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Los Alpes
- MONT BLANC DU TACUL
(4248m) |
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Enrique
Recio.- Un montañero se
hace poco a poco, empieza saliendo en su zona a sus montañas
y a sus paredes. Aprende a escalar, a andar por la montaña,
experimenta el primer contacto con la nieve de la alta montaña y
a moverse en ella. Pero durante todo este tiempo sueña, ve fotos,
libros y lee historias épicas que le llevan a otros lugares a
otras latitudes.
Todos los que
sentimos algo por la montaña tenemos en nuestra mente las imágenes
y las historias de los Alpes. Chamonix, hoy una explotada ciudad
turística, fue el inicio donde se gestó todo el espíritu de la
montaña, donde la filosofía de la conquista de lo inútil
adquiere toda su dimensión.
El siglo XIX
significa el nacimiento de una generación de aventureros y
exploradores con amplias miras hacia continentes desconocidos y
montañas sin conquistar. Nobles ingleses junto a guías locales
crean la necesidad y el espíritu necesario para ascender a las
grandes montañas de los Alpes llenas de leyendas y recelos para
sus habitantes.
El macizo del
Mont-Blanc es el más alto de los Alpes y su vista desde Chamonix
es el primer gran reto. A partir de aquí se suceden las grandes
conquistas y las grandes tragedias que envuelven de misterio, de
amor y de odio a estas montañas.
Este año es
nuestro aniversario, 15 años que el club de montaña Ayud vive la
montaña y uno de nuestros objetivos era que el mayor número de
componentes pisara la cima de una montaña de 4000 metros.
Los Alpes fue
nuestra elección por su historia y porque consideramos que todo
montañero tiene que visitarlos alguna vez en su vida. El día 23
de junio somos seis bilbilitanos que después de 1300 Km. de
autopistas llegamos a Chamonix. El valle y el camping que elegimos
como campamento base tienen el sabor de nuestros sueños pero no
podemos dejar de mirar a sus cumbres, esas montañas que llevábamos
todo el invierno mirando en fotos y libros están delante de
nosotros y la realidad supera cualquier imagen.
Un lugar tan
orientado hacia el alpinismo y la alta montaña tiene la ventaja
de unas buenas infraestructuras y una de ellas, crucial para
nosotros era la meteo. La Maison de la Montagne (casa de la
montaña) contiene todo el sabor que un montañero busca y una
excelente predicción meteorológica. El primer día nos anunciaba
mal tiempo con tormentas y lluvia pero el martes mejoraba y el miércoles
nos ofrecía un día de buen tiempo.
Todos estamos de
acuerdo, el miércoles hay que intentar un 4000, cual de ellos
dependerá de nuestra aclimatación y nuestras fuerzas. Con todo
lo necesario y unas grandes mochilas nos dirigimos al teleférico
de L’Aiguille du Midi. En 20 minutos salvamos 2000 metros de
desnivel. Nos separamos de los turistas y nos dirigimos a la cueva
de hielo, donde grandes carteles nos indican que entramos en la alta
montaña y que desde allí nada esta garantizado. Una afilada
arista de nieve con espectaculares caídas a los dos lados nos
lleva a la Valle Blanche que junto al glaciar du Geant forman la
Mer de Glace. Estamos en un glaciar alpino a 3400 metros de
altitud, a nuestro alrededor todo es un caos organizado, grietas
de profundidad indeterminada, seracs como edificios de 8 alturas y
nosotros estamos allí integrándonos en el caos.
Tenemos que
preparar el campamento, colocar dos tiendas de campaña en dos
agujeros de nieve y utilizar una manta térmica con nieve para
obtener agua. La luminosidad es muy alta y el cambio rápido de
altura empieza a notarse, dolores de cabeza y nauseas son los síntomas
que tenemos que vencer.
El resto del día
lo dedicamos a descansar, dar pequeños paseos y beber mucho
liquido. La temperatura desciende rápidamente, a las 8 de la tarde
hace –2ºC. Una cena rica en hidratos de carbono y mucha
hidratación es nuestra ultima actividad en común antes de
meternos en el saco de dormir. El despertador sonará a la 2 de la
mañana.
Como siempre
cuesta levantarse, y más si fuera la temperatura es –8ºC, pero el
frío nos garantiza que la nieve estará dura y los puentes que
utilizaremos para cruzar las grietas no cederán a nuestro paso.
Intentamos beber algo caliente y comer algo fácil de digerir y a
la vez energético.
