dichoso tornillo, que de vez en cuando debía apretar, llegamos al
Collado de Coronas, 3.195 metros, 11:00 horas.
Estábamos a punto de alcanzar nuestro
objetivo, y hasta nos encontrábamos mejor. A las 11:35, antecima,
3.400 metros, junto a otras veinte o treinta personas mas, Javier
Gracia y Salvador entre ellos. Fotos. Sin esquís ni mochila nos
preparamos para pasar el famoso Puente de Mahoma. Recuerdo que
Salvador dijo: - Aquí, en un despiste te la juegas. A lo que se me ocurrió: -
Aquí no puede haber despiste. Con precaución, poniendo atención a los movimientos pasamos.
Allí están la Virgen y la
Cruz. 3.404 metros, las 12:00 horas. Alguien nos hizo una foto a los
cuatro. Unos cuantos clic mas a todo nuestro alrededor, un poco de
contemplación a semejante panorámica, y vuelta al otro lado con la
misma precaución.
A partir de ahí, viene el disfrute de una
nieve buenísima, polvo arriba, polvo-primavera durante casi todo el
glaciar y primavera abajo. Las piernas están cansadas pero la nieve
permite hacer toda clase de giros.
A 2.600 metros paramos a comer en unas rocas
por encima de Barrans. Tanto el animo como el cuerpo están muy
bien.
La bajada hasta el momento de quitarnos los esquís
ha sido estupenda, magnífica; recomendable para cualquier
esquiador medio.
Tras dar buena cuenta de toda la comida que
nos queda, seguimos por una nieve ya primavera hasta el llano de
Aigualluts (1.995 mts, 13:52 horas).
Hasta el coche nos queda poco mas de una hora
de paseo relajado y muy ameno; nos vamos contando vida y milagros
del presente y el pasado.
En el coche, la preparación para la partida
es casi mecánica: extender todo en el fresco césped, bajo un sol increíblemente
a medida, aseo en el pequeño río, cambio de muda,
recogida de mochila, cuerpo serrano y mente satisfecha. A Benasque,
a comernos unas tapas con cerveza, a contarnos algo y a empezar a
preparar otra.
Este año 99 volveremos al Aneto.
Calatayud, sábado, 03 de
abril de 1999
Donato
Molina
dmolinar(arroba)cmayud.com
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