"El carácter es la mitad del destino." R. Guerin de la Grasserie, filósofo francés

Aún no eran las cinco de la mañana cuando esperaba a Enrique en Los Enlaces, que me recogerme procedente de Calatayud camino del parking de Anayet en la estación de esquí de Formigal.

Enrique estaba preocupado por un dolor de estómago que le había tenido al borde de decidir el aborto de la excursión. Pero quizás porque ese mal que tantas veces nos ha hecho desistir de salidas muy preparadas, el mal tiempo, esta vez nos iba a dar una tregua, mi compañero tuvo que contener ese otro mal (el de estómago) en manos de su médico de mayor confianza: sí mismo. De otro modo nos hubiéramos quedado sin la preciosa excursión, y todos sin leer esto.

Incluso se me ocurrió bromear con ello, pero de poco o nada sirvió, porque el dolor allí estaba, lo vi en la cara de Enrique durante casi todo el día.

Antes de amanecer ya estábamos en el aparcamiento, y allí, un solo coche, sólo una persona que llegaba delante de nosotros con intención de hacer el mismo camino: el Vértice de Anayet. A la bajada veríamos esa misma y solitaria zona, apestada de coches y gente.

Todavía no habíamos puesto las focas a los esquís que ya salma preparado el madrugador solitario. Nos contó que tenía que estar abajo nuevamente antes de la hora de comer, "... que hay que atender a la familia". !Vaya!, !otro! -pensé, si seguimos hablando igual nos encontramos algún parentesco-.

allí mismo cargué litro y medio de agua del riachuelo que lleva el Barranco de Culivillas, con Tang de naranja; me enfurruñé la cara con factor 20 o mas y los morros con cacao labial, y me calcé los esquís; el dolor de estómago ya viajaba 50 metros por delante. Empezaba a clarear.

Los primeros cinco o diez minutos de camino se desarrollan por el final de la pista de esquí que termina allí mismo junto al solarium de la cafetería. Se tuerce entonces a la derecha siguiendo la curva natural del barranco. El camino es evidente; al principio por la margen derecha del riachuelo, que aparece y desaparece entre los claros de nieve, y mas adelante por cualquier sitio del ancho barranco (o estrecho valle). El agua ya ha desaparecido, sólo queda nieve y rocas, todo gratis; de lo que han podido disfrutar un montón tanto de esquiadores como andarines montañeros, a la vista de la gran cantidad de trazas y pisadas que hay a lo largo de todo el camino.

El barranco termina con un bonito circo. allí mismo se separan las trazas y pisadas en dos grandes grupos, unas hacia la izquierda por una canal que accede a la cresta y picos de las Arroyeras y Culivillas, y otras hacia la derecha, por donde, con unos pocos zig-zags se llega al llano de los Ibones de Anayet, nuestro camino.

Arriba, vemos que el llano esta, pero los ibones han desaparecido bajo el manto de nieve. Tras ésta última remontada, tortuosa y sufrida, llegar a tan generoso descanso parece una bendición. Avanzamos por el llano mientras la vista se recrea ante una panorámica impresionante del Vértice y Pico de Anayet. Un poco mas y también vemos aparecer el Midi D'Ossau por la derecha. Toca parar a beber y hacer unas fotos. Enrique se queja del estómago, aunque a la hora de andar le cunde mas que a mm.

Llevamos un paso muy llevadero, casi demasiado; me doy cuenta cuando nos encontramos al solitario madrugador que ya baja del Vértice; y cuando Enrique, molesto por su dolor requiere que subamos cuanto antes para bajar pronto. Yo no pienso igual: es pronto, menos de las diez, el día es espléndido, fresco y soleado, "no tenemos" prisa, realmente estoy disfrutando, el problema, en todo caso, es que todo se acabe pronto.

Llano del Anayet con los ibones cubiertos por la nieve.

 

A pesar de todo, me animo a foquear con buen ritmo por el llano de los ibones y las primeras rampas hacia el Vértice, hasta que me sobra toda la ropa y me falta comida en la tripa. Así que nada, a parar otra vez para reponer fuerzas. Un pequeño bocata y fruta fresca hacen maravillas en estas situaciones.