A pesar de los
malos momentos debidos a la aclimatación todos estamos dispuestos
a subir. Utilizaremos la técnica de ensamble con cuerda corta,
dos cordadas de tres unidos por el cordón umbilical de una
cuerda. El piolet y los crampones harán el resto, hay huella y
otras cordadas van delante de nosotros. La luz de los frontales
nos convierte en un gigantesco gusano luminoso que va
marcando el camino. La pendiente se acerca en algunos momentos a
los 50º y las grietas se suceden pero no encontramos grandes
dificultades. Sólo en algunos puntos paramos y aseguramos el paso.
Con la salida del
sol nos encontramos cerca del Hombro, donde las dificultades
ceden, pero algunos pagan la altitud y el ultimo tramo de la
ascensión se hace mas lenta y fatigosa. Son las 7 a.m. , Ricardo
Cortes, Luis Garchitorena, Carlos Roy, Donato Molina, Carlos Aragües
y Enrique Recio estamos en la cima del Mont Blanc du Tacul 4248
metros. Enhorabuena
Enrique
Recio
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Ricardo
Cortés Lázaro.- Después de 16 años vuelvo a los Alpes.
Para mi, resulta igual de importante volver a Chamonix como para
mis compañeros ir por primera vez. La ilusión de este viaje
llena de animo mi cuerpo y mi espíritu, que servirá para
contrarrestar la total falta de entrenamiento.
Chamonix
nos recibe oscuro y tormentoso, los rayos en la noche me hacen
recordar la tormenta que pasamos dentro de la tienda en al Aguja
de Gouter, Domingo, Carmelo, Homeini y un servidor, mejor verla
desde aquí abajo; allí arriba te sientes muy chiquitito y
bastante desprotegido. Desde luego, el aire chulesco y
conquistador del hombre se apaga rápidamente con el sonido de
un solo rayo.
Aquí
siempre manda la “Meteo”. Parece que la montaña nos va a
regalar dos días de buen tiempo y luego vuelven las tormentas,
así que habrá que aprovecharlos bien.
Martes
25 de Junio de 2002.
Estamos
a punto de tomar el teleférico, todos bastante tensos; a mi el
viajecito en este cajón colgado de cables hasta la Aguille du
Midi me da bastante yuyu. ¿Por qué será que no me
gustan los parques de atracciones?. Los cerdos en sus cajoneras
están mas cómodos que nosotros en el teleférico, solo faltó
darnos un patada para terminar de meternos dentro del cubil,
¡¡joder!, con lo que cuesta el viajecito ya podían dosificar
el personal!.
Un
viaje fulgurante que te mueve todos los huesecillos del oído,
te deposita en la famosa aguja, una más de risa. Para pasar a
la cueva de salida hay que saltar un valla, como si fuera fácil
con la mochila cargada y aún encima aterrizando en un suelo
helado, en fin..
Arnés,
casco, crampones, y todo lo demás; salto de otra valla, salimos
a una pequeña lanzadera de montañeros hacia el abismo, una
cresta helada que cae dos mil metros hacia Chamonix y unos
quinientos al Valle Blanc. Para primera toma de contacto no esta
mal. No apta para turistas, de ahí lo de las vallitas...
Sale
una cordada, otra, y otra; ahora nos toca a nosotros. Carlos se
lleva la primera posición en la parrilla de salida, somos dos
cordadas de tres, yo haré de coche escoba.
Después
de bajar esta cresta llegamos al inmenso Valle Blanc donde
montamos nuestras tiendas y organizamos un salón-comedor-cocina
de hielo con la pala de nuestro amigo Juan.
Aquí
comienza la espera de la ascensión al Mont Blanc de Tacul.
Mientras pasa el tiempo, comeremos, haremos agua derritiendo
hielo, risas, fotos, algunas sopas, mas risas y algún que otro
paracetamol. La presión hace mella en las cabezas y en algunos
estómagos. Como no es cuestión de ponernos morenos ni de
aguantar toda la tarde al sol, después de comer, una siesta nos
hará relajarnos del viaje en teleférico.
40
grados dentro de la tienda y las voces de Donato que viene de
darse un paseo por este gran plató nos hacen despertar; risas
con Do, más paracetamol, un paseo para estirar las piernas,
cena... Está bajando la temperatura y va cayendo la tarde; son
las siete y sólo hay 0 grados, apremia irse al saco.
Dos
de la mañana, suena el despertador de Carlos, se encuentra bien
después de haber pasado mala noche con síntomas de mal de
altura. Tomamos un pequeño desayuno a 8 grados bajo cero, nos
atamos y comenzamos la ascensión, de entrada hasta el Hombro
del Tacul, allí veremos si podemos ir al Maudit o nos quedamos
en el Tacul.
La
luz del frontal ilumina mis pasos, que se van acompasando con mi
respiración, las rampas iniciales son fuertes, no se puede ver
mucho, se adivina que todo esta ahí, paisajes llenos de montañas,
seracs, grietas y tus amigos al otro lado de la cuerda.
Mientras los lentos pasos te van haciendo ganar altura, uno se
sumerge en pensamientos que te transportan a cientos de kilómetros
(tu mujer, tus hijos, el trabajo, mi casa...) se sucede todo en
el celebro desordenadamente, hay cosas que uno no entiende nunca
y que siempre te planteas, ¿por qué estoy aquí haciendo tanto
esfuerzo?, ¿qué recompensa tiene?... otro paso, una parada,
pasamos una rimaya..., el día empieza a clarear; otra grieta
esta más grande, me hace concentrarme en el paso, unos zig-zag
aéreos, una travesía por debajo de una barrera de seracs, otra
grieta...
La
claridad nos deja ir descubriendo el paisaje que se va tornando
de blanco pálido azulado al morado, pasando al naranja. La luna
llena se oculta detrás de la Arista de las Boses. Hemos llegado
al hombro y sale el sol, pero no calienta nada, el frío es
intenso, se nota el esfuerzo y en algunos la altura. Estamos a
unos 4.000m, mis compañeros están contentos porque han
superado los cuatromil por primera vez. Se sopesa a qué pico
subir, si al Tacul o al Maudit; ya es un poco tarde para el
Maudit, tendríamos que haber empezado dos horas antes la
ascensión, además el personal no anda muy fino en general, y
nos encaminamos al Tacul.
Al
seguir por la arista del Tacul, el viento y el frío se hacen
intensos, nos cuesta bastante llegar al resalte de roca que nos
dejara en la cima. Una escalada corta pero difícil de asegurar
nos deja en la cima del Mont Blanc de Tacul a 4.248m de altitud.
Carlos Aragües, Carlos Roy, Donato Molina, Luis Garchitorena,
Enrique Recio y Ricardo Cortés hemos conseguido llegar a esta
cima alpina consumando el objetivo de este viaje: coronar un
cuatro mil para conmemorar el XV Aniversario del Club de Montaña
Ayud. Hoy el día es claro, se divisan grandes montañas: Monte
Rosa, Cervino, el Mont Blanc se muestra majestuoso, el Mont
Maudit desafiante queda en nuestras retinas como objetivo del
futuro. Aquí hace un frío helador, la cámara de fotos ha
dejado de funcionar, es momento de bajar, unos escasos cinco
minutos en la cima son suficientes para quedar ateridos. Una
cima no está realmente conseguida hasta que no consigues bajar
de la montaña; abajo, donde las personas se matan, donde todo
el mundo corre, donde todo parece de otro color, no sé cuál,
allí es donde los montañeros disfrutamos de verdad de los
exitos de nuestras aventuras...
Ricardo
Cortés Lázaro.
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J.Carlos
Aragües.- ALPES 2002 ... Faltan 40 días, 20 días...
Hoy sábado 22 de junio, primer día de vacaciones, sólo
falta un día para caminar en dirección a Chamonix. Parecía
tan lejano. Al final seremos seis los que podemos escaparnos
una semana a los soñados Alpes. Tras comprobar la extensa
lista de bártulos, y después de comprar cómodamente la
comida mientras en Corea nos roban el paso a la semifinal
todo a los coches y ... ya son las cinco de la mañana del
domingo.
Tras
14 horas de viaje por las autopistas, un arriesgado cambio
de neumático y una monumental sudada por el inusual calor
para estas latitudes de Francia, llegamos sorprendidos al
valle de Chamonix. Surge la primera duda: ¿aquello es el
temido y ansiado Mont Blanc? En efecto, tras alguna que otra
duda queda confirmado: ya estamos delante del macizo. Al
poco llegamos a Chamonix y tras unos titubeos encontramos el
camping. La imagen repetida del glaciar de Bossons, el
hombro del Mont Blanc du Tacul y la Aguille du Midi queda
impresa en nuestras retinas: es el primer objetivo.
Mientras, Enrique localiza las primeras paredes de escalada
deportiva, justo al otro lado del río y de un plácido lago
con sus patos y todo. La noche muestra una imponente
vista de unos frentes tormentosos que desatan su relámpagos
y truenos sobre la Valleé Blanche, allí a donde iremos en
breve a dormir ¡¡¡
La
mañana del lunes 24, según lo previsto, visita turística
y recogida de información a la Maison de la Montagne y al
teleférico. Está decidido, mañana martes por la mañana
subiremos. Por la tarde visitamos el final del glaciar: hay
que estirar las piernas y los nervios. El ambiente del grupo
es de buen ánimo y también de respeto ante estas cumbres.