En menos de diez minutos estamos nuevamente en camino, remontando ya las últimas subidas que, con fáciles zig-zags llevan al collado sur, el mas cercano al Vértice, donde dejaremos los esquís.

Hasta la cima del Vértice sólo quedan 10 s 15 minutos de senda en ocasiones un poco complicada, entre grandes piedras, hielo y poca nieve muy venteada. En ningún momento es necesario utilizar las manos.

Cuando llego arriba, la imagen del Pico Anayet en primer planto y el Midí detrás me cautivan, mas todavía que la preciosa estampa que hay de los picos de Candanchú, al oeste. Veo que Enrique esta pasándolo mal en los últimos metros, se para muy a menudo. Cuando consigue llegar, su cara es un poema triste presa del dolor que no puede ocultar. Nos felicitamos a pesar de todo y nos hacemos unas fotos. Una fruta rica y para el collado otra vez.

En rojo, el trayecto de ascensión

Recio me dice que se quiere bajar ya. Primero le animo a subir el Pico, pero es inútil, no esta en condiciones. Consigo que me espere en el collado hasta que yo baje. Un pequeño grupo de jóvenes, vascos creo, ha llegado allí mismo y quieren subir al Vértice. Parece que la única chica del grupo pretende quedarse allí.

Parto deprisa, a buen ritmo, los pies ya se hunden hasta el tobillo en la nieve, llego al lomo por donde remonto hasta donde la roja roca me permite avanzar sin grandes problemas. Entonces, dejo la mochila pero me llevo la cuerda auxiliar de 30 metros, un par de mosquetones, una baga, un friend y el piolet. No paro de acordarme que hace unos años, en verano, también en solitario, el pico ya me hizo retroceder después de haberme provocado un pequeño ataque de moto; iba con el tiempo justo (cosa muy poco recomendable en la montaña). Tras un estudio posterior de las posibilidades, vi que había sido por su canal directa, una de las mas difíciles. Su vía mas normal va por la derecha, cruzando un paso expuesto al patio, equipado con un ?!mediocre!? pasamanos.

Yo ataco la cumbre por una canal ligeramente a la izquierda del lomo, con la intención de evitar la mayor nieve posible. Las botas de travesía son un problema añadido a la hora de trepar por los fáciles pasos de II; no obstante, enseguida se termina la trepada dejando paso a una empinada canal herbosa cubierta de nieve, con el pilolet muy segura. Esta canal da a la cresta, airea pero fácil. Quizás lo que mas pueda impresionar son dos pequeñas aristas de nieve, muy estrechas, que paso clavando profundamente el piolet. La cuerda no ha sido necesaria.

Y la cumbre. Esta vez la he conseguido. Estoy contento, pero tengo en mi cuerpo la prisa de Enrique; he llegado jadeando y no voy a esperar a descansar mas de lo que me dejen unas pocas fotografías. La bajada por el mismo sitio.

 

panorámica desde la cumbre.

 

Llegando al collado una vez mas, me cruzo con los jóvenes, bajados del Vértice y camino del Pico, uno de ellos sólo con bañador, la piel blanquinosa; !!-no usa crema solar!!, otro de ellos dijo que era de Bilbao. Enrique ha mejorado algo.

sólo nos queda un descenso bastante fácil y casi casi hasta la misma puerta del coche. Empezamos a bajar disfrutando por la nieve primavera. Poco antes de llegar al llano de los ibones, hacemos un chus largo para evitar remar, pero la nieve esta muy pastosa y los esquís deslizan poco. Así que poco a poco vamos avanzando bajo semejante foco (Lorenzo arrea de lo lindo). Llegados al circo del barranco Culivillas vemos a varios grupos en camino o de vuelta de la zona de las Arroyeras; los que no llevan esquís llevan raquetas; andar con botas sobre esa nieve puede ser muy sufrido.

Cien o doscientos metros antes de descalzarnos los esquís, nuestro camino entra en el final de la pista pisadita a conciencia; así, la nieve profunda, pastosa y hasta peligrosa en tramos se convierte en una autopista disfrutona con gente a montones. sólo son esos metros; se acabó, nos felicitamos y eso, se acabó. El viaje de vuelta en coche verde.

Abril-1999

 

Donato Molina

dmolinar(arroba)cmayud.com

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