Martes:
Manifestación contra la reapertura del túnel del Mont
Blanc a los vehículos pesados. Casi nos quedamos sin pan
(imprescindible para los españoles). Nos montamos en el
teleférico como un rebaño algo inquieto. En 20 minutos
aparecemos en la Aguille du Midi: nos hemos ahorrado dos días
de aproximación, a costa de sufrir, unos mas que otros, mal
de altura. La salida a la cresta que desciende a la Valleé
Blanche: segunda inquietud. Superada la primera zona más
peligrosa, nos queda una inmensidad de nieve y hielo donde
buscar un buen sitio para colocar las tiendas. A la altura
del Col du Midi, aprovechando huecos ya construidos sólo
tenemos que poner nuestras dos tiendas y realizar una salita
con cocina sobre el dúctil hielo. El sol y la imagen de la
vía de ascenso por la ladera del Tacul son los referentes
para esa tarde. Algunos comenzamos a notar que el mal de
altura existe, vaya que si existe. No te deja moverte sin
unas pulsaciones en la nuca que aumentan cuando andas. No
comes y apenas te entran los líquidos. El paracetamol y la
aspirina corren por nuestro pequeño campamento. A descansar
y confiar en que a las dos de la mañana, cuando el
despertador que no hace falta, porque dormir no es fácil en
la estrecha tienda que nos hemos mercado a última hora,
toque y tengamos que ponernos en marcha, el dolor de cabeza
sea misericordioso con estos 5 novatos de los Alpes y un
veterano.
Puestos
en marcha, en pos de una luciérnaga que ya inicia los últimos
flanqueos hacia el hombro del Tacul, el ritmo impuesto por
el primero de la cordada, me permite adaptarme
perfectamente. Poco a poco nos acercamos a las grietas y los
primeros seracs: admiran e impresionan a la vez. Te
acostumbras a no pensar: solo seguir la luz de tu frontal,
las pisadas del que te precede, el tirón del que te sucede
y estar atento a tu cuerda y tu piolet. Pasamos los zig-zags
que requieren mayor esfuerzo físico, y podemos apreciar la
maravillosa imagen de las luces de Chamonix al fondo
del valle.
Tras
un ascenso menos dificultoso bajo otro grupo de seracs, nos
acercamos al hombro justo cuando se inician los primeros
rayos de sol del día. Su reflejo sobre el refugio de Vallot
y la Dôme de Gouter son la felicidad para cualquier fotógrafo.
Tras un obligado reposo y reagrupamiento, decidimos seguir
el camino del Tacul y desechar la cima del Maudit. Gana la
cabeza sobre el corazón, el disfrute sobre la aventura.
Ascendemos algo más pesadamente hacia la arista final que
nos obliga a trepar por una corta zona de roca y hielo. De
pronto la cima. Y frío, bastante frío por lo despejado del
día. La alegría de la cima, la responsabilidad de la
bajada, beber, fotos del mar de nubes que hay debajo nuestro
y ya que nadie se anima a acercarse a la cima secundaria,
iniciamos el descenso.
Jugando
con las luces y las sombras sobre esta ladera del Tacul, nos
permitimos pararnos y fotografiar los seracs y las grietas.
Poco a poco descendemos. Pasó el peligro, nuestra propia
sensación de peligro, la que cada cuál llevaba en su
interior tras meses de revisar imágenes, mapas, relatos...
Llegamos de nuevo a las tiendas. Decidir: descanso o recoger
y buscar el descanso tras la ducha y la comida caliente en
Chamonix. Se decide bajar. Los cuerpos están peor que las
mentes para la opción de pernoctar y hacer la arista de los
Cósmicos. Hacerla con todo el material a cuestas mal.
Hacerla sin él y volver a recogerlo mal. Veríamos si el
tiempo nos permitía hacia el final de semana volver con el
material imprescindible para hacerla. A mi me vuelve a pasar
factura el ascenso y no puedo ni digerir el agua que he ido
tomando a lo largo de la bajada. Así que a sufrir toca y
como está en todas las reseñas y comentarios de los compas
que vinieron aquí el año pasado, los 300 m. de desnivel
hasta el teleférico se hacen peor que toda la subida hasta
la cima. Pero la recompensa está en hacer de verdad la cima
tras llegar al valle. La llegada a la arista final justo
antes de la cueva de hielo labrada en la Aguille du Midi, se
hace mas penosa si cabe, viendo a todos los turis japoneses
haciéndonos fotos. No sé si por admiración del esfuerzo
inútil o de lo inútil del esfuerzo. Yo no tengo claro
esto, pero seguro que esta noche empezaré a pensar en la próxima
cima.
Allí
no está la verdad. Esta no existe. Solo existe la verdad de
cada uno cuando se mira hacia adentro. Quizás nosotros nos
vemos mejor hacia adentro cuando estamos en las alturas. O
quizás cuando bajamos.
Gracias
Tacul por ser generoso. Hasta la próxima.
J.Carlos
Aragües
